Post-política y ciudadanismo

78 páginas. Autor: Mario Domínguez. Edita: Federación de Estudiantes Libertarixs- Somosaguas

El presente ensayo, Post-política y Ciudadanismo, es el primer primer número de una serie de libelos (libros pequeños) que desde la Federación de Estudiantes Libertarixs- Somosaguas editaremos, como un modo de dar salida y difundir el trabajo que tanto de manera colectiva como individual venimos llevando a cabo. Lo haremos a través de textos inéditos, bien de propia producción, bien de autoría ajena, instrumentos en ambos casos que faciliten el análisis político de las múltiples caras de la dominación.

El texto en cuestión trata en ese sentido de diferenciar entre dominación y represión, para no sobrevalorar el papel de los dispositivos de coerción, sino de entender el estado actual de la dominación como una saturación de lo posible e incluso de lo imaginable, de modo que nada puede sino reproducir lo existente. Introduce para ello problemas que no son nada sencillos; en especial el concepto mismo de lo que se considera como lo político, así como de las dificultades para que dicha dimensión política no se encierre en el cada vez más voraz y extenso ámbito del Estado. Eso supone, entre otras cosas, tanto tratar a la vez que superar la doble frustración de una individualidad atomizada y nihilista, como cuestionar los espacios de la militancia virtual atrapada en las redes de la inexistencia. Frustración que se generaliza en forma de espectáculo y cabe recordar con Guy Debord que en la sociedad del espectáculo, la protesta bien puede ser una forma de ocio.

Uno de estos obstáculos, para pensar lo político, y al que se dedica la segunda parte, reside en la apropiación de la acción política por el ciudadanismo, una difusa ideología organizada en torno a la debilitada figura del ciudadano, asociada a un cierto número de prácticas ambiguas y, quizá por ello, cada vez más difundida. Basado en ese sujeto histórico del ciudadano, convertido ahora en pura ficción a modo de proletariado de sustitución, y que funciona como coartada ideológica bajo las formas retóricas de la multitud o el precariado, seres inertes y amorfos donde los haya, el ciudadanismo es potencialmente un movimiento cotrarrevolucionario. La irónica frase que introduce Alain C. en su panfleto, “Proletarios del mundo, no tengo ninguna consigna que daros” plantea en términos antagónicos lo que no es ni puede ser ciudadanista: el rechazo de la participación en el circo del juego democrático y en el espectáculo de la representación.

Las palabras finales del libelo sugieren la ambivalencia a que se ve sometida la afirmación de una otra política no ciudadana: No pedir nada (ni siquiera derechos) pues la derrota está en la reivindicación misma. Se trataría entonces de romper sin pedir, reivindicar sin negociar… no hay fórmulas propositivas, es ridículo darlas. Tampoco quedarse en la resistencia: ninguna ruptura política puede ni debe definirse a través de la pura negatividad; no “resistimos”, sino que creamos otra cosa, otro pensamiento, otra práctica, organizada y perdurable, que controla sus propios tiempos. Volver pues a considerar el territorio de la política como una invención a la vez que una ruptura subjetiva.

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