Fortaleza Occidente: una historia de migraciones, represión y resistencias

La palabra “Occidente” proviene del latín occidere, que significa “morir” o “desaparecer”. Resulta un término muy apropiado para describir el destino de millones de personas que viajan desde Oriens (“nacer”) o desde el Sur global y mueren por el camino, son asesinadas por las instituciones o sufren distintas formas de violencia como la persecución, el encierro o la expulsión.

El flujo de migración desde las antiguas colonias a los imperios occdientales ha sido una constante durante buena parte del siglo XX y lo que llevamos del XXI, como lo ha sido la represión a estos desplazamientos. Pero lo cierto es que el endurecimiento del control de fronteras (así como el discurso xenófobo1) ha alcanzado un nuevo grado de crueldad en el último año que consideramos importante abordar.

Cárceles para niños y niñas en la frontera sur de Estados Unidos

En mayo de 2018, la Administración Trump inició una nueva “política migratoria de tolerancia cero”, consistente en aterrorizar a las familias que cruzan la frontera sur (porque en la de Canadá no ocurre). Hasta entonces, la entrada ilegal en el país se consideraba una simple infracción administrativa, pero el Gobierno tomó la decisión de procesar penalmente a todos los que lo hagan.

¿Qué significa esto? Que los manda a prisión preventiva a espera de juicio y por tanto, aquí está la clave, sus hijos pasan a ser menores extranjeros no acompañados (o MENAs2) que ingresan en un centro de internamiento, separados de sus padres y madres. Una estrategia legalmente factible para lograr el objetivo último: que la amenaza de quitarles a sus hijos les elimine las ganas de emigrar a EEUU.

Unas semanas más tarde, cuando esos padres desesperados llegan ante el juez de inmigración, se les informa que si solicitan el asilo en EEUU comienzan un proceso judicial que se puede alargar durante años y que pasarán separados de sus hijos, algunos tan pequeños que acaban de cumplir el año y medio. En cambio, si se declaran culpables, el proceso se termina y aceptan una deportación rápida que les permita reclamar a sus hijas y reunirse con ellas más rápido.

Los y las menores, por su parte, comparecen por separado ante los jueces, sin ser acompañados por sus padres, ni ningún adulto que les supervise (a excepción de un intérprete), para defenderse de las preguntas que les hace el juez, las cuales ni entienden3.

La crueldad burocrática es evidente a simple vista, pero leyendo decenas de testimonios en Internet, así como viendo vídeos e imágenes, ésta adquiere una dimensión infinitamente mayor. Por ejemplo, en junio de 2018 se filtró un audio del llanto de unos niños mientras un vigilante se burlaba de ellos y, posteriormente, un vídeo de niños y niñas en jaulas en un centro de detención. Asimismo, se ha informado que a los hermanos se les tiene separadas, que pueden verse una vez a la semana y no permiten que se abracen.

Carlos Hernández-Echevarría publicó en ElDiario.es4 la explicación de cómo a una madre la separaron de su hija: “‘Déjeme a la niña, tiene que ir a la ducha’Una ducha que dura diez minutos, veinte, media hora… Y los padres ya inquietos le preguntan al guarda y entonces aparece la verdad. La niña no va a volver, la niña va a otro centro de detención, no saben cuál. Y la niña llora desconsolada al llegar, le dan juguetes pero no sirve, no para de sollozar. Poco más se puede hacer porque las normas de ese centro no dejan que las cuidadoras la cojan en brazos, que la toquen siquiera”.

El presidente de EEUU ha recibido un buen aluvión de críticas, a las cuales ha hecho bastante poco caso, como es su tónica habitual. Pero en una cosa sí tiene razón: esta estrategia ya había sido usada con anterioridad durante la Administración Obama, si bien no como política habitual sino en ocasiones contadas. Y es que es importante señalar que el problema no reside en quién es el habitante concreto de la Casa Blanca en este momento, sino en la estructura general de la política de fronteras occidental.

La Academia Americana de Pediatría ha advertido a Trump que, para los niños, este tipo de separación traumática de los padres puede tener graves efectos en su salud de por vida. Enfermedades mentales y de corazón, predisposición a las adicciones y retraso en la maduración, entre otras.

Por supuesto, Trump tiene sus defensores. Para satisfacer a sus votantes y encerrar a las miles de personas que han sido capturadas cruzando la frontera en el último año, el presidente está ampliando sus cárceles, porque no tiene dónde meter a tanto niño separado de sus padres. El año pasado algunos fueron retenidos contra su voluntad en antiguos hipermercados, pero ya se están habilitando bases militares y hasta tiendas de campaña en el desierto para albergarles.

