Luchas en el sector de la logística y el transporte en Italia

Hace ya más de un año que la COVID-19 pasó a ser parte de nuestro día a día. Lo que comenzó como una crisis sanitaria ha ido evolucionando durante este último año hasta englobar también una nueva crisis económica. Otra más, poco más de diez años después del batacazo de 2008. Y como en aquella ocasión, parece obvio que la idea es que quienes aguantemos el chaparrón a la intemperie seamos los trabajadores. Despidos, ERTES, rebajas salariales o empeoramiento de las condiciones de trabajo están a la orden del día. Ante esta situación, sólo nos queda socializar nuestros conflictos, asumir que no son cuestiones individuales sino colectivas, y como tal es como son más fáciles de afrontar y solucionar. En este sentido, nos ha parecido interesante traducir este texto, publicado en un primer momento en el medio italiano InfoAut (y más adelante, en inglés, en la web del colectivo Transnational Social Strike Platform), en el que los conductores de dos empresas contratistas de Amazon Pisa, Italia, explican el por qué de la huelga que han comenzado. Desde hace meses, Amazon, aprovechando la pandemia, viene llevando a cabo un incremento de ritmos, horas y cargas de trabajo de los mensajeros, lo que repercute en un aumento del número de entregas diarias que marca el algoritmo de la aplicación Amazon Flex, todo ello destinado a reducir personal. Los crecientes ritmos de trabajo están provocando un aumento en el número de accidentes y riesgos de seguridad para los trabajadores, que se ven obligados a realizar 170 entregas en un turno. Eso significa una entrega cada 2 minutos y 40 segundos durante 8 horas seguidas.

Contexto

En noviembre, durante el Black Friday, se inauguró la nueva Amazon Delivery Station en Montacchiello (Pisa), contando con cuatro empresas contratistas diferentes para las entregas. Durante el pico de las compras de otoño, trabajaban para este nuevo centro de distribución unos 400 conductores. En diciembre, no se renovaron los contratos de alrededor de 150 mensajeros. De modo que actualmente, unos 250 conductores trabajan en este enorme complejo. El año 2020 terminó con menos mensajeros y más entregas. Comienza el año 2021 y las entregas no disminuyen. Por el contrario, Amazon decide distribuir el trabajo de forma diferente, pero dividiéndolo entre el mismo número de conductores. Un ejemplo: antes había tres conductores con 100 entregas cada uno, con un total de 300 entregas. A partir del 1 de enero de 2021 se otrogan 150 entregas a un conductor, 150 a otro y el tercero ya no está, ya que su contrato no ha sido renovado. Esta situación conduce a cargas de trabajo muy pesadas y otras muchas consecuencias: altas cargas de estrés, trabajo bajo presión con gerentes que incitan a “hacerlo rápido y hacer más”, accidentes, multas por velocidad o por estacionamiento, estrés urbano para quienes viven en la ciudad…

Conductores…

En los últimos meses ha comenzado la insubordinación de quienes trabajan en el reparto de Amazon… Pero, ¿quiénes son estos conductores?

Son personas consumidas por los ritmos del llamado “trabajo de plataforma”. Jóvenes que llevan varios años trabajando como mensajeros. Amazon lleva asentada en Pisa desde hace aproximadamente 4 años, pero muchos de ellos trabajaron antes para empresas de mensajería clásicas, como BRT, SDA o TNT. La suya es una vida ordinaria, antes de la pandemia frecuentaban las discotecas, las plazas, son estudiantes o exalumnos, madres jóvenes, parejas con hijos, aficionados al fútbol, ​​personas que querían ganarse la autonomía económica de sus familias.

¿Cómo se agotaron tan temprano?

Este trabajo tiene la culpa, ya que te obliga a perseguir algoritmos, software, dispositivos tecnológicos, buscar paquetes en la furgoneta, planificar su trazado, pensar en posibles carreteras o rutas. Corriendo, siempre corriendo. Es un trabajo que compromete la mente mientras estás conduciendo, pero también cuando estás en casa, cuando estás en la cama y tratando de dormir, cuando suena el teléfono con comunicaciones constantes y asiduas de los gerentes: turnos para seguir, placas de furgoneta para aprender, caminos para conocer. El bloqueo y la ira de estos ataques tiene sus raíces en años de humillación, sufrimiento y soledad.

