Madrid Central: Contaminar no es una libertad

La contaminación es uno de los problemas más graves a los que se enfrenta Madrid como ciudad para alrededor del 21% de sus habitantes. Los ingresos en urgencias por problemas pulmonares aumentan un 42% en los momentos de mayor contaminación. Se habla de 5900 muertes prematuras en España relacionadas con problemas derivados de la contaminación atmosférica. El 80% de las emisiones de dióxido de nitrógeno provienen del tráfico rodado.

Que las grandes ciudades son un gran foco de contaminación es un hecho. Solo hace falta mirar por nuestras ventanas y ver la famosa boina gris de Madrid. A medida que pasa el tiempo los efectos de la contaminación sobre la salud y la calidad de vida aumentan. Desde hace un par de años en Madrid somos más conscientes de esta situación debido a las restricciones puntuales al tráfico que se han dado en los momentos en los que se superaban determinados valores de contaminación.

Medidas como la rebaja del máximo de velocidad en carretera o la imposibilidad de aparcar el coche en el centro de la ciudad tienen efectos positivos en cuanto a la bajada de emisiones de gases de efecto invernadero, pero también tienen un efecto de choque sobre nuestra percepción de la contaminación. La contaminación no es ya algo que se intuya, se conozca, se vea o se sienta, hoy ya tenemos medidas que nos dejan intuir que de no haber cambios sustanciales en la manera en la que nos transportamos, las restricciones irán a más, y con razón.

Ahora la ciudad de Madrid se dispone a dar un paso más en esta dirección: restricciones al vehículo privado en la almendra central de la ciudad. Esto es el conocido proyecto “Madrid Central”, una restricción total a los coches más contaminantes, generalmente los más antiguos, y restricciones al resto de coches excepto en casos concretos, como aparcar en un parkin, residentes, visitas y vehículos comerciales. Este proyecto espera reducir un 37% el tráfico interno y una bajada del 40% de las emisiones de gases. A pesar de que la restricción no es total, la disminución de las emisiones de gases es bastante positiva porque estas restricciones afectan a ese 13% de vehículos muy contaminantes.

Si seguimos hablando de datos vemos que en el área de Madrid Central más del 85% de los desplazamientos son andando o en transporte público. Por lo que al final nos queda que la gran prohibición será para un número muy reducido de vehículos y que las restricciones serán muy concretas para el resto. Esto tendrá un efecto positivo sobre el transporte público, que será más usado y tendrá tiempos de espera más cortos gracias a la descongestión del tráfico.

A pesar de que los datos muestran una realidad positiva los adalides de la, mal llamada, libertad han entrado en cólera. El Partido Popular y Ciudadanos han ejercido todo tipo de presiones para liquidar este proyecto. El vergonzoso discurso del PP se fundamenta en que no debe haber restricciones al libre uso del vehículo en la ciudad. Para ellos la libertad de movimiento es la libertad de destruir la salud y calidad de vida de la población. De nuevo una medida que repercute en la mejora de calidad de vida de una mayoría, es atacada de manera sobredimensionada por quienes se aferran a unos privilegios que son insostenibles. Esta forma de pensar representa el individualismo y el inmediatismo extremo de la ideología dominante: que no me quiten lo mío que lo del resto me da igual.

El futuro que se nos viene

Tanto las ya conocidas medidas de restricción sobre las máximas velocidades y este nuevo proyecto de Madrid Central apuntan en una misma dirección, la reducción de la emisión de gases nocivos y de efecto invernadero. Que esta dirección nos lleve a un lugar u otro dependerá de muchos factores, el mayor para nuestros entornos: la capacidad de los movimientos sociales de orientar estas medidas hacia horizontes de justicia social.

Estas medidas son solo el principio, pero incorporan ingredientes de lo que puede venir en un futuro. Si no se empieza ya a tomar medidas más ambiciosas contra la emisión de gases cada vez nos iremos acostumbrando más a todo tipo de restricciones. Porque restricciones habrá, como ya las hay en muchos lugares del mundo. Nos encaminamos a escenarios de escasez energética y de recursos naturales, y esto significa que deben tomarse medidas de choque de forma concreta, rápida y a escala global… algo tremendamente alejado de la realidad política existente, donde negacionistas del cambio climático gozan de gran poder político (Trump en EEUU o Bolsonaro en Brasil) y las élites económicas locales y globales que harán todo lo posible porque las restricciones al acceso a los recursos energéticos recaiga sobre las poblaciones más empobrecidas, creando un mundo a dos velocidades y aumentando la brecha de la desigualdad social.

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