La Llave. Las profesiones de integración como instrumento de control social.

Julio Rubio Gómez. Editorial La Neurosis o Las Barricadas, 2021. 162 pp. 8 euros

Julio Rubio es una voz conocida en el ámbito de la lucha por la juventud y la niñez. No solo una voz, sino una voz en acción. Su proyecto Hortaleza Boxing Crew es un ejemplo de militancia diaria, en el que se encuentran chavales y chavalas con sus problemas y sus diferencias y en el que reciben apoyo personal al tiempo que practican la solidaridad entre ellos.

Hace unos años que Julio decidió contar sus experiencias. Lo hizo primero con “Decimocuarto asalto” y luego con “El parque”. Ambos libros, de prosa cercana y ágil, retrataban realidades ocultas, cuando no perseguidas: las dificultades de menores de edad que viven en los márgenes, repudiados por parte de la sociedad y acosados por las instituciones sociales y la policía.

En este nuevo libro, el autor cambia el ritmo y reflexiona, más que narra, sobre el papel que han tenido en los barrios las diferentes profesiones de “lo social” que se han ido creando en los últimos años. La pregunta de inicio es muy clara: ”¿Han contribuido estas profesiones a mejorar el tejido asociativo?”. La idea de la que parte es atractiva: en los años del tardofranquismo y los ochenta hubo unas asociaciones vecinales combativas, formadas por militantes sin formación específica y, a veces, masivas. Sin embargo, a pesar de que la labor de estas asociaciones puede contar hoy en día con profesionales que se dedican en principio a los mismos problemas que las asociaciones, no han supuesto un refuerzo. Y si no han contribuido a desarrollar las prácticas sociales, ¿qué papel han desempeñado educadores sociales, trabajadores sociales y otras ocupaciones similares? A menudo, señala Julio, la forma de acceder a un mundo que estaba cerrado al Estado: las casas de los barrios obreros. Con aparentes buenas intenciones, se han ido colando en las vidas de los vecinos registrando y fiscalizando su vida. Han sido la llave de entrada a la burocracia y a los Servicios Sociales, que a menudo ha funcionado como la policía para los pobres.

A partir de entrevistas con diferentes vecinos del barrio, “La llave” vuelve a poner el acento en la gente humilde, ahora en su relación con una maquinaria estatal que dice defenderlos pero que ni han pedido ni muchas veces resulta tan benefactora como dice ser.

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