Mujeres en lucha, trabajadoras en huelga

Este 8 de marzo, las mujeres estamos llamadas a una huelga feminista de 24 horas laboral, de cuidados y de consumo. Aprovechando esta jornada de lucha, queremos hacer un breve recorrido por algunas huelgas llevadas a cabo el pasado siglo por trabajadoras que lograron grandes victorias tras enfrentarse a la patronal y, en muchos casos, a sus propios compañeros y sindicatos. Que echemos la vista atrás, no quiere decir que no tengamos ejemplos cercanos, temporal y territorialmente, puesto que el último año nos ha dejado la huelga de las trabajadoras de Bershka en Pontevedra que tras nueve días de paros arrancó mejoras salariales y de conciliación laboral a Inditex y la de las empleadas de residencias de mayores en Bizkaia, que tras 370 días de huelga lograron la firma de un nuevo convenio colectivo con reducción de la jornada y mejora del salario.

Luchas de las obreras en Estados Unidos, hacia la Huelga de “pan y rosas”

A principios del siglo XX, la mayoría de las mujeres que trabajaban en la industria lo hacían en la textil, un sector que empleaba también a un alto número de menores, con una gran presencia de trabajadoras migrantes.

Es en esta industria en la que se producen las huelgas de la primera década del siglo pasado, con la de las obreras del vestido de Chicago en 1908, que hicieron una larga campaña por la reducción de la jornada laboral y la mejora de condiciones de trabajo, o la de 1909 de las camiseras de Nueva York o “levantamiento de las 20.000”. Esta última se sostuvo durante cuatro meses protagonizada por mujeres muy jóvenes, la mayoría procedente de familias judías venidas del este de Europa y Rusia, entre las que destacó Clara Lechmil, de 23 años, quien durante el trascurso de la huelga fue apaleada por la policía y detenida en diecisiete ocasiones. En 1911, se produjo el incendio de la fábrica de camisas Triangle Waist Company, que causó la muerte de 123 trabajadoras de la confección y 23 hombres, la mayoría inmigrantes europeas de entre catorce y veintitrés años. Este fuego producido en las plantas altas del edificio tuvo tan trágicas consecuencias porque las salidas de los talleres estaban cerrados para evitar hurtos de mercancía, lo que provocó la muerte de tantas obreras.

Manifestación durante la huelga de Lawrence

En 1912 en Lawrence (Massachusetts, Estados Unidos) las obreras textiles iniciaron una huelga que será conocida como la huelga de “pan y rosas”, puesto que sus pretensiones eran conquistar el pan (simbolizando los derechos laborales) y las rosas (como símbolo de la exigencia de mejores condiciones de vida). El detonante fue la aplicación fraudulenta por parte de la empresa de una conquista obrera: la reducción de la jornada semanal de 56 a 54 horas llevó aparejada una reducción de su ya escaso salario. Al recibir su jornal, mil obreras se reunieron en la IWW (Industrial Workers of the World), que fue una de las primeras organizaciones obreras que alentó a las mujeres a ocupar puestos dirigentes y llamaron a la huelga, que se extendió en pocos días a la mayoría de fábricas y talleres.

El comité de comité de huelga, de 56 titulares y 56 suplentes, para neutralizar las posibles detenciones, representaba todas las nacionalidades: en las reuniones se hablaban 25 idiomas y 45 dialectos. La primeras medidas aprobadas fueron la creación de un fondo de huelga y un piqute masivo de veinticuatro horas que impedía el paso a las fábricas.

Uno de los puntos importantes del trabajo del sindicato fue la de facilitar la participación de las mujeres, para lo que el comité de huelga instaló guarderías y comedores comunitarios para hijos e hijas de las obreras. Además se realizaban reuniones solo de mujeres, ya que también es necesario combatir el machismo entre los obreros, incluso entre los activistas. Una de las impulsoras más entusiastas de esta política fue Elizabeth Gurley Flynn.

Por la creciente violencia se decidió enviar a los niños a otras ciudades, donde serían albergados por familias solidarias. En momento en que se disponía a salir un tren hacia New York, la policía desató una represión desmedida en la estación, lo que llevó la huelga a las páginas de los diarios nacionales y al Congreso.

