Tiempos de resistencia en Madrid: Desalojan espacios comunitarios para regalárselos a la especulación

La buena salud que gocen nuestros centros sociales okupados y autogestionados en la ciudad de Madrid es un indicativo también de un activismo vivo en los barrios, en cambio, si languidecen sabremos que estamos ante un tiempo de resistencia, unos tiempos malos para la okupación, y por lo tanto malos para los movimientos sociales. Y es que tras numerosas campañas de intoxicación mediática, criminalización social, presiones judiciales e institucionales, la violencia policial y, últimamente la violencia de los mercenarios neonazis de la empresa Desokupa, la okupación en Madrid lleva ya mucho tiempo en el punto de mira. Desean una ciudad que no sea contestataria y que solo sirva para el consumo.

Quieren desalojar los espacios comunitarios en nuestra ciudad, para regalar inmuebles a la especulación urbanística y la turistificación. Los centros sociales okupados ya conforman nuestro entramado urbano desde hace décadas, en ellos se han fraguado numerosas luchas y activismos. Históricamente se han recuperado espacios para darles un uso social, y porque se dinamita uno de los pilares del sistema capitalista actual: la propiedad privada. Este concepto no puede estar por encima de la vida, del derecho a la salud, a la vivienda, a la cultura. La okupación de espacios no solo cuestiona que la legalidad no siempre es lo legítimo, sino que da un revés a todo el esquema de pensamiento del capitalismo.

En este artículo queremos hacer un repaso de cada uno de los espacios que recientemente han sufrido desalojos, reveses o amenazas y cuya vida depende de la resistencia jurídica, social y política que llevan adelante sus asambleas. Además de los mencionados en este artículo, la lista de desalojos de centros sociales en Madrid en los últimos años es larga: La Gasoli (Guindalera), el Solar Maravillas (Malasaña), La Salamandra (Moratalaz), La Dragona (La Elipa), La Yaya (Argüelles), la Casa de las Asociaciones (Hortaleza), el EV Montamarta (San Blas), el EVA de Arganzuela , la Casa de la Cultura (Chamberi), La Casa del Cura (Malasaña). A veces se toman decisiones muy dolorosas respecto de espacios sociales que, durante mucho o poco tiempo, se han llenado de vida y actividad que ha propiciado el florecimiento de los barrios populares. También por otro lado mencionaremos algunos proyectos y centros sociales recuperados recientemente y que han iniciado su camino con mucha fuerza y ya son espacios de referencia en la okupación madrileña.

Madrid será siempre Ingobernable: destapando nuevos casos de corrupción urbanística, el Hotel UGT

El pasado mes de mayo una sentencia del Tribunal Supremo ratificaba que el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, desalojó ilegalmente en 2019 el centro social okupado La Ingobernable, en su original ubicación en la calle Gobernador esquina al Paseo del Prado. Esta sentencia ya recogía lo dictaminado por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, que determinó que el Ayuntamiento madrileño no tenía potestad para ejecutar el desalojo de La Ingobernable ya que en ese momento estaba oficialmente cedido a una fundación privada. En el programa del Partido Popular en su candidatura al municipio de Madrid incluía la promesa de desalojar La Ingobernable, edificio que albergaba dos centenares de actividades mensuales con una asistencia de unas 130 mil personas en sus dos años de intensa vida, el mayor espacio de encuentro de los movimientos populares de la capital.

Ese mismo día tras publicarse esta sentencia, desde La Ingobernable invitaban a estar atentas porque las reacciones no se harían esperar, y es que al día siguiente un numeroso grupo de activistas accedían al antiguo Convento de las Recogidas en la calle Hortaleza. Este inmueble perteneciente al sindicato UGT, se alquiló a una empresa para transformarlo próximamente en un hotel de lujo (que de eso anda escasa la ciudad de Madrid), aprobando previamente el Ayuntamiento de Madrid un plan especial de reestructuración y su cambio de categoría para uso de hospedaje. La recuperación de este edificio para convertirlo en un centro social no fue posible, ya que el sindicato UGT denunció inmediatamente, y al día siguiente tras resistir una noche en el inmueble en plena calle Hortaleza la policía municipal llevó a cabo el desalojo de las activistas de su interior. No obstante, se destapó una vez más un pelotazo urbanístico en la ciudad de Madrid con una trama de película en la que UGT, una empresa de construcción y el Ayuntamiento están perfectamente coordinados para llevar adelante planes de gentrificación en la ciudad. A finales de mayo y sin previo aviso la policía municipal desalojaba la Oficina de Derechos Sociales La Ingobernable en la que era su ubicación actual en la calle de la Cruz de Madrid, okupada desde hace poco más de un año en un antiguo hotel abandonado durante cinco años y en manos de la empresa de peluquería Marco Aldany. Los propietarios junto con la empresa One Shot Hotels exigieron su desalojo para la construcción de un nuevo hotel de lujo en el centro de Madrid. De hecho, La Ingobernable no solamente quería denunciar este caso de especulación, sino un amplio imperio inmobiliario de los hermanos Marco Aldany, que a través de ZZ Inmobilari Próxima controlan dos hoteles, residencias de estudiantes y una veintena de apartamentos turísticos.

La Enredadera de Tetuán, espacio comunitario y de lucha contra las opresiones

Este centro social en el corazón del barrio madrileño de Estrecho, distrito de Tetuán, lleva ya varios años de amenazas administrativas para su cierre y desalojo definitivo. Con trece años a sus espaldas y un largo de recorrido de cientos de actividades y encuentros, entre otros, del movimiento de vivienda, feminista e incluso del zapatismo mexicano en Madrid, han decidido hacer la mudanza con la ayuda vecinal que siempre han contado. En la historia de este centro social quedará grabado cómo en el año 2014 se enfrentaron junto a otros colectivos vecinales a su mayor reto hasta ese momento, es decir, la primera presencia de Hogar Social Madrid, grupo neonazi que okupó un edificio en un barrio multicultural como el de Tetuán. A pesar de la connivencia policial y del intento de incendio de la Enredadera por los nazis, se logró que se marcharan del barrio y la Enre continuó siendo un espacio social de referencia. Se frustró y paralizó un Plan Especial de Urbanismo que pretendía convertir el edificio en una herramienta de gentrificación de la ciudad. También lograron enfrentar igualmente un juicio por usurpación, con el incondicional apoyo del barrio. Sin embargo, tras un largo periplo de denuncias administrativas, ya el pasado verano solicitaron la resistencia vecinal para evitar que el Ayuntamiento de Madrid precintase el centro social. La excusa es que la Enre no cuenta con una licencia de actividades pública, y esa represión institucional ha intentado callar a este espacio de encuentro comunitario. Desde la Enre están decididas a resistir y para ello necesitan darle al pause, posiblemente la decisión más complicada en todos sus años de vida, pero también una decisión que es ejemplo del compromiso militante, cuidados y sensatez que siempre han tenido en su asamblea. La Enre solicitó a todas las vecinas que pudieran acercarse a echar una mano para la mudanza, recogieron todo el material y los grandes tesoros comunitarios creados en estos largos años. Nos solicitaron que estuviésemos atentas a futuras convocatorias, y así se hará, porque la Enre sigue comprometida en construir barrio para volar libres.

