Los anarquistas frente a la Dictadura de Miguel Primo de Rivera, 1923-1930

El movimiento anarquista español a principios del siglo XX va tomando una forma organizativa de gran entidad con la creación de la CNT como sindicato con decenas de miles de afiliados, pero también gracias a la construcción de toda una red de ateneos populares y escuelas pedagógicas, y la práctica de la acción directa obrera en la industria catalana y las tomas de tierras en el campo andaluz. Todo ello a pesar de la represión ya desde la Semana Trágica de Barcelona en 1909, y que se que se incrementará notablemente tras la Huelga Revolucionaria de 1917 y, sobre todo, a partir de la Huelga de la Canadiense de Barcelona en 1919. Sin embargo, el conocido como Régimen de la Restauración, representado ya en el siglo XX por el rey Alfonso XIII, agonizaba frente al incremento de la fuerza obrera organizada. Esa clase política caciquil y burguesa optó por la violencia a través del estado de excepción continuado, y el pistolerismo afín a la patronal para asesinar a sindicalistas y obreros.

En otoño de 1923 se configurará la Dictadura de Miguel Primo de Rivera, avalada por el propio monarca Alfonso XIII tras un pronunciamiento militar el 13 de septiembre de ese año contra el gobierno dirigido por el aristócrata liberal Manuel García Prieto. La mayoría de las unidades militares y la propia patronal catalana aplaudieron este giro de acontecimientos, que proclamó el estado de guerra en todo el territorio español, y el propio rey ligaba su destino al Directorio Militar que comenzaba a gobernar.

Se venía creando una organización social y revolucionaria de autodefensa que ahora debía enfrentar a la dictadura como principal objetivo, esta práctica de lucha sentaría las bases de la gran ofensiva obrera que se realizaría en los años 30 y, que decididamente, condujo a la Revolución Social española de 1936. Es decir, que sin estas experiencias previas de acción directa y organización estratégica amplias, incluso en la clandestinidad, no se podrían haber desarrollado los acontecimientos posteriores.

Frente al terror del pistolerismo: «Los Solidarios» como autodefensa activa

Tras la Huelga de la Canadiense en 1919 donde se consiguió la jornada laboral de ocho horas, la nueva década se inicia con la organización de fuerzas de choque de la patronal contra el sindicalismo. Nace así el pistolerismo, cuadrillas de asesinos a sueldo a quienes se les proponía liquidar a trabajadores activos de Barcelona. En 1921 fueron tres anarquistas los que ejecutaron en Madrid a Eduardo Dato, presidente del gobierno del Partido Conservador, que había promovido la «Ley de Fugas» junto al gobernador civil de Barcelona, Severiano Martínez Anido, que legalizaba la ejecución in situ sin juicio de «delincuentes» perseguidos. Los llamados «Sindicatos Libres» integraron a estos pistoleros que causaron decenas de muertes en Barcelona entre 1920-1923, tanto es así que se organizó un grupo de acción directa y autodefensa por parte de Francisco Ascaso, Gregorio Jover, Buenaventura Durruti y Juan García Oliver, entre otros; un grupo conocido como «Los Solidarios». Eran militantes activos y hombres de acción que devolverían golpe tras golpe las agresiones sufridas por la CNT en un momento en que los sindicatos se veían continuadamente acribillados.

Este mismo grupo se ocupó de ejecutar a disparos el 4 de junio de 1923 en Zaragoza al Cardenal Soldevila, que arengaba militarmente para neutralizar la oposición de las clases populares a la Guerra del Rif, y fomentaba las agrupaciones gremiales y sindicatos católicos, criminalizando a los anarquistas junto con el gobierno. Francisco Ascaso y Rafael Torres Escartín fueron detenidos posteriormente por este suceso, el primero de ellos consiguió escapar de la prisión, y el segundo fue capturado meses después y condenado a cadena perpetua provisionalmente. Pero primeramente participaría junto a Buenaventura Durruti y otros compañeros el 1 de septiembre de 1923 en el atraco a la sucursal del Banco de España en la calle Jovellanos de Gijón, que asaltaron a las 9:10h de la mañana, haciéndose con un botín de más de medio millón de pesetas; utilizado para adquirir mayor número de armas, y apoyar a familiares de sindicalistas presos.

El puño de hierro de inspiración fascista de la Dictadura y resistencias frente a ella

El Directorio Militar a partir de septiembre de 1923 dirigido por el dictador Miguel Primo de Rivera impuso una reorganización política española desde el corporativismo organicista; esto quiere decir que veía la sociedad como un órgano vivo y que debía lograrse una paz social afín a los intereses de su principal cabeza: la burguesía industrial y agrícola. Esta paz social sería lograda mediante sangre y fuego. En 1924 nacerá la Unión Patriótica, un partido definido como «apolítico, monárquico, templado y serenamente democrático», una entidad de inspiración en el Partido Nacional Fascista italiano, y que promovía el reforzamiento del nacionalismo español, la lucha contra los separatismos vasco y catalán, y una ofensiva colonial sobre Marruecos para un posterior repliegue militar.

