Brasil: manifestaciones y fútbol

Este mes toca hablar un poco más de política internacional, pues no podíamos quedarnos sin mencionar las movilizaciones que están sucediendo en Brasil, un país cuya población no ha sido muy propensa a tomar las calles. El hecho de que se estén manifestando ha llamado la atención, aunque no es extraño, viendo el contexto de luchas populares que han tomado las plazas de forma generalizada los dos últimos años.

Las protestas comenzaron ante el anuncio de la subida de 20 céntimos en el precio del autobús, pero no entraremos mucho en esto puesto que la prensa ha profundizado suficientemente en ello. Convocadas por asociaciones que están por el pasaje libre en el transporte público, fueron aumentando día a día cuantitativamente, a la vez que se multiplicaron en distintas ciudades.

Entonces es cuando empezamos a oír que no son los 20 céntimos, que es todo, que es la calidad de la educación y de la salud, que es la hartura frente a la corrupción, la exasperación ante los gastos superfluos realizados en detrimento de lo imprescindible para cubrir las necesidades básicas de todo el mundo. En un contexto de crisis mundial generalizada, es, básicamente, lo que pasa en todo el mundo (obviando que gran parte de dicho mundo, pervive en constante crisis gracias a las bondades del capitalismo), mucho para pocos, nada para el resto.

Brasil está entre las diez potencias mundiales, ha crecido desmesuradamente en los últimos tiempos (a nivel económico) de la mano de un gobierno que se define como socialdemócrata, el Partido de los Trabajadores (PT), cuyo líder, Luiz Inácio Lula de Silva, alcanzó la presidencia del país en 2003. Tras dos candidaturas, le acabó sucediendo la actual presidenta Dilma Vana Roussef en 2010. Fue ella misma, quien, en su discurso del viernes 21 de junio, anunció la retirada de la subida del transporte público, hecho que no consiguió terminar con las protestas.

Parece evidente que, dentro de un contexto capitalista, un gobierno de izquierda es mejor para la gente que uno de derecha (es raro hacer esta afirmación en este lugar y momento concreto, pero no es menos cierto), todos se llevarán lo que puedan, todos necesitaran de la policía para mantenernos tranquilos/as, pero unos privatizan servicios públicos descaradamente, mientras los otros defienden, al menos de palabra, un sistema del bienestar que nos mantenga sanos y salvos. Hablando mal y pronto, unos nos fustigan, los otros enseñan el látigo con una mano, pero al menos con la otra nos dan de comer.

Mientras que los primeros levantan ampollas en toda la oposición, los segundos logran lo contrario, generan un clima de paz social, en parte debido a nuestro conformismo y en parte a que la mayoría de los/as que se movilizarían sin dudarlo contra la derecha, se quedan en casa cuando es su partido el que desarrolla alguna estratagema política concreta a pesar de saber que no está bien. Un ejemplo cercano: El plan Bolonia que lleva años asolando las universidades, nació con el PP (la LOU), y creció y se impuso con el PSOE. Ahora se lo adjudicamos a Wert y estamos todos/as en su contra.

En esta línea circula por internet un pequeño análisis del sociólogo e investigador italiano afincado en México Massimo Modonesi, “El fin de la revolución pasiva en Brasil”, escrito para el periódico La Jornada y que se puede leer en su blog (massimomodonesi.wordpress.com) o en la página de contrainformación La Haine (www.lahaine.org). En este texto explica brevemente el porqué de una sociedad poco dada a salir a la calle, las facilidades de un gobierno como el de Lula para tener a la sociedad conforme, atribuyéndolo a la revolución pasiva: un proceso de modernización impulsado desde arriba que recoge sólo parcialmente las demandas de los de abajo y con ello logra garantizar su pasividad, su silencio más que su complicidad” y como el gobierno se ha ido acomodando y perdiendo la capacidad de pasivizar; “Por otra parte la pasividad sobre la cual se erigía la hegemonía lulista se disuelve en las calles. Podrán regresar a sus casas, podrá volver la calma en las calles y los sondeos a mostrar el consenso en torno al modelo petista pero la visibilidad que se alcanza una vez disipados los gases lacrimógenos es siempre muy reveladora y permanece grabada en la memoria de una generación”.