Macrorredadas en ciudades de Estados Unidos

La otra parte del plan de Trump consiste en organizar una serie de macrorredadas por parte de ICE (la Agencia de Inmigración y Aduanas) en algunas de las ciudades más grandes del país y detener, procesar y expulsar a miles de personas personas que ya consiguieron cruzar la frontera hace años. Porque no se trata sólo de cerrar el paso a entradas futuras, sino de purgar la nación de los indeseables que no quiere cruzarse en ella.

Algo parecido se había intentado en septiembre de 2017. En aquel entonces, ICE organizó la Operación Mega, rebautizada posteriormente como Operación Épica. El colectivo Detention Watch Network5 se hizo con los correos internos de la Agencia en esa época y se enteraron de que uno de sus máximos responsables deseó una “feliz cacería” a sus agentes, que bromeó con volver a cambiar el nombre de la operación a Super Mega Épica y que entre sus planes se encontraba el de arrestar a 10.000 “objetivos” y a otros tantos “colaterales”. Los planes se filtraron por activistas y se puso fin a la operación antes de su comienzo.

Ahora, a diferencia de entonces, fue el propio Trump el que anunció que se iban a llevar a cabo una serie de macrorredadas en distintas ciudades en algún momento del mes de junio. Sus planes se fueron al traste cuando algunos funcionarios públicos filtraron su fecha, por lo que el presidente lo postpuso, en secreto, al 14 de julio. Pero de nuevo, unos días antes, la fecha fue nuevamente revelada, así como las ciudades en que se iban a desarrollar las batidas: Atlanta, Baltimore, Chicago, Denver, Houston, Los Ángeles, Miami, Nueva York y San Francisco.

Esta información propició la movilización de centenares de activistas, ONG y simpatizantes, que salieron a la calle a protestar en manifestaciones por todo el país, asesoraron a las posibles víctimas de estas búsquedas (específicamente, les informaron sobre su derecho a negarse a abrir la puerta de su casa), les acogieron temporalmente en otras viviendas o en centros sociales o iglesias, y les proporcionaron asistencia jurídica y soporte moral durante los días siguientes al 14 de julio.

También hubo resistencias físicas, como la que se dio en Nashville, al este de Estados Unidos, el 15 de julio, cuando un grupo de vecinas y activistas decidieron ayudar a un hombre, que se negó a bajar de su vehículo durante un control racista de la policía. Organizaron una cadena humana delante de su coche durante cuatro horas. Esto le permitió entrar en su casa sin ser arrestado.

Finalmente, ICE únicamente pudo detener a 35 de las 2.000 personas en su operación.

Cánticos racistas en Trumplandia

Enfurecido por su fracaso, el presidente-niñato se dirigió por Twitter a Ilhan Omar, Ayanna Pressley, Alexandria Ocasio-Cortez y Rashida Tlaib, cuatro congresistas afroamericanas y latinas que habían difundido ampliamente las noticias sobre las redadas que se iban a llevar a cabo y les dijo que si no les gustaba EEUU, podían “volver a sus países”. Por supuesto, no hizo lo mismo con Bernie Sanders y otros rivales políticos blancos que también habían difundido la filtración. Cabe señalar que todas nacieron en Estados Unidos, salvo Omar, que nació en Somalia pero adquirió la nacionalidad estadounidense en el año 2000, lo cual evidencia cuál es su visión (y la de buena parte de sus votantes) de lo que se requiere para ser un nacional de un país occidental: ser blanco.

Al día siguiente, en un mítin, Trump siguió promoviendo su visión etno-nacionalista, lo que propició que sus seguidores empezaran a corear “send her back” (“envíala de vuelta”), en referencia a Ilhan Omar.

Condenado a 20 años por dar agua a migrantes en Arizona

Scott Warren Daniels, activista de la asociación “No más muertes”, fue ha sido juzgado en Arizona y se enfrenta a una pena de 20 años de prisión por un delito de tráfico de personas, consistente en ayudar en 2018 a inmigrantes dándoles agua, comida y ropa limpia en el corredor de Ajo.

Su detención se produjo hace un año cuando la asociación publicó un informe en el que se mencionaba las manipulaciones en las estaciones de agua por parte de la patrulla fronteriza donde decenas de inmigrantes mueren por deshidratación en el desierto.

Chalecos Negros en París

El recrudecimiento del discurso y de las políticas antiinmigración no es un fenómeno exclusivamente estadounidense. A principios de este año escribimos sobre cómo en el Estado español el PP y Ciudadanos habían asumido el discurso xenófobo de Vox6 y el mes pasado informamos sobre cómo activistas como las alemanas Carola Rackete y Pia Klemp están siendo procesadas y se enfrentan a décadas de prisión en Italia por rescatar a personas a punto de ahogarse en el Mediterráneo7.

