Álex, de La Resistencia Films, a juicio en noviembre

Hace algo más de un año comenzamos a enterarnos por las redes de que a Alejandro García, joven cineasta creador de la cuenta de Youtube “La Resistencia Films” había sido citado para declarar en la Audiencia Nacional por la posible comisión de un delito de enaltecimiento del terrorismo.

A la salida de su declaración, Álex hizo público el siguiente comunicado explicando su situación:

Hoy, día 28 de julio, he tenido que declarar ante el Tribunal de Orden Público, también conocido como Audiencia Nacional, por supuestamente enaltecer el “terrorismo” en los videos de mi canal de YouTube “Resistencia Films”.

Pero la verdad que se esconde detrás de este proceso judicial es muy distinta, y se ha visto descaradamente reflejada en las preguntas que me han formulado la representante del ministerio fiscal y la jueza. Los verdaderos motivos por los que me han citado a declarar, más allá mi trabajo artístico y periodístico que difundo en mi canal, son precisamente mi ideas y pensamientos. Sí, como lees.

Resulta que nos han estado mintiendo todo este tiempo, pues cuando George Orwell hablaba de la policía del pensamiento debía referirse al Estado Español en el S. XXI: “El crimen de pensamiento (“crimental”o “pensacrimen”) es lógicamente el más grave de todos los crímenes”.

Durante toda mi declaración, las preguntas de la jueza y la representante del ministerio fiscal hacían referencia a mis opiniones, intenciones, creencias, ideas y sentimientos. Ninguna de sus preguntas hizo alusión a los motivos por los que supuestamente me sentaban en esa fría silla rodeado de miradas acusatorias. Por otro lado, mi abogado se ciñó a preguntarme sobre los hechos por los que supuestamente se me investiga, y mis respuestas creo que dejaron bastante claro que en ningún momento he cometido algo parecido a un delito. Bueno, quizás sí, pero en todo caso parece ser un delito de pensamiento, lo cual va contra los principios más elementales del Derecho penal por los que dice regirse este irónico “Estado democrático y de Derecho”.

En ninguno de mis videos se enaltece el “terror”, como ellos dicen. Muy al contrario, en todos ellos se muestran los valores de la clase trabajadora, que son la solidaridad, el apoyo mutuo y las ansias de justicia y dignidad.

En algún momento consiguieron descolocarme, con sus preguntas acusadoras sobre mis ideas personales, que son parte de mi intimidad. Pero la verdad es que lo que me han dado son más razones para seguir. Han demostrado que en este país no existe ningún tipo de libertad, no sólo de expresión (cosa que ya sabíamos) sino tampoco de pensamiento, ya que parece que hay ciertas ideas que son ilegales, y no son precisamente las fascistas, racistas, machistas o xenófobas. Este es el resultado de un país heredero de la Inquisición, que se cree con el derecho de juzgar tus ideas.

Tienen miedo a que tomemos conciencia de la injusticia y luchemos por conquistar nuestra dignidad, pero sus actos desesperados guiados por ese miedo cada día despiertan más mentes, consiguiendo el efecto contrario del que persiguen.

Un año después leemos que la causa, lejos de archivarse, ha seguido adelante, gracias a un escrito de acusación de Fiscalía en el que le piden 2 años de prisión, 10 de inhabilitación absoluta y una multa que asciende a 2.400 euros y a un Juzgado Central de Instrucción que apreció indicios de delito y no decidió archivar el asunto.

La mayor curiosidad – y a su vez la mayor causa de preocupación – de este caso se debe a que Álex no será juzgado por lo que haya dicho, o por posicionarse de una forma antagonista respecto de algún tema. Su “delito” no ha sido el de opinar, como en otros casos similares que por desgracia han abarrotado de actividad la Audiencia Nacional durante estos años. Su “delito” ha sido el de encender una cámara y darle voz a otras personas. El magistrado instructor – y el Ministerio Fiscal – ha considerado que si entrevista a determinadas personas “peligrosas” es que comparte una ideología con las mismas, y que en consecuencia al subir sus vídeos a la red las enaltece y glorifica. Se trata de un ataque a la libertad de expresión de los entrevistados, que ocupan una categoría de sujetos indeseables que no pueden dar su opinión sobre algunos temas, y al derecho a la libre información que ejercía Alejandro al difundir la misma.

