FRONTEX: drones, pistolas semiautomáticas y big data

La Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (FRONTEX) se encuentra trabajando para constituir el primer gran cuerpo uniformado y armado propio de la UE. Lo que comenzó en 2005 como una “pequeña” agencia con 50 empleados y 6 millones de euros de presupuesto, se ha transformado en un organismo que, en 2020, contaba ya con 1.200 empleados y 460 millones de euros para gastar, pero, para 2027, tiene como objetivo contar con 10.000 elementos uniformados y armados en las fronteras y convertirse en la Agencia comunitaria con mayor presupuesto.

FRONTEX ha ido creciendo de forma gradual, no solo a nivel de recursos sino también de capacidades y autonomía, desarrollando ya operaciones propias de gestión fronteriza, búsqueda y retorno dentro de la Unión, pero también contando con presencia en países del continente africano y del este de Europa. FRONTEX se ha convertido en un símbolo de la nueva, pero vieja, política migratoria europea, donde el discurso securitario refuerza el crecimiento de este aparato policial autónomo, opaco y con estrechos vínculos con la industria militar y de seguridad.

En estos últimos años, han ido apareciendo noticias realmente preocupantes gracias, principalmente, al trabajo de activistas de diferentes lugares pero, a pesar de que los mecanismos de control internos de la UE han puesto en marcha comisiones de investigación, procesos judiciales o declaraciones públicas, la voluntad política de los Estados miembros es clara y dicha Agencia continúa su tendencia expansiva.

Entre los diferentes hechos que han tenido un mayor eco se encuentran la colaboración entre su personal y la guarda costera griega o libia para realizar devoluciones violentas, sin respetar los procedimientos administrativos, quebrantando el derecho de asilo y poniendo en peligro la vida de miles de personas en el Mediterráneo; denuncias de acoso laboral y trato denigrante por parte de trabajadoras de este organismo; la progresiva sustitución de las misiones de búsqueda y rescate marítimo por la vigilancia aérea a través de drones (ha invertido 150 millones de euros en drones, una parte de ellos comprados a la industria militar israelí); la falta de transparencia reflejada en hechos como que el 70% de las reuniones que mantenía FRONTEX con la industria del control no quedaban registradas en contra de lo que dicta la legislación comunitaria; etc.

FRONTEX, además, ha desarrollado la capacidad de asumir las deportaciones, el conocido jurídica y administrativamente como retorno. Pese a ser esta una competencia propia de los Estados, la puesta a disposición de dicha alternativa por parte de la Agencia ha provocado que muchos de ellos hayan delegado todas o parte de las deportaciones por el ahorro económico y de recursos que implica. De esta forma, FRONTEX, de 2009 a 2019, ha expulsado a más de 60.000 personas.

Respecto a su vínculo con la industria militar y de seguridad, no solo se limita a la adquisición de material, vehículos, armamento, etc., también tecnología punta vinculada a la biometría, almacenamiento, análisis y procesamiento de datos, vigilancia, etc. Además de destinar grandes cantidades de dinero a proyectos de investigación vinculados al control y militarización de fronteras, FRONTEX asesora de forma directa a la Comisión Europa en dicho ámbito y realiza estudios de vulnerabilidad para los Estados fronterizos. La relación con dicha industria es muy estrecha y se materializa de forma pública en diferentes actos como ferias o su cena anual donde participan empresas y lobbies, y cuyo coste ascendió a medio millón de euros en 2019.

Además, FRONTEX dirigirá el Sistema Europeo de Información y Autorización de Viajes (ETIAS) cuyo objetivo es crear una gran base de datos biográficos y biométricos, que completará con la información recopilada por otras Agencias de la UE y con otros programas propios como el Trespass, una tecnología que pretende correlacionar la información proporcionada por los viajeros, con sus redes sociales, con las imágenes en directo de los aeropuertos, etc. Es tal su afán por controlar, registrar y almacenar, que la propia UE ha tenido que poner fin a determinados proyectos por violar los límites marcados por la legislación europea de protección de datos. Aun así, FRONTEX continúa dicho camino, recurriendo a la Inteligencia Artificial y al análisis de macrodatos para detectar posibles “amenazas”, desarrollar escenarios futuros, disponer de perfiles propios, etc.

A pie de campo, las sucesivas modificaciones reglamentarias, sobre todo la aprobada en 2019, permite a los miembros uniformados de FRONTEX realizar tareas policiales tales como la verificación de la identidad, la realización de interrogatorios, el registro de huellas, el uso de armas, etc. Este hecho y su despliegue en las fronteras de la UE ha generado fricciones con los Estados, con el gobierno español ha tenido choques sobre la dirección de los operativos puestos en marcha, aun así no se han detenido estas operaciones conjuntas, en las cuales los agentes de FRONTEX realizan entrevistas e identificaciones, utilizan embarcaciones marítimas, colaboran con las Fuerzas Armadas en labores de vigilancia, etc.

La apuesta por FRONTEX implica el blindaje policial de las fronteras, la creación de grandes bases de datos personales, la “industrialización” de las deportaciones y la apertura de mayores espacios a la patronal del control y de la guerra en las instituciones europeas, lo cual evidencia cada vez más la naturaleza racista de la Unión. El derecho de asilo y refugio, la libre circulación de las personas, los recursos para el rescate marítimo y la solidaridad internacional no son negociables. Abolish Frontex!

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