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Decimocuarto asalto. La adolescencia golpeada: sentir, pensar y luchar en el barrio

DecimocuartoasaltoEn la difícil tarea de superar la distancia entre teoría y práctica, la mayor parte de las veces nos vemos dando bandazos de una a otra sin que lleguemos a conseguir un integración coherente de ambas. Aquí es donde los testimonios y biografías pueden cumplir un papel relevante. Más que como forma de idolatría y homenaje a determinado personaje o momento histórico, cumplen el papel de escenificar como la  teoría toma forma en la realidad, canalizada por un individuo, grupo o colectivo.

El libro que presentamos intenta reflejar cómo va cuajando esa capacidad analítica en la cotidianidad de la lucha. Intenta ser ejemplo, sin sermonear a nadie, del recorrido militante de quien va tomando conciencia, descubriendo las falsas apariencias de nuestra época y confrontando poco a poco un posicionamiento más elaborado.

El autor consigue hacer llegar de manera cercana y humilde sus vivencias y reflexiones, transpirando en todo momento un posicionamiento político que no se hará explícito de forma concreta en el texto, pero que el lector podrá ir esbozando en líneas generales.

Las situaciones que nos expone están repletas de significado. Es de valorar la sencillez con la que nos cuenta sus comienzos, en los que el exceso de inocencia choca con el muro de intereses y perversión que ha creado la profesionalización de la acción social. Estos primeros golpes de realidad, van forjando una actitud ante la vida que le permite ir reconociendo como aliados a aquellos que otros quieren encuadrar con términos como “delincuentes”, “peligrosos”, “marginados”… Pero, ¿marginados de qué? De un Sistema que ya no los necesita como mano de obra, porque forman parte del excedente que se deriva del movimiento de capitales hacia otras zonas del planeta, y como tal, los desecha. En estos tiempos de globalización capitalista, cada vez son más amplias las capas sociales que quedan fuera del ciclo de producción-consumo. Si en otro tiempo este sector de población fue tratado con lástima, caridad, o crudo desprecio, hoy la estrategia ha cambiado. La gestión de estos “residuos” del excedente de mano de obra se ha convertido en un negocio floreciente, y en expansión. Es por medio de la mercantilización de las relaciones sociales que son insertados de nