Vacunación infantil contra el coronavirus desde una posición política. ¿Individuo o colectividad?

Por Ariel E. Campos, sanitario mexicano especializado en enfermedades transmisibles y salud pública, quien radica en la ciudad mexicana de Guadalajara (Jalisco)

Hace poco un amigo madrileño me compartió un artículo cuyo tema central era la posición anti-vacunas que tenían madres vascas genuinamente preocupadas por la reciente política pública del Estado Español de abrir la vacunación contra el SARS-CoV-2 a niñ@s de 5-18 años. Los puntos centrales destacaban que “no se puede vacunar a l@s niñ@s en beneficio de la colectividad” en virtud del muy bajo riesgo de desarrollar COVID19 severo y los “enormes riesgos” de desarrollar algún efecto adverso; argumentos adicionales giraban en torno a intereses billonarios, corpo-soberanía, control del Estado sobre los cuerpos, interés superior del menor y el derecho a dudar. Finalmente las autoras denunciaban las feroces críticas que enfrentan las personas que se pronuncian contra la vacunación. Todo iba bien hasta que mi amigo aseveró que se trataba de un artículo desde una posición de izquierdas.

Identifico dos principios al respecto de la vacunación: por un lado está el que antepone el bienestar individual, y en el otro aquel que antepone el bien de la colectividad; es a partir de esos dos principios en donde es posible construir una posición, idealmente respaldada con hechos irrefutables o al menos datos aproximados sobre los riesgos-beneficios tanto individuales como colectivos de la vacunación, y que son obtenidos a partir de estudios científicos con una metodología mínima indispensable como para confiar que la información contenida esté reflejando la realidad, que a su vez es observada desde una determinada postura epistémica. Siendo así, no es difícil identificar cual principio es por naturaleza de derechas (quien construye su discurso desde el beneficio individual y después el colectivo) o de izquierdas (quien lo construye desde el beneficio colectivo y después el individual). De acuerdo a la confiabilidad y robustez de la información sobre los riesgos y beneficios, es posible decantarse hacia un posicionamiento final sobre la vacunación.

Sin embargo en la gran mayoría de las veces que me ha tocado leer algún texto similar o incluso participar en alguna discusión entre amistades, parece que los discursos no se construyen a partir de alguna de estos dos principios, sino de un posicionamiento previamente establecido y predominantemente anti-vacuna. Es a partir de este posicionamiento donde las personas intentan “fortalecerlo” con  justificaciones a modo, con revisiones científicas a modo que seleccionan aquellos estudios “científicos” (muchos no lo son) que concluyan aquello que se apegue mejor a su posicionamiento anti-vacuna. Toda aquella información que no encaje en su posición, simplemente es desechada. No sobra decir que la mayoría de las veces, esos estudios científicos a los que apelan ni siquiera concluyen lo que se cree que concluyen, ya que las personas poco familiarizadas (pero también las familiarizadas!!!) interpretan erróneamente los resultados.  Es decir, el tomar por anticipado una posición anti-vacuna o incluso pro-vacuna cometiendo los sesgos arriba señalados, independientemente que las personas se definan como de derechas o de izquierdas, nos condena a cometer errores en nuestros juicios sobre la vacunación que tienen potenciales consecuencias negativas tanto individuales pero sobre todo colectivas, particularmente las posiciones anti-vacuna en países donde la vacunación contra el SARS CoV-2 es una carrera contra el tiempo y depende de la voluntad de los individuos.