La Fortaleza Europa, cada vez más inexpugnable. Pero, al igual que sucede en EEUU, no sólo buscan cerrar la fronteras, sino que las Administraciones europeas hacen todo lo posible por ahogar económica y burocráticamente a quienes ya residen en ellas. Pero, en ocasiones, se encuentran con la respuesta de sus víctimas.

En Francia, un movimiento de personas de origen extranjero, hartas de ser constantemente maltratadas por las instituciones, salieron a las calles a principios de este año. Son los Chalecos Negros, un nombre que se han puesto en clara alusión a los Chalecos Amarillos (el movimiento de franceses indignados que lleva meses organizando jornadas de protestas y disturbios), evidenciando que han optado por la acción directa. Eso sí, por su cuenta, ya que casi no ha habido ninguna convergencia entre ambos movimientos, debido a que los Amarillos se circunscribieron en la defensa de la justicia social y fiscal para la comunidad nacional francesa.

La última acción de los Chalecos Negros tuvo lugar el pasado 12 de julio, cuando 700 personas tomaron el Panteón de París para denunciar la hipocresía de un país que exalta la memoria de sus grandes figuras que defendieron la libertad, la igualdad y la fraternidad al mismo tiempo que condena en la miseria a miles de migrantes y refugiados. “Somos los sin papeles, los sin voz, los sin rostro de la República francesa. Venimos a la tumba de vuestros grandes hombres para denunciar vuestras profanaciones. La de las memorias de nuestros camaradas, nuestros padres, madres, nuestros hermanos y hermanas en el Mediterráneo”, afirmaban en un panfleto distribuido durante la acción.

Según informa El Salto8, “estuvieron concentrados en el interior del Panteón durante más de tres horas. Pero con la llegada de los agentes antidisturbios, se produjeron cargas, lanzamientos de gases lacrimógenos y los manifestantes fueron evacuados. Detuvieron a 37 miembros de los “chalecos negros” y encerraron a una veintena de ellos en centros de retención administrativa (el equivalente de un CIE en Francia), aunque todos ellos ya han sido liberados, indican desde la asociación Droits devant que apoya a este colectivo”.

[…] Prácticamente, todos ellos son de origen africano, pero hay de 17 nacionalidades distintas. Muchos de ellos proceden del África subsahariana, otros del Magreb. No obstante, se presentan como los Chalecos Negros porque “la mayoría de nosotros nos vemos obligados a trabajar en negro”.

La mediática ocupación del Panteón no fue su primera acción. En enero ocuparon una de las terminales del Aeropuerto Charles de Gaulle, en el norte de la región parisina, para denunciar la participación de Air France —la principal aerolínea francesa— en las expulsiones de inmigrantes. Hace un mes también se concentraron en la sede del grupo de restauración colectiva Elior, en el distrito financiero de París, para alertar ante la explotación de los sin papeles y sus condiciones laborales en esta empresa”.

Los siglos han pasado desde que los romanos lo bautizaron así pero “Occidente” sigue significando lo mismo: la muerte.

___________________________

1Véase https://www.todoporhacer.org/avance-ultraderecha-inmigracion/

2En España, los MENAs llevan sufriendo desde hace unos meses una descarnada campaña mediática por parte de buena parte de la derecha. Varios centros de menores han sido atacados por la ultraderecha entre marzo y julio, el Hogar Social ha señalado con carteles a los MENAs de Hortaleza y los medios criminalizan sin cesar a los chavales.

3Sobre el papel de los jueces de inmigración recomendamos el programa de Last Week Tonight (de John Oliver) sobre “Immigration Courts”.

4Véase https://www.eldiario.es/trumplandia/Trump-cruel-separa-inmigrantes-padres_6_783631634.html

5Véase https://mijente.net/icepapers/

6Véase https://www.todoporhacer.org/vox-y-nuestra-respuesta/

7Hasta el 30 de septiembre de 2018 se han confirmado 35.597 muertes por ahogamiento en el Mediterráneo. Y según informan diversas ONG, 158 personas han sido investigadas por prestar ayuda humanitaria en 11 países de Europa, el mayor número de ellas en Grecia e Italia. Véase https://www.todoporhacer.org/salvar-vidas/

8Véase https://www.elsaltodiario.com/francia/chalecos-negros-los-migrantes-apuestan-por-la-accion-directa-para-recuperar-su-dignidad-en-francia

Comparte y difunde