Unos en las calles y otros en los campos

Mientras la manifestaciones con sus consecuentes disturbios asolan el país, está teniendo lugar la Copa Confederaciones. Un torneo futbolístico que disputan los campeones de cada continente, más el subcampeón de Europa y la selección anfitriona. Aunque esto lo sabremos todos/as, en estos tiempos en los que la selección española no es la mindundi que era hasta hace 7 años, sino la actual campeona del mundo y un referente de juego a todos los niveles. Esto es lo que nos hace un país de referencia, nuestro fútbol. Dime de qué presumes…

El caso es que este torneo sirve de ensayo para el Mundial de 2014 de Brasil y nos recuerda que las próximas Olimpiadas serán en Rio de Janeiro en 2016. Puede que sin estos macro-eventos deportivos, la cantidad de noticias que recibimos de Brasil fueran drásticamente menores. Pero no es esta la única relación que podemos establecer entre los dos sucesos ya que la más importante es el enorme gasto que supone para un país, o en el caso de las olimpiadas para una ciudad, el preparar la candidatura olímpica, ganarla y realizar el evento.

No es sólo el desembolso en marketing, videos y carteles. Si no la imposición de maquillar una ciudad: esconder la pobreza, reforzar la seguridad y desarrollar infraestructura que, o bien no se vuelve a usar o ni siquiera llega a terminarse, como es el caso de algunas líneas de metro que prometieron para los Juegos Panamericanos de Brasil en 2007, entre otros proyectos.

Para hacer una aproximación a los costes que una campaña así conlleva, citamos el artículo “Y ahora a por Madrid 2020, y si no, a por la siguiente” aparecido en verano del 2012 en esta misma publicación: “Para realizar un balance de lo que supondrían estas Olimpiadas para Madrid comenzaremos por la cuestión económica: 16.000 millones de dólares para Atenas 2004, 40.000 millones para Pekín 2008 y 17.250 millones para Londres 2012 (por ahora, que aún no está del todo al día el presupuesto) han sido los gastos ocasionados por las últimas olimpiadas. Estos son los presupuestos finales, que poco tenían que ver con las primeras previsiones, y con esto podríamos hacernos una idea de por dónde irían los tiros de Madrid 2020. Ya antes si quiera de que Madrid sea elegida ciudad organizadora de los JJOO los gastos comienza; en el anterior intento desventura olímpica se invirtieron 37,8 millones de euros en publicitar la candidatura madrileña, a lo que hay que sumar 400.000 euros que se dan a fondo perdido para la inscripción en el concurso. Para esta ocasión están presupuestados 22 millones de euros en publicidad (de los cuales la mitad serán invertidos por empresas privadas).” En Brasil pueden presumir de haberse gastado 100 millones de dólares solo en la campaña de candidatura, más que el resto de países juntos y, según parece, parte de los proyectos de mejora de la ciudad son los mismos a los que se comprometieron para 2007 y que posteriormente quedaron abandonados.

Siguiendo con el artículo anteriormente citado, que se centra, como ya hemos podido deducir en la oposición a la candidatura de Madrid para ciudad olimpíca en 2020: “Si seguimos dando pasos en este camino de la transformación de la ciudad llegamos al estadio siguiente, que vendrá marcado por la necesidad de hacer de Madrid una ciudad más bonita, lo que en la capital catalana han denominado la marca Barcelona. A parte de lo ya citado, esto requiere de ir desplazando fuera de la capital (o al menos de las zonas elegidas para las Olimpiadas) todo lo que enturbie la imagen de ciudad modelo, aunque formen parte de la realidad de la zona, como centros sociales, mercados de trueque, huertos urbanos, prostitución, cualquier de manifestación de oposición a los JJOO… Haciendo lo que sea necesario para acabar con ello.