Vale la pena decir que el beneficio de la vacunación contra cualquier enfermedad prevenible por vacunación, incluyendo contra SARS CoV-2 es en principio colectivo, ya que a diferencia de un tratamiento curativo -donde las personas sienten en carne propia un alivio a su problema- la prevención de una enfermedad con vacunas simplemente no se siente…. No se siente no enfermar, no se siente no estar grave, no se siente no morir, no se siente tampoco que no se te mueran los padres, ni los abuelos, ni otros seres queridos.  Tampoco se siente que los hospitales no estén saturados, ni que personas a quienes ni siquiera conoces puedan acceder a un hospital y no morirse de cosas tan fáciles de tratar que de otra manera hubieran muerto en casa ante una saturación hospitalaria que caracteriza a una epidemia de COVID19. Todo aquello lo sienten aún menos las personas que sin vacunarse, tampoco sufren de ninguna de esas pérdidas debido a que otras sí se vacunan y les otorgan una protección de rebaño. En cambio, epidemiológicamente sí se observan caídas en las estadísticas de enfermedades graves y muertes directas e indirectas; es decir, se observa un beneficio colectivo.

Quizás porque en apariencia no experimentamos directamente los beneficios de una vacuna, podemos entonces concentrarnos en los riesgos individuales que puede causar una inmunización, y se nos paran los pelos de punta cuando se trata de vacunar a l@s niñ@s .

Si bien l@s niñ@s  tienen un riesgo muy bajo de desarrollar una enfermedad grave que los lleve a morir y por lo tanto el beneficio individual de vacunarlos se anticipa muy pobre, lo cierto es que l@s niñ@s se infectan de SARS-CoV-2 y transmiten el virus a la mitad de sus contactos en casa; si estos últimos no están vacunados, terminan frecuentemente hospitalizados y no son pocas las veces que l@s niñ@s se quedan sin padres, madres, abuelos, hermanos y demás seres queridos. El interés superior del menor también incluye a los derechos de l@s niñ@s a disfrutar de una familia íntegra. En ese sentido, las personas vacunadas – si acaso adquieren la infección- tienden de manera global a transmitir con menor duración e intensidad el bicho contra el que fueron vacunadas.

Por otro lado los efectos adversos a las vacunas siempre han ocurrido y seguirán ocurriendo mientras retemos a nuestros mecanismos de defensa inmunológica con sustancias ajenas a nuestro cuerpo, cosa que por cierto sucede casi a diario de manera natural, sin embargo los efectos de una vacunación son más o menos calculados y anticipados. Afortunadamente ya no se transporta forzadamente a mendigos enfermos de viruela del otro lado del mundo, para inocularle sus costras a gente sana y esperar que estos desgraciados vacunados a lo medieval, no tuvieran la mala suerte de morirse de lo que se les quiso proteger. Ahora, el asunto es mucho menos salvaje y nos preocupamos por la ocurrencia de efectos adversos que ni sabíamos que existían, y si ahora lo sabemos, es porque se buscan intencionadamente para objetivar la seguridad con los datos más cercanos a la realidad. No está demás decir que si ocurren efectos adversos, la absoluta mayoría de las veces son leves y terminan curándose solos.

Por lo tanto,  ¿Vacunar o no a l@s niñ@s ?

Depende. Anteponiendo el beneficio colectivo,  dependerá del grado de inmunización en adultos, disposición de vacunas, evolución de las epidemias y brotes regionales y locales y sus implicaciones en enfermedades graves, muertes y saturación de servicios y sus efectos sobre la aplicación de estrategias de distanciamiento social como el cierre de escuelas y nuevos confinamientos. Esto sí jode a l@s niñ@s: quedarse sin familia, no ir a la escuela y permanecer encerrados por periodos prolongados. Desde el punto de vista de la solidaridad internacional y ante una carrera por inmunizar a personas susceptibles en un contexto de escasez, comercialización preferente y acumulación de vacunas por países ricos, también debe importar el grado de acceso a la vacunación en los países del sur del mundo. Sin embargo, es innegable que en la balanza también entran los datos de seguridad individual y hasta ahora los riesgos son aceptables. Puede tocar un efecto adverso grave? Sí. El riesgo es el mismo que sacarte el premio gordo en la lotería. Pero parafraseando una escena de la película chicana Sangre por sangre “la vida es un riesgo, carnal”. Ese riesgo lo hemos corrido una y otra vez cuando nuestra madre nos llevaba a vacunar y gracias a esos riesgos nos hemos olvidado de epidemias y enfermedades que duramente golpeaban a nuestr@s abuel@s.

