Brasil: seguridad y familia

Las gentes de izquierda de Brasil están asustadas y deprimidas. Y con razón. Que Bolsonaro sea presidente no es algo baladí. Los partidos, los movimientos, las personas… todos han analizado la nueva situación y tratan de adivinar qué traerá consigo; nadie tiene una respuesta mágica… ¿Cómo es posible que el pueblo llano haya dado su voto a quien se muestra públicamente contra ese mismo pueblo? Mujeres, LGBT, colectividad negra, indígenas, pobres… ¿Hemos enloquecido?

Seguridad y familia son los mandatos del nuevo fascismo

¿Cómo es posible ganar unas elecciones yendo en contra del pueblo? ¿De dónde ha surgido el  gobierno de Bolsonaro? No es fácil de adivinar, cada cual tiene su explicación y seguramente todo el mundo acierta en cierta medida En este artículo analizaremos algunos factores y trataremos de ofrecer algunas pinceladas de cara al futuro. Con total humildad y sin poner en tela de juicio la verdad de otras teorías, teniendo en cuenta que todavía es algo pronto para anunciar lo que vendrá.

Analizaremos tanto el triunfo del PSI (Partido Social Liberal) de Bolsonaro como el fracaso del PT (Partido de los Trabalhadores) desde ambas perspectivas: qué ha hecho la derecha y qué ha hecho la izquierda, ya que el papel de ambas ha sido fundamental en este juego.

Aunque a la izquierda le cuesta hacer autocrítica, hay algunos errores cometidos que no se pueden obviar. Por un lado, podemos mencionar algunas medidas tomadas por el PT desde el gobierno que han facilitado el ascenso de la derecha. El PT ha sido un gobierno asistencial y capitalista. Ha abierto el camino al capitalismo por medio del agronegocio y de la minería. De igual manera, ha tomado medidas favorables a la población, pero sin generar un verdadero cambio social. Siendo presidenta Dilma Roussef se aprobó, por ejemplo, la ley antiterrorista. En el tema de la regulación y el control de los medios de comunicación también han errado, dando el poder total a los grandes medios y perjudicando a los medios de comunicación pequeños, alternativos y comunitarios.

No sabemos muy bien qué hizo o qué no hizo Lula da Silva, pero dentro del PT ha habido corrupción y el partido no ha dado una respuesta de fundamento ante dicha corrupción. ¿Más corrupción que en otros partidos? Seguramente no, pero les han atrapado bien.

Los movimientos sociales se han mantenido al lado del PT, haciendo una oposición muy débil y otorgando su apoyo en época electoral. Además de proporcionar sustento, muchas veces han dejado sus estructuras en manos del partido. El tema es que en este país las campañas electorales abarcan un periodo de entre seis meses y un año. Tengamos en cuenta además que el impeachment contra Dilma Roussef fue en 2016 y que desde entonces la política parlamentaria quedó patas arriba; parece que en los últimos años el trabajo de los grandes movimientos ha sido hacer campaña a favor del PT. Las campañas contra el impeachment, a favor del PT y después para liberar a Lula han dejado el espacio de debate muy limitado y se han resignado las verdaderas necesidades populares.

En un contexto de falta de debate, reducido el trabajo de calle y de contacto con las bases, con el surgimiento de un sentimiento antiPT, es donde toma fuerza el mensaje simple y populista de la extrema derecha de Bolsonaro. Aun siendo un tipo retrógrado, ha aprendido a valerse de herramientas modernas; las redes sociales han sido el elemento principal de su campaña, pero además ha tenido a su favor a Rede Globo y Record (dos grandes medios de comunicación) y a la judicatura (encarcelando a Lula sin pruebas), contando además con el sustento de la iglesia evangélica.

Tres han sido las ideas principales que ha usado durante la campaña y que han marcado las orientaciones del nuevo gobierno:

– El sentimiento antipetista. Los ataques personales contra Dilma Roussef y Lula da Silva, el fantasma del comunismo… Un discurso viejo, pero que ha llegado al alma de la gente.

