Berta Cáceres y Chico Mendes,la memoria sembrada de quienes defendieron la tierra en América Latina

Desde que América, conocida también como Abya Yala, es obligada a entrar bajo la cruz y la sangre en los libros de la historia oficial debido a una larga trayectoria de ocupación, colonialismo y tráfico de personas esclavas, el tema central ha sido la tierra. Para las comunidades sociales que había en ese continente, y aquellas herederas actualmente como consecuencia de la supervivencia a genocidios y epistemicidios, la tierra es el centro de la vida a muchos niveles. No es una cárcel a la que se está atado, no es un territorio al que se esté subyugado, no es una nación con un destino por encima de ninguna institución estatal, la tierra rige la economía social, las expresiones culturales y religiosas, la política y organización espacial.

Desde el último tercio del siglo pasado, se han puesto en marcha fuertes economías extractivistas en América Latina, un modelo económico basado en el robo de la tierra y la destrucción del tejido social ligado a las comunidades que habitan ese territorio. Grandes porciones de tierra ricas en recursos para mantener el nivel de consumo del norte global, y que la máquina del capital no pare de rodar, han sido enajenados bajo muy diversas medidas. Los gobiernos nacionales, federales y otras administraciones aliadas con el neoliberalismo han implementado reformas para facilitar esa labor. Otras instituciones vinculadas a las cloacas de los estados, como guerrillas paramilitares clandestinas o grupos mercenarios empresariales, se han encargado por la fuerza de crear situaciones de violencia, cuando no de guerra abierta contra las comunidades. En muchas ocasiones estos grupos paramilitarres, narcos o mercenarios han creado estructuras sociales y políticas locales que imponen un régimen de terror por la fuerza, bajo los intereses de determinadas empresas ajenas a la comunidad para explotar la tierra.

El incremento de las preocupaciones ambientales desde finales del siglo pasado, unido al acelerado ritmo de destrucciones de muchas regiones de bosques tropicales y territorios con grandes biodiversidades, han puesto en el centro del debate la cuestión ecológica. Aquello que llevan siglos haciendo comunidades originarias en su conjunto, ahora saltaba a la palestra de los grandes medios de comunicación internacionales. Antes de existir Greta Thunberg, y mucho antes también de que el capitalismo convirtiera la marca eco o verde en una nueva elección de consumo, la historia de algunos pueblos la define su lucha por la tierra. En este contexto grandes poblaciones latinoamericanas resisten a convertirse en una pieza más de la industria manufacturera o de los múltiples servicios disponibles en las megaciudades. Es una cuestión que tiene especial relevancia en América Latina, donde el trabajo en muchos casos sigue ligado a la labor que se realiza directamente en la tierra, y no ligado a una explotación laboral.

En este artículo queremos recuperar dos figuras importantes en la lucha del activismo medioambiental, ambos además asesinados por esa resistencia, uno es el brasileño Chico Mendes, y la otra es la indígena hondureña Berta Cáceres. Actualmente la defensa medioambiental y de la tierra en América Latina se sigue cobrando decenas de vidas con total impunidad, como recientemente en México el defensor de la mariposa monarca Homero Gómez que fue encontrado muerto. Según la ONG Global Witness, América Latina es la región más peligrosa del mundo para defender el planeta, con más de 1.500 activistas asesinadas desde 2002. Según Front Line Defenders, en el año 2019 fueron asesinadas 304 activistas en todo el mundo (17 menos que en 2018), volviendo a ser Latinoamérica la región más peligrosa (solo en Colombia se asesinó a 103 activistas). Por todos ellos y ellas, conviene conocer el camino de esta lucha porque la memoria es la revuelta del presente.