Es innegable que ahora existe un nuevo combustible de la economía capitalista que es el COVID19, incluyendo la comercialización de las vacunas por las grandes farmacéuticas y sus intereses billonarios. Sin embargo no nos perdamos que el problema es el capitalismo y no lo es el beneficio colectivo que implica la vacunación, que como principio preventivo ha sido uno de los pilares en salud -además del tratamiento de las infecciones severas con antibióticos, de beber agua potable y de haber abandonado la costumbre de arrojar las heces por la ventana-  que ha hecho la diferencia en la supervivencia de las personas en el mundo. Claro que también haya que cuidar que se apliquen y mejoren los principios éticos que desde el siglo pasado se han incorporado a la investigación biomédica, las buenas prácticas clínicas, el trabajo de los comités de bioética y los mecanismos reguladores de aprobación de vacunas conformados por expertos libres de conflictos de intereses, con el objetivo de utilizar vacunas que cumplan con los mínimos requisitos de seguridad, eficacia y otros valores, incluyendo el económico. Es clave aquí que las personas tengamos un papel crítico para evitar que dentro de estas posiciones estratégicas que los Estados monopolizan, se cuelen personas con intereses muy particulares. Con Estado o sin él, las enfermedades prevenibles por vacunación seguirán existiendo y más vale que también los mecanismos de regulación del uso de vacunas orientados al bien común.

Con la actual evolución amenazante de la pandemia del SARS-CoV-2 y los beneficios de la inmunización, negarse a vacunar a nuestr@s niñ@s a cualquier costo, significa anteponer el supuesto bien individual obtenido al no hacerlo, la soberanía corporal, una posición contra el Estado y contra las ganancias billonarias de las empresas farmacéuticas y tras de esto, preocuparse por el bien colectivo ante una pandemia que se ensaña en los sectores socialmente más desprotegidos. Siempre resulta saludable dudar sobre la seguridad y beneficios de las vacunas, pero la mejor manera de hacerlo, es teniendo los principios claros, con una visión extendida, con la mejor información disponible que se interprete correctamente y abone a un conocimiento previo, para entonces dudar sabiamente y evitar así que nuestras posiciones queden al nivel de una derecha individualista, negacionista, ignorante e intransigente.

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Un comentario en «Vacunación infantil contra el coronavirus desde una posición política. ¿Individuo o colectividad?»

  • el 22/02/2022 a las 17:16
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    Covid y vacunación infantil
    (un comentario crítico al texto de Ariel E. Campos)

    Confieso que al empezar a leer este artículo, del especialista Ariel E. Campos, estaba motivado por un interés notable : ¡por fin un artículo sobre la vacunación desde una « posición política » ! Cansado de leer tantos informes insulsos y comunicados mediáticos repetitivos, era normal que, al menos en un principio, me dejase llevar por un justificable entusiasmo. Sin embargo, a medida que iba leyendo, un sentimiento de decepción iba invadiendo mi espíritu. En efecto, el título del artículo nos podría hacer pensar que el autor va a abordar la cuestión desde una « posición política », pero desgraciadamente, y viendo el progresivo despliegue de sus argumentos, no nos queda más remedio que concluir que la « posición política » expuesta en este artículo se reduce a un conjunto de generalidades bienpensantes como las que escuchamos todos los días en los medios de comunicación oficiales. En un análisis extremo podríamos afirmar que el texto no alude a ningún hecho de nuestra actualidad : ¿de que pandemia se habla ? ¿de qué vacuna ? ¿de qué niños ? ¿de qué momento histórico de la humanidad ? Leyendo este artículo se tiene la sensación de que su autor no se refiere a nada en concreto y que, de ese modo, evita los mayores escollos que podrían hacer peligrar su argumentación.

