La educación social no existe

  • A los niños y niñas les llaman “menores”

  • A las personas “usuarios”

  • A los niños de la calle “MENAS” (Menor extranjero no acompañado)

  • Al tejido social “intrusismo laboral”

  • A las cárceles de niños y niñas “centros de menores”

  • A la coacción, al chantaje, a infantilizar… “poner límites”

  • Al intento de suicidio “llamar la atención”

  • A drogar “medicar”

  • A las palizas “contenciones”

  • A la celda de aislamiento la “habitación de reflexión”

  • Al hermetismo “protección del menor”, “protección de datos”

  • Al monopolio en la intervención “profesionalismo”

  • A los interrogatorios “entrevistas”

  • Al secuestro “retirada de tutela”

  • A la impotencia “trastorno negativista desafiante”, “baja tolerancia a la frustración”

  • Al violentado “violento”

  • Al déficit de interés “déficit de atención”

  • Al miedo del niño y la niña al maltratador en violencia de género “Síndrome de Alineación Parental”

  • Al sometimiento “reinserción”

  • A la deshumanización “distanciamiento psicológico óptimo”

Y así podríamos seguir hasta crear un diccionario, pues la “educación social” ha creado un auténtico idioma. Y en este idioma lo que más nos interesa es descifrar y descubrir lo que se esconde detrás de las palabras “educación social”.

La frase más contundente y definitoria de la “educación social” se la oí decir a una persona que llevaba cuarenta años trabajando en los barrios directamente con la chavalada, las familias, los conflictos;

La carrera de educación social se creó en los años 90 porque la policía no podía traspasar el domicilio privado”.

Desde esta sentencia podemos explicar una de las mayores polémicas que ha salpicado a la “educación social”; el intrusismo laboral. Policías, funcionarios de prisiones, vigilantes de seguridad, incluso jueces, ven como sus funciones son llevadas a cabo por las y los “educadores sociales”. Pero con un instrumento que ellos y ellas no tienen; el acceso a datos personales, a la vida más privada e intima, el historial de vida… es decir; “pueden traspasar el domicilio privado”.

Desde esta perspectiva podemos comenzar a afirmar que a lo que llamamos “educación social” en realidad tiene más que ver con el control que con la educación.

Veámoslo con ejemplos concretos:

Cuando un estudiante de educación social acaba la carrera y sale a la calle a trabajar se encuentra con una situación clásica; las drogas. En cuatro años de carrera a un estudiante de educación social no se le ha mencionado ni las drogas que hay en el mercado, ni sus efectos, ni su producción, ni su distribución, ni cuales son legales o ilegales, ni cómo trabajar los consumos, los efectos secundarios… el mayor de los clásicos; la droga, en cuatro años de carrera ni se menciona.

Cuando un estudiante de educación social acaba la carrera y sale a la calle a trabajar se encuentra con otra situación clásica; los abusos sexuales. Niñas, adolescentes o mujeres adultas que han sido abusadas sexualmente en la infancia. En 4 años de carrera, no es que no se profundice (que supongo lo harán en la carrera de psicología), es que ni si quiera se menciona el tema. Conocimientos totalmente necesarios para una mínima mediación social.

Cuando un estudiante de educación social termina la carrera y sale a la calle a trabajar se encuentra con otra situación clásica; la violencia. ¿Cómo gestiono una pelea entre dos chavales, dos personas? ¿Cómo la prevengo? ¿Cómo la evito? ¿Cómo medio? ¿Cómo calmo? ¿Cómo canalizo? ¿Qué me están comunicando a través de la violencia? ¿Cómo llego al fondo del problema? ¿La violencia es una acción o una reacción a algo? ¿Violento o violentado? En 4 años de carrera hay un silencio sepulcral sobre este tema. La violencia no existe.

Cuando un estudiante de educación social acaba la carrera y sale a la calle a trabajar se encuentra con otra situación clásica; la violencia de género. En 4 años de carrera ni una mención, ni si quiera por encima. ¿Cómo medio con la mujer maltratada? ¿Con el hijo maltratado? ¿Con la hija maltratada? ¿Con el maltratador?

Cuando un estudiante de educación social termina la carrera y sale a la calle a trabajar se encuentra con otras situaciones clásicas; la ansiedad, las crisis de pánico, la anorexia, la bulimia, el bullyng, la depresión, la autoestima destrozada, los intentos de suicidios… hay muchas ramas de la psicología que tratan estos conflictos; psicología cognitiva, conductual, psicoanálisis, antipsicología… durante 4 años de carrera nada se habla de esto. Repito; no ya para un análisis profundo, sino para una mínima mediación social.

