Lugo albergará un centro de experimentación animal

Durante los próximos meses, la Xunta de Galicia promoverá la creación de un centro de experimentación de medianos y grandes animales en el campus de Lugo, dependiente de la Universidad de Santiago de Compostela. “Así se cubrirá un importante déficit en este tipo de instalaciones que existe en España”, declaraba Xesús Vázquez Abad, Conselleiro de Educación e Ordenación Universitaria, al hacer pública la noticia.

Cuando el señor Vázquez habla de “este tipo de instalaciones”, se refiere a aquéllas en las que una serie de animales son sometidos a intercambio comercial, dolor físico, sufrimiento psicológico, vejaciones y muerte, con la excusa de un supuesto beneficio para la ciencia y la salud pública de los seres humanos.

Cuando el señor Vázquez se refiere a “medianos y grandes animales”, está hablando de individuos que no pertenecen a la especie humana y que, por ello, serán usados como mercancías y recursos sin consideración alguna de sus intereses. Está hablando de perros, gatos y otros mamíferos criados al efecto en empresas privadas. También pueden incluirse en este rango los llamados animales de granja, como cerdos y ovejas, así como primates no humanos, cuyo uso en experimentación a menudo conlleva capturas de su hábitat natural y traumáticos traslados.

Cuando el señor Vázquez habla de un “importante déficit”, se refiere a que en el Estado español sólo se utiliza un número aproximado de un millón y medio de animales al año para experimentación -datos del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, basados en 2009-. Se refiere a que, a pesar de contar con animalarios y laboratorios en casi todos los hospitales y facultades de veterinaria del país; a pesar de albergar en territorio español sedes de empresas como Harlan Interfauna que se lucran con la cría y comercio de animales para investigación; a pesar de amparar las actividades de poderosas entidades de la industria farmacéutica como AstraZeneca, que colaboran con HLS, gigante de la vivisección internacional… A pesar de todo eso, en España aún se experimenta poco con animales en comparación con otros países.

Se calcula que unos 100 millones de animales no humanos mueren cada año en laboratorios en todo el mundo, ya sea sacrificados para estudiar los efectos de determinadas sustancias en sus cuerpos, o bien como víctimas de los tortuosos procesos de investigación – en un laboratorio, un animal puede recibir productos irritantes para los ojos o la piel; ser alimentado o inoculado con sustancias tóxicas; privado de comida, agua o sueño; mutilado quirúrgicamente; irradiado, quemado, gaseado, forzado a la sobrealimentación, electrocutado…-. Si estos 100 millones ya son alarmantes, hay que tener en cuenta que se trata sólo de una estimación. La cifra se vería desbordada si se sumaran los animales invertebrados, y todos aquellos individuos criados para laboratorio que no llegan a ser empleados en investigaciones y son exterminados por suponer un “excedente de producción”. Estos datos tampoco incluyen, claro está, los casos envueltos de secretismo que no salen a la luz en estadísticas oficiales, como son gran parte de los destinados a la investigación militar.

Aun sin conocer la capacidad que tendrá el futuro centro de Lugo, se puede prever que varios miles de animales se sumarán a estos dolorosos números. La iniciativa de la universidad lucense pretende dar respuesta las demandas de la Unión Europea relativas a la experimentación en medianos y grandes animales, en la que España realizará entre el 2,5% y el 3% de todos los procedimientos autorizados. Será una pequeña cifra comparada con las abrumadoras estadísticas mundiales, pero una gran tragedia para cada unos de los individuos que padecerán sufrimiento y muerte dentro de esos muros.

Ya son muchas las voces que se han alzado en contra del proyecto, y se ha lanzado una campaña a nivel internacional para intentar detenerlo apelando a la intervención de las autoridades [1]. Pero no podemos olvidar que la iniciativa de la creación del centro parte de estas mismas autoridades y sus intereses, y será sufragada con más de 3 millones de euros, gran parte de ellos de dinero público. En concreto, los fondos han sido asignados gracias a la firma de un convenio entre la Xunta de Galicia y el Ministerio de Ciencia e Innovación. El 70% del presupuesto será financiado con cargo a los fondos europeos FEDER, mientras que el 30% restante será aportado por los patronos de la fundación Rof Codina, entre los que figuran la Xunta de Galicia, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento de Lugo.

Para proceder a la apertura del centro, se llevará a cabo la remodelación de las naves docentes que actualmente ocupan los departamentos de ganado vacuno y equino del Hospital Veterinario Universitario Rof Codina. Para ello, estos servicios del hospital deberán ser trasladados a la sede del antiguo matadero de Lugo, cedida por el Ayuntamiento. Estas instalaciones, a su vez, serán reformadas para su adaptación a las nuevas necesidades clínicas. Toda esta carísima maniobra se enmarca en el llamado “Plan Impulsa”, un ambicioso entramado de inversiones, subvenciones e incentivos empresariales. Como viene siendo habitual, unos/as se lucran y especulan con las vidas ajenas, mientras otros/as sufren las carísimas consecuencias.

El propio Conselleiro deja ver claramente cuáles son los verdaderos objetivos del proyecto, con declaraciones como que el centro “permitirá intensificar las relaciones entre la universidad y las empresas relacionadas con el sector”, o que “ayudará a la busca de colaboraciones estratégicas de gran importancia”.