Todos hablaban de Lawrence: los dirigentes de la central sindical oficial tuvieron que pronunciarse, pero no apoyaron la huelga: tildaron a las obreras de izquierdistas, anarquistas y revolucionarias, no querían saber nada con los comités de huelga. Pero las obreras de Lawrence contaban con un apoyo amplísimo: se realizaban mitines de solidaridad en todo el país, las universidades cercanas, como Harvard tenía comités estudiantiles que colaboraban con la huelga, recolectaban dinero, difundían la lucha y viajaban a Lawrence para colaborar directamente con el comité de huelga.

La gran difusión, la firmeza de las obreras, y el miedo a que se extendiera la huelga, hizo ceder a los empresarios. Después de una larga lucha, durante casi todo el invierno, el 12 marzo la huelga de “Pan y Rosas” culmina con una de las primeras victorias del movimiento obrero en Estados Unidos, con la implementación de la jornada reducida, aumento de salarios y el reconocimiento de los sindicatos.

1917. Un 8 de marzo revolucionario en Viborg, Rusia

Recurrimos al blog de Mujerícolas para narrar la huelga de mujeres que dio origen a la Revolución rusa. Las mujeres, estaban cansadas de las largas colas para un pedazo de pan ante la escasez producto de la guerra. En las fábricas y los almacenes el descontento era creciente. Las mujeres querían el “pan”, uno de los gritos centrales de la revolución. El hambre y la crisis agudizaron el descontento. Cuando al grito de “¡Queremos pan!”, el 23 de febrero de 1917 miles de obreras textiles de la barriada Viborg se lanzaron a la huelga, nadie esperaba que desencadenaría una revolución y la caída del zar Nicolás II cinco días después, que animaría a los obreros a la insurrección y a los soldados a la sublevación contra sus oficiales.

El 23 de febrero (08 de marzo calendario occidental) se celebraba el Día Internacional de las Mujeres. Se esperaban y se habían planificado manifestaciones tradicionales en conmemoración y por los derechos de las mujeres obreras. Pese a que ninguna organización llamó a la huelga, las mujeres textiles que salieron a las calles haciendo huelga, arrastró a decenas de miles de obreros de Viborg.

Delegadas de las fábricas textiles se dirigían a los obreros metalúrgicos y de las fábricas para secundar su lucha. 90.000 obreras y obreros de Petrogrado paralizaron sus trabajos y salieron a las calles ese día, y pondrían en pie en los días venideros un poderoso movimiento huelguístico imponiendo la huelga general en la capital, que abrió el paso a la insurrección y la sublevación de los soldados, unidos a los obreros.

El Día Internacional de la Mujer se transformaría, en la fuerza, cuerpos y mentes de las obreras textiles, en el inicio de la revolución social que marcaría todo el siglo XX.

1918. Mujeres dueñas de Barcelona

Silvia Alberich, nos contaba en su artículo “Vaga social: la vaga de totes” publicado en La Directa la lucha de las mujeres en Barcelona. Dentro del ciclo de revueltas conocidas como disturbios del pan que recorrieron Europa a lo largo del siglo XIX y principios del XX, ante la carestía de la vida, podemos destacar el de Barcelona de 1918. Las mujeres, tanto trabajadoras de fábricas como amas de casa, se levantaron contra el aumento de precio de los productos básicos. El 11 de enero, Amalia Alegre, afín al Partido Republicano Radical, colgó un cartel en un mercado donde llamaba a las mujeres a manifestarse pacíficamente ante el gobierno civil: 400 mujeres participaron en la primera manifestación. La pasividad de las autoridades, sin embargo, hizo que las mujeres abandonaran la protesta pacífica, se alejaran de la línea legalista marcada por las primeras convocantes y emprendieran acciones directas. Bajo lemas como “¡Mujeres en la calle para defendernos contra el hambre!“, o “¡En nombre de la humanidad, todas las mujeres salen a la calle!“, asaltaron panaderías, comercios, barcos cargados de pescado y carbonerías e intentaron invadir la sede del gobierno civil (sólo los tiros de la Guardia Civil lo impidieron). Además, las mujeres de los suburbios acudieron al centro, donde cerraron teatros y cafés y obligaron a las mujeres que viajaban en tranvías a bajar del vehículo y unirse a las manifestaciones.

