Huelga indefinida en la fábrica de Nissan en Barcelona. La lucha en el sector de la automoción en tiempos de pandemia

La marca Nissan en Japón ha anunciado su retirada definitiva de Europa, y los vehículos eléctricos que comercializa, serán producidos por la factoría francesa Renault en el continente europeo. La alianza internacional entre Nissan, Renault y Mitsubishi, que operan juntas desde 2017, experimenta cambios en la realidad de su producción y en los puestos de trabajo vinculados a la misma. Esta clase de estrategias corporativas afectan a miles de trabajadores, históricamente dedicados a la automoción en grandes fábricas como la que tiene Nissan en Barcelona.

Ante este amenazante futuro laboral, y con la emergencia sanitaria y social de la Covid-19 como telón de fondo, los trabajadores de la factoría Nissan decidieron el pasado 4 de mayo iniciar una huelga indefinida que comenzó con la total paralización de la fábrica en el municipio de Montcada. Tres días después, y como consecuencia de la paralización de la factoría satélite, se cerró la planta de la Zona Franca en la ciudad de Barcelona. Además, se ha creado una caja de resistencia para pagar los salarios de los trabajadores de Montcada.

La factoría Nissan tiene un compromiso empresarial con la marca Mercedes-Benz para producir más de mil quinientos vehículos ‘pick-up’, y ha estado presionando a los trabajadores en huelga. Sin embargo, la perspectiva de futuro de esta factoría venía pintando bastante oscura, ya que la empresa no había dicho nada al respecto sobre las reivindicaciones de los trabajadores en huelga. Todo apuntaba a que la decisión de cierre ya había sido tomada, y de hecho fue oficialmente comunicada el 28 de mayo ante la presencia de mil trabajadores a las puertas de la fábrica. 

Un nuevo ERTE en Nissan llevado a los tribunales por ilegalidad

Los trabajadores temían que la empresa recurriera de nuevo a un ERTE masivo, el comodín actualmente de moda entre los empresarios para salvar sus intereses, y que expone a la más absoluta indefensión económica a los trabajadores. Y fue el pasado 11 de mayo que la empresa confirmaba nuevamente un ERTE a mil trabajadores de los tres mil que la empresa tiene contratados en territorio barcelonés (previamente Nissan ya había hecho un expediente de regulación temporal de empleo a causa del coronavirus, que había puesto fin justo antes de iniciarse el paro). Este es un hecho ilegal porque la imposibilidad de producción no es debido a la emergencia del coronavirus, sino debido a la huelga. Además, las organizaciones sindicales advirtieron que la sociedad no tiene que pagar los platos rotos de una decisión empresarial frente a una huelga laboral, ya que en un ERTE es la administración pública quien se hace cargo de una parte de la cotización.

Se ha llevado a los tribunales la cuestión del nuevo ERTE anunciado por la empresa, debido a la vulneración del derecho de huelga. Tras ese órdago de la empresa, que trataba de salvar su acuerdo de entrega de los vehículos con la marca alemana Mercedes-Benz, decenas de  trabajadores del centro automovilístico de Nissan en el municipio de Sant Andreu de la Barca se sumaron a la huelga. Esta entidad debía elaborar componentes imprescindibles para la planta de Nissan en Sunderland (Inglaterra) y varios centros de la marca Renault en Francia, por lo que el conflicto laboral se internacionalizó. 

La principal reivindicación es aclarar el futuro de los puestos de trabajo

Con esta acción de huelga, los trabajadores intentaban presionar a la multinacional japonesa para que aclarase el futuro de la factoría, además de presionar a las entidades públicas para que actúen en defensa de los puestos de empleo de los trabajadores de las fábricas de la empresa en el área metropolitana de Barcelona. Al 27% de su producción desde hace meses, los trabajadores solicitaron un plan de futuro antes de regresar a sus puestos de trabajo tras la paralización provisional durante semanas por la emergencia de la Covid-19. Sin embargo, la empresa venía dando largas, y los trabajadores exigían saber qué planes tienen desde la compañía para comenzar a buscar alternativas en su vida. Bajo la perspectiva de siempre de ahorrar costes para la empresa, se esconde un modelo económico criminal contra la clase trabajadora; además de disminuir la producción sin dar explicaciones y sumiendo a las familias en la total incertidumbre.

La desconfianza era bastante alta, tanto en la conselleria de Empresa del Govern como en la Vicepresidenta de Asuntos Económicos, Nadia Calviño, quien afirmó que durante las reuniones mantenidas en el Foro de Davos el pasado enero, el grupo Nissan les transmitió su “compromiso con el mantenimiento del empleo en España”. Estas palabras suenan vacías a oídos de la clase trabajadora, desengañada ya en muchos sectores laborales de este tipo de promesas que esconden un largo historial de traiciones de gobiernos conservadores o progresistas indistintamente.

La lucha sigue siendo el único camino

Los trabajadores de Nissan necesitan de la solidaridad en unos tiempos complicados para toda la comunidad social. Están haciendo frente a la emergencia derivada de la Covid-19, y además se encuentran en un conflicto laboral del que dependen directamente tres mil familias, y otros veinte mil empleos indirectos de esta producción automovilística. La huelga en la factoría Nissan quizá sea la primera en estallar, sin embargo otras grandes empresas encuentran en la pandemia la excusa para despedir empleados, justificar cierres o precarizar aún más las condiciones laborales. Si una empresa como Nissan no quiere continuar con su producción, los empleados deben proteger su trabajo y fuente de ingresos, si es necesario ocupando las instalaciones y forzando a una expropiación por incumplimiento de compromisos legales.

Es necesario iniciar una profunda reconversión del transporte en las ciudades, impulsar las cooperativas obreras, y tomar un mayor protagonismo los trabajadores, que a fin de cuentas son quienes sacan adelante la producción. Estas acciones huelguísticas y la lucha social organizada marcan el camino para que las consecuencias de esta crisis no sean nuevamente pagadas por la clase trabajadora. No basta con indignarse, hay que encender nuevamente la mecha de las movilizaciones.

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