Entrevista a Miquel Ramos: “El objetivo de la extrema derecha es derribar el consenso en materia de derechos humanos e instaurar un nuevo sentido común que prescinda de ellos”

Miquel Ramos (València, 1979) es un periodista especializado en el monitoreo y el análisis de grupos de extrema derecha y de los discursos de odio que promueven. Sin duda, es una de las personas que mejor conoce la actividad y los riesgos que entraña el fascismo en el Estado español. Publica habitualmente los resultados de sus investigaciones en medios como La Marea, El Salto, Público y La Directa. Además, es coautor, junto a David Bou (periodista de La Directa) de la web www.crimenesdeodio.info, una herramienta para la memoria de los crímenes de odio con resultado de muerte cometidos en el Estado español entre 1990 y 2020. Esta web contiene una base de datos que recoge los 101 que pudieron identificar, contrastar, clasificar por tipología y documentar con la intención de recuperar la memoria de las víctimas mortales del odio.

El año pasado Miquel coordinó la redacción y publicación del informe De los Neocon a los Neonazis: La Derecha Radical en el Estado español (editado por Rosa-Luxemburg-Stiftung), una descripción minuciosa de todo el cosmos de la extrema derecha en el Estado español, desde sus expresiones institucionales, con Vox a la cabeza, hasta sus tentáculos en el fútbol, las redes sociales y los espacios de generación de pensamiento, como fundaciones o lobbies.

El pasado 28 de marzo salió a la venta su último libro, Antifascistas: Así se combatió a la extrema derecha española desde los 90 (Capitan Swing), un recorrido por la violencia ejercida por grupos fascistas y la respuesta que encontró en colectivos antifascistas. Pese a encontrarse ocupado con la presentación del libro en distintas ciudades, todo ello mientras informa de los (numerosos) movimientos de la extrema derecha que se están dando a diario en Ucrania (seguidle en Twitter para manteneros informadas), ha tenido la generosidad de dedicarnos un tiempo para responder a las preguntas que le hemos formulado respecto de su libro y de su trabajo.

Todo por Hacer (TxH): En los últimos años hemos asistido a un reforzamiento de grupos y partidos de extrema derecha en toda Europa, EEUU, India, algunos países de Latinoamérica, etc. ¿Por qué? ¿Hay una razón que lo explique a nivel mundial o en cada región obedece a causas distintas? 

Miquel Ramos (MR): Hay elementos comunes en todas las extremas derechas y en algunas de las razones de su ascenso, pero también hay factores que obedecen a las características de cada país. Como rasgo común podríamos apuntar el miedo de las élites a perder sus privilegios económicos hace que estos promuevan a este tipo de formaciones y estimulen sus relatos a través de los medios de comunicación, sobre todo en torno al eje de la seguridad, es decir, infundiendo miedo. Por otra parte, el desgaste de los partidos tradicionales hace que los partidos ultraderechistas se presenten como novedosos e incluso antiestablishment, a pesar de ser profundamente neoliberales. Un contrapeso populista a las izquierdas transformadoras que en muchos países han logrado captar el descontento, sobre todo en América Latina. Lo que al final une a todos los partidos ultraderechistas es su nacionalismo, su racismo, su lucha contra los derechos de las mujeres y de los colectivos LGTBI, y su alianza con las élites contra cualquier propuesta que suponga una amenaza a sus privilegios. 

TxH: En el informe De los neocón a los neonazis (2021) analizas todo el espectro de la derecha española, desde Vox hasta grupos neonazis, pasando por la caspa nacionalcatólica de Abogados Cristianos. ¿Qué tienen en común todas estas organizaciones? 

MR: El objetivo de todos estos grupos, más allá de su campo de batalla particular, es derribar el consenso en materia de derechos humanos e instaurar un nuevo sentido común que prescinda de estos. Una ofensiva global contra los derechos humanos, una batalla cultural que lleva décadas en marcha contra los consensos en materia de derechos, lo que la extrema derecha llama ‘marxismo cultural’. El terreno de juego de cada una de estas organizaciones es diferente, y esto condiciona su manera de hacer. Más allá de los partidos, que pretenden ganar poder institucional, están los movimientos sociales neofascistas, que están en las calles y tratan de competir con la izquierda con las banderas sociales. Luego, los lobbies y think tanks tienen otras funciones, como formar a sus cuadros y a sus militantes, presionar a las instituciones o publicitar las propuestas y los discursos de las extremas derechas. Hay mucha diversidad dentro de la extrema derecha, como lo hay en la izquierda. Y muchos frentes de batalla. 

TxH: En el informe le dedicas un capítulo entero a la extrema derecha durante la pandemia. ¿Cómo ha aprovechado la crisis sanitaria el fascismo para reforzarse? 

