Hacia un mundo más animal. Una mirada al movimiento antiespecista de los últimos años

Aunque el debate, dentro del movimiento libertario, acerca de los intereses (y sus consiguientes derechos) de los animales no es nuevo, sí es cierto que se ha animado en estos últimos años.

Si bien en el Reino Unido (principal impulsor de esta lucha en la Europa occidental) el activismo por los animales lleva muy activo desde los años 60, al Estado español no ha llegado con fuerza hasta hace relativamente poco.

En el 2011, cuando se publicó el primer número del Todo por Hacer, existían algunas asambleas y colectivos horizontales y autogestionados trabajando en las principales capitales del país (como por ejemplo la Asamblea Antiespecista de Madrid, entrevistada en este periódico en agosto ese año), pero la mayor parte del activismo abolicionista estaba concentrado en grandes organizaciones, como Igualdad Animal o Equanimal, que realizaban muchas acciones de todo tipo (saltos al ruedo, investigaciones, video-documentales, asaltos a las pasarelas, acciones de difusión a pie de calle, etc).

El 15M, como en tantas otras luchas, sirvió de catalizador para reunir a personas con intereses comunes, pero además (y aún más importante) con el interés de organizarse de manera asamblearia, lejos de grandes organizaciones, partidos políticos o líderes. Al igual que otros frentes, las movilizaciones de esos meses ayudaron a difundir la existencia de personas preocupadas por los demás animales con una perspectiva autogestionada y horizontal. Se crearon comisiones de derechos animales, y alguna derivó en la creación de colectivos autónomos.

Por otro lado, el número de acciones directas ilegales estaba en auge. En la página web de biteback.info puede consultarse cómo casi todos los meses había una acción en el Estado, la mayoría rescates o liberaciones. En 2011 se liberaron y/o rescataron un total de 195 conejos, 31 gallinas, 8 truchas, 4 tortugas, 4 cerdos, 28 patos, 2 corderos y 39 perros de la raza Beagle. Estos últimos fueron rescatados en dos acciones diferentes, 3 de ellos se sacaron del animalario de la facultad de veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, y los otros 36 del criadero de animales para laboratorios de Harlan Interfauna en Barcelona.

La madrugada del 22 de junio de 2011, doce activistas fueron detenidas acusadas de varias liberaciones de visones en granjas peleteras entre 2007 y 2009. Dos años después, se suman a la causa trece imputadas más, todas ellas por ser cabezas visibles del movimiento animalista. En 2015, tras un cambio en el juez asignado para la instrucción de la causa y ante la evidente falta de pruebas, el juzgado acordó el archivo de la causa, con lo que las activistas quedaron libres de todos los cargos.

No puede saberse si es a raíz de estas acciones represivas contra la liberación animal, pero desde ese año hasta hoy, el número de acciones de este tipo ha disminuido considerablemente. Aún así, se siguen produciendo. En 2018, por ejemplo, se rescataron 90 gallinas, 1 pato, 1 mirlo, 2 gorriones y 6 ratas en diferentes acciones. Son muchos menos que antes, pero para estos cien animales estas acciones lo supusieron todo.

Si bien el número de acciones ilegales ha disminuido, el número de colectivos y organizaciones no deja de crecer, sea desde una perspectiva asamblearia o no. A ello ha colaborado enormemente la difusión que han tenido ciertas campañas muy mediáticas, como por ejemplo la que durante muchos años congregó a decenas (y luego cientos) de activistas en Tordesillas contra el Toro de la Vega. A raíz de esta y otras campañas, las redes sociales han permitido afianzar redes de comunicación entre personas antiespecistas, dando lugar a pequeños grupos de debate y/o acción. Nacen así colectivos como Serás su voz, el reciente Anonymous for the voiceless con su ya famoso Cubo, o las cada vez más habituales Vigilias en mataderos españoles. Colectivos más cercanos ideológicamente y que sigan activos a día de hoy, se encontrarían la ya mencionada Asamblea Antiespecista de Madrid (2009), Askekintza (Donosti, 2010) o Aula Animal (Zaragoza, 2011), entre otros. Es habitual encontrarte paseando por la calle del centro de cualquier ciudad un grupo de personas difundiendo qué es el veganismo, o ver pintadas y pegatinas en los barrios de las afueras que claman por la liberación animal. Antes teníamos la sensación de conocer a todo el mundo en esta lucha, algo que hoy es imposible. Cada vez hay más personas veganas, eso es innegable, pero no eso no significa que la lucha avance favorablemente. Los números de la explotación animal no han dejado de crecer, y en 2018 se llegó a la escalofriante cifra de 50 millones de cerdos en granjas del Estado, un número mayor que el de habitantes humanos.

