Otro estallido más, esta vez el parque Gezi de Estambul

Las imágenes se suceden, pasamos rápidamente de gases lacrimógenos, pelotas de goma, piedras y barricadas, a varios señores sentados en la calle, comiendo juntos y charlando de la situación de su gente en estos tiempos de mierda. Esto son sólo dos pequeñas muestras de todo lo que hemos podido ver o leer sobre lo que está ocurriendo en Turquía durante este último mes. Dos muestras de las dos caras de estas semanas de resistencia que comenzaron en el parque Gezi de Estambul, de lo que sucede cuando creamos y de lo que sucede cuando tratan de acabar con lo que creamos, al fin y al cabo dos caras inseparables del intento de cambiar las cosas.

Antes de meternos en faena, queremos dejar claras nuestras intenciones con este texto. De ningún modo queremos convertir esto en un minuto a minuto de las protestas turcas, no le vemos ningún sentido. Primeramente, porque desde que terminemos de escribir este artículo hasta que salga de imprenta (y más aún hasta que tú lo estés leyendo) pueden pasar mil cosas, la situación puede cambiar de rumbo varias veces. Por otro lado, no nos apetece caer en la espectacularidad de los medios de información, en esa morbosidad característica de esta época de sobreinformación inmediata. Más aún, nosotros no necesitamos saber qué sucede exactamente en cada momento, pues no tenemos la capacidad de salir a sus calles a ayudarles. Es por todo esto, que nuestra intención es más bien valorar o analizar una serie de cuestiones que nos parecen interesantes de este estallido social, algunas de las cuales pueden servirnos de cara a nuestro día a día de luchas aquí en Madrid.

Por otro lado, también dejamos claro desde el principio nuestra parcialidad a la hora de escribir estas líneas. Ello no quiere decir que vayamos a mentir u ocultar información, sino simplemente aclarar que nosotros/as nos posicionamos con quienes han salido a las calles, han tomado el parque, han realizado barricadas, han discutido y llevado a la práctica formas no capitalistas de relacionarse, se han enfrentado a la policía, han generado estructuras propias de comunicación y aprendizaje… Y de ahí partirá nuestro análisis.

Más allá de los árboles

Lo primero de todo es ponernos en situación. Todos/as tenemos más o menos claro el inicio de la situación, que sobreviene ante la intención de la administración de echar abajo uno de los pocos parques que pueblan la gran urbe de Estambul, el parque Gezi (un parque más bien pequeño situado en la Plaza Taksim), para transformarlo con la reconstrucción de un antiguo cuartel militar otomano y crear un gran centro comercial. Como respuesta a esta iniciativa gubernamental, comienzan una serie de protestas en defensa del parque con un importante, aunque no exclusivo, cariz ecologista. De ahí se pasa a una acampada desde el 29 de mayo con intención de evitar la entrada de excavadoras, acampada que es desalojada por las bravas por la policía dos días después. Hasta este momento estábamos hablando de una protesta para nada extraordinaria, sin embargo, la fuerte represión sirvió de eco, y a partir de ahí, fue creciendo la bola de nieve y la situación dio un giro importante. Cientos de miles de personas salieron a la calle, se recuperaron la plaza y la acampada, se produjeron enfrentamientos continuos con la policía en un tira y afloja de desalojos y recuperaciones de Taksim, se convocó una huelga general como protesta y el conflicto se extendió a otros barrios de Estambul y otras localidades del país pues el motivo ya no era solo mantener el parque. Hasta aquí todos/as estamos más o menos enterados/as.

Ahora estaría bien analizar el porqué de todo esto. Si únicamente leemos la prensa internacional, el resumen de la “crisis Gezi” turca es bastante sencillo: una vez colmado el vaso, la gente sale a las calles. Lo primero es definir al sujeto manifestante, aquí nos hablarán del/la joven de clase media urbana. Luego está el porqué; la respuesta rápida es la islamización de la sociedad de la mano del Partido de la Justicia y el Desarrollo, y el creciente autoritarismo del primer ministro Erdogan. Por último llegamos al cómo, y aquí se nos habla siempre de los/as manifestantes buenos/as, los/as pacíficos/as y mayoritarios/as que se ven atacados por los desmanes de la policía. Visto así, podemos hablar de una versión ecléctica de las “primaveras árabes” (ecléctica en tanto que, en este caso, no nos encontramos ante una dictadura, sino ante una democracia cuasi-europea, algo que siempre complica las cosas).

