Viaje turístico

Una ruta por el camino de ‘La Retirada’ en Francia

En el invierno de 1939 quinientas mil personas cruzaron a pie los Pirineos huyendo de la violencia del golpe militar franquista tras la caída de la ciudad de Barcelona el 26 de enero. El camino que dibujaron las huellas de estas/os caminantes en busca de asilo fue bautizado como ‘La Retirada’. Aún hoy su memoria pervive en algunas ciudades del sur de Francia que albergan símbolos conmemorativos y salas de exposición en recuerdo de las/los exiliadas/os.

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Cerbère es uno de los municipios fronterizos que junto a Le Perthus, Coustouges y Prats-de Mollo-la-Preste hizo las veces de pasadizo al estado galo. Elegimos Cerbère como punto de partida de este viaje porque se sitúa a tan sólo a 23 km de Colliure, municipio costero que alberga los restos del poeta exiliado Antonio Machado. Colliure abruma tanto por su belleza como por el horror que esconde su historia: la prisión del Castillo Real de Colliure. La fortificación fue transformada en el primer campamento disciplinario para las/los refugiadas/os de la Guerra Civil y, posteriormente, ocupado por presos/as políticos/as del gobierno pro-nazi de Vichy, incluyendo “indeseables españoles”.

A siete kilómetros siguiendo la costa mediterránea hacia el norte se encuentra Argelès-sur-Mer. En la Playa del Norte, que ahora soporta el turismo más grosero, se alzaba el Campo de Internamiento de españolas/es. El fotógrafo Robert Capa lo describió como “… un infierno sobre la arena”. Más de cien mil exiliadas/os españolas/es, segregadas/os por género, rodeadas/os por alambre de espino y soldados franceses, conocieron allí la sed, el frío y la miseria hasta junio de 1940, momento en que el campamento fue desalojado y reutilizado como Campo de Concentración de prisioneros de guerra tras la ocupación nazi. En la Avenida de la Retirada, junto a la playa, puede verse una placa conmemorativa a las mujeres y hombres que fueron recluidas/os en estas prisiones improvisadas.

En la Casa de la Albera, situada en el centro del casco antiguo, se exhibe una secuencia permanente dedicada a La Retirada. Un poco más alejado del centro, cerca del Château de Valmy, puede visitarse el Centre d’Interprétation et de Documentation sur l’Exil et la Retirada (CIDER) que acoge una exposición interactiva y multimedia que narra no sólo la vida diaria en el Campo de Argelès-sur-Mer sino el contexto socio-político en el Estado español de finales de los años 30 y el desarrollo cronológico de la Guerra Civil.

A orillas del río Tec se sitúa el pueblo de Elna donde se encuentra el Château d’En Bardou, también conocido como la Maternidad de Elna. En el Castillo, la enfermera suiza Elizabeth Eidenbenz y su equipo facilitaron el nacimiento de más de quinientos bebés de madres recluidas en los Campos de Argelès-sur-Mer, Le Barcarès, Saint-Cyprien y Rivesaltes. El castillo de la Maternidad alberga hoy multitud de exposiciones, visitas guiadas, lecturas, proyecciones y encuentros con testigos de la barbarie. Tanto en Le Barcarès como en Rivesaltes pueden visitarse estelas conmemorativas dedicadas a las/los exiliadas/os.

Otras tres localidades de la comarca de Vallespir fueron escenario de La Retirada. Amélie-Les-Bains, Arles-sur-Tech y Prats-de-Molló concentraron en sus barracones a unas 40.000 personas cada uno. En Arles-sur-Tech puede visitarse una estela en memoria de las personas refugiadas en la carretera RD 115 (cruce de Corvasy); una placa en la estación de trenes que recuerda los convoyes dirigidos a los campos de exterminio; una estela en el Cementerio de Bonabosc; y una exposición dedicada a La Retirada en el vestíbulo del Ayuntamiento. En Prats-de-Molló, el Pays d’Art et d’Histoire Transfrontalier Les Vallées Catalanes du Tech et du Ter propone excursiones guiadas por el “Camino de la Retirada en Molló”.

Este mapa de la memoria nos dibuja la silueta del pasado migrante de la sociedad española. Es el testimonio de las/os exiliadas/os de la Guerra Civil que se conserva y perpetua en la roca del sur de Francia y que proyecta su eco hacia otros puntos de la vieja Europa. Las/os refugiadas/os que al principio huían del horror franquista fueron, además, pieza clave en la lucha por la liberación de París frente a la ocupación Nazi.

Europa ahora finge no escuchar el grito de auxilio de otro pueblo devastado; el sirio. Tolera el hedor de los cadáveres hacinados en camiones de porte. No se moja en el rescate de las/os niñas/os que surcan el Mediterráneo huyendo de la guerra y del genocidio perpetrado por ISIS. Europa no escucha, no mira, no habla. Golpea, dispara, lesiona y asesina a quienes intentan adentrarse en su interior. Europa ignora su pasado y su fundamento. Macedonia, Serbia y Melilla son sus puertas, y están cerradas y custodiadas. Europa se revela hipócrita, perezosa y cobarde. Traiciona su propia esencia y olvida la primera frase que soltó por la boca: «La paz mundial no puede salvaguardarse sin unos esfuerzos creadores equiparables a los peligros que la amenazan» (Robert Shumann, 9 de mayo de 1950, Discurso fundacional de la CECA). No hacer este esfuerzo es ser cómplice de la muerte.

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