Putas, república y revolución

Putas, república y revolución, escrito por Marta Venceslao Pueyo, Mar Trallero y el colectivo Genera, es un ensayo histórico editado por nuestras amigas de Virus Editorial a finales del año pasado. Este libro es un mapeo de lo invisible, arqueología de una realidad: la de las trabajadoras sexuales durante el período republicano, la revolución y la guerra. Ésta no solo ha sido negada y borrada de todos los mapas (los sociales, los políticos, los académicos e incluso los militantes), sino que sus protagonistas han sido condenadas a la inexistencia. Eso ha obligado a resignificar documentos como las fichas policiales o médicas (los mecanismos de control de los cuerpos de las mujeres), o a reconstruir fragmentos de memoria con los testimonios de terceros, como los que figuran en algunas obras literarias, históricas o biográficas. Todo para comprender en qué contexto tenían que desarrollar sus estrategias vitales y políticas las mujeres que ejercían la prostitución.

Frente al hábito histórico e historiográfico que las presenta como agentes sociales de contagio no ya sanitario, sino moral, aquí se da noticia de trabajadoras sexuales enroladas como milicianas, de casas de trabajo colectivizadas o de la creación oficial de un «sindicato del amor». Momentos en los que ellas aparecen como sujetos que toman posiciones en un contexto de lucha por la emancipación. 

Entroncado radicalmente con los debates actuales en el seno del feminismo, Putas, República y revolución ofrece, a lo largo de sus 160 páginas, una perspectiva histórica que permite afrontar con mayor profundidad de campo los debates en torno al trabajo sexual y a su encaje en los conflictos sociales, de clase, de género y políticos, a los que nunca ha sido ajeno.

Hemos entrevistado a Marta Venceslao Pueyo, una de las autoras de este ensayo, acerca del papel de las trabajadoras sexuales durante el proceso revolucionario y el posicionamiento de las organizaciones obreras y republicanas respecto al trabajo sexual.

Marta Venceslao

Todo por Hacer (TxH): Este libro, si bien fue escrito por vosotras (Mar y Marta), parte de un proyecto colectivo, impulsado por Genera. ¿Qué es Genera y cómo se gestó la idea de escribir sobre el papel de las prostitutas en la II República y la Guerra Civil?

Marta: Genera es una asociación en defensa de los derechos de las mujeres, particularmente de aquellas que trabajan ejerciendo la prostitución en el barrio barcelonés del Raval. Es una organización con una larga trayectoria; llevan trabajando alrededor de dos décadas. Hace un tiempo nos hicieron el encargo de investigar cuál había sido el papel de las trabajadoras sexuales en la Segunda República. La voluntad de Genera al pedirnos esta investigación tenía que ver con la recuperación de la voz y la historia de quienes han sido sistemáticamente ninguneadas e invisibilizadas por la historia oficial. Cuando Genera – que es una organización con la que mi grupo de investigación, el GRECS (Grupo de Investigación sobre Exclusión y Control Social) tiene vínculos desde hace mucho tiempo – nos hizo este encargo no pudimos por menos que tomarlo con toda la ilusión y la alegría de empezar un trabajo de indagación histórica que sabíamos no iba a ser fácil.

TxH: ¿Fue fácil encontrar fuentes de hace 90 años que abordaran el tema de la prostitución? ¿Se daba voz a las propias profesionales del sexo en los debates o siempre se hablaba en tercera persona?

Marta: Esta pregunta enlaza directamente con uno de los obstáculos con los que nos encontramos, que fue la escasez de las fuentes bibliográficas. Encontrar documentos de corte oficial o político que aborden cómo se trataba la prostitución ha sido relativamente fácil: hay un abanico muy amplio de documentación al respecto, puesto que la prostitución y el trabajo sexual fue un elemento que recibió mucha atención durante la Segunda República y, particularmente, durante la durante la Guerra Civil. Por tanto la dificultad no ha estado tanto ahí, como en encontrar la voz de las trabajadoras sexuales que ha sido totalmente invisibilizada. Es por ello que el libro está construido a partir de crónicas, biografías, autobiografías, memorias, archivos, hemeroteca y prensa obrera para seguir un tenue rastro con el que poder hilvanar una historia del todo fragmentaria, que no es otra que la presencia de trabajadoras sexuales en ese compromiso con el proyecto político republicano.