Un diario de la época explicaba así los acontecimientos: “Obligaron a todos los hombres que intentaban sumarse a la manifestación a retirarse. (…) En un mitin de 5.000 mujeres, no se permitió la entrada a ningún hombre“. Y un titular decía: “Las mujeres, propietarias de Barcelona“.

El 24 de enero, “por declaración de las mujeres”, se impuso la huelga general en varias localidades de la provincia de Barcelona. El 26 de enero, el gobierno declaró el estado de guerra y la prensa describía así la situación: “Entre los grupos de mujeres, hay una novedad y es que algunas se encargan, con una organización perfecta, por distritos, de vigilar las obreras que entran en el trabajo y los establecimientos que retiran su género para impedir que las primeras vayan al trabajo y, en cuanto a los segundos, saquearlos. (…) Unos grupos recorrieron el barrio de Gracia para obligar a vender el pan a 45 céntimos“(El Imparcial, 25 de enero de 1918).

Más allá de su actitud combativa, el papel que jugaron las mujeres en los disturbios del pan de 1918 asustó porque estaba fuera de todo control patriarcal: “La masa femenina, trasplantada repentinamente del campo de la familia en el campo económico en el que se fragua la lucha de clases, por su ignorancia de las leyes sociales, corre el peligro de ser presa fácil de los agitadores. El peligro es gravísimo“(La Gazeta de Vich).

Finalmente, después de una semana de movilizaciones, se logró bajar el precio del pan un treinta por ciento y también la provisión de los comercios, ya que el gobierno de Madrid, ante la gravedad de la revuelta, restringió las exportaciones a los países beligerantes -nos encontramos en el contexto de la Primera Guerra Mundial, unas exportaciones que, por un lado, habían contribuido a enriquecer la clase burguesa y, por otro, se encontraban en el origen de la carestía, de la inflación y de la crisis de subsistencia.

Huelga en la planta automovilística Ford de Dagenham (Londres), 1968

Volvemos al blog de Mujericolas para que nos cuenten la historia de 187 costureras de la planta automovilística Ford de Dagenham, que en 1968 decidieron organizar una huelga para luchar contra la discriminación de género y reivindicar la igualdad de salarios con respecto a los hombres. El resultado de aquella protesta fue la aprobación de la Equal Pay Act.

Trabajadoras de Dagenham en huelga

Las únicas 187 mujeres que trabajan en la empresa de Ford, que emplea a 55 000 operarios, se ven envueltas en las huelgas que colapsan el país. Lo que en un principio comienza como una lucha por lograr que se las considere mano de obra cualificada como a los hombres, acaba convirtiéndose en una lucha por la igualdad de salarios entre ambos sexos.

En un principio hombres y mujeres se manifiestan juntos con objetivos parecidos, hasta que las mujeres deciden emprender el camino de la igualdad salarial. En un principio parece que los hombres las apoyan mientras piensan que no tienen nada que perder. Pero cuando la fábrica se ve obligada a cerrar por el parón femenino, miles de hombres se encuentran sin trabajo y, junto al sindicato – en el que evidentemente no hay ninguna mujer -, retiran su apoyo a las mujeres que, de pronto, pasan a ser las culpables del desempleo general que afecta al distrito de Dagenham. Se ven incluso abandonadas en la lucha por sus propias familias y maridos, también desempleados por la fábrica. Las presiones, amenazas y chantajes del sindicato, de la empresa y de sus familias hacen que las mujeres lleguen a enfrentarse incluso entre ellas mismas, pero esto no las frena para continuar con su lucha aunque sea solas y encararse a un sindicato que no las representa.

Se trata de mujeres luchando por la igualdad social. Mujeres hartas de ser tratadas por sus jefes pero también por sus maridos y por el resto de hombres como esclavas o como seres inferiores. Mujeres que ante todo, buscan abrir los ojos de sus compañeras para que se unan a la protesta, de los huelguistas y del sindicato para que se den cuenta de que su causa es justa y de la sociedad en general para que ser mujer deje de ser sinónimo de inferioridad.

La película Made in Dagenham (Pago Justo), de Nigel Cole, refleja esta historia.

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