Autodefensa feminista

La violencia contra las mujeres no es un problema que afecte al ámbito privado. Al contrario, se manifiesta como el símbolo más brutal de la desigualdad existente en la mayoría de las sociedades. Aquella desigualdad marcada por la diferenciación sexual, es sobre la que se asienta uno de los pilares de dominación más trágico, y a su vez, más asimilado de toda la historia: el patriarcado.

El patriarcado es por definición violencia. Una violencia que se dirige específicamente sobre las mujeres, por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas, sujetos carentes de libertad, respeto, autonomía y capacidad de decisión. En este sentido, la violencia contra las mujeres no sólo se manifiesta en la diferenciación de las categorías de los puestos de trabajo, en la cuantía del salario laboral o en las actitudes autoritarias, paternalistas y obscenas que se vierten sobre nosotras; la violencia contra las mujeres impregna todos los ámbitos de la vida social, laboral y doméstica. Pequeños destellos de violencia nos atraviesan día a día. Desde el poder se define, se mira, se intimida y en última instancia se agrede y contra ese poder ostentado por el hombre tenemos que buscar nuestras herramientas y estrategias. Por otro lado, también cabría decir que nosotros/as como personas, somos seres sociales y es la sociedad la que cataloga y define en mayor parte lo que somos, por tanto, no es una cuestión de identidad o elección personal, no todos los hombres son agresores ni todas las mujeres somos víctimas, el poder ejercido por los hombres es una cuestión de estructura y jerarquía social.

Pues bien, sobre ataques y defensas va este artículo. Y es que, desde que el mundo es mundo las mujeres nos hemos visto sistemáticamente sometidas a agresiones físicas y psicológicas. Agresiones algunas más palpables que otras, algunas más recordadas que otras o algunas más temidas que otras. Cuando pensamos en agresiones sexistas o agresiones ejercidas sobre las mujeres, lo más común es que pensemos que se trate de una agresión física que puede degenerar en cualquier momento a un abuso sexual. Quien no sea mujer, puede que no llegue a entenderlo nunca, pero la violación es una palabra que acompaña a la mujer durante toda su vida adolescente y adulta, sobre todo pasadas las doce de la noche. Las mujeres somos instruidas en el terror, diferente del miedo, de que “algo” nos puede pasar si no tenemos el suficiente “cuidado”. A las mujeres se les niega el derecho fundamental a la seguridad y al libre movimiento, además es un elemento coaccionador de los comportamientos y de la libertad de las mujeres haciéndolas responsables de lo que les pueda pasar y a la vez victimizándonos puesto que no se las dota de estrategias y recursos, salvo el dejar de hacer cosas, y/o renunciar a espacios.

women-self-defence-10-620x330Cualquier mujer, a lo largo de su vida, es bastante probable que haya sido o haya temido ser víctima de una agresión. Las mujeres vivimos en un peligro de agresión constante, derivado en la mayor parte de los casos, de nuestra propia condición de sujetos indefensos y vulnerables.  Esta situación es lo que Seligman ha llamado la “indefensión aprendida”, y es que la indefensión no es más que un estado psicológico que se produce en el momento en el que pensamos que los acontecimientos son incontrolables, cuando no podemos hacer nada para cambiarlo. Subvertir esta situación pasa por tomar consciencia de nuestras limitaciones y potencialidades, formarnos y fortalecernos, tanto mental como físicamente, y para ello el deporte es uno de nuestros mejores aliados.

En este sentido, cabe destacar el ejercicio de los deportes de contacto y más concretamente el ejercicio de la autodefensa como forma de fortalecimiento de la mujer. Para ello hemos querido contar con una experiencia de primera mano, a continuación exponemos una pequeña entrevista realizada a una compañera que, aparte de ser deportista a altos niveles de competición, también realiza y dirige clases de autodefensa.

Entrevista a una compañera que realiza y dirige clases de autodefensa

¿Por qué empezaste a practicar artes marciales?; ¿Tuvo algo que ver el hecho de ser mujer?

