El mito de la vivienda en propiedad

“Queremos un país de propietarios y no de proletarios”
Jose Luis Arrese, Ministro de Vivienda durante la Dictadura Franquista

A partir de esta sencilla afirmación podemos hacer una lectura de algunos de los grandes problemas que sufrimos, que vienen directamente de ese pasado oscuro que fue la Dictadura. La victoria del fascismo frente a republicanos y revolucionarios supuso el desarrollo de todo tipo de políticas antisociales que arraigaron en los cimientos de la sociedad. Afirmar que se desea un país de propietarios frente a uno de proletarios nos muestra las intenciones de borrar del mapa cualquier tentativa de avance político en favor de las clases populares y el gobernar por y para las élites, que siempre son quienes poseen la propiedad. Propiedad es sinónimo de poder, de acumulación, de clase social y de fomento de las desigualdades. La idea de acabar con los/as proletarios/as es una revancha política de las clases dirigentes que vieron amenazado su poder ante el auge de las ideas revolucionarias. Como la guerra y la destrucción física de las personas y organizaciones que defendían los valores e intereses de las clases trabajadoras parecía no ser suficiente, el fascismo patrio y sus aliados capitalistas fueron más allá, hasta la transformación de la propia subjetividad de las personas.

Esta idea de cambiar los valores y formas de pensar de la gente común es el hecho de pasar de una conciencia generalizada de pertenencia a una clase trabajadora, oprimida y desposeída, a una noción de clases medias. Llevar a cabo una política de gran desarrollo urbanístico e inmobiliario como el que se dio en la España de los 60 y 70, junto con el acceso a créditos bancarios, llevó a grandes capas de la población a la compra de vivienda y con ello a desarrollar esa conciencia de clase media. Una forma de pensar caracterizada por el conservadurismo político, que haya cambios pero pocos y lentos, el consumismo desenfrenado, el individualismo, la especulación y la aspiración hacia una constante mejora económica personal. Las clases medias no se definen en base a una posición concreta en un modelo productivo, si no como aquellas personas trabajadoras que gracias al acceso al crédito se permiten vivir con cierta capacidad de consumo a base de endeudarse.

Este proceso iniciado en época franquista ha tenido su punto de eclosión con el pinchazo de la burbuja inmobiliaria de hace unos pocos años. El acceso a hipotecas cada vez a más años, el crédito fácil y generoso de los bancos o las segundas propiedades se han visto como una farsa y una ficción cuando la crisis ha provocado la paralización del crédito fácil a las familias y la bajada del poder adquisitivo debido al desempleo masivo y la bajada de sueldos. Quienes pensaban que eran clase media se han chocado con la realidad de vivir en una burbuja inflada por el sistema para generar capas de la población satisfechas con el orden social y económico. Pero cuando el sustento ficticio, la deuda, se vuelve impagable, comienza el proceso de empobrecimiento y proletarización de estas clases.

Es por ello que el fomento de la vivienda en propiedad, en detrimento del alquiler u otras formas de uso, ha sido el puntal de la ideología de las clases dominantes para generar una sociedad satisfecha con lo existente, mientras bancos, políticos, constructoras e inmobiliarias se dedicaban al saqueo, la privatización y el reparto de beneficios. No es casualidad por tanto, que el mayor movimiento social surgido al calor de la crisis financiera internacional haya sido el movimiento por la vivienda, formado por los desahuciados por su incapacidad de hacer frente a las hipotecas de sus casas en propiedad. Siendo aquí, en España, aun más sangrante el caso por la infame ley hipotecaria y el constante engaño de los Bancos a sus clientes hipotecados, que además de echarles de sus viviendas les condenaban a seguir pagando la deuda adquirida.

Ya hemos hablado en muchas ocasiones del movimiento de vivienda y sus múltiples expresiones. Las paralizaciones de desahucios, las okupaciones o los escraches han revitalizado la lucha social y se ha generado una gran red organizativa que aglutinaba a gran parte de esas clases populares engañadas por la banca y el crédito fácil. Hoy queremos traer algunas de las distintas experiencias que desde los movimientos sociales se están promoviendo de cara a luchar contra la noción de la necesidad de tener una vivienda en propiedad y, por tanto, luchando contra uno de los pilares del sistema de dominación.