En el plano teórico, dentro del antiespecismo libertario convendría citar, al menos, dos corrientes que han calado fuerte, una relacionada con la otra. En primer lugar, al igual que ha pasado con el feminismo occidental en estos últimos años, ha entrado con fuerza el concepto de interseccionalidad. Aunque el término se creó a finales de los 80, hasta estos últimos años no ha sido objeto de debate en nuestros entornos y ha sido a raíz de las reflexiones en torno a él en los círculos feministas que ha impregnado el antiespecismo. La interseccionalidad explica que la opresión no puede entenderse como una mera suma de factores a partir de los que se genera discriminación (raza, género o clase, en este caso) sino que estas opresiones se viven juntas, se encarnan e interrelacionan generando relaciones de poder y dominación más complejas que una simple suma de opresiones (Fernández, Hacia mundos más animales, 2018).

Si bien el concepto surgió de la necesidad de relacionar la opresión de mujeres negras por el hecho de sufrir una doble opresión que se retroalimenta (no solo están oprimidas por ser mujeres o por ser negras, sino por ser mujeres y negras), en estos años el concepto ha sido adoptado por muchos colectivos oprimidos para explicar las similitudes en las opresiones, sus factores en común, y cómo en muchas ocasiones no puedes pretender acabar con una sola sin atacar al conjunto de ellas.

La interseccionalidad es una herramienta muy útil para examinar en profundidad los vínculos entre sistemas de opresión. Se han ido incorporando múltiples variables a la intersección que permiten entender la pluralidad de dimensiones en que las opresiones se expresan.

Laura Fernández, Hacia Mundos Más Animales

El movimiento antiespecista, asumiendo las premisas de la interseccionalidad, entiende que no se puede trabajar por la liberación animal siendo racista, sexista u homófobo. No podemos luchar contra una forma de opresión siendo a la vez opresores.

Por otro lado, dentro del anarcofeminismo se lleva muchos años trabajando con esta idea de la interseccionalidad y uniéndola con la teoría queer y el activismo LGTBQI+, dando lugar al transfeminismo, asumiendo en muchos casos, además, que dicho transfeminismo tiene que ser activamente anticolonial, anticapitalista, anticapacitista, y para muchas personas, antiespecista.

Otro aspecto que ha evolucionado mucho (cuantitativamente) es el de los santuarios para animales. En 2011 en el Estado español existía (del que tengamos constancia) únicamente un santuario de animales en Madrid, que acogía animales rescatados, liberados, o “casos perdidos” de protectoras o perreras. A día de hoy ya son 21 repartidos por todo el país, los cuales acogen a cientos de animales y les ofrecen unas condiciones de vida dignas para el resto de sus días. Estos santuarios realizan una labor de difusión muy grande, aunque tienen el contrapunto de que requieren un gran apoyo económico, tanto para alquileres e infraestructura, pero sobretodo para gastos veterinarios, ya que los animales por lo general llegan en unas condiciones lamentables, y porque la industria ha modificado sus cuerpos para que enfermen y sufran una vez pasada la media de vida de sacrificio en las granjas.

Una buena forma de ver la evolución de un movimiento de lucha, sea el ámbito que sea, es analizar la infraestructura de comunicación que se ha generado en torno al mismo. En el caso que nos ocupa, en 2011 funcionaban pequeños proyectos que editaron algunos títulos “clásicos” de Tom Regan o Francione. En 2013 nació Ochodoscuatro Ediciones que desde entonces ha publicado doce títulos sobre teoría y activismo antiespecista. También en 2013, la editorial de filosofía Plaza y Valdés comenzó a trabajar en una línea editorial sobre ética animal. También en estos últimos años han surgido algunos proyectos (en ocasiones más efímeros que en otras) de radios antiespecistas (La Osa Perdida, Terrícolas, Aniguales, etc.), de fotografía y vídeo (Tras los Muros, Filming for Liberation, etc.) o incluso secciones en periódicos o revistas (El caballo de Nietzsche el eldiario.es, Infoanimal, etc.). Todos estos proyectos ayudan a que la sombra del antiespecismo crítico, formado y combativo se extienda, fomentando el debate, y ampliando la red de recursos.

Para concluir, y como muestra de la salud del antiespecismo combativo (al menos el matritense), no podemos no aludir a las manifestaciones anuales que la asamblea del 5N antiespecista organizó, con motivo del día internacional del veganismo, el 5 de noviembre de 2016 y el 4 de noviembre de 2017. Tras esta última la asamblea se autodisolvió y le cogió el relevo una nueva asamblea que organizó una nueva manifestación el 3 de noviembre de 2018. En estas manifestaciones por el centro de la capital se dieron cita miles de personas, de todas las edades, bajo un mismo lema: Respeto y libertad para los animales. Luchemos hasta el fin del especismo.

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