MR: En el Estado español lo ha intentado pero no le ha salido tan bien como esperaba. En otros países, la extrema derecha ha estado metida desde el principio en la mayoría de las protestas contra las medidas anticovid, así como en los canales de propaganda negacionista y conspiranoica de todo tipo, tratando de pescar ante esta situación de desconcierto generalizado. Las conspiraciones siempre han sido un terreno fértil para las extremas derechas, y en esta ocasión también. Por otra parte, más allá de lo conspiranoico, también ha tratado de usar la gestión institucional de esta situación para acusar al Gobierno de ser incompetente y casi de las muertes que provocó el virus. 

TxH: El año pasado cubriste de manera responsable el homenaje a la División Azul, exponiendo que se ensalzó el nazismo y se hicieron proclamas antisemitas. A raíz de tu exclusiva los medios generalistas otorgaron un altavoz a la portavoz de Bastión Frontal y le dejaron expresar sus ideas sin explicar cómo incitan al odio. Son los mismos medios que entrevistan a Abascal en prime time o dicen que se agredió a una neonazi en Murcia por llevar una pulsera con la bandera de España. ¿Qué responsabilidad tienen los medios en la normalización del fascismo? 

MR: Los medios son en gran parte responsables de esta normalización y este ascenso de la extrema derecha. Su subordinación a la espectacularidad y su falta de compromiso provocaron precisamente que su tratamiento en el caso citado fuese completamente distinto al nuestro en La Marea. Algo parecido ya pasó con Hogar Social Madrid, que se convirtió en un fenómeno mediático y vivió durante años de una sobreexposición mediática muy amable. Con Vox ha pasado también desde el primer momento porque muchos periodistas no han sabido tratar el fenómeno más allá del escándalo y el espectáculo. Y eso la extrema derecha lo sabe bien, por eso provoca constantemente titulares y apariciones en los medios por sus exabruptos y sus acciones, absolutamente calculadas para estar constantemente en el centro del debate. Pero, por otra parte, los medios se pasan el día amplificando el relato de la extrema derecha, sobre todo en materia de seguridad pública y otros asuntos en los que ésta está muy cómoda: migraciones, violencia, independentismo, criminalización de los movimientos sociales, etc… Les hacen gran parte del trabajo usando los mismos marcos y el mismo lenguaje que la extrema derecha. Luego, es normal que recojan lo que estos han sembrado.

TxH: En marzo publicaste Antifascistas (Capitán Swing), un ensayo sobre la lucha contra el fascismo desde los 90. ¿Cómo ha mutado la extrema derecha desde esa década? 

MR: La extrema derecha española ya empezó a cambiar a mediados de los 90, con los primeros partidos que trataban de asemejarse a sus homólogos europeos, disfrazados de demócratas. Desde entonces, su evolución ha sido todavía más rápida, ya en sintonía con el resto del mundo, copiando sus estrategias, sus campañas y cosechando sus mismos éxitos. Si durante los 90 la extrema derecha era vista como los franquistas engominados y decrépitos, o como los skinheads nazis, hoy, aunque siguen existiendo estos personajes, nos encontramos ante una extrema derecha mucho más normalizada e institucionalizada. Por lo tanto, no se puede combatir de la misma manera que se hacía contra los grupos nazis en los 90. Estamos hablando ya de actores políticos, influencers y entramados mediáticos muy potentes que han normalizado el discurso que hace 30 años solo reivindicaban los nazis. 

TxH: El libro es una historia coral del antifascismo de los últimos 30 años. ¿Qué tipo de colectivos y personas aparecen en él? 

MR: He intentado recoger el testimonio de personas que han estado a lo largo de estos últimos 30 años en diferentes escenarios de la lucha contra la extrema derecha en distintos territorios. Desde activistas que crearon sus plataformas y sus colectivos locales hasta periodistas o políticos cuya experiencia y opinión creía interesante reflejar en este libro. El protagonismo, sin duda, es para aquellas personas que nunca se avergonzaron de llamarse antifascistas. Que estuvieron en primera línea y se jugaron el tipo. No todas las personas a las que entrevisto coinciden en todo, y por eso me parece interesante que cada cual cuente su experiencia y haga sus propios juicios sobre lo que vivió. Las conclusiones se las dejo al lector. 

TxH: Por último, has escrito en numerosas ocasiones que el verdadero cordón sanitario contra la ultraderecha está en las calles y en los barrios. ¿Qué debemos hacer los movimientos sociales para frenar el avance del fascismo?

MR: Los movimientos sociales son hoy el mejor antídoto contra la extrema derecha. Estar en los barrios, con la gente, trabajando a pie de calle y por y para la comunidad, es imprescindible para vacunar contra el odio y el miedo que la extrema derecha trata de infundir. Señalar a los verdaderos culpables de la precariedad y ofrecer el apoyo mutuo como alternativa a lo securitario y a los discursos de odio. Trabajar la solidaridad de clase, el apoyo mutuo, los cuidados y el sentido comunitario es construir un muro frente a la extrema derecha, que tan solo ofrece más policía y menos servicios públicos y menos derechos para las personas más vulnerables. Las instituciones no van a acabar con la extrema derecha porque en parte, ésta forma parte de éstas, así que, como hemos dicho siempre, solo el pueblo salva al pueblo. 


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