Y así podríamos seguir con muchos, pero muchos más ejemplos prácticos.

Pero entonces, si la carrera no trata los temas más clásicos y fundamentales y básicos de educación social, es decir; su ABC ¿Qué trata esta carrera? ¿Qué se estudia? ¿Qué analiza?

Una cosa sí tenemos clara; un estudiante de educación social cuando acaba la carrera tiene algo muy claro; lo que es un plan, un proyecto y un programa. Plan-proyecto-programa. Hasta tal punto que no se ve en una asignatura en concreto ¡sino en varías! a lo largo de la carrera.

Plan, proyecto, programa, actividad, ideario, objetivos, objetivos a corto plazo, a largo, a medio, análisis DAFO debilidades-amenazas-fortalezas-oportunidades, análisis de necesidades, evaluación, evaluación externa, interna, contextual…

Es decir, un estudiante sale de la carrera de educación social sabiendo cuáles son las necesidades estructurales de una ONG o entidad, pero sin saber cuáles son las necesidades emocionales básicas de una persona.

Esto evidencia que el fin no es de cubrir las necesidades del llamado “usuario”, sino cubrir las necesidades de una estructura.

Y puede ser legítimo, siempre y cuando estos estudios se den como una especialidad de la carrera de empresariales (especialidad en el tercer sector económico). Lo contrario es confundir y engañar a la gente.

Así cuando el objetivo de la profesión NO es cubrir las necesidades del llamado “usuario” sino las de una estructura; Institución, entidad, ONG, mercado de trabajo… el “usuario” pasa de ser un fin a un medio.

Se crea toda una industria de “lo social”, donde los papeles se invierten, y como si fuese el mundo al revés; la Institución ya no está para satisfacer las necesidades de la persona, sino la persona para satisfacer las de la Institución, las de la entidad, las de la ONG, las del mercado laboral… las de la industria “social”.

Sigamos viéndolo con ejemplos prácticos; en el panfleto que te dan para que estudies la carrera de “educación social” no te dicen qué problemas podrás tratar, qué podrás aportar a la sociedad, qué técnicas pedagógicas aprenderás, ni si quiera qué es o para qué sirve la educación social, no, te dicen directamente qué salidas laborales tienes, dónde podrás trabajar (centros de menores, servicios sociales, cárceles…), la estabilidad laboral que tendrás… todo está orientado a satisfacer las necesidades del estudiante como futuro trabajador. El “usuario” no cuenta, porque no es el fin, sino el medio. No es el “cliente” sino el “producto”. Ni si quiera es el “usuario” sino el “usado”.

El éxito económico de esta industria ha sido de tal envergadura que a día de hoy no para de crecer y crecer, hasta tal punto que cuando a la Institución o entidades privadas se les acaban los “usuarios” con problemas, acuden directamente a “usuarios” sin problemas.

Sigamos visibilizándolo con ejemplos prácticos; ya no solo quitan las tutelas de sus hijos a madres con problemas, sino que ya les quitan las tutelas a familias que no tienen ningún tipo de problema. El centro de menores o la entidad que gestiona la adopción o la acogida en familias, necesita niños como un coche necesita gasolina para funcionar. Su crecimiento depende de los niños que puedan conseguir.

Y aquí entra el papel de la “educador social”, como vía para justificar la intervención.

El “educador social” a través de la emisión de informes tienen el poder de decidir quién tiene problemas y quién no, quién es culpable y quién no, cual es la solución y cual no… es un poder omnímodo, y no tiene que probar nada a nadie, con su palabra y su diagnóstico basta, es el “doy fe” de la educación social. Aunque como hemos visto no se le haya educado ni enseñado para solucionar ni detectar problemas sociales ni personales.

Así, detrás de la “educación social” en términos académicos se esconde la nada, la nadería, humo… directamente la educación social no existe.

Y en términos Institucionales se esconde el medio para la intervención sin orden de registro, sin orden judicial… es el “traspasar el domicilio privado”, tan protegido por los Derechos Humanos, y que ha encontrado en la “educación social” la llave para entrar.

Julio Rubio Gómez, autor de Decimocuarto asalto. La adolescencia golpeada: sentir, pensar y luchar en el barrio

www.juliorubiogomez.wordpress.com

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11 comentarios sobre “La educación social no existe

  • el 06/02/2018 a las 12:27
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    Sinceramente estás muy equivocado, la educación social es necesaria e imprescindible para cualquier persona. Según tú los educadores sociales no sabemos sobre drogas, violencia de género, emociones, etc. Segun tú solo sabemos planificar y programar. En fin. Veo que no tienes ni idea de lo que se estudia en educación social. Así has escrito este mediocre artículo. Es cierto que la carrera debería mejorar en cuanto a prácticas con gente y problemas sociales de la realidad desde el primer curso (que lo hacemos en tercero y cuarto) pero eso no quiere decir que no sepamos sobre esas cosas que dices.
    Antes de escribir y desinformar a la gente infórmate tú y contrasta lo que lees porque veo que no lo estás.