Como resultado de está búsqueda encontramos a las trabajadoras sexuales como sujetos políticos sumándose a la defensa de la Segunda República. Pero también encontramos algo que nos pareció muy interesante y por eso terminó formando una de las partes centrales del libro: el tratamiento que hace la izquierda revolucionaria del trabajo sexual. Pensamos que merecía mucho la pena prestarle atención, precisamente porque podíamos tomar el trabajo sexual como un prisma a través del que dilucidar las tensiones, contradicciones o conquistas y retrocesos que acompañaron a la lucha de las mujeres durante la Guerra Civil. Creemos que el tratamiento político, simbólico y social de la prostitución puede ser tomado como una lente a través de la cual analizar cuestiones de orden estructural en términos de género y que, además, hacerlo en un contexto revolucionario y de profundos cambios políticos nos permite colegir algunas ideas relevantes acerca del lugar socialmente admitible y admitido para para las mujeres.

TxH: Muchas mujeres empuñaron las armas tras el Alzamiento Nacional. ¿Qué nos puedes decir sobre la lucha de las trabajadoras sexuales contra el fascismo durante la Guerra Civil?

Marta: Tal vez lo primero que podríamos decir es que las trabajadoras sexuales estuvieron y se sumaron a ese contexto revolucionario. Lo hicieron de diferentes formas. Sabemos que algunas de ellas se hicieron milicianas durante los primeros meses de la guerra. Muchas de ellas fueron al frente de Aragón. Otras se sumaron a los actos insurreccionales del 19 de julio en Cataluña. Algunas participaron en procesos de expropiación en casas de l’Eixample, otras se hicieron militantes de Mujeres Libres, la organización que constituía la corriente feminista libertaria y conformaron el primer sindicato de trabajadoras sexuales del que tenemos constancia en el Estado Español que fue el Sindicato del Amor. La conclusión es que ellas estuvieron ahí como sujetos políticos y esto nos lleva a esa vinculación histórica que existe entre trabajadoras sexuales y grupos contestatarios: las trabajadoras sexuales no solo han estado históricamente realizando reivindicaciones propias, sino que han estado también sumándose a movimientos reclamaban justicia social. De esta manera podemos encontrarlas dirigiendo piquetes y construyendo barricadas durante la Semana Trágica de Barcelona 1909; encontramos también, diez años más tarde, en 1919 como el Somatén, que era un grupo parapolicial, señala que hay grupos libertarios que se reúnen en casas de prostitutas. Sabemos también de trabajadoras sexuales que se suman a grupos contestatarios en las dictaduras del Cono Sur y luego podemos seguir la pista del papel de las trabajadoras sexuales en las luchas anticoloniales del siglo pasado, sobre todo en África pero también en otras regiones del planeta.

TxH: Durante la Guerra Civil la categoría «puta» se utiliza para referirse a cualquier mujer que rompe con el orden natural de las cosas. Contáis que hubo un llamamiento a que las mujeres (prostitutas o no) abandonaran el combate armado, el cual vino acompañado de una campaña de descrédito y un hostigamiento hacia las milicianas, que pasaron a ser tachadas de putas o de responsables de la propagación de enfermedades venéreas entre los soldados. Al argumentario médico-sanitario se le sumó el moral: el comportamiento de las combatientes siempre fue descrito en términos de perversidad y desviación. ¿Qué nos podéis decir respecto de la visión social de la «puta» desde una perspectiva contemporánea?

Marta: El contexto revolucionario posibilitó un cambio significativo respecto a la posición social de las mujeres, conquistando espacios que no tenían anteriormente. En efecto, hay un llamamiento en julio del 36 a que la población civil se sume a la defensa de la Segunda República y lo hacen hombres y mujeres, porque ellas también son llamadas al combate. Las mujeres, aunque menor en número, se suman a tomar las armas y lo hacen reclamando un trato igualitario. 