    Por lo pronto su curiosa diferenciación entre beneficio colectivo y beneficio individual, aplicada a la vacunación infantil, nos resulta inaceptable. Pasaremos por alto el rédito político que pretende extraer de esta diferenciación cuando además la hace corresponder con una actitud de izquierda o de derecha según su conveniencia. Aceptar que las personas que cuestionan la vacunación están únicamente movidas por su beneficio individual implicaría que cualquier discusión al respecto está comprometida de antemano. O dicho de otra manera : la persona que cuestiona la vacunación tendría que aceptar, de entrada, que su posición es individualista, es decir egoísta, es decir insolidaria (¿de derechas?). Pero, para desgracia del señor Campos, esto es empezar la casa por el tejado, y aunque en efecto su procedimiento le pueda resultar tremendamente cómodo, tenemos que recordarle que lo que él considera como un punto de partida irrefutable es por el contrario algo que tiene que, con trabajo y esfuerzo, llegar a demostrar en su artículo. Por supuesto, su artículo no demuestra nada. ¿Por qué ?

    En primer lugar, la breve historia de esta pandemia, tanto de su controvertido origen como de su mendaz cobertura mediática, no ocupa ningún lugar en su texto. Una vez más, hay que recordar que para justificar una medida sanitaria, la que sea, y la vacunación lo es, es necesario que exista una justa proporcionalidad entre el mal que se quiere remediar o prevenir y la medida adoptada. Pero todavía en febrero de 2022 seguimos sin tener una información honesta y transparente sobre la incidencia real de esta pandemia que padecemos desde hace dos años. La documentación, que pone en tela de juicio el alcance de la epidemia y sus efectos reales sobre la población, es demasiado abundante como para ignorarla. Después de dos años, teniendo ahora un margen de tiempo suficiente para juzgar, podemos al menos poner en duda la mayor parte de informaciones difundidas por los medios oficiales. ¿Qué valor puede tener una argumentación que hoy día quiera referirse a la pandemia haciendo caso omiso de la descarada manipulación mediática e institucional relativa a la verdadera extensión y gravedad de dicha pandemia ? Las personas que amamos la libertad de conciencia, y que nos batimos por ella, ¿vamos a aceptar sin más lo que nos dice el Estado ? Porque antes de juzgar sobre la maldad o bondad de la vacunación, sería pertinente saber si la vacunación es realmente necesaria.

    En segundo lugar, y si queremos referirnos justamente a los posibles beneficios o perjuicios de la vacunación… ¿será necesario recordar una vez más que la vacunación anti-covid que se lleva hoy a cabo sobre las poblaciones constituye una terapia que está aún en fase experimental ? El señor Campos habla de beneficios colectivos e individuales pero, ¿sobre qué datos e informaciones fiables puede apoyarse la sociedad para juzgar dichos beneficios ? Y en cuanto a los perjuicios… La prensa actual difunde, por ejemplo, informaciones sobre los posibles daños causados a los niños por la vacunación anti-covid. Esta prensa llega a admitir que la vacunación puede incidir sobre la tasa de afecciones cardiacas pero subraya que el riesgo es 37 veces superior cuando hablamos de la misma afección causada por el coronavirus. Ahora bien, nadie, a la vista del escaso margen de tiempo desde que comenzó la vacunación de los niños, puede tomar en serio estas cifras. ¿De dónde salen ? ¿De quién hablan ? Silencio. La opacidad informativa debe seguir aturdiendo las mentes. Y esto es solo un ejemplo. En otro orden de cosas, diversos biólogos y especialistas han hablado del riesgo que implicaba proceder a una vacunación en plena difusión de la pandemia, argumentando que esto podría dar lugar a la formación de cepas variantes más virulentas. ¿No es esto lo que podría estar produciéndose en algunos casos ? Tal vez sí, tal vez no. Pero, en ese caso, y ante la duda razonable, ¿por qué no escuchar todas las voces ? ¿Por qué condenar al ostracismo, o algo peor, a los científicos que disienten del discurso oficial ? La historia de la vacunación en occidente está llena de sombras. ¿Tendremos que recordar los diversos escándalos ligados a la introducción de productos dudosos responsables de graves desastres sobre la salud colectiva ? Por poner el ejemplo de la famosa vacuna ROR, que fue concebida para combatir enfermedades típicas de la infancia (sarampión, paperas, rubeola). Dejando al margen toda la intrincada controversia sobre sus contraefectos debidos a la presencia de mercurio y su posible relación con el autismo regresivo, etc. lo que era interesante era señalar, como algunos observadores críticos lo hicieron en su momento, si realmente había una necesidad de vacunar a los ninos contra esas enfermedades. Incluso si aceptamos a pies juntillas la versión oficial que despeja los problemas ligados a la presencia del mercurio vacunal para los niños, ¿qué argumentos éticos y científicos encontraremos para convencer a padres y madres reticentes de que la vacunación infantil contra el sarampión y las paperas es un imperativo vital y estratégico para la salud de la población ? ¿No tendríamos que mostrar un respeto escrupuloso ante las opciones personales y familiares en lo que respecta a la salud ? Recordemos que en un país como Francia la vacunación anti-covid para los más pequeños se ha quedado estancada, y esto a causa de que muchos doctores han señalado a las familias que dicha vacunación no era imprescindible y que no había razón para correr riesgos… ¿No es esto una prueba de sentido común en una época que parece tan carente de él ?

