Entrevista a Gabriel Kuhn (primera parte): “Los piratas defendían una sociedad de individuos libres que establecían sus propios códigos de conducta”

Puedes encontrar aquí la segunda parte de esta entrevista.

Gabriel Kuhn es un escritor, traductor y activista anarquista de origen austriaco. Nacido en Innsbruck, ha vivido y estudiado en diversos países (EEUU, Turquía, etc.), hasta que en 2005 se instaló en Suecia. Ha jugado al fútbol de manera semiprofesional y es doctor en Filosofía, especializado en postestructuralismo. Su activismo se ha centrado siempre en tender puentes entre la teoría y la práctica.

Como autor, además de artículos en revistas como Direkt Action (Alemania), Brand (Suecia) y webs anarquistas como Libcom, ha publicado libros (principalmente con la editorial PM Press) sobre toda clase de temas: antifascismo y deportes, el movimiento anarquista en Filipinas, atracadores de bancos revolucionarios daneses, traducciones al inglés de textos anarquistas clásicos alemanes e historia de la escena musical hardcore straight edge, entre otros. Podéis encontrar muchos de sus escritos en la web The Anarchist Library. Hace unos meses la editorial pamplonesa Katakrak publicó en castellano su ensayo La Vida bajo Bandera Pirata, un análisis político y cultural de los piratas que surcaron los mares del Caribe y del Índico entre 1690 y 1725.

Le hemos entrevistado sobre muchos de estos temas, y más. Os dejamos a continuación la primera parte de nuestra conversación con él.

Todo por Hacer (TxH): Llevas 17 años viviendo en Suecia, un país que durante mucho tiempo ha representado el paraíso de la socialdemocracia y de las multinacionales modernas escandinavas. ¿Qué movimientos sociales y anarquistas se han podido desarrollar en lo que, de puertas para fuera, es una sociedad sin conflictos?

Gabriel Kuhn (GK): Lo cierto es que Suecia cuenta con una tradición anarquista y sindical notable. A principios del siglo XX las Juventudes del Partido Socialdemócrata eran muy radicales y se encontraban influidas por el anarquismo. Abandonaron el partido en 1908. De este movimiento de “socialistas jóvenes” se derivó una suerte de entorno anarquista que, en 1910, fue responsable de la fundación del sindicato SAC (Sveriges Arbetares Centralorganisation). Desde entonces, el SAC ha tenido un papel muy importante en el sindicalismo internacional y es el único sindicato en activo, fundado a principios del siglo XX, que no ha sufrido ninguna escisión. Pese a que el SAC se encuentra en el centro del movimiento anarquista sueco, para algunos anarquistas de este país esta organización peca de un exceso de burocracia y estructura, por lo que algunas libertarias se organizan en otros ambientes.

Suecia siempre ha sido una sociedad de clases muy dividida, por lo que siempre han existido conflictos sociales. El «modelo sueco» no consistió en erradicar las clases, sino en mitigar los antagonismos de clase hasta el punto de que, para muchos, llegaron a ser irreconocibles. Sin embargo, hoy, en la era neoliberal, estos antagonismos han vuelto a ser muy pronunciados. Las diferencias entre los ricos y los pobres aumentan drásticamente, hay una enorme privatización del sector público (sanidad, educación, transporte) y el Estado de bienestar social se está desmantelando lentamente1. La realidad sueca es ahora muy diferente de la imagen que muchos siguen manteniendo del país.

TxH: En 2020 publicaste el libro Liberating Sápmi, un ensayo sobre la resistencia indígena del pueblo Sámi, situado en el extremo norte de Escandinavia y dividido entre cuatro Estados (Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia). ¿Qué nos puedes contar sobre este pueblo y su lucha por no ser borrado del mapa?

GK: Los Sámi son un pueblo fuerte y resistente. Su cultura está muy viva a pesar de haber sufrido un colonialismo que ha incluido la ejecución de líderes espirituales, la migración forzada, la asimilación, el acaparamiento de tierras, la prohibición de la lengua Sámi, la explotación de los recursos naturales de Sápmi y la apropiación cultural. Pero los Sámi son también un pueblo pacífico, por lo que gran parte de su resistencia es pasada por alto por un público sediento de conflictos dramáticos. Hay que conocer la cultura Sámi para apreciar las formas en que se mantiene viva y resiste al colonialismo. En la actualidad, una generación de activistas veteranas, que alcanzó la mayoría de edad durante el movimiento de los derechos civiles de los Sámi en la década de 1980, se fusiona con una generación más joven de activistas que mezclan la cultura Sámi con las formas contemporáneas de resistencia popular. Son tiempos apasionantes en Sápmi, y aventuro que los Sámi, junto con otros pueblos indígenas, desempeñarán un papel destacado en la resistencia contra el capitalismo y la destrucción ecológica que se avecina.

TxH: El avance del fascismo en Occidente es una realidad de la que Escandinavia, Alemania y Austria no se libran. En las elecciones de 2018 el partido Demócratas de Suecia se convirtió en la tercera fuerza política y formó coaliciones con los conservadores en algunos municipios. En Austria, el FPÖ también es la tercera fuerza. En Alemania AFD obtuvo 83 escaños en las últimas elecciones y los ataques nazis van en aumento. ¿Qué explica el ascenso de la extrema derecha en el centro y el norte de Europa?