Hay una anécdota, que merece la pena rescatar, de Mika Etchebéhère que fue la primera y única mujer en dirigir un batallón del POUM, en el cual se tenía un trato igualitario entre hombres y mujeres. Hemos encontrado múltiples relatos de milicianas que señalaban que en muchos casos se les daban responsabilidades en el frente que tenían que ver con cocina, limpieza o con tareas de enfermería. Mika Etchebéhère cuenta que un grupo de milicianas, habiéndose enterado de que ella tenía un trato igualitario entre las personas del batallón, vinieron a pedir la incorporación al suyo y esgrimían porque no habían venido a morir por la revolución con un trapo de cocina en la mano.

Después de estos primeros tres meses de conflicto bélico hay un llamamiento en otoño del 36 para que las mujeres vayan a la retaguardia, argumentando que el frente no es su lugar y su sitio está colaborando con el mantenimiento de la producción fabril y agrícola del país para poder sostener el pulso el pulso bélico. Cabe señalar que a este llamamiento se suma todo el espectro amplio de izquierdas, a pesar de tener enfrentamientos ideológicos muy potentes en el seno del Gobierno, por ejemplo entre comunistas, libertarios, socialistas. Pero en este punto la izquierda se puso meridianamente de acuerdo para señalar que las milicianas tenían que salir de frente y acudir a apoyar en la retaguardia. Con este llamamiento aparece también toda una campaña de descrédito en la que se solapa la categoría miliciana con la categoría puta, es decir todas las milicianas son unas putas que no solamente van a distraer a los soldados del frente sino que, además, son las responsables de la transmisión de las enfermedades venéreas. 

En el libro recogemos varios testimonios en biografías que dan cuenta de una anécdota controvertida en la que el propio Durruti manda fusilar a unas trabajadoras sexuales que estaban en el frente. El único testimonio que hemos encontrado que desdiga esta anécdota es una entrevista en el 72 de la que era su compañera en ese momento, en la que niega que esto ocurriera.

En este momento la prostitución vuelve a ponerse en el punto de mira, responsabilizando de nuevo a las mujeres de la transmisión de las de las enfermedades venéreas en un momento en el que los niveles de contagio de sífilis llega a unos niveles muy preocupantes para la República y que afecta a los soldados. De ahí surge una campaña cartelística, pero no solo, que recogemos también en el libro. De nuevo esta campaña nos permite utilizar el trabajo sexual como una lente a través de la cual ver qué lugar social se le otorga a las mujeres. La cartelística republicana durante la guerra civil en relación con la transmisión de enfermedades venéreas es profundamente misógina, aparece la mujer como sujeto contaminante, perversa, peligrosa en la que ataca a un soldado pasivo, desvalido con sus tretas incluso maléficas. Hay carteles en los que se llega a comparar el poder destructor de una mujer con mal venéreo con el poder destructor del fascismo.

Podemos concluir que en el espectro de izquierdas durante un periodo tan controvertido como fue el conflicto bélico y un contexto revolucionario se consiguieron dar muchos avances fundamentales para las mujeres y el conjunto del cuerpo social, pero al mismo tiempo no fue capaz de sacudirse toda la herencia higienista que venía a atribuir de forma inferiorizante la condición anómala de las de las mujeres que ejercían el trabajo sexual.

Cuando revisamos la prensa obrera y los textos que se escribían, sobre todo desde sectores libertarios que fueron sin duda los que mayor atención prestaron al fenómeno del trabajo sexual, aquí Mujeres Libres tiene un papel protagónico al respecto. Lo que se se infiere es que la trabajadora sexual no dejó de ser vista como una amenaza para el orden social y moral y, por tanto, había que corregirlas cuando no controlarlas. Podemos hacer un pequeño inventario de atributos que hemos recogido de archivo, prensa y literatura al respecto se referían a las trabajadoras sexuales como infelices rameras, mujeres esclavas, fracasadas, irresponsables, carente de ideas, depravadas, desvalidas, contaminantes, desgraciadas, a las que había que encarrilar, regenerar, limpiar, salvar, redimir, enderezar, reformar y auxiliar moralmente. Vmos como en ningún caso, incluso en ese periodo revolucionario, se perdió la dialéctica víctima/culpable que llega hasta hoy.