En definitiva, el caso de Álex es de persecución ideológica, sí, pero no de una ideología que él haya dicho explícitamente profesar, sino de unas ideas con las que el Fiscal le vincula por el mero hecho de ejercer una labor documentalística o periodística.

“Un sujeto X entrevista a un sujeto Y. Y fue miembro de la organización Z. El sujeto X simpatiza con la organización Z”. A esta absurda asunción se le denomina culpabilidad por asociación y en Derecho se considera una falacia ad hominem que, por definición, impediría condenar a alguien.

Vaya por delante otra obviedad: nadie debería ser condenado por decir lo que piensa. Álex debería haber tenido todo el derecho del mundo a decir lo que le saliera del pie y de alabar a quien le diera la gana, pero en los tiempos que corren en los que por poner cuatro tonterías en Twitter te pueden caer dos años parece que ya damos por hecho que esto no es así.

Por supuesto, las persecuciones ideológicas no son neutrales. El discurso de la ultraderecha está avanzando en Europa y EEUU, bajo la forma de ideas nuevas en algunos países como Polonia o Suecia, o como el nostálgico retorno a tiempos mejores en lugares como Italia (de la mano de Salvini) y la España de Casado. En el caso español, la derecha está vinculada a la derecha institucional postfranquista con careta de demócrata que ostenta un privilegiado lugar en las instituciones (incluyendo las jurídicas).

Mencionemos algunos ejemplos de cómo determinados discursos que exaltan una derecha violenta e incluso genocida pasan desapercibidos. “Perderéis como en el 36”, anunciaba en El Mundo, hace un año, un amenazante Sánchez Dragó. “El pucherazo del 36”, titulaba Jiménez Losantos su artículo justificando el golpe de Estado franquista y la posterior dictadura. Por su parte, Javier Tebas, presidente de la Liga de Fútbol, declaró hace un par de meses que echaba en falta “un LePen a la española”. “Vienen a por nosotros, exactamente igual que en el 36 nos vinieron a buscar para asesinarnos en las cunetas”, remataba Salvador Sostres en la radio episcopal, haciendo un ejercicio perfecto de revisionismo franquista.

Carlos Hernández publicó en ElDiario.es un artículo titulado “No es solo Carrero Franco” (30 de marzo de 2017) que resume a la perfección la situación que estamos viviendo: “Cada día que pasa son más los periodistas, historiadores, fiscales, jueces y políticos españoles que deciden salir a la calle vistiendo la camisa azul con el yugo y las flechas grabados en color rojo sangre. Hasta ahora, la mayoría de ellos, la tenían escondida en su armario, protegida con una sobredosis de naftalina. Los domingos, al volver de misa, del fútbol o de tomar el vermut, se encerraban en su dormitorio y se la enfundaban para confirmar, satisfechos ante el espejo, lo bien que les quedaba esa indumentaria marcial. El orgullo que sentían en esos breves instantes, se tornaba en tristeza al saber que no podrían volver a lucirla públicamente. Ahora, por fin, todo ha cambiado y el azul fascista, ligeramente teñido para guardar unas mínimas apariencias, vuelve a estar tan de moda que ya no resulta una vergüenza exhibirlo en los juzgados, las radios, los periódicos y hasta en el propio Parlamento”.

El juicio a Álex se celebrará durante los próximos días 12 y 13 de noviembre, en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional.

Nos despedimos deseándole toda la suerte del mundo y reproduciendo esta entrevista que le realizaron para la página Kaos en la Red.

El 20 de octubre de 2018 una manifestación antirrepresiva recorrerá el centro de Madrid.

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