La Atalaya, la resistencia vallekana para defender un antiguo instituto okupado

Este espacio de referencia vallekano actualmente es la despensa solidaria del barrio, una iniciativa surgida del proyecto Somos Tribu en plena pandemia del Covid-19, y que recibieron incluso el premio ciudadano europeo. Sin embargo, La Atalaya ha recibido una orden judicial de desalojo, que les exigía abandonar el edificio en cinco días, pero estamos hablando de Vallekas, y el barrio reaccionó rápidamente y convocaron movilizaciones para resistir a esa decisión judicial. Si bien la última noticia recibida es que se aceptó el recurso que interpusieron, eso solo proporciona tiempo, tiempo valioso para continuar resistiendo. Vallekas no es fiera para domar, es un barrio que se defiende con uñas y dientes, y desde el centro social okupado La Atalaya hicieron una rueda de prensa pública delante de la Asamblea de Madrid explicando la postura del espacio frente al futuro desalojo, y la cual apoyaron muchas vecinas y participantes de los diversos colectivos sociales del espacio. Y es que la empresa Naturgy y la Agencia de la Vivienda Social de la Comunidad de Madrid están detrás de esta orden judicial contra La Atalaya, que inició sus actividades hace ocho años recuperando un antiguo instituto en ruinas para llenarlo de vida, aprendizaje y ocio alternativo. Ante la real falta de oportunidades por parte de la institución pública, por eso surgen espacios como La Atalaya para impulsar espacios deportivos, culturales, de ocio y de encuentro vecinal. Si estos espacios no existieran todo eso desaparecería, y por lo tanto gran parte de la vida popular en los barrios languidecería como lo hacen otros territorios expuestos únicamente a las oportunidades de consumo y ocio que ofrece el propio capitalismo. Es por ese motivo que defender estos espacios de okupación es defender la vida, y lo hacen con las mejores armas como La Atalaya afirma: alegría para combatir, organización para vencer.

La Ferroviaria, una locomotora que da vida en el corazón del Paseo de Delicias

Hace un año en la primavera del 2021 nacía el proyecto de La Ferroviaria, para ello se okupaba una antigua sede bancaria en la Plaza de Luca de Tena, en el barrio de Delicias. Este centro social se ha puesto en marcha, entre otras, debido al esfuerzo de organizaciones como Arganzuela 27 (un colectivo juvenil), PAH Centro-Arganzuela o la Asociación Feminista de Arganzuela. Un espacio que ha nacido con una fuerza incomparable para construir actividades en el barrio y favorecer todo su tejido popular. Viene de la tradición organizativa del antiguo EVA (Espacio Vecinal Arganzuela), que tenía un espacio cedido, y sin embargo, el Ayuntamiento de Madrid decidió no prorrogar esa cesión a los colectivos que autogestionaban actividades. También con la desaparición del histórico centro social okupado La Traba, desalojado en su ubicación en el antiguo cine de Candilejas, este nuevo espacio de La Ferroviaria, con tan solo un año de vida, ya se ha convertido en la locomotora de un barrio siempre activo socialmente.

CSO Animosa en Hortaleza y CSO Amparitxu en Prosperidad, dos ilusionantes proyectos inician camino

Si nos alejamos un poco del centro de la ciudad, encontramos que en otros barrios también florecen los proyectos para abrir nuevos espacios sociales. Un local comercial propiedad de la SAREB (denominado como ‘banco malo’) se convirtió a finales del año pasado en el primer centro social okupado de Hortaleza. La Animosa abrió sus puertas para afrontar las necesidades reales del vecindario e impulsar proyectos sociales y culturales, se recupera de esta manera un inmueble deshabitado para poner en funcionamiento, entre otras actividades, un gimnasio autogestionado o una biblioteca popular. El nombre elegido, además, es un homenaje a la memoria de las antiguas vecinas del pueblo de Hortaleza, ya que hace referencia a la Sociedad de Obreros Agricultores de las Tierras de Hortaleza La Animosa, una antigua colectividad agraria.

El centro social Amparitxu, ubicado en unas antiguas oficinas bancarias propiedad de una sociedad inversora vinculada al Banco Santander que llevaban dos años cerradas, nació en el barrio de Prosperidad a finales de abril de este año. En este caso el nombre hace referencia a la poeta y vecina de este barrio Amparo Gascón que, durante el Franquismo, acogió en su casa a personas que huía de la represión de la dictadura. Este nuevo centro social nace de la necesidad de jóvenes del barrio de la Prospe y alrededores de contar con un espacio propio en el que organizarse y trasladar el banco de alimentos del barrio. Recuperar este espacio también supone simbólicamente devolverle a los movimientos populares los saqueos que la banca ha perpetrado contra la clase trabajadora, en forma de timos a pensionistas o los desahucios que han engrosado sus ingresos mediante el expolio capitalista.

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