Seguimos encontrando travestido con otro tipo de lenguaje exactamente esa misma lógica víctima/culpable, la trabajadora sexual sería víctima de su propia inconsistencia porque no sabe tomar las decisiones por sí misma o no está capacitada para ello. 

De ahí surge esta inercia tramposa de pensar que cualquier mujer que ejerce la prostitución es víctima de trata a pesar de que esto no es así y las investigaciones contemporáneas y las propias trabajadoras sexuales y organizadas lo repiten una y otra vez. Se trata de una decisión voluntaria, tan voluntaria como la mujer que limpia culos de ancianos a 3€ la hora, el consentimiento en ambos casos es el mismo, en un sistema capitalista y patriarcal el consentimiento está siempre supeditado a las cadenas de explotación.

También llega hasta nuestros días con la ley del «solo sí es sí» en la que parece que valen todos los síes menos el de las putas, lo cual vuelve a ilustrar de forma clara cómo se repite la misma lógica.

En resumen son tratadas como víctimas de su propia incompetencia, culpables de su degradación y de su degeneración moral.

TxH: Dedicáis un apartado a las luces y sombras del contexto revolucionario en el tratamiento del trabajo sexual. Y una buena parte de las fuentes provienen de organizaciones anarquistas, que quizás prestaron más atención a este fenómeno que otras corrientes ideológicas. ¿Cómo abordaron los colectivos revolucionarios la cuestión de la prostitución?

Marta: Efectivamente, el sector anarquista quien sin duda prestó más atención a la cuestión del trabajo sexual. La convulsión social y política de la Guerra Civil y de ese contexto revolucionario ofreció las condiciones de posibilidad para plantear y acelerar algunos cambios entre ellos los presupuestos ideológicos que inspiraban las opiniones convencionales sobre el trabajo sexual. Se pasa a entender el trabajo sexual como un fenómeno en términos de clase, el acento ya no estaba tanto puesto en la supuesta inmoralidad de las mujeres de clase obrera, sino que el énfasis se pone en que el trabajo sexual es una marca degenerativa propia del capitalismo, que es un caso paradigmático de la explotación económica capitalista, que por tanto tiene que ser abolida y aquí coinciden todos: comunistas, socialista y, libertarios aunque son estos últimos los que toman esta cuestión como una prioridad política. A partir de ahí hay actuaciones diversas, a veces contradictorias entre sí, con un grado de organización y sistematicidad más o menos elevado. Encontramos varias actuaciones. La primera es la abolición. Encontramos cómo en el Boletín de la CNT-FAI de agosto del 36 de Puigcerdà, un pueblo fronterizo entre Catalunya y Francia, se decreta la abolición y se ofrecen a las mujeres cursos de formación sobre cocina, economía doméstica, labores caseras e higiene. De ahí lo de las luces y las sombras, las discontinuidades y las rupturas con ciertas posiciones. Otra de las cosas que se plantean son llamamientos a las mujeres a que no ejerzan la prostitución. Tenemos a la CNT y sus diferentes secciones sindicales llevando a cabo intentos de instituto para, textualmente, «encarrilar a estas mujeres» (sic), que eran consideradas como degeneradas y que realizaban un trabajo infame o no virtuoso.

Tenemos también iniciativas de carácter individual, de militantes libertarios como sería Ramon Vila (Caracremada), que recorrió algunos prostíbulos del Bergadá, conversando con mujeres que ejercían la prostitución, pagando el servicio pero sin que hubiera un intercambio sexual, sino que lo que había era un espacio de conversación donde Ramón Vila trataba de convencerlas para que salieran de ese tipo de trabajo y se dedicaran a otra cosa, además de subrayar cómo la corriente libertaria podía ser un horizonte de igualdad y de justicia social para el conjunto de la sociedad. Tenemos también Mujeres Libres con los liberatorios de la prostitución de los que hablaremos más extensamente más adelante.