Pero al indagar algo más sobre el tema, acabas encontrando que no todo es tan claro, y sobre todo, que no todo responde siempre a los parámetros que refuerzan nuestra forma de vida occidental. Que la crítica al autoritarismo y la imposición de la islamización de la sociedad están ahí, no se puede negar, pero los factores son muchos y más importantes. Podríamos partir de la cuestión urbanística, ya que este fue el principio del estallido. Estambul, como toda gran urbe a desarrollar, está sufriendo una constante transformación de su anatomía física. Como suele suceder, este desarrollo de la urbe nos trae nuevas megainfraestructuras (como el tercer puente sobre el Mar Negro, el proyecto Galataport o la remodelación de la estación de tren de Kadikoy) que arrasan con todo lo necesario. Por otro lado, los centros de las ciudades deben pasar a ser meros escaparates turísticos y comerciales, nuevos sitios chics donde no tienen cabida la clase baja. Como mero ejemplo de estos procesos especulativos y de gentrificación, cabe destacar el actual desmantelamiento del antiguo y céntrico barrio obrero de Tarlabasi. Y es en esta carrera urbanizadora y especulativa en la que se inserta la destrucción de uno de los pocos parques que hacen frente a la polución y a la falta de espacios de socialización no comerciales de una gran ciudad como Estambul.

Tampoco se ha comentado mucho la situación política, social y económica del país. Desde su llegada al gobierno en 2003, el ejecutivo de Erdogan ha practicado una política económica y social claramente liberalizadora, en conjunción con las peticiones del Fondo Monetario Internacional. De este modo, durante estos años cabe destacar las numerosas privatizaciones de empresas y servicios públicos, como pudieran ser las telecomunicaciones, el agua, la red eléctrica o diversas fundiciones. Asimismo, nuevas reformas laborales disminuyen el salario mínimo o posibilitan a los/as empresarios/as trampear los seguros sociales de los/as trabajadores/as. En este sentido, son reseñables las cercanas huelgas estudiantiles y de trabajadores del metal o las numerosas y violentas manifestaciones del Primero de Mayo de estos últimos años. Por otro lado está la política exterior del gobierno, actualmente enfrascado como pocos en el conflicto de su vecina Siria en apoyo a ciertos grupos rebeldes, y nadie puede negar que esta es una buena cortina de humo para tapar los problemas internos. Poco se ha hablado también del papel de las fuerzas de seguridad en la vida cotidiana de los/as turcos/as, a pesar de que fue su drástica irrupción en el conflicto lo que dio alas a la protesta. Es de destacar el acoso al que se ven sometidos cotidianamente no sólo ciertos sectores políticos, sino también muchos/as jóvenes de clase baja, vendedores/as ambulantes o prostitutas por parte de la policía turca.

“¿Quién ha usado la violencia? Todos esos terroristas, anarquistas, vándalos” – Recep Tayyip Erdogan (Primer Ministro turco)

Al final, podemos ver que no todo era tan sencillo, que las razones para la revuelta eran (y siguen siendo) numerosas, complejas, incluso contradictorias. Pero todas estas causas, muchas de ellas inherentes al capitalismo, son las que se dan cita en este mes de conflicto. Y está claro que cada uno/a de quienes han participado en estos días de revuelta tendrá sus razones, sus anhelos; pues por allí han pasado de todo, desde jóvenes a ancianos/as, desde las clases más bajas hasta trabajadores/as más acomodados; musulmanes/as, ecologistas, marxistas, anarquistas, sindicalistas, kemalistas (nacionalistas liberales laicos), hooligans de los diversos equipos de fútbol, activistas por la liberación kurda (que por cierto, fueron de los que participaban desde un comienzo en las primeras protestas contra la destrucción del parque Gezi) y, ante todo, gente sin filiación política definida. Y como no, también hicieron su aparición los grandes partidos políticos de la oposición.

Y ahí es cuando empezamos a ver el juego de la política, el cómo muchos/as tratan de llevar la situación a su terreno. Al final sucede como en todas las “primaveras árabes” con las que se han trazado similitudes, el empuje de cambio y ruptura con la mierda del presente acaba siendo frenado por el siguiente ocupante del poder. Aún queda mucho por conseguir. Es ejemplificante como, de repente, Erdogan se reúne el 12 de junio con un grupo de autodenominados/as representantes de los acampados en Taksim, gente a la que no se ha visto bajo los gases, quienes acuerdan con el gobierno un referéndum sobre las obras en el parque. Este referéndum es rechazado por gran parte de quienes participan en la protesta, pues lo que se pedía era directamente la paralización del proyecto, nada menos. Yendo más allá, ¿existe la posibilidad de trazar unas reclamaciones o peticiones específicas ante esta situación, ante esta protesta generalizada, algo que vaya más allá de la marcha atrás en la destrucción del parque? ¿Pues qué se quiere?, cambiar casi todo, y lo que ellos/as pueden darnos es casi nada.