Siempre me ha gustado el deporte. Creo que una buena comunicación con tu cuerpo es imprescindible para sentirte bien, conocerlo y respetarlo pasa por formarlo y cuidarlo día a día. Y desde pequeña he vivido situaciones en las que se me han impuesto cosas a través de actitudes agresivas, como a todas. Hablo desde un intento de robo, a comentarios sexuales o desprecios entre gente cercana, pasando por el que te intenta meter mano en el metro. Los ejemplos son infinitos. Hiciera lo que hiciera, aguantara o peleara, siempre había una cosa que estaba por encima: dudaba de mí misma, aún cuando pegaba, en el fondo no me sentía de igual a igual. Y decidí resolverlo, si la violencia iba a formar una parte tan importante de mi vida, al menos iba a saber manejarla y sentirme tranquila con ella. La violencia física sólo es una expresión, cuando la entrenas, el entreno se extiende al resto de ámbitos de la violencia. Puedes aprender a sentirte capaz y segura en cualquiera, y transmitírselo al resto.

 ¿Practicar autodefensa te empodera como mujer?

 Sin duda. El concepto que aprendemos de violencia es un acto físico, hombruno; las mujeres defensa-personaltradicionalmente tenemos formas más pasivas de atacar o de defendernos. Desde el momento en que aprendemos a hacer nuestro algo que nos han negado, lo recuperamos, nos empoderamos. Puede que para alguna ni siquiera llegue el día en que necesite poner en práctica las técnicas que ha entrenado, pero esas herramientas estarán igualmente en ella, y le harán enfrentarse al día a día con otra seguridad. Hablaba antes de típicos consejos de qué debes y qué no debes hacer para estar “segura” siendo una mujer; frente a eso, la autodefensa te da la capacidad de reclamar cualquier espacio, a cualquier hora y sola, sabiéndote capaz de hacer frente a cualquiera que intente negártelo.

 ¿Crees que la mujer tiene que adquirir fuerza mientras que un hombre ya la tiene de por sí? ¿Esto es una ventaja a la hora de practicar algún arte marcial?

 Creo que es el problema de vivir en una cultura que venera la fuerza. Puedes verlo en cualquier gimnasio, con muchísima más claridad que en el resto de lugares. Es evidente que es una capacidad muy útil, que te soluciona y te da ventaja en muchas situaciones, pero no es la única. Si nos hubieran educado en que ser veloz es lo mejor, porque no puedes esquivar ni frenar lo que no te da tiempo a ver; la gente grande tendría serios problemas, porque son habitualmente mucho más lentos. Creo que uno de los retos a los que nos enfrentamos las mujeres, no es al hecho de tener por lo general menos fuerza; sino a entender que esto no es tan importante. Primero porque sí que somos fuertes, con entrenamiento cualquier mujer puede conseguir la fuerza necesaria para que sus golpes sean realmente peligrosos. El hecho de no serlo tanto, es lo que necesitamos olvidar. No frustrarnos, no sentirnos débiles. Simplemente saber que cada persona tiene sus cualidades, si la nuestra casi nunca va a ser tener más fuerza que mi oponente, pero sí que tengo la necesaria para hacer lo que  quiero, ¿qué problema hay?

Sabemos que aparte de tu entrenamiento personal, también das clases en un grupo de autodefensa feminista ¿Cómo os organizáis?

La clase la preparamos y la impartimos un compañero y yo. En principio cada uno tiene un campo en el que está más especializado, pero funcionamos muy bien y dejamos que vaya fluyendo según avanza el día. Lo que hagamos varía mucho de un día a otro, trabajamos con palo, a manos vacía, luxaciones, proyecciones… Intentamos que ante todo dominen unas bases que les permita aplicarlas como quieran, que razonen lo que están haciendo y sepan por qué y cómo funciona. El punto común es que sean situaciones posibles y técnicas útiles.