GK: Yo diría que se debe a tres factores: (1) Vivimos en una época de crisis, de la que suelen beneficiarse los movimientos de derechas proponiendo soluciones simplistas para problemas complejos. (2) El establishment político ha perdido credibilidad a los ojos de mucha gente, por lo que buscan alternativas. Teniendo en cuenta la hipocresía interesada de las élites políticas, no se puede culpar a la gente de esto último. (3) La propia izquierda se encuentra sumida en una profunda crisis, sin respuestas a los problemas cruciales a los que nos enfrentamos y nos encontramos enzarzadas en discusiones internas sobre cuestiones que son totalmente irrelevantes para gran parte de la población. Así pues, teniendo en cuenta que los tiempos son propicios para la agitación política, que hay poca confianza en el establishment político y que la izquierda se ha vuelto en gran medida insignificante, surge una derecha bien organizada que se beneficia de la situación. Es un desarrollo aterrador y peligroso. Si la izquierda no se pone las pilas, el futuro político de Europa se presenta muy difícil.

TxH: Recientemente se ha publicado en castellano tu obra La Vida bajo Bandera Pirata (2021). ¿Qué podemos aprender las anarquistas del siglo XXI de los piratas del XVII y XVIII?

GK: No estoy seguro de que haya mucho que aprender, pero sí podemos inspirarnos. Las sociedades piratas no eran utopías anarquistas. Eran casi exclusivamente masculinas, incluían muchas formas de jerarquía y eran muy violentas. Pero también había un rechazo al statu quo político, al gobierno del Estado-nación y al control corporativo. Los piratas defendían una sociedad de individuos libres que establecían sus propios códigos de conducta. Eran valientes y preferían una vida corta en libertad a una vida larga en servidumbre. La lealtad a los dioses o a los amos no significaba nada para ellos. Representaban algo que es inherente a cualquier tipo de rebelión social y, por eso, es apropiado que la Jolly Roger, la bandera pirata, se siga utilizando en contextos radicales.

TxH: Los piratas claramente se organizaban en lo que Pierre Clastres denominaba “una sociedad contra el Estado”. En este sentido, gozaban de una mayor libertad que los pueblos europeos de su época. Pero, ¿era una sociedad igualitaria? ¿Existían diferencias de raza, clase, género en estos mundos?

GK: No era una sociedad igualitaria, pero había más igualdad que en las sociedades europeas de la época. Los capitanes y otros miembros de alto rango de las tripulaciones piratas tenían privilegios, pero éstos eran limitados. También era bastante fácil para las tripulaciones reemplazar a estas personas si no servían a los intereses de la tripulación. La clase no desempeñaba un papel importante en las sociedades piratas, pero la raza sí era un factor evidente. Algunos piratas estaban involucrados en el comercio de esclavos. Sin embargo, a las personas racializadas les resultaba más fácil obtener un estatus de relativa igualdad en las comunidades piratas que en las sociedades europeas convencionales. No hay razón para idealizar a los piratas, pero las pruebas que tenemos apuntan a que formaron comunidades bastante progresistas para su época.

TxH: Teniendo en cuenta que eran grupos guerreros que constantemente se enfrentaban a las autoridades, las mutilaciones eran abundantes. ¿Cómo se trataba a las personas con discapacidades funcionales en las sociedades piratas?

GK: El progresismo relativo de las sociedades piratas quizás se manifiesta más claramente en sus relaciones con la discapacidad. Dados los riesgos que conllevaba la vida pirata, algunas comunidades contaban con sistemas similares a los seguros o las cajas de resistencia, los cuales garantizaban el apoyo a los miembros mutilados de la tripulación. No había nada comparable en las sociedades europeas de la época. Las manos de gancho y las piernas de clavija como símbolos piratas no son sólo clichés sensacionalistas; representan algo que era muy real.

TxH: ¿Cómo eran las vidas de las mujeres en los mundos de los piratas?

GK: Algunas mujeres se hicieron famosas tras unirse a tripulaciones de piratas disfrazadas de hombres, como Anne Bonny y Mary Read. Pero lo cierto es que había muy pocas mujeres enroladas en grupos piratas. En general, los piratas tenían a las mujeres en baja estima y las veían principalmente como prostitutas dispuestas a servirles durante sus estancias en tierra. En definitiva, no hay nada que aprender, ni inspirarse, en las opiniones de los piratas sobre el género.

TxH: Tu análisis sobre las sociedades de los piratas termina en 1725. ¿Por qué? ¿Supuso esta fecha un punto de inflexión?

GK: Me centré en la llamada «Edad de Oro» de la piratería, una época que abarcó desde aproximadamente 1690 hasta 1725. Se desarrolló en el Caribe y, en menor medida, en el Océano Índico y en África Occidental. Esta época nos dio todas las imágenes de piratas que todavía reconocemos hoy: la Jolly Roger, las manos de gancho, las patas de palo, etc. La concentración de barcos piratas en esas zonas se debía a que el comercio entre Europa, América y África acababa de empezar. Había poca seguridad para los barcos mercantes, mientras un proletariado marítimo bastante desesperado buscaba alternativas a la navegación bajo su régimen. Las autoridades tardaron en establecer fuerzas navales lo suficientemente fuertes como para reducir la amenaza pirata. Pero en la década de 1720 ya habían alcanzado su objetivo. Las ejecuciones masivas de hasta 50 piratas a la vez dejaron su huella.

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1En 2019 tradujimos al castellano un artículo de Gabriel titulado ”Lucha de clases en la Suecia socialdemócrata

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