Hubo también por parte grupos anarquistas llamamientos a los hombres a que no frecuentaran los burdeles. Tenemos múltiples testimonios que señalan cómo los prostíbulos estaban llenos de pañuelos rojos y pañuelos rojinegros y de las colas que se formaban para entrar ellos. Hay una anécdota interesante de una mujer comunista que decía que los hombres son comunistas socialistas libertarios solo de cintura para arriba. Hubo también por parte del sindicato de espectáculos de la CNT la propuesta de colectivizar los prostíbulos.

Otra de las cuestiones que plantearon los anarquistas fue la sindicación de las trabajadoras sexuales, como mejor protección en contra de la explotación.

TxH: ¿La revolución social supuso un punto de inflexión?

Marta: La entrada repentina de las mujeres en espacios reservados a los hombres produjo en la izquierda inquietudes y contradicciones. La excepcionalidad del conflicto bélico transformó de alguna manera la condición de género. Quizá no tanto como para hablar de un punto de inflexión. Lo que seguro logró fue aflorar la relatividad de las construcciones simbólicas y su legitimación histórica. El contexto revolucionario permitió a las mujeres explorar formas contrahegemónicas de subvertir el dictum patriarcal, que si bien no socavaron la sujeción, ofrecieron la posibilidad transitoria de un orden distinto. Ofrecieron un territorio liberado desde el cual ampliar los márgenes de emancipación e interrogar aquello que parecía el orden natural e imperturbable del mundo social. La República y la Guerra con su contexto revolucionario significaron una discontinuidad con respecto a las ideas sobre el cometido social de las mujeres. Es verdad que no se trastocaron de forma estructural ni las relaciones de género, ni su situación de subalternidad, pero quedó sin duda un poso de experiencia política que ha llegado a nuestros días.

Se puede enlazar esta cuestión con esto que Peter Szondi llama la esperanza en el pasado a propósito del pensamiento de Walter Benjamin: tomar un acontecimiento anacrónico (por ejemplo, estamos hablando de algo que ocurrió hace más de 90 años) para resistir y revertir lo que el autor llamaba la miseria del presente. Es una posición desde la cual el pasado puede ser detenido abierto y activado para pensar y actuar sobre el presente. De esa manera Mujeres Libres, el movimiento feminista de época y el movimiento revolucionario de ese momento nos dejan herencias y experiencias de primer orden político para poder pensar hoy y abrir una pregunta a propósito de la justicia social y de la igualdad.

TxH: Sin duda, la organización revolucionaria más importante a la que hacéis alusión en el ensayo es Mujeres Libres. ¿Cuál fue su papel con respecto a las putas?

Marta: Mujeres Libres no podemos sino mirarlas 90 años después con admiración y respeto. Estas mujeres en los años 30 estaban cuestionando instituciones como el matrimonio. Sin ir más lejos fueron ellas las que señalaron de una manera muy visionaria que no había revolución social si las mujeres no conseguían emanciparse en lo económico pero también en lo sexual.

Una de las iniciativas más importantes que se puso en marcha en relación con la prostitución y que fueron iniciativa de Mujeres Libres fueron los liberatorios de la prostitución. Se trataba de espacios dónde se ofrecía a las trabajadoras sexuales formación profesional para que abandonarán el ejercicio de la prostitución, al mismo tiempo se planteaban entre sus objetivos el tratamiento médico-psiquiátrico, la curación psicológica y ética para fomentar «en las alumnas un sentido de la responsabilidad» y en cuarto lugar la ayuda moral. Vemos cómo Mujeres Libres tenia conceptualizadas a las mujeres que ejercían la prostitución como mujeres incapaces, que carecen ideas sobre el deber y hay una cierta degeneración y que por tanto es importante fomentar en ellas el concepto de responsabilidad porque y en último término hay que decidir en su nombre.

Marta Venceslao
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