La curiosa relación entre españolismo y fascismo

Tras meses de golpes represivos y mediáticos por parte del gobierno de España al movimiento independentista, las élites españolas han decidido disputarle un terreno en el que los/as independentistas hasta ahora habían tenido control absoluto: la calle. Las movilizaciones independentistas han sido históricas en cuanto a número y nivel organizativo mientras que la respuesta españolista antes del referéndum había sido minoritaria más allá del vergonzoso a por ellos jaleando a los efectivos de la Guardia Civil animándoles a ir a tierra extraña a abrir cabezas.

Tras el 1 de Octubre alguien en el gobierno debió darse cuenta de que la legitimidad no se gana a golpe de porrazo y que tras el batacazo a la imagen internacional de España que supuso el 1-O sería conveniente sacar a una gran masa de personas a la calle ondeando la rojigualda. A partir de ese momento la maquinaria del PP, sectores del PSOE, El País y grupúsculos de ultraderecha se pone en marcha, convocan manifestaciones por la unidad de España en varias ciudades y congregan a miles de personas.

Esta situación nos debería llevar a una autocrítica sincera, algo estaremos haciendo mal cuando gente de clase trabajadora decide movilizarse (aunque sólo sea poniendo una bandera en su balcón) por la unidad de España antes que por las condiciones materiales de las personas que viven dentro de esa España que tanto aman, por la sanidad, por la educación, por los derechos laborales. Por otro lado vemos con preocupación cómo estos ambientes son el caldo de cultivo perfecto para que grupos neonazis o fascistas expandan sus ideas racistas, xenófobas o simplemente limpien su imagen vistiéndose de buenos patriotas. Una vez más se comprueba cómo el fascismo es simplemente una herramienta del poder, en la mayoría de situaciones de calma se mantiene adormilado y en los márgenes pero cuando resulta útil para determinada situación de crisis se le da alas y fomenta su crecimiento.

Ejemplos hay bastantes, uno de los más mediáticos fueron los hechos que ocurrieron la manifestación de Valencia en defensa del idioma valenciano cuando un grupo de nazis intentaron reventarla y agredieron a varios participantes sin importarles que las cámaras estuvieran grabando, lo cual nos muestra la sensación de impunidad con la que actúa esta gente.

También tuvimos que ver cómo niños/as pijos/as recién lanzados/as a la adolescencia cantaban brazo en alto el “cara al sol” en una escena que tendría mucho de cómico si no fuera tan trágico.

En varias manifestaciones públicas se han dejado ver conocidos/as nazis violentos/as u organizaciones fascistas con toda su parafernalia: Falange, Democracia Nacional, España 2000, Hogar Social Madrid.

Si todo esto no fuera preocupante ya de por sí observamos cómo medios de comunicación de uno y otro lado (como si no estuvieran todos del mismo lado) restan importancia a estas situaciones, las relatan como si fueran inofensivas, marginales o anecdóticas. Evitan llamar a las cosas por su nombre y a los nazis nazis utilizando eufemismos como ultras, extremistas, violentos, radicales, etc.

En el Estado español, y sobre todo en Madrid, tenemos claro que los/as fascistas nunca son insignificantes o demasiado pocos/as para prestarles atención. Desgraciadamente sus ideas calan demasiado bien entre la clase obrera si nosotros/as no hacemos bien nuestro trabajo y si el poder les da cobertura. Sabemos que es cuando todavía no tienen base social cuando hay que pararles los pies, con esa determinación y mucho esfuerzo se les ha echado de bastantes barrios de la capital y gracias a ello se puede pasear por sus calles sin miedo tengas el color de piel que tengas, te acuestes con quien te acuestes o vistas las pintas que vistas. Este no ha sido un proceso fácil, por el camino muchos/as compañeros/as se han arriesgado a multas, penas de cárcel, agresiones físicas e incluso la muerte.

El 11 de noviembre se cumplen 10 años del asesinato de Carlos Palomino a manos del militar nazi Josué Estebanez. Aquella mañana Josué se dirigía en metro a una manifestación racista que habia convocado el grupo de extrema derecha Democracia Nacional en un barrio con amplia población migrante, con claro ánimo provocador. Ante esto, un grupo de vecinos/as decidieron organizarse y tratar de impedirlo. Carlos se montó con varios/as amigos/as en la parada de metro de Legazpi, al subirse al vagón identificaron la marca de la cazadora de Josué como la que suelen llevar los neonazis, al ir a increparle el militar no vaciló ni un momento y lanzó una única puñalada directa al corazón que mató a Carlos en pocos minutos.

En los meses siguientes el movimiento antifascista ganó muchísima de la fuerza y reconocimiento social que había perdido en los años previos. Tristemente el movimiento antifascista tiene una tendencia cíclica ganando mucha fuerza cuando ocurre un hecho sonado y desinflándose al tiempo lo cual nos lleva a la situación actual en la que la extrema derecha ensaya con nuevos disfraces cómo hacer su discurso más digerible para el gran público, en la que en las manifestaciones por la unidad de España se tolera su propaganda y en la que un centro social racista lleva más de 3 años okupando distintos espacios para difundir sus ideas racistas sin demasiados problemas.

Como homenaje por el asesinato de Carlos y forma de continuar la lucha durante el mes de octubre y noviembre se están celebrando unas jornadas antifascistas y el 11 se celebrará una manifestación desde Usera hasta Legazpi.

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