– La idea de familia. El poder de la iglesia y de la fe son muy grandes en Brasil; especialmente la iglesia evangélica y los neopentecostales han incidido de forma decidida en el ámbito político, manipulando abiertamente las ideas y las conductas populares. Bolsonaro ha tejido una alianza con estas iglesias y, al hacer la contra al feminismo y al LGBT, ha obtenido su apoyo.

– Seguridad: El sentimiento de inseguridad es muy fuerte entre los habitantes de Brasil, las tasas de violencia son muy altas tanto en las ciudades como en las zonas rurales. Para hacer frente a este problema Bolsonaro plantea el derecho a tener armas, porque “la gente buena tiene derecho a defenderse a sí mism”. Con estas mismas ideas Trump consiguió también el sustento de determinados sectores económicos.

Y de aquí en adelante, ¿qué?

Bolsonaro asumió el poder el 1 de enero de 2019 y se puso a firmar leyes y decretos como un loco. ¡Por fin un presidente cumple todo lo anunciado en campaña! Y además en pocos días. O por lo menos esa es su intención. Pero vistas las noticias parece que el gobierno no es tan fuerte, que tienen grandes contradicciones y aunque Bolsonaro dice todo lo que le pasa por la cabeza, después los representantes gubernamentales no llevan adelante adecuadamente lo prometido.

En esta nueva coyuntura los partidos de izquierda están tratando de conseguir diversos acuerdos; pero les está resultando complicado debido a que la actitud del PT es todavía la de ser el que manda, porque quiere mantener su poder y hegemonía. En la calle, por el contrario, hay dos perspectivas: algunos creen que todavía es necesario apostar por el PT, mientras cada vez más gente piensa que es una etapa pasada y que es necesario construir algo nuevo. Todavía no se tiene claro qué será ese algo nuevo: un acuerdo a favor de la democracia o algo de carácter plataformista… y en ese barullo el PSL (Partido Sozialismo e Liberdade) ha empezado a tomar peso (con el asesinato de Marielle Franco, con las amenazas que han recibido otros diputados…)

También está claro que tienen que cambiar cosas dentro de los movimientos populares, ellos mismos lo tienen claro. Se dice que hay que volver a la calle y a trabajar con la base social. Entre las nuevas estrategias se remarca acercarse otra vez a la gente, reorganizarse, querer nuevamente al pueblo, generar nuevos luchadores y mejorar la formación política. Creen que deben realizar un trabajo de hormiga, recuperando el debate.

Entretanto, el miedo se impone, tanto en los partidos como en los movimientos. Algunos han abandonado el país, otros se han ido a casa o han bajado el perfil. Han aumentado las medidas de seguridad y se preparan para sobrevivir. Es muy fuerte, pero lo hemos oído una y otra vez: “nuestro objetivo principal en este momento es sobrevivir”. Precisamente la supervivencia de los movimientos y la integridad física de los militantes está en riesgo. Y por eso surgen alianzas para la autodefensa. Saben que como primer objetivo están el Movimento dos Trabalhadores Sem Terra (MST) y el Movimento dos Trabalhadores Sem Teto (MTST) y ambos están preparando su defensa. Bien saben que si logran acabar con ellos, los demás sufrirán también persecución.

En un primer momento la gente estaba desanimada, deprimida. Poco a poco han empezado a reaccionar y ahora se está preparando la respuesta; no será inmediata, pero en el comienzo de estos nuevos tiempos diversas personas han visto la oportunidad de poner en marcha lo aprendido.

Seguridad y familia, en las leyes

El gobierno, tal como anunció, ha empezado a dar caña a los movimientos. Pondrá en marcha la ley antiterrorista aprobada en la época de Dilma Roussef y hará esfuerzos por dejar fuera de la ley al MST y al MTST. Estos dos movimientos son iconos importantes, uno en las zonas rurales y el otro en las zonas urbanas, porque luchan contra la propiedad privada, porque hablan de la democratización de la riqueza y porque diversos candidatos del PT y del PSOL han sido integrantes de estos grupos.

