Correr sin marca. Deporte, lucha, solidaridad.

“Tres ejemplos donde la práctica deportiva sirve para cuidarnos y pasarlo bien, pero también para enfrentar de manera colectiva aquello que nos quita el sueño”

VV.AA. Piedra Papel Libros.76 págs. Jaén 2018

Hace dos años, Piedra Papel Libros publicó el ensayo de Luis de la Cruz Contra el running. Corriendo hasta morir en la ciudad postindustrial. En una entrevista que le hacíamos en este medio a su autor, destacaba cómo el running, frente al salir a la calle a correr de toda la vida, fomenta los valores dominantes de la sociedad del momento: era individualista, “un deporte cuyo imaginario se ha convertido en una metáfora permanente de productividad personal y el liderazgo” y clasista “en tanto en cuanto transporta esta ideología de clase que salta de los manuales de las escuelas de negocio a los libros de autoayuda”.

Como cuentan los editores en su ensayo que da inicio al libro, el texto de Contra el running, recibió críticas por haber dejado de lado en su análisis las carreras populares organizadas por movimientos sociales a lo largo del Estado español. Por eso, y para complementar el anterior ensayo, se lanzaron a editar este nuevo volumen en el que dan voz a otras formas de correr, alejadas de esas carreras supuestamente solidarias y patrocinadas por grandes empresas: la Cruz Negra Duatlética, la Carrera Contra el Paro de Traspinedo (Valladolid) y la Carrera Antirrepresiva de Coslada (Madrid). Así, con este objetivo, en sus páginas nos encontraremos con “tres iniciativas colectivas vinculadas al deporte, directamente conectadas a luchas sociales mucho más amplias que, en su diversidad, pretenden la superación del sistema capitalista que genera buena parte de los problemas que padecemos la mayoría: precariedad, paro, falta de vivienda, incertidumbre… En definitiva, hablamos de tres ejemplos donde la práctica deportiva sirve para cuidarnos y pasarlo bien, pero también para enfrentar de manera colectiva aquello que nos quita el sueño, que nos hace daño, que nos roba la vida”.

Frente a ese elogio de la individualidad al que nos referíamos antes, las editoras nos hablan de experiencias que nacen desde el tejido popular, con una gestión directa por los socios, como los distintos clubs de fútbol de accionariado popular que están plantando cara el fútbol negocio, o el caso de la Liga Cooperativa de Basket madrileña “autogestionaria, que funciona de manera horizontal, y asamblearia, es abierta y mixta, no cuenta con árbitros y además, es gratuita” a quien entrevistábamos hace unos años.

Como nos dicen en la introducción a los diferentes proyectos participantes en el libro, “Lejos quedan los años donde nacían clubes deportivos de todas las disciplinas al calor de los partidos, sindicatos y ateneos obreros. Que se queden bien lejos, también, aquellos proyectos que de alguna manera o de otra pretendían disciplinar al proletariado a través de la práctica deportiva para favorecer el acatamiento de los dictados del partido único. Lo interesante para nosotros es que vayan progresando en todas las esferas del deporte las iniciativas populares que abran espacios de socialización inclusivos y horizontales, solidarios, con las luchas colectivas de los barrios y que, de alguna manera, permitan enfrentar los problemas comunes desde lo social, evitando hacer el juego al sistema individualizando cada padecimiento producido por la lógica de una estructura socioeconómica que está destruyendo nuestras vidas, y de paso, las bases ecológicas que posibilitan nuestra existencia en el planeta”

La Cruz Negra Duatlética, nos cuenta como, al ser miembro de la Cruz Negra Anarquista, organización internacional de apoyo a presos libertarios y contra las prisiones, intentaba hacer llegar su mensaje “de solidaridad, compañerismo y respeto a la naturaleza” en las competiciones en las que participaban. Además reflexionan sobre las diferencias de clase que se podían apreciar en las competiciones: el precio del material, de los cuidados médicos, los peores entrenamientos y tiempos de descanso hacen más complicada para la clase trabajadora participar en igualdad de condiciones con clases más acomodadas. Además, llama la atención sobre la participación de atletas famosos como ganchos para llamar a la participación y señalan la paradoja “que supone que un corredor esté pagando su inscripción mientras otro cobre por correr”.

La Carrera contra el Paro de Traspinedo nace a principios de 2014 vinculada a militantes de la CNT de Valladolid como una manera de visibilizar el problema del desempleo. Además de dar publicidad a determinados colectivos con luchas laborales, tratan de ser también una manera de financiar mediante el deporte a trabajadores/as con conflictos activos, a asociaciones de personas en desempleo y a cooperativas. Este noviembre, con el lema de “Paso a paso contra el paro, Traspinedo solidario” ha celebrado su quinta edición destinando la recaudación al apoyo de las ocho camareras afiliadas a CNT despedidas de hoteles Exe-Hotusa (Getafe) por “montar una sección sindical para exigir mejoras en sus condiciones laborales teniendo como respuesta de la empresa su despido fulminante, algo que vulnera los mínimos derechos laborales que estas mujeres tienen”.

La representante de nuestra ciudad es la Carrera Antirrepresiva de Coslada, que celebró dos ediciones en 2015 y 2016, y de la que el Duatlón Antirracista de Getafe puede ser considerado su heredero. Nace con la idea de recaudar fondos, huyendo de la típica financiación a base de fiestas y conciertos en los que el alcohol es el protagonista, en un momento en que la represión estaba pegando duro en Madrid. Los casos de Alfon, de las Marchas de la Dignidad y las operaciones del Audiencia Nacional contra el anarquismo (Piñata, Pandora, Ice) obligaban al pago de cantidades astronómicas para multas, fianzas y otros gastos judiciales. De sus logros, destacan el acercar a las familias de la zona que acudieron a los casos represivos señalados y la alta participación de mujeres en la actividad, un 75% de las participantes: “Algo nos decía que si salíamos de deportes masculinizados, como el fútbol, iba a ser así, pues el deporte es un campo más donde las mujeres sufren el patriarcado, ya que el deporte hecho por mujeres es cosificado, discriminado, minusvalorado, excluido o tratado de manera paternalista

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