Chico Mendes, sindicalista y activista medioambiental brasileño en la Amazonia

Mendes nació en el año 1944 en Xapuri, municipio brasileño del Estado de Acre, en la Amazonia brasileña muy cerca de la frontera boliviana. Este pueblo fue fundado oficialmente en 1904, aunque el poblamiento anterior había estado bajo la jurisdicción de Bolivia, que cedió el actual territorio de Acre a Brasil mediante el Tratado de Petrópolis en el año 1903. Estos cambios fronterizos y el acuerdo entre ambos países a primeros del siglo XX estuvieron relacionados con la conocida como Fiebre del Caucho. Bolivia exigía construir aduanas arancelarias en ciudades brasileñas, así como la construcción de un ferrocarril que uniera los ríos Madeira y Mamoré, inaugurado en el año 1912 y utilizado hasta 1972 para el comercio mercantil de Bolivia. El ferrocarril fue iniciado por el megaempresario estadounidense Percival Farquhar y tenía como propósito principal transportar la producción de caucho de Bolivia y Brasil hacia el puerto de Belém, en el Océano Atlántico.

La mencionada Fiebre del Caucho es la denominación que recibió el proceso de extracción y comercialización del caucho amazónico desde el siglo XIX, que disparó el auge colonizador del Amazonas, y causó graves transformaciones culturales y sociales. Este árbol del caucho o seringueira, en portugués, ofrece un líquido blanco de su tallo conocido como látex, que desde el proceso de vulcanización química experimentado a mediados del siglo XIX explotó los usos de este recurso. Miles de europeos y norteamericanos viajaron entonces a Brasil para aprender los procesos de extracción de este material, se tornó en una actividad industrial de primer orden en la región y desplazó a numerosas comunidades indígenas.

Este fue el contexto geográfico en el que nació Chico Mendes, a mediados del siglo XX, siendo desde los nueve años recolector de caucho. Era descendiente de una familia de emigrantes del nordeste brasileño asentados desde hace un siglo en la Amazonia. Su padre, Francisco Mendes, era seringueiro, estos eran trabajadores del caucho preocupados por la cuestión ecológica y por una regeneración natural del recurso. Desde joven se convirtió en un luchador, y defensor de los seringueiros. Chico Mendes fue el principal impulsor del conocido «Conselho Nacional dos Seringueiros», organización que se oponía a la masiva deforestación que afectaba a Acre, y su defensa de los pueblos indios, recolectores de caucho y habitantes de las riberas de los ríos.

Esta labor sindicalista y ecológica le dio una gran proyección internacional, y consiguió dar a conocer la lucha de la región amazónica al mundo. En marzo de 1976 los seringueiros organizaron el primer empate en Brasiléia, que se trataba de una acción no violenta para impedir la tala de un «seringal», área de selva explotada sosteniblemente por los recolectores de caucho. Entre 1976 y 1988, Chico Mendes, y otros activistas como Wilson Pinheiro (asesinado el 21 de julio de 1980) organizaron cuarenta y cinco empates, con un saldo de 400 detenidos, 40 torturados y varios muertos, sin embargo lograron impedir la deforestación de 1,2 millones de hectáreas de selva. Estas acciones siempre chocaron con los intereses de los grandes latifundistas, lo cual estaría directamente relacionado con el asesinato del propio Chico Mendes el 22 de diciembre de 1988. Uno más de los cientos de asesinatos de sindicalistas, militantes de izquierdas, o abogados que quedaron impunes, y que se siguieron produciendo tras la muerte de Mendes. Un mes antes de la muerte de Chico, el terrateniente Joao Branco, presidente de la UDR de Acre (União Democrática Ruralista), estuvo en la hacienda de Darly Alves discutiendo el asesinato de Chico Mendes. Este hacendado y su hijo llevaron a cabo el asesinato, siendo condenados por ese crimen, y que lograron huir de la prisión de Rio Branco tan solo tres años después. Se demostró además el vínculo de estos con Mauro Spósito, delegado de la Policía Federal de Acre. Según las propias palabras de Mendes antes de su asesinato, esa organización de la UDR «es el núcleo de un auténtico escuadrón de la muerte, responsable de numerosos asesinatos».