>>[….]Tras todo este tinglado, el legado que nos quedará es de sobra conocido, similar al que acompañó a Barcelona 92, a las Expos de Sevilla o Zaragoza o al FORUM de Barcelona, una deuda pública por las nubes, numerosas mega-infraestructuras que con los años se caen a cachos, no se usan para nada o se tratan de alquilar a cualquier precio (en este sentido, y ya antes de que nos concedan ninguna olimpiada, ya tenemos un ejemplo de esto en la Caja Mágica, donde prácticamente sólo se realiza un torneo de tenis al año, y que ahora se ha conseguido alquilar como garaje para una escudería de Fórmula 1), una vuelta de tuerca más a la transformación de nuestra ciudad en un mejorado centro comercial destinado al turismo más que a la vida cotidiana y, cómo no, beneficios para unos cuantos afortunados”

Poco pan, maravilloso circo

Lo que sí queda claro es que, aunque a los/as que se encargan de los telediarios de televisión española les gustaría que la religión siguiera siendo el opio del pueblo y que nos relajáramos del estrés que genera el desempleo echando unos rezos, nuestro verdadero circo (a falta de pan) es el fútbol.

La marea roja que inundó Madrid con la victoria de España en la Eurocopa de Polonia y Ucrania el pasado verano, no tiene nada que envidiar a las mareas blancas de la sanidad, las verdes de la educación, etc. Y sin embargo, parece de lo más evidente cuáles de estos asuntos condicionarán nuestra calidad de vida.

Los entramados que mueven el deporte moderno nos son ajenos a la mayoría. Ya no se trata de apoyar a nuestro equipo (tradicionalmente el de nuestra ciudad, pueblo o barrio) en el campo, asunto prácticamente inaccesible a la mayoría por el alto coste que supone. Están los derechos televisivos (esta temporada poco hemos podido ver sin canales de pago), los derechos de imagen (deportistas que anuncian marcas) que generan parte de sus ingresos y los del club, y un sinfín de asuntos sobre los que poco o nada sabemos.

Los admiramos, los amamos, son nuestros héroes o nuestros enemigos… y nos olvidamos de lo que realmente son: ricos. A priori parece que no poseen los medios de producción, como exigiría una definición clásica de clase, pero en realidad sí, son poseedores de su propio cuerpo, aseguran partes de él y venden su imagen a los mejores postores. Son guapos (hasta los feos), ricos y enormemente privilegiados por gozar de esta situación en un mundo donde no existe la opción de que todos/as tengamos lo que necesitamos para vivir.

Damos un paso más en nuestra ciega admiración y les seguimos a donde sea sin plantearnos nada en absoluto. Sin ir más lejos está el ejemplo de esta Copa Confederaciones-Mundial-Olimpiadas, donde hemos podido ver de primera mano que no todo es tan bonito como nos lo cuentan, ni son los brasileños un pueblo tan complaciente, si no un país más donde la gente está tan jodida como nosotros/as, por mucha superpotencia que sean.

Pero los hay peores, estos días hemos podido ver a La Rojita (selección española sub21) ganar el Campeonato Europeo en Israel, ese bondadoso país que bloquea, roba, mata y ocupa el territorio de Palestina, por ley de Dios. Pocos/as de quienes estén informados/as del conflicto palestino-israelí apoyarían a Israel, pero, ¿no nos supone ningún conflicto moral que nuestra representante deportiva futbolera vaya allí como si nada? Es cierto que, como anarquistas, ponemos peros a casi cualquier gobierno, pues todos son, a nuestros ojos, culpables de mantener un status quo, que nos domina y nos explota. Pero el caso de Israel es aun más claro.

Igualmente la selección sub 20 está jugándose la clasificación para el mundial de Turquía mientras sus habitantes se enfrentan a la policía y al gobierno, mientras son pegados, intoxicados y arrestados. ¿No tenemos que decir nada ante esto? ¿No es hora de que, tomemos responsabilidad y digamos que ya basta de ir a países donde no se respetan ni los derechos más básicos? ¿No es más importante jugar limpio que ganar? ¿Cómo disfrutar tranquilamente un partido mientras sabemos que la gente del lugar, lejos de alegrarse del acontecimiento, está luchando en las calles por causas que merecen mucho más la pena que el fútbol?

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4 comentarios en «Brasil: manifestaciones y fútbol»

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