Libro

Maderos, cerdos, asesinos. Crónicas del diciembre griego. 2008

Edita: Klinamen. 330 páginas. 2011.

“[…] Cuando llegaron a Patission y se encontraron en las afueras de la histórica puerta de la Politécnica, la que había sido atacada por los tanques en 1973, cortaron la avenida sin preguntarnos qué hacer y, a continuación, corearon el típico eslogan “Batsi, gourounya, dolofoni!” – “¡maderos, cerdos, asesinos!”. Al presenciar esta escena, me sentí extasiado. Comprendí en este momento que el avión de la insurrección había despegado. Era más grande que nosotros. No digo que nos hubiera superado, aunque muchos de sus participantes sí lo creen así. Quizás les había superado a ellos porque pensaban que jamás iba a pasar algo semejante. Lo que la insurrección consiguió es que se superaran las ideas pesimistas que pensaban que algo así jamás podía pasar”.

Este libro recoge los testimonios de varios de los protagonistas de Diciembre de 2008, un momento cargado de un profundo trasfondo social, político e histórico que se enlaza con la historia de las luchas de los últimos treinta años. El libro, cuyo título – Maderos, cerdos, asesinos – es un popular cántico en todas las movilizaciones griegas, describe lo ocurrido en la Revuelta de Diciembre en distintos puntos de Atenas y en otras ciudades helenas y la participación de los anarquistas en ella. Dicha participación se caracterizó – y se caracteriza – por la práctica de la revuelta social sin mediadores y sin ilusiones de lograr cambios dentro del sistema existente, proponiendo la autoorganización contra cualquier tipo de organización jerárquica, proponiendo la contraviolencia frente a la violencia estatal y la solidaridad contra la individualización y las divisiones artificiales creadas por el poder.

Mucha gente adoptó métodos dinámicos de lucha y procesos de autoorganización, sin representantes y sin plantear reivindicaciones. Diciembre no sólo continúa una cultura de violencia política, también siembra una nueva tradición de autoorganización y dota un importante impulso social a organizarse desde abajo. Estos procesos de autoorganización no tienen la violencia asesina de la Policía como único objetivo, sino todas las expresiones de Autoridad: desde la forma en que vivimos, trabajamos, producimos o consumimos a cuestiones de salud, de medio ambiente, a todo. Todos los aspectos de la Autoridad son frentes de batalla para la gente que se autoorganiza y lucha desde abajo, no siempre violentamente, pero siempre contra el Estado.

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