La experimentación animal es un negocio, una actividad  cruel y prescindible que se mantiene y justifica en pos de los beneficios económicos y corporativos que reporta: becas, relaciones institucionales, publicación de investigaciones, tráfico de animales… No es, como pretenden vendernos, un mal menor que ayuda a la ciencia a avanzar por el bien de la humanidad. Y, aunque así fuera, el precio a pagar sería demasiado alto. No pretendemos simplificar un tema tan complejo y con tantos matices éticos y científicos, pero desde aquí lanzamos un gran NO a la construcción de ese centro y a la existencia de la experimentación animal. Un NO que nos sale de las tripas al pensar en todo el sufrimiento que puede llegar a tener lugar tras las paredes de esos centros, pero también que surge de la reflexión y cuyos fundamentos resumiremos en este breve espacio.

El principal argumento a favor de los experimentos con animales, es que es imprescindible para el avance de la ciencia, y que el avance de la ciencia es primordial para reducir las muertes y enfermedades humanas. Ambas afirmaciones son falsas.

En primer lugar, porque la experimentación animal no tiene un uso exclusivamente científico, sino que en gran parte se destina a la industria cosmética, al ámbito militar, al desarrollo de pesticidas agrícolas, limpiadores del hogar, etc. Y un altísimo porcentaje de las pruebas no suponen ningún avance, sino que son repeticiones sobre sustancias que ya están en el mercado siendo utilizadas para el consumo humano.

Dentro del ámbito científico, el uso de animales es sólo una técnica más que cuenta con numerosas alternativas: técnicas químicas y moleculares, in vitro, uso de microorganismos, métodos matemáticos, etc. El hecho de que la experimentación animal se utilice para casi todo se debe al negocio que hay detrás; a la inercia existente en la comunidad científica, reticente a abandonar experimentos diseñados hace 30, 50 ó 70 años; a lo obsoleto de la legislación al respecto, y a la pasividad de la sociedad frente al sufrimiento de los animales.

No sólo no es fundamental para el avance de la ciencia, sino que la extrapolación de los resultados a los humanos puede inducir a graves errores. De hecho, la investigación en animales tiene una tasa de fracaso de entre el 90% y el 95% al aplicarse en seres humanos (BioMed Central, 2004). Sirva como ejemplo el caso de la Talidomida, calmante recetado a mujeres embarazadas que, tras ser probada en simios y considerada segura, produjo más de 12.000 casos graves de malformaciones de fetos.

Estos errores se deben, entre otras muchas razones, a que las respuestas ante un compuesto varían en función de la especie, y a que las condiciones y procesos artificiales de los laboratorios no pueden recrear la situación de un/a enfermo/a humano/a, ni todos los factores condicionantes de su enfermedad. Por tanto, no se puede afirmar que los resultados obtenidos de la experimentación animal garanticen que una sustancia no va a dañar a los seres humanos.

Por otro lado, el avance de la ciencia no es la prioridad para salvar vidas humanas. La gran mayoría de la gente que muere por enfermedades lo hace en países pobres por nutrición inadecuada, falta de agua potable, o inaccesibilidad a medicamentos baratos que ya existen. La ciencia investiga intereses económicos, no necesidades humanas.

En cualquier caso, desde un punto de vista ético, los experimentos con animales no serían aceptables, independientemente de su utilidad para la ciencia. Del mismo modo que no sería aceptable experimentar con seres humanos, aunque al pertenecer a la misma especie los resultados serían más útiles. De hecho, históricamente se ha experimentado con personas -indigentes, huérfanos/as, presos/as enfermos/as mentales, homosexuales, etc.-, a las que por razones arbitrarias se ha considerado inferiores y tratado como meros objetos para la investigación, tal y como sucede ahora con los animales no humanos, cuyo dolor e intereses son obviados por razón de su especie.

Actualmente existe un sinfín de alternativas, y habría más si se invirtiesen los recursos necesarios en impulsarlas. El problema es que hay poco interés en ellas porque las víctimas de los experimentos no son humanas. Se cae en la gran contradicción de decir que los animales son lo suficientemente parecidos a nosotros/as como para probar nuestras sustancias y medicamentos en ellos, pero a su vez lo suficientemente distintos como para que su sufrimiento no merezca ninguna consideración.

Los creemos inferiores por carecer de inteligencia racional. ¿Deberíamos entonces experimentar con bebés o personas con parálisis cerebral? La cuestión de la experimentación y de otras formas de explotación animal es una cuestión de sufrimiento, no de inteligencia. Basta con poseer la capacidad de sufrir para poder ponerse en el lugar de otros seres vivos que también la tienen, para comprender que pueden y deben ser liberados de ese dolor, y que el calvario de los centros de experimentación debe acabar para siempre.

Más información en acabemosconelespecismo.com/que-es-la-experimentacion-animal/

[1] En este enlace se puede obtener una carta modelo y una lista de direcciones a las que dirigirse con este objetivo: www.shac-spain.net/newsflash/centro-experimentacion-animal-lugo.

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2 comentarios en «Lugo albergará un centro de experimentación animal»

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