Diez años después, en marzo de 1998, fueron asesinados dos líderes del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) en Parauapebas, en Pará, Estado brasileño donde han sido asesinados más de quinientos campesinos pobres en la última década. Los conflictos por la tierra y la destrucción del bosque tropical son el eje central de la política de ocupación de la Amazonia.

Berta Cáceres, hija indígena de la tierra hondureña

Esta activista hondureña de orígen indígena y feminista fue asesinada hace exactamente cuatro años, el 2 de marzo de 2016 en su municipio natal de La Esperanza. Berta fue hija de Austra Bertha Flores, partera, enfermera y alcaldesa, que otorgó amparo en su comunidad a muchos refugiados de El Salvador durante la Guerra Civil contra el gobierno derechista apoyado por EE.UU. Igualmente, su madre estuvo implicada en impedir que se instalara un batallón del ejército hondureño en La Esperanza para evitar la militarización, ya que los militares son rechazados en estos pueblos y protagonizaban violaciones de mujeres indígenas.

Durante su infancia y juventud Berta Cáceres pudo presenciar y unirse a las luchas de su pueblo lenca, además uno de sus hermanos fue herido y perseguido políticamente, su otro hermano fue secuestrado y torturado durante seis meses, y su madre fue vigilada por doce años, secuestrada en 1992 por un coronel de la Escuela de las Américas, y que posteriormente fue ascendido.

Berta Cáceres estaba integrada en la vida social de su comunidad indígena, a pesar de obtener con los años y su lucha una relevancia incluso internacional. Fundó en el año 1993 junto a otras activistas el COPINH (Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras) para luchar en defensa del medio ambiente, el rescate de la cultura lenca, y revalorizar los conocimientos y la tecnología indígena para autoorganizar sus propios recursos y conservar su autonomía.

En su activismo medioambiental fue especialmente mediática su lucha en contra de los proyectos de presas hidroeléctricas de inversores internacionales, entre otros Elecnor, empresa vasca de electrificaciones, o ACS, grupo empresarial ligado a Florentino Pérez, presidente del Real Madrid. Desde el año 2009, cuando tiene lugar el Golpe de Estado apoyado por EE.UU. y los grupos empresariales hondureños, se comienzan una serie de megaproyectos muy destructivos para el medioambiente y que conllevan el desplazamiento de numerosas comunidades indígenas. Se comienzan a privatizar recursos como los ríos y otros territorios sagrados para la cultura lenca y su supervivencia, destinados a explotación minera y maderera. Se llega a destinar un 30% del territorio de Honduras a empresas mineras canadienses y europeas.

Se comenzó a privatizar recursos como los ríos y otros territorios sagrados para la cultura lenca y su supervivencia, destinados a explotación minera y maderera. Se llega a destinar un 30% del territorio de Honduras a empresas… Clic para tuitear

Berta Cáceres encabezará la lucha contra el proyecto de la represa de Agua Zarca en el río Gualcarque en Santa Bárbara. Llevaron a cabo numerosas acciones de protesta, se organizaron asambleas comunitarias, y presentaron quejas legales ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). A partir del 2013, Berta Cáceres dirigió al COPINH en la campaña de resistencia. Una de sus principales acciones fue el bloqueo del acceso al área de construcción por más de un año; pese a que los activistas locales fueron repetidamente desalojados por la Policía Nacional de Honduras e incluso disparados por militares hondureños, que provocaron varios heridos y muertos. Berta Cáceres llevaba años denunciando hostigamiento, graves amenazas de muerte y de violencia contra ella y su familia. Debido a la persecución recibida, su madre y sus hijos tuvieron que abandonar el país, mientras ella tomo precauciones extremas, dormía cada noche en un lugar diferente y casi no se comunicaba mediante aparatos telefónicos, siempre viajaba acompañada, no hacía presentaciones públicas. La madrugada del 2 de marzo de 2016 fue asesinada en su casa a balazos cuando estaba acompañada del activista Gustavo Castro. Tan solo cuatro meses después de su asesinato, su compañera activista Lesbia Yaneth, también fue encontrada asesinada en un nuevo feminicidio político.

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