    Y en lo que respecta a los argumentos que conciernen los intereses económicos, ¿no es una evidencia que la vacuna, aparte de una herramienta médica, es también una mercancía como cualquier otra y que en ese sentido debe ser juzgada sin concesiones ? El piadoso argumento que pretende disfrazarse de causa justiciera y que aboga por la generosa y gratuita implantación de la vacuna en los países pobres, ¿no es otra forma complaciente de apoyar el neocolonialismo capitalista que exporta a todos los lugares del planeta su forma miserable de gestión sanitaria de las poblaciones ? Desde una perspectiva libertaria y solidaria, ¿no sería más justo denunciar la agresión y la explotación que sufren estos lugares del mundo en lugar de imponerles una medicina supuestamente científica que oculta sus intereses inconfesables detrás de un máscara de filantropía ? Tal vez la vacuna sea finalmente ese milagro que nos promete la ciencia, tal vez, pero mucho más milagroso, y prioritario, sería hacer posible que estos pueblos y sociedades puedan organizarse en libertad y que puedan abordar sus problemas de salud, alimentación e higiene en ausencia de toda coacción y propaganda más o menos científica. En una sociedad industrial y capitalista, donde la mayor parte de los programas de investigación están sometidos a los intereses del crecimiento económico, la ciencia no es neutra y, en ese sentido, la medicina tampoco puede serlo. Por mucho que le pese al señor Campos, la vacunación, igual que otros supuestos bienes del progreso, no puede ser considerada a priori como un utensilio inocente…

    Tercero, y hablando por fin de « política », ignorar que para imponer una vacunación a marchas forzadas, los Estados han tenido que establecer medidas de un autoritarismo inédito, dañando gravemente libertades fundamentales y, en algunas casos, poniendo en peligro la misma supervivencia material de muchas personas, tendría que hacernos sospechar de una ignorancia que tal vez solo sea la coartada del cinismo y de una ciencia cuyo verdadero sostén lo constituye el poder represivo del Estado.

    Teniendo en consideración todos estos argumentos, el autor del texto que criticamos tendrá que comprender que su petición de principio relativo al interés colectivo e individual en cuanto a las vacunas, y que él alegremente distribuye según su conveniencia, no es para nosotros más que una falacia. Interesarse por la salud de cada individuo lleva forzosamente a preocuparse por la salud y la seguridad de todas las personas, de hecho, es el único camino legítimo. Justamente, es la ciencia médica actual, que nos trata como a meras masas, la que se ha plegado a la dominación estatal y mercantil que padecemos, convirtiéndose de hecho en uno de sus pilares. ¿Izquierda ? ¿Derecha ? Preferimos, como hacía George Orwell, hablar de « partidarios de la libertad » y « partidarios de la autoridad », comprendiendo que los paladines de la vacunación a matacaballo que sufrimos pertenecen sin duda a la segunda categoría.

    José Ardillo

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