La toma del Liceo como ejemplo de lucha estudiantil en Chile

Desde Mayo, en la región chilena se han desatado una vez más fuertes movilizaciones desde el sector estudiantil en defensa de la educación pública, desmantelada sistemáticamente por las políticas neoliberales impuestas por la dictadura de Augusto Pinochet y los gobiernos de “transición a la democracia” de la Concertación (frente que agrupa al Partido Socialista, el Partido Por la Democracia, la Democracia Cristiana, el Partido Radical Social-Demócrata), continuadores de las políticas privatistas en la educación, de la flexibilización laboral y de la represión sistemática a las protestas del pueblo trabajador chileno, que se llevó la vida de compañeros y compañeras luchadoras desde los primeros años de gobierno (basta recordar los nombres de Claudia López, Álex Lemún, Daniel Menco, Matías Catrileo, Rodrigo Cisternas, entre muchas/os otras/os). Dichos gobiernos y dichas políticas fueron enfrentadas ya en el pasado por un movimiento estudiantil que no sólo supo ponerse de pie luego de las traiciones del bloque gobernante y sus falsas promesas, sino que en el 2006 marcaron un punto de inflexión en la historia de las protestas del campo social, marcando una apertura, como demostraron las posteriores huelgas mineras, forestales y pesqueras.

Hoy el escenario es claramente distinto. Con la derecha golpista nuevamente en el poder tras el agotamiento del discurso de la Concertación, el movimiento estudiantil se enfrenta, por un lado, a un discurso y a una política explícitamente privatista y, por el otro, a la tarea de salir a luchar por sus reivindicaciones históricas. Sin embargo, también es distinto el escenario en otro aspecto: este año, las reivindicaciones han logrado sacar a la calle a un número de estudiantes y trabajadoras/es que no se veían desde las movilizaciones secundarias del 86-87, logrando una histórica marcha de 200.000 personas sólo en la capital que logró, junto con el resto de las marchas, conquistar nuevamente el derecho de marchar por la avenida principal del centro de Santiago –la Alameda.

En este contexto surgen formas de organizarse en torno a esta problemática, ofreciendo soluciones reales. Así nace un proyecto de autogestión educativa, hecho entre todas/os las/os que se ven involucradas/os en la tarea de la educación, sin intermediarias/os, inculcando motivación en lugar de competitividad.

Es el ejemplo de la toma del Liceo Barros Borgoño en Santiago que inició la autogestión educativa dentro de la toma que se extiende por más de un mes. Clases de materias y enfoques decididos por las/os propios alumnas/os, realizadas por profesoras/es externas/os voluntarias/os, y la integración de padres y profesoras/es internas/os, es la respuesta frente a quienes dicen que el movimiento estudiantil pierde fuerza y que con tomas y paros ‘sólo se pierden clases’. La experiencia avanza en Santiago y regiones.

Entre quienes están potenciando la iniciativa se tiene la conciencia de que con esto se puede dar un vuelco al manoseado movimiento estudiantil. La amenaza de perder el año ronda como un fantasma, pero “si el Ministro dice eso, nosotros le decimos ‘No, nosotros seguimos con nuestro proceso de aprendizaje. ¿No nos cree? Entonces daremos exámenes libres y se lo demostraremos’”, enfatiza un asistente.

Alguien plantea el tema de fondo: ¿Cuál es la crítica más recurrente a la hora de las tomas? (aparte de la usurpación de la propiedad): Que se pierden clases. Pero ¿qué ocurre si en la toma se organizan clases libres dentro los parámetros curriculares? Ahí el problema pasa a ser por el control del colegio, que ahora está en manos de las/os estudiantes. Pasa a ser un problema político, que pone en jaque toda la institucionalidad educativa.

La experiencia puede significar un nuevo impulso y una vuelta de tuerca al proceso de luchas estudiantiles que hoy se lleva a cabo y, ¿por qué no?, la posibilidad duradera de construir en comunidad el espacio al que hubiese gustado siempre asistir a aprender.

El movimiento de lucha estudiantil también fue partícipe del paro nacional, durante los días 24 y 25 de agosto. Esta huelga estuvo acompañada de protestas y bloqueos de las principales avenidas de la capital chilena. Y se dieron diferentes movilizaciones, como la del día 24 en la que miles de trabajadoras/es y estudiantes marcharon hacia el centro de Santiago desde diversos puntos de la capital.

La segunda jornada de huelga general arrancó con enfrentamientos entre manifestantes y Carabineros en La Alameda de Santiago, frente al edificio de la Universidad de Chile, que se encuentra tomado por los alumnas/os en protesta por un cambio estructural en el sistema educativo.

Como viene siendo habitual los Carabineros (policía militarizada de Chile) reprimieron brutalmente estas movilizaciones, en un intento desesperado de controlar algo que se les escapa de las manos. Varios ejemplos de brutalidad policial se vivieron en esos días, como en la tarde del 24, cuando la policía usó gases lacrimógenos y cañones de agua para repeler a un grupo de personas que estaban concentradas en la calle Alameda.

Que sepamos al menos 108 personas fueron detenidas y seis resultaron heridas en todo el país en las últimas horas de la protesta. A estas/os detenidas/os se suman los 348 arrestos del miércoles 24 al inicio de la huelga. A todo esto hay que añadir un suceso aún más grave, en la madrugada del día 25, cuando en una manifestación la policía disparó contra quienes allí se encontraban, muriendo un joven de 14 años (Manuel Gutiérrez) y quedando herido grave otro de 18 (Mario Parraguez). Las respuestas no se hicieron esperar, y a pesar de que los carbineros intentaron negar lo evidente, unas 200 personas se concentraron de forma solidaria en Santiago de Chile, marchando en manifestación por una de las calles principales, momento en el que la policía volvió a reprimir a quienes se manifestaban allí.

Esto es todo lo que podemos contar al cierre de esta edición. Más información en liberaciontotal.lahaine.org

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