Iniciativa Legislativa Popular en Madrid

El movimiento en la Comunidad de Madrid tras años de luchas ha conseguido grandes victorias. El mero hecho de tener una red organizativa arraigada en los barrios es una victoria en si misma. La paralización de cientos de desahucios o el realojo de decenas de familias. Hoy apenas existen desahucios por hipoteca, los bancos han sido obligados a aplicar la dación en pago de facto en la mayoría de casos. Ahora el gran problema al que se enfrenta el movimiento son los desahucios por okupación o alquiler.

Además de la lucha cotidiana, el movimiento está construyendo su propio proyecto político de vivienda y vida. Las experiencias de lucha y el análisis del contexto en el que se mueven les ha llevado a buscar alianzas más allá de la propia figura del desahuciado, tratando de extender la lucha e nuevas capas de la población, buscando soluciones para el problema de la vivienda en la actualidad. Aquí es donde surge la propuesta de la ILP, para la cual se han aliado la Coordinadora de Vivienda de Madrid, la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos y la Asociación Libre de Abogadas y Abogados. Este proyecto de ley pretende desarrollar el derecho a la vivienda registrado en la Constitución. Es un proyecto ambicioso, pues pretende grandes cambios como puede ser la prohibición de la venta y privatización de la vivienda pública en la Comunidad de Madrid, pasando de un modelo de propiedad privada a otro de derecho de uso. También incluye puntos contra la especulación y la acumulación, puesto que se podrá sancionar aquellas prácticas especulativas que jueguen con la oferta de vivienda y precios en el mercado privado, pudiendo llegar el caso de producirse un trasvase de propiedades privadas de grandes propietarios al parque público de vivienda durante un tiempo. Tampoco se olvida de otras facetas de la vivienda más allá del propio espacio, pues incluye clausulas contra los cortes de agua y luz. El objetivo: que nadie sea privado de una vida digna por motivos económicos.

Para lograr la ILP deben recoger 50000 firmas antes de finales de Mayo que serán entregadas a la Asamblea de Madrid, donde aun tendrá que pasar el filtro parlamentario.

Fraguas, un pueblo reokupado en peligro

Fraguas es un pueblo de Guadalajara que en 1968 fue definitivamente abandonado por sus vecinos/as. La despoblación rural no es un hecho casual, si no que también está ligado al desarrollo urbanístico de las grandes ciudades y la falta de oportunidades y futuro en las zonas rurales. En 2013 un grupo de jóvenes que veían la vida en la ciudad y el acceso a una vivienda como algo imposible con los sueldos de 600€ a los que está acostumbrada la juventud, decidieron repoblar y reconstruir este pueblo para poder vivir.

Tras el abandono del pueblo este fue usado para prácticas militares, por lo que las minas y granadas destruyeron gran parte de lo que quedaba. Con una imagen desoladora los nuevos habitantes se pusieron manos a la obra para rehabilitar una casa principal donde hicieron la cocina, una biblioteca, una despensa, una habitación donde dormir, un taller y un baño. La búsqueda de un sitio donde vivir de una forma comunitaria y autogestionada les llevó a dormir los primeros 6 meses al raso.

Durante estos días Fraguas está siendo noticia, y no precisamente por el tremendo trabajo llevado a cabo por repoblar y revivir espacios abandonados y olvidados. 6 de los habitantes del pueblo han sido denunciados por la Junta de Castilla y León, acusados/as de usurpación de monte público, les piden 600€ de multa a cada uno junto con más de 4 años de cárcel y 26000€ como fianza para demoler lo reconstruido.

La Junta se apoya en una serie de documentos firmados por los/as antiguos/as habitantes del pueblo, en los cuales renuncian a sus tierras en favor de la reforestación con pinos. Por el contrario los/as antiguos/as vecinos/as alegan que jamás firmaron la venta de las viviendas y sus terrenos, por lo que entienden que fueron engañados por el Estado, que se hizo propietario del pueblo y de ahí pasó a ser una zona de prácticas militares. Como no podía ser de otra manera, los/as viejos/as habitantes solo tienen palabras de gratitud para la juventud que de nuevo da vida al pueblo, apoyándoles incluso en la reconstrucción y en la recuperación de la memoria histórica del pueblo.