En los primeros años, mientras que al movimiento anarquista se le aplicaría una política represiva implacable y sería ilegalizada la CNT, a los socialistas de la UGT les abriría incluso las puertas de la Organización Nacional Corporativa, institución que regularía las relaciones entre trabajadores y empresarios supervisada por el Estado y en base a principios católicos, e incluso de inspiración fascista, y contrarios a la lucha de clases. La culminación fue cuando la UGT aceptó en 1926 este ofrecimiento a participar de dicho órgano estatal, lo que creó una gran división en esa organización sindical, quedando la CNT y algunos comités obreros clandestinos como la única fuerza social frente a la dictadura.

Ya desde mayo de 1924, se decretó el cierre de Solidaridad Obrera, el periódico de la CNT, y los años del plomo anteriores forzaron a una reorganización desde abajo. Surgieron dos posturas dentro del sindicalismo de CNT; la postura reformista de Joan Peiró o Ángel Pestaña, que abogaban por encontrar fórmulas de intervención que permitieran de nuevo la legalidad sindical; mientras que por otro lado Diego Abad de Santillán defendía una línea de acción directa revolucionaria sobre la masa social.

Los libertarios españoles en el exilio en Francia, constituyeron en febrero de 1924 en París el Comité de Relaciones Anarquistas, que proponía el asalto armado de la dictadura por medio de hombres de acción preparados. Tuvieron su primera intervención organizada en el intento de asalto a Bera de Bidasoa, una localidad navarra cerca de la frontera francesa, y también el asalto no realizado finalmente desde Portbou, en la frontera catalana. Esa acción fracasada fue acompañada del lanzamiento de bombas incendiarias contra el Cuartel de Atarazanas y la Maestranza de Artillería en Barcelona, que igualmente no dio resultados. El mismo 7 de noviembre tras un enfrentamiento armado en Bera de Bidasoa entre varios guerrilleros anarquistas y guardias civiles, tres insurrectos murieron, catorce fueron detenidos, y cerca de una veintena huyeron a Hendaya (Francia) donde fueron detenidos por la Gendarmería francesa. En la frontera catalana ni siquiera llegaron a perpetrar dicha acción, alertados de que la policía española estaba al tanto de sus movimientos. Quienes consiguieron huir, entre ellos Francisco Ascaso o García Oliver, decidieron abandonar Francia, buscando refugio en América Latina.

El camino hacia la creación de la FAI y el ocaso de la Dictadura

Sin embargo, y pese a la represión contra los sindicatos obreros, florecían los ateneos populares, que estaban creando una cultura obrera y solidaria que confrontaba al poder estatal burgués y religioso. Estos ateneos estaban muy influidos por el anarcosindicalismo, y se convirtieron en una universidad popular para sectores empobrecidos y oprimidos de todas las edades, adquiriendo formación cultural pero también conciencia de clase. Servían en muchos barrios y pueblos como espacios de encuentro, donde la gente debatía, se conocían y establecían vínculos ligados a las problemáticas sociales que compartían. En los ateneos se realizaban actividades como conferencias y charlas, teatro, o recitales poéticos; se editaban libros, panfletos o boletines informativos; y se proponían clubes de lectura o excursiones al campo. A través de estos ateneos, por lo tanto, entraron algunas ideas vinculadas al naturismo, vegetarianismo, o la lengua universal del esperanto; se trataba de crear una cultural social común frente a las estrictas normas morales y religiosas de la sociedad burguesa.

Debido a todo ese sustrato de cultura popular que se venía fraguando, y a las discusiones en el seno de la CNT en el exilio en Francia, se había propuesto la creación de ligas militantes en diversas ciudades francesas para mantener la organización y estructura que permitiera derrocar internamente a la dictadura. Se conformará la «Federación de Grupos Anarquistas de Lengua Española en Francia», que promoverá una estructura por cuadros revolucionarios como estímulo de la reorganización de la CNT en España. Este grupo se vinculará en una conferencia de grupos anarquistas de España y Portugal, naciendo a finales de julio de 1927 en la playa de El Saler de València la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Establecen una estrategia de relación con el movimiento obrero y con la CNT orgánicamente, actuando desde un Comité Peninsular a través de diversos grupos de acción revolucionaria, apoyo a presos, relaciones internacionales y prensa. Se configura una organización amplia con horizonte revolucionario que tratará de cohesionar en sus dos primeros años todos estos acuerdos unitarios, y a partir del año 1930 un gran crecimiento con la descomposición de la Dictadura en España.

El gobierno de Miguel Primo de Rivera se verá asfixiado por la propia dinámica del régimen, desautorizado por el monarca, sintiendo una grave crisis económica por el «Crack del 29», y encontrándose en un callejón sin salida, presenta su dimisión al rey. En enero de 1930 se instaura el gobierno del general Dámaso Berenguer, conocido como la «Dictablanda», y la CNT obtendrá la legalización en abril de ese año, si bien con considerables limitaciones, mientras que el 9 de julio de 1930 reaparecía el periódico «Solidaridad Obrera». Durante ese año todas las organizaciones republicanas, socialistas y anarquistas, comienzan procesos de reconstrucción, que según la vía en cada caso proponían el derrocamiento unánime de la monarquía española, sin embargo la CNT-FAI decidió continuar el camino a generar una fuerza social tal que tuviera como objetivo la Revolución y la emancipación real de toda la sociedad oprimida.

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