Comienza la huelga

Hace unos diez días, una de las empresas contratistas, Trasline, les dice a sus conductores, tres días antes de su pago mensual, que han sido puestos en despido retroactivo (cassa integrazione). Esto significa que el sueldo de febrero, que se refiere a enero, será menor (el despido se paga al 80%). Además, falta más dinero en el sueldo: un suplemento regional de unos 57 € y la franquicia (la indemnización si la furgoneta se avería, que no debe superar los 250 €, pero esta empresa pide 500 €). Estas son las razones por las que la huelga duró casi una semana. El sábado 27 se sumaron a la huelga los conductores de otra empresa contratista, Loed. La huelga comenzó hace unos días, pero la tensión y el enojo en el almacén llevan varios meses. Se expresaba en arrebatos, quejas en los grupos de chat o en los aparcamientos después del turno. Siempre fue una ira individual, y quien respondiera así a un gerente definitivamente recibiría una carta disciplinaria. Pero cuando, juntos y organizados, inician una huelga, cambia la sintonía. Te das cuenta de que tu problema, el problema de luchar, de no poder terminar la ruta, no es solo tuyo sino de todos. Su condición se socializa: se invierte la situación y se cambia la forma de pensar. En la huelga y en el bloqueo espontáneo del centro de trabajo, los conductores, divididos hasta ese momento, toman conciencia de su fuerza colectiva: “¡hasta que no nos escuchen, ni un solo paquete saldrá de este sitio!”.

Negociaciones

Las negociaciones entre los sindicatos confederales y la asociación que protege los intereses de los servicios de Amazon (Assoespressi) han estado en curso durante meses. Esto se debe a que Amazon está intentando, y en muchos casos ya lo ha logrado, derogar ciertos puntos del Convenio Colectivo Nacional de Trabajo (CCNL) para la Logística y el Transporte, al que pertenecen los conductores. Los principales puntos de la negociación que se viene desarrollando desde hace meses son: (1) No aceptación del artículo 42 del Convenio Colectivo Nacional de Trabajo, que establece la obligación de los clientes y subcontratistas de integrar a todos los empleados en las mismas condiciones contractuales, manteniendo su antigüedad anterior, con igual salario y derechos regulatorios. (2) Incremento de la flexibilidad, es decir, trabajadores con contratos temporales y flexibles contratados a través de agencias de trabajo temporal. (3) Empresas inteligentes 2.0: están contratando a empresas externas que funcionan bajo la supresión y humillación de los derechos de quienes trabajan, y su implantación representa otra salida del CCNL.

Este regateo no se da solo en Pisa, sino en muchas otras ciudades de Italia: está en juego la modificación de la CCNL, con claros deterioros. Además de los puntos enumerados anteriormente, también está la reducción de la indemnización por enfermedad, la extensión de la estacionalidad y el trabajo de guardia, y la modificación de la normativa sobre el derecho de huelga.

Durante estos días de huelga, las negociaciones con Assoespressi, la asociación de empresas contratistas de comercio electrónico, también se centraron en reducir el ritmo de trabajo. En la reunión celebrada el 1 de marzo, Amazon y Assoespressi ignoraron todas las solicitudes de los trabajadores. Los sindicatos confederales, acostumbrados a negociar solo para gestionar a la baja las condiciones de los trabajadores, saltaron contra Amazon, que no pretende ceder ni un milímetro en la explotación que impone a los trabajadores. La multinacional pretende empeorar aún más las condiciones laborales, y así aumentar el sufrimiento de decenas de miles de personas, y no está dispuesta a aceptar ningún reclamo de los trabajadores: el mayor temor de Amazon es sentar un precedente. Crearlo es el objetivo de quienes trabajan en condiciones inhumanas, que también luchan contra los sindicatos que se han convertido en los gestores del orden empresarial.

…Y Amazon

Amazon resetea tu cerebro, te induce a trabajar rompiendo todos los límites físicos de las capacidades humanas. Te hace mantener velocidades y ritmos inhumanos que nunca tendrías en la vida. Te inducen a trabajar así: rompiendo los límites, de la carretera y del cuerpo, y los propios procedimientos que te dan. Amazon nos dice: hay que esperar a que el cliente tenga el paquete en sus manos. Pero no puedes esperar al cliente porque de lo contrario nunca terminarás la ronda de entrega, la ruta”. En la huelga, se está produciendo un cambio en la mentalidad de los conductores. Una liberación de la esclavitud del algoritmo y de la inteligencia artificial. Una de las consignas de la huelga es: “no somos un algoritmo, no somos robots”.

Muchos trabajadores se declararon en huelga a pesar de los contratos vencidos y a pesar de que su salario era la única fuente de ingresos para ellos o sus familias. La fuerza de estas huelgas es el surgimiento de una nueva mentalidad, que desafía el chantaje económico y psicológico de la multinacional de la sonrisa forzada. Existe la voluntad y la necesidad de dar ejemplo, de crear comunicación con los otros miles de conductores. Existe la conciencia de las posibles repercusiones, pero también una voluntad más fuerte de empezar a liberarnos, también porque está dirigida al resto de trabajadores que trabajan y sufren en otros almacenes.

La aspiración de los huelguistas no es solo comunicar la apertura de una negociación con Amazon para bajar el número de entregas. La aspiración es empezar a mirarse a los ojos, contarnos, decir “yo lucho” y poder confiar el uno en el otro. Empezamos, otros seguirán.

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