La Borda, cooperativa para la vida en comunidad

La Borda es un proyecto de construcción de viviendas, bajo el régimen de cooperativa en régimen de cesión de uso, en el barrio de Sants (Barcelona). Un proyecto nacido de los movimientos sociales alrededor del espacio Can Batlló, convertido en un hervidero de proyectos cooperativos. La Borda surge a iniciativa de vecinos/as que ven en las prácticas cooperativas y comunitarias la posibilidad de acceder a la vivienda de una forma más responsable y económicamente accesible. Alrededor de 60 personas repartidas en 28 viviendas, han diseñado, con la ayuda de una cooperativa de arquitectura, el recinto al completo, pensando en la vivienda no como un mero espacio donde vivir, si no donde convivir, de ahí la importancia dada a las prácticas comunitarias entre el vecindario, con multitud de espacios destinados al uso colectivo. Pensando además en la sostenibilidad ecológica con un diseño que tiene la certificación máxima en cuanto a eficiencia energética. Desde tendederos, lavandería, cocinas o salas polivalentes, pero pensando también en las distintas franjas de edad que habitarán, con espacios tanto para los/as más pequeños/as como para los/as ancianos/as.

De nuevo este proyecto rompe con la tradicional visión de la vivienda como una forma de propiedad privada. Los pisos se basan en el derecho de uso y el suelo donde se construye es de propiedad pública, con una cesión a 75 años. Haciendo de la vivienda un valor de uso y no un valor de cambio sujeto a la especulación. Los pisos no son propiedad de los/as socios/as, si no de la cooperativa. Para ser parte de la cooperativa no basta con pagar las cuotas mensuales y el capital social inicial, La Borda hace de todo el proceso una experiencia colectiva inmersa en la economía social, apoyándose en cooperativas de crédito como Coop57, SomEnergia para el suministro de luz o Guifi.net para el acceso a internet.

Con este proyecto sus habitantes quieren demostrar la viabilidad y la posibilidad real de salir del mercado inmobiliario y obtener vivienda a un precio más asequible. Frente a los 800€ de media de alquiler en el área metropolitana de Barcelona, La Borda ronda los 460€ de media en sus mensualidades. Esto tiene un doble efecto, por un lado se recuperan espacios para la comunidad y por otro se lucha contra el constante proceso gentrificador de los barrios en las ciudades. Por lo que no es un proyecto “burbuja” si no un ejemplo de lucha por el acceso a la vivienda que hace del apoyo mutuo su fuerza para resistir a la especulación inmobiliaria. 2018 será el año en el que La Borda cobrará vida, y con ella el barrio tendrá un espacio más de resistencia.

La vivienda o la vida

La ILP, la repoblación de Fraguas o La Borda son tres claros ejemplos de la multitud de posibilidades y frentes abiertos en cuanto a la lucha por una vida digna, donde el acceso a la vivienda es algo primordial y que ha sido objeto de negocio constante durante décadas. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria no solo detonó la crisis, si no que hizo que se cayeran multitud de mitos construidos sobre los cimentos de la deuda. La progresiva desaparición de las clases medias hará que las desigualdades sociales sigan en aumento y con ello la constante acumulación de propiedades por parte de las élites. Pero también el surgimiento de cada vez más iniciativas que harán de la necesidad virtud y de las prácticas colectivas un muro de defensa frente a quienes quieren generar una sociedad de individuos aislados para poder ser mejor gobernados.

Estas tres iniciativas empujan hacia el camino de no tener que elegir entre hipotecarse de por vida y la precariedad continua, si no que nos dan la oportunidad de sumarnos a proyectos colectivos para huir de las deudas y los bancos, para construir vidas que merezcan la pena ser vividas.

Mas info:

http://www.laborda.coop
http://www.ilpviviendamadrid.com/
https://www.regeneracionlibertaria.org/entrevista-al-proyecto-de-okupacion-rural-en-fraguas

 

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