Volviendo sobre las declaraciones que hemos citado anteriormente del primer ministro turco en torno a la violencia de estos días, vemos interesante hacer un pequeño parte de guerra del primer mes de conflicto: los/as heridos/as se cuentan por miles (alrededor 8.000 a fecha del 20 de junio, y teniendo en cuenta que estos datos no cubren a muchos/as de los/as manifestantes que no reciben atención médica tras los choques con la policía), así como mismo los/as detenidos/as, ha habido cinco muertes (entre ellas la de un policía), se han sucedido numerosos allanamientos de locales y viviendas de activistas izquierdistas y revolucionarios/as, así como detenciones de numerosos/as médicos, abogados/as y periodistas que participaban de la revuelta (en este punto hemos de tener en cuenta que Turquía es uno de los países con más periodistas encarcelados en cifras absolutas). La actuación policial ha contado con la utilización de gases lacrimógenos (en algunos casos mezclados con agentes químicos altamente tóxicos), bombas aturdidoras, balas de goma y cañones de agua (en los cuales también se han mezclado agentes químicos abrasivos), sin olvidar a los agentes de la policía secreta o los ataques de bandas de seguidores gubernamentales. Por su parte, desde el otro lado, se han creado numerosas barricadas, levantado calles enteras y quemado excavadoras, maquinaría de obra y vehículos policiales.

Que ha existido violencia está claro, nadie lo negará, a pesar de que también sea cierto que gran parte de la estrategia de los/as manifestantes para enfrentarse a los gases de la policía ha sido el simple resistir, avanzar y ser sustituido en la vanguardia cuando ya no se podía ni respirar. Pero esta violencia es consecuencia de un ataque, ya no solo responde a un concepto abstracto frente a la explotación económica o social, sino que es simple y llanamente la única forma de defenderse de la policía y su actuación, ante su intento de acabar con la protesta por las bravas; y digámoslo claro, la entendemos como legítima. La lucha por un cambio de mundo no sólo va a seguir los caminos creativos, pues casi siempre nos tratarán de cerrar todo paso hacia nuevas formas de relacionarnos y vivir fuera de sus reglas. Y no caeremos en la división entre buenos/as y malos/as, entre pacíficos/as y violentos/as, que siempre nos darán de este tipo acontecimientos.

“En todas partes es Taksim. En todas partes es la resistencia”

Por otro lado, no vamos a pasar sin poner la lupa sobre el día a día de esta protesta, eso que tiene menos interés para los medios de comunicación, ahí donde se pone de manifiesto la solidaridad y lo más sincero de la lucha. Todos los relatos que hemos podido leer de quienes han pasado por la plaza Taksim durante estos días acaban por reseñar la complicidad que se ha ido creando durante todos los días de estancia en el parque y de enfrentamientos con la policía. La convivencia ha generado lazos comunitarios como la socialización de la comida, los cigarrillos, la creación de barricadas o las soluciones para resistir a los gases lacrimógenos. En este mes, se han creado en el parque una biblioteca, un huerto urbano, se han ocupado varias casas vacías dentro de la zona de influencia de la protesta y se han generado intensos debates políticos. Otro tipo de necesidades de la protesta han sido cubiertas, como pueden ser la comunicativa, de modo que ante el silencio o la manipulación de los medios de comunicación, han nacido un periódico y una radio en Taksim; o la asistencial, creándose una importante red de puntos de auxilio autogestionados, camilleros/as y médicos/as que recorrían las zonas de enfrentamiento con la policía en ayuda de los/as manifestantes heridos/as. Por otra parte, desde varias asociaciones de abogados/as se ha puesto personal al servicio de los/as miles de detenidos/as, cientos/as de manifestaciones han partido de muchos barrios de Estambul en dirección y apoyo a los/as concentrados/as en Taksim, así un largo etcétera de acciones cotidianas que representan una forma distinta de encarar las relaciones comunitarias.

¿Qué puede quedar cuando esto acabe?

Que esta protesta acabará por diluirse es lo más probable. Aunque al final no se gane o sólo se consigan victorias parciales (que es prácticamente lo único a lo que se puede aspirar en esta situación), es importante que esto sirva como un campo de práctica, de educación popular en la revuelta y en la solidaridad, de cara al futuro. Estos momentos son primordiales para seguir generando espacios y estructuras de resistencia, organización y de creación política y relacional alternativa y no capitalista, que crezcan y nos sirvan de apoyo. Eso sí, no hay que olvidar que todas estas estructuras no tienen una capacidad de crecimiento si no es en contraposición al capitalismo, y que tarde o temprano chocarán con él y deberemos volver a la revuelta.

Para realizar este artículo, hemos tratado de documentarnos bien, buscar mucha información y contrastar lo que íbamos encontrando. Después ha venido nuestra intención de análisis de la situación. Pero también tenemos que decir que gran parte de lo que nos ha llegado, ha tenido que pasar por varias manos, debido a la distancia tanto geográfica como cultural y de idioma que nos separa de los/as compañeros/as turcos/as. Es por ello que esperamos no haber cometido grandes errores y que estas líneas sean de utilidad para entender mejor su situación y las posibilidades de lucha que todos compartimos.

 

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