Vestas busca despedir a 362 trabajadoras en León y trasladarse a China

Vestas, una multinacional danesa que se dedica a la fabricación e instalación de aerogeneradores, emplea a 20.400 personas en todo el mundo, principalmente en Europa. Concretamente en el Estado español cuenta con plantas en Villadangos del Páramo (León), Daimiel (Ciudad Real) y Viveiro (Lugo).

A lo largo del verano hemos leído con preocupación, gracias a la labor de difusión que ha hecho la CNT de León, acerca de la inminente pérdida de trabajo que sufrirán centenares de trabajadores/as que trabajan para esta compañía. Las primeras afectadas serían las peonadas de temporeras (introducidas a través de la ETT Manpower) que trabajan en la fábrica de Villadangos, la que ha sido el orgullo de Vestas y que, en unos meses, cerrará o quedará relegada a una planta residual.

¿Qué ha pasado para que se reduzca drásticamente la plantilla?

En la búsqueda de una reducción de costes continua, la empresa apuesta por la deslocalización a Argentina, India o China. Un traslado a la llamada “periferia mundial” para aprovecharse de las precarias condiciones de trabajo y de la mano de obra barata, creando condiciones de cuasi-esclavitud.

Un comunicado de la CNT de León titulado “Vestas, crónica de una muerte anunciada”, critica que “el pan de cada día de un mundo globalizado que no entiende de cifras de parados y no empatiza con destrucciones de tejidos industriales en regiones con un alto índice de paro juvenil, despoblación y escasas salidas laborales. Durante el proceso de deslocalización de la planta, piedra por piedra, se destruye hasta el deseo de los propios trabajadores de permanecer en su puesto de trabajo; y muchos intentan ponerlo en venta”.

Esta problemática se abordó por primera vez entre la asamblea de trabajadores de la planta y la empresa en mayo del presente año. A pesar de las distintas movilizaciones y huelgas que tuvieron lugar en junio y julio, la compañía decidió a finales de agosto el cierre total de su fábrica de Villadangos del Páramo mediante un ERE extintivo que afectará a 362 trabajadoras. En paralelo, anunció en septiembre el despido de 400 personas en Europa con el objetivo de ahorrar 30 millones de euros al año a partir de 2019, si bien sin aclarar la distribución por países. Los motivos aducidos por la empresa son la caída de los pedidos de aerogeneradores en los países del norte de Europa.

¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

La pérdida de trabajo es trágica, y lo normal es que las trabajadoras y sus familias luchen con uñas y dientes por recuperar su medio de vida. Pero la lucha no puede quedar ahí, debe centrarse también en garantizar condiciones de trabajo dignas.

La muerte en Occidente del trabajo asalariado indefinido en general, e industrial en particular, está despertando un sentimiento de nostalgia de épocas pretéritas en la que las fábricas se encontraban repletas de trabajadores (hombres, todos ellos) que llevaban con orgullo el pan a casa y el curro estaba garantizado en sus comunidades. Se recuerda como una época de abundancia y paz social, pero no podemos olvidar los abusos patronales, las interminables jornadas, los despidos y los chantajes.

En un comunicado titulado “Vestas: manjar de buitres”, la CNT de León recuerda que el conflicto en Vestas comienza, en un primer momento, cuando “la ETT Manpower comienza a operar dentro de la empresa y poco a poco acaba consolidada como gestora de los recursos humanos dentro de la factoría. A partir de entonces existen dos categorías sociales dentro de fábrica y se marcan diferencias en salarios, derechos y en la continuidad de los proyectos personales. […] Son años en los que se suceden y encadenan contratos eventuales, en los que se “asalta” al trabajador temporal y las malas condiciones laborales en inferioridad son la norma de la casa para los trabajadores de este tipo. […] En determinadas líneas de producción las jornadas de 9 horas son la tónica general durante muchos de los meses que componen el año. Largas temporadas de trabajo, malos horarios, excesiva rotación, malos hábitos en la alimentación y el descanso, además de una conciliación laboral, con la vida familiar, pésima.

El segundo momento es cuando Vestas decide establecer dentro de la propia empresa un régimen disciplinario con el que se imponen un elevado número de sanciones y despidos (del 2012 al 2017 se pueden contabilizar más de 60 despidos que la mayoría acabaron siendo improcedentes). Dentro de este plan agresivo contra las personas que trabajábamos allí, también, se intentó acabar con el “problema” de las incapacidades temporales y los derivados de accidentes en el trabajo… Donde la gran mayoría de accidentados acaban en recolocaciones “adaptando” sus puestos de trabajo para poder acceder a ellos incluso con una escayola en cualquiera de los miembros superiores o inferiores. Los accidentes laborales al final se transformaban en simples incidentes, gracias a la capacitación de la Mutua Gallega que nos asiste y la “iniciativa” de algún médico y también la mayoría de los supervisores que animaban a la utilización de la tarjeta médica privada (que los trabajadores indefinidos tenemos como parte del acuerdo interno de empresa) para “agilizar y mejorar el proceso””.

¿Y ahora, qué hacemos?

Sindicatos como la CNT y la CGT reivindican la huelga como forma de solucionar el conflicto. Izquierda Unida, por su parte, ha propuesto un boicot a Vestas en todos los parques eólicos como la estrategia para trasladar el conflicto a Dinamarca.

Nos despedimos con las palabras de la CNT: “Hoy no vale lamentarse de errores, ya que siempre formamos parte de un proyecto con fecha de caducidad. Siempre, en busca del mayor beneficio, la mano de obra acaba siendo también mercancía en compra-venta. Cuando la lógica es el mayor margen de ganancia y soñar con el crecimiento económico perpetuo, el resultado siempre será un camino lleno de víctimas. El capital no entiende de amigos, solo se apoya en mercados financieros y, a la hora de ofrecer productos rentables en subasta, no le tiembla el pulso (subasta y pone precio a lo que haga falta). No le importa que lo que se saque a subasta sean puestos de trabajo, condiciones y derechos laborales o, simplemente, el futuro y la vida de aquellos que fueron el motor y músculo de la fábrica cuando funcionaba. Solo reivindicamos un trabajo digno para todos, garantías de futuro y estabilidad…. Nada más”.

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