Pero mientras juegan con las leyes, parece que la estrategia inmediata será la de la impunidad. Impunidad para la violencia contra tierras o edificios ocupados, o para el uso de la fuerza contra militantes y dirigentes de movimientos; en definitiva, impunidad para los asesinos. Se han producido diversos araques desde noviembre de 2018 en adelante en las zonas controladas por el MST (asesinatos) y especialmente en las tierras indígenas (expulsiones, demolición de viviendas, destrucción de cosechas, ocupación armada). Bolsonaro prometió que quitaría las tierras a los indígenas y que las repartiría entre los grandes terratenientes, y en ello está.

De igual forma, están creando las condiciones legales y materiales que precisa esa impunidad. La liberalización del uso de armas fue una de las promesas de campaña y están trabajando en promover la ley correspondiente. El objetivo de esta ley es que los ricos y los terratenientes puedan poseer armas legalmente y que puedan disparar contra cualquiera que amenace sus propiedades. En teoría es una medida tomada en nombre de la seguridad, pero en la práctica será una legislación destinada a acabar con los pobres.

En particular, y en lo que se refiere al movimiento agrario, es muy grave lo que está sucediendo con la oficina del INCRA (Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria). La legislación brasileña afirma que la tierra tiene que cumplir con un fin social. Por lo tanto, cuando una tierra es improductiva o cuando su explotación ocasiona un perjuicio medioambiental, se puede “solicitar” su inclusión en la reforma agraria. Esta ha sido la estrategia que el MST y otros movimientos a favor del reparto de la tierra han utilizado durante los últimos 35 años: ocupar la tierra, informar al INCRA de que no cumple ningún fin social y así obligar a su reparto. Estas tierras unas veces son públicas y otras privadas, en el segundo caso el INCRA las compra previamente a su reparto.

Bolsonaro decidió en los primeros días paralizar el INCRA y revisar los procesos de los últimos diez años. Esto significa que la situación de miles de familias que están ocupando en estos momentos puede ir a peor, será imposible adquirir tierras mientras el INCRA no esté en funcionamiento y el riesgo de desalojo se incrementa. Pero, además, aquellos que han adquirido tierras en los últimos diez años pueden también tener problemas.

Aunque más adelante dejaron sin efecto esta medida, todo está en duda todavía y el futuro no parece muy halagüeño, más sabiendo que el Departamento de Agricultura está en manos de un defensor público de los agrotóxicos. El departamento de agricultura ha asumido la reforma agraria, la regularización de las tierras indígenas, la titulación de las comunidades quilónbolas y la política de los pequeños agricultores. Y ha dejado el INCRA en manos de un militar. Oídas sus palabras, parece que la labor de la institución a futuro, más que acometer la reforma agraria será la de arremeter contra el MST.

Cuando se formó gobierno también se presentaron los distintos departamentos, y en vez de haber un área de igualdad o similar, se creó un departamento de Mujer, Familia y Derechos Humanos. Este organismo es dirigido por una mujer evangélica (solo hay dos mujeres en el gobierno, una en agricultura y la otra aquí). Y cuando asumió el cargo su vídeo se hizo viral: “escuchad, de ahora en adelante, las chicas vestirán de rosa y los chicos de azul”, gritaba rodeada de representantes evangélicos.

Aparte de esto, dejará al colectivo LGBT fuera de las políticas de derechos humanos y tienen el plan de cambiar la ley contra la violencia de género; a saber en qué quedará el asunto.

También les han surgido crisis. Por un lado, la rotura del pantano de Minas de Gerais y los muertos ocasionados han puesto en solfa todos sus proyectos mineros; por otro lado, los jueces se han mostrado a favor de sancionar la LGBTfobia, y la nueva ley de pensiones ha generado manifestaciones y huelgas. Han encarcelado a Temer y el hijo de Bolsonaro tiene un juicio pendiente.

Tendremos que seguir de cerca la situación, de momento todo está en el aire, pero se prevé un oscuro panorama.

Esti Redondo (Artículo publicado originalmente en Ekintza Zuzena)

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