Novecento

Director: Bernardo Bertolucci. 20th Century Fox. Italia, 1976. 314 minutos

“Los fascistas no son como los hongos, que nacen así en una noche, no. Han sido los patronos los que han plantado los fascistas, los han querido, les han pagado. Y con los fascistas, los patronos han ganado cada vez más, hasta no saber dónde meter el dinero. Y así inventaron la guerra, y nos mandaron a África, a Rusia, a Grecia, a Albania, a España,… Pero siempre pagamos nosotros. ¿Quién paga? El proletariado, los campesinos, los obreros, los pobres” – Olmo en Novecento.

Hace unos días, murió el cineasta italiano Bernardo Bertolucci. Y, con su muerte, los homenajes no tardaron en llegar.

En el plano cinematográfico, Bertolucci era un genio. Y ninguna obra lo ejemplifica mejor que Novecento. Este filme es un lamento por la situación de la clase obrera italiana. Empieza mostrándonos la situación de explotación en la que viven los campesinos de la finca, más tarde la acogida del comunismo por parte de los proletarios y el final de la Primera Guerra Mundial. Pero sobre todo la obra se centra en el nacimiento del fascismo, apoyado, ideado y mantenido por los grandes capitales, sobre todo poderosos terratenientes que ven cómo merma su poder ante la creciente ideología comunista. El final es sencillamente apoteósico y Novecento es una obra imprescindible en la historia del cine de izquierdas.

Pero la grandeza de algunas de sus películas no debe hacernos olvidar el tipo de persona repugnante que era. Y es que en 2016 el propio director confesó cómo humilló y maltrató a la actriz Maria Schneider, cuando ésta contaba con tan solo 19 años, mientras rodaban famosa escena de la mantequilla de El último tango en París (1972), en la que Marlon Brando la sodomiza. “No quería que Maria fingiera su humillación. Quería que María se sintiera de verdad violada, que no actuara, para que sus gritos y su llanto transmitieran al espectador una sensación verídica de rabia. Por eso [ella] me ha odiado toda la vida”, explicó. A pesar de ello, nunca ha mostrado arrepentimiento: “Me porté de una manera horrible con Maria porque no le dije lo que iba a suceder. Porque quería su reacción como niña, no como actriz. Quería que reaccionara al acto de humillación, que sintiera los gritos: “No, no. no”. “Creo que ella me odió a mí, e incluso a Marlon, porque no le contamos el detalle del uso de la mantequilla como lubricante”, recordaba, para añadir que aunque hoy su conducta sería moralmente inaceptable, entonces eran otros tiempos. Bertolucci reconoció, además, que no se sentía culpable por el engaño y que no se arrepentía de nada. “Para hacer películas, a veces, tenemos que ser completamente fríos”, se justificaba, demostrando, una vez más, que el patriarcado no entiende de izquierdas, ni de derechas.

Ahí te pudras, Bernardo.

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