También hay una parte puramente física, que en realidad es un trabajo para la mente. Aprendemos a tomar la decisión de qué queremos hacer, y a no dejar que nada nos lo impida. Cuando estás a solas con un saco, o peleando con una compañera, o haciendo sentadillas, todas las inseguridades y las dudas que guardas dentro de ti afloran. Puedes distraerte sin parar porque no te tomas en serio a ti misma, o puedes sentir que tus golpes no tienen ningún impacto e inmediatamente volverte más débil. Es eso lo que necesitamos afrontar para conseguir lo que queramos, descartar el más mínimo atisbo de duda y que sólo quede la concentración en qué quiero conseguir.

Los entrenamientos son en La Fábrika, en Vallecas. Siempre han confiado en el proyecto y nos han dado todo el apoyo posible.

¿Qué valores intentáis promover con este tipo de ejercicio?

 El objetivo es capacitarnos para gestionar situaciones de violencia. Para eso, necesitamos prepararnos a nivel físico y mental. Lo más importante para nosotras es trabajar la cabeza, aprender a sentirnos capaces y legitimadas a hacer daño cuando lo consideremos apropiado. Al principio siempre explicamos que esto no es lo que llaman “autodefensa femenina”, es autodefensa feminista. No vamos a dar técnicas específicas enfocadas a la mujer, porque no creemos que existan. Toda arte marcial pretende sacar el máximo partido a tu cuerpo (y a las armas que tengas a mano) en un enfrentamiento en desventaja, seas quien seas; y el que tu principal herramienta sea la fuerza, la velocidad o la agilidad, lo van a decidir la propia situación y tus características. Tenemos muchas capacidades que poner en práctica, y vamos a aprovecharlas, sabiendo que el ser atacadas no nos convierte en víctimas, ni vamos a ser un objetivo más fácil si somos más pequeñas. Nunca diremos a una alumna frases como “no vayas sola de noche”, le diremos que vaya dónde y cuándo quiera, y que la mejor manera de hacerlo es preparada para lo que pueda pasar. Aunque no seamos intocables y nunca podremos asegurar que vaya a salir bien, podemos asegurar que pase lo que pase se sentirán orgullosas y tranquilas consigo mismas.

 ¿Crees que el deporte te ha librado de alguna agresión?

 Sí. Y no sólo en las peleas o agresiones, en las que obviamente estar entrenada me ha dado mucha ventaja (más cuando la gente por lo general no espera una respuesta). Creo que me siento muy segura en situaciones en las que otras personas no lo estarían, y que eso ha evitado que muchas agresiones se lleguen a producir. No agacho la mirada cuando me cruzo con un hombre, no acepto los comentarios cuando no los he pedido, no procuro que me dejen llegar a casa sana y salva. Cuando te liberas de la constante de “soy una posible víctima” y te sientes legitimada cuándo y dónde estés, hay muchos hombres que reconocen una actitud diferente y no se atreven a hacer nada.

 Aunque, también los hay de efecto contrario. Diría que entrenar también me ha llevado a agresiones, por dos motivos. Siguiendo con el mismo ejemplo de “norma básica de mujer a salvo”, precisamente el andar sola por donde quiera, me ha expuesto a situaciones de violencia. Y el hecho de, una vez allí, preferir enfrentarme a llorar o gritar, ha acelerado la situación. Y las dos cosas se deben precisamente porque me sé preparada para afrontarlo. Y no digo, por supuesto, que me crea capaz de salir airosa de cualquier situación, sé que pueden hacerme tanto daño como a cualquiera, es simplemente que tengo claro que yo también puedo hacérselo.

A pesar de ser cierto que la autodefensa empezó a plantearse como un ejercicio específicamente dirigido a mujeres víctimas de agresiones y malos tratos, sin embargo, entendemos que la mujeres sufrimos un ataque constante por parte del patriarcado del que tenemos que defendernos. Esperamos que este texto sirva para tomar conciencia de nuestra posición y posicionamiento como mujeres para que siendo conscientes de nuestros límites y posibilidades seamos lo más fuertes posible, tanto por dentro como fuera.

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