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  • el 07/02/2018 a las 13:50
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    No tienes ni idea. Yo en tres años de carrera, ya que lo mio fue diplomatura, toqué el tema drogas, tuve varias asignaturas de psicología, hice un suuper trabajo sobre la violencia de género, estudié diferentes tipos de trastornos, asignaturas centradas en ayudar a los usuarios que no son usados. No somos unos intrusos que entramos en las vidas de las personas y decidimos por ellos, no somos quien quitamos a los hijos a sus padres ybojala los centros de menores estuviesen vacíos!!!!
    Que cambiaría asiganutas de la carrera??? Claro que siii, pero estas muy equivocado en como describes mi profesión.

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  • el 08/02/2018 a las 22:22
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    Gracias por hacer explícito lo implícito. Necesitamos que alguien nos provoque para pensar.

    Gorka Saitua | educacion-familiar.com

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  • el 10/02/2018 a las 04:13
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    Lo has clavado. Conozco bien la profesión y conozco bien la organización desde la base, sostenida por la gente de barrio. Las ONGs hirieron muy gravemente la organización de base de los 70 y 80. Las Asociaciones se crearon para formalizar tareas que los vecinos y vecinas ya realizaban por pura subsistencia. Empezaron a morder el anzuelo de las subvenciones, que por un tiempo fueron suficientemente abundantes como para seducir a un montón de buena gente, que buscaba tener más fondos para trabajar mejor. Luego, en el siglo XXI, empieza a verse a venir la crisis y a recortarse en subvenciones públicas y privadas, poco a poco. Las asos pequeñas compiten por las pocas subvenciones que hay, pero se las llevan sobre todo las grandes. Además, las subvenciones no son “de a gratis”: hay que justificar todo, redactar proyectos, conclusiones, memorándum, propuestas, etc. Gente contratada para cubrir la parte administrativa DE CARA A LA ADMINISTRACIÓN, personas cuya única labor es asegurar que la aso sigue recibiendo dinero. La profesionalización mata a las asos. Las asociaciones pequeñas no pueden competir y desaparecen. Las grandes asociaciones salen beneficiadas, absorben a pequeñas y crecen. La mentalidad de empresa se instaura en las ONGs.

    Hoy en Madrid hay tres o cuatro macro empresas de servicios socioeducativos: Trama, Grupo 3, La Rueca, etc, que son como hablar del Mercadona, el DIA y el Carrefur. Su trabajo es cero transformador, pero concentran todas las ayudas. Las asociaciones pequeñas llevan años desaparecidas o naufragando, las grandes firmando contratos con La Caixa y echándose fotos con políticos. Los proyectos y los memorandums están llenos de bonitas palabras, pero la vida en los barrios no ha hecho más que empeorar, y la gente de barrio está desamparada sin organización de barrio en la mayoría de los casos. El impacto real de una macroasociación en la vida del barrio es nulo, actividades cero transformadoras donde cuenta más la foto para seguir recibiendo la ayuda.

    Recomiendo el libro: The Revolution Will Not Be Funded: Beyond The Non Profit Industrial Complex (“La revolución no será subvencionada: más allá del complejo industrial de las ONGs”), lo explica increíble en el contexto de los USA.

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  • el 10/02/2018 a las 11:47
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    Un poco extremo. Ni tanto ni tan calvo, algunas cosas son ciertas, otras no, la educación social merece una crítica, tiene que revisarse, está en situación de continua lucha entre educadores y educadoras que ven las cosas de formas muy distintas y hay tensión entre quien la quiere utilizar para el control social y para quien surge de formas de lucha y de organización. Tú mismo, aunque no quieras y te pueda dar sarpullidos, formas parte de la educación social. Los educadores y educadoras y la educación social no son enemigos, forman parte del campo de batalla.

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  • el 10/02/2018 a las 21:36
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    Creo que escribes desde es desconocimiento absoluto…precisamente creo que casi todos que hemos estudiado esducacion social, tenemos bastante claro, que l centro de nuestra intervención gira hacia el empoderamiento de la persona…termine mi carrera sabiendo que necesidades podian tener las personas con las que podria intervenir, sabia que drogas existian, sus efectos y sus tratamiento y creo que hacia años que no leia la palabra DAFE….

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  • el 15/02/2018 a las 12:03
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    Comparto algunas cosas de las que dices, cómo lo de que hay instituciones privadas que funcionan como empresas y que muchas tienen metodologías de trabajo con los chavales bastante anticuadas e indeseables. Yo trabajo como educador en una cooperativa de educadores que se formó justamente para trabajar de forma diferente, con diferentes valores y sobre todo no buscar el beneficio económico si no lo mejor para los chavales. Tenemos claro que nos gustaría que no existieran estas estructuras ni chavales dentro de ellas, pero los hay y los habrá y intentamos trabajar desde el empoderamiento de sus vidas, dándoles herramientas y echándoles una mano en lo que se pueda. He leído tu critica pero no he visto ninguna propuesta de mejora. A parte de eso, no he echo la carrera de educación social, pero por lo que me han dicho compañeros, aprender, aprendes poco. Pero me la voy a sacar porque es un requisito legal. De dónde aprendo de drogas, violencia y otros temas que tratas en el artículo, es el día a día trabajando y en mi vida diaria. Saludos.

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  • el 15/02/2018 a las 13:44
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    Jo, lo cierto es que este texto es increíblemente no sé… ¿mentira? Quiero decir… entiendo que es un artículo de opinión, pero la fundamentación no tiene ningún sostén. Planteas opiniones cero contrastadas como verdades absolutas, y datos que directamente no son ciertos.
    Estoy completamente de acuerdo con la evolución de las asociaciones de vecinos (que se plantea en uno de los comentarios) y de cómo la democracia y el capitalismo se las ha comido y ha favorecido la degeneración de los barrios. Pero atacarlas como “vendidas”, o plantear que sólo las subvenciones sin valorar la transición del estado de bienestar como un paso previo para el capitalismo salvaje, me parece como poco, naïf. Y al margen de eso, la educación social, los proyectos educativos de intervención, no son sólo eso. Y no existen sólo Trama, y muchísimas empresas religiosas vinculadas al PP que, por lo menos en el contexto que yo conozco, han estado copando contratos y demás. Hay mucha tela que cortar en este tema y es infinitamente más complejo que “educadores sociales = pseudopolicías”, al margen de ser injusto, mentira y que responde a un maniqueísmo del que hace gala mucho anarquista, para mí, de palo. Flaco favor y modos machos, a tope.
    Tengo críticas, muchísimas y muy duras a las instituciones encargadas de velar por el bienestar de las y los niños y de las familias. Y muchas también a determinados modos de ejercer esa profesión. Creo que hay una dejación de funciones absoluta por parte del estado y de sus políticas con respecto al tema de la protección de los menores. Uno de ellos que es un tema muy complejo, que toca ámbitos muy tabú y con los que la sociedad se lava las manos (violencia de género, violencia contra las y los niños, cero horizonte económico para un número cada vez más creciente de familias y la relación que hay entre pobreza y salud mental… en fin, hay mucha documentación al respecto), y no se puede trabajar bien invirtiendo cuatro duros esperando resultados milagrosos con planes-proyectos y programas. Insinuar que es una industria que mueve muchísimo dinero atacando no a quienes usurpan esos servicios ninguneando a los trabajadores y reduciendo a la nada poco a poco los derechos laborales me parece cruel, bobo y sobre todo es que no entiendo el sentido desde una publicación como esta. Por supuesto voy a dejar al margen lo que es un ataque a muchos trabajadores que lo hacen desde un profundo respeto a las personas con las que trabajan.
    Yo personalmente, que también tengo muchísimas críticas a la carrera como tal, sí estudié sobre todo eso que mencionas. Me tomaría un café personalmente para que ser anarquista no sea tan fácil como tirar mierda y poner un ventilador sin ningún tipo de razonamiento, cuestionamiento de nada. Y, ya de regalo, un poquito de perspectiva feminista, tampoco le vendría mal al hablar de esto.

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  • el 15/02/2018 a las 15:16
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    Uf, que decepción, como educador social te digo que representas el fascismo imperante que pretende manchar una profesión por y para las personas, motivadora del cambio social. Constantemente tenemos que luchar contra las instituciones para señalar la población olvidada. Menuda basura de artículo, panfletario, vacío y fascista

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  • el 17/02/2018 a las 10:26
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    Este articulo nos sirve reflexionar, para no perder el norte de nuestra profesión de educador/a social, como apoyo y promoción de las personas, como la voz de los que no tienen, o no permite la estructura del poder, para que no olvidemos el sentido, de educar y de educar a la sociedad, una vez instalados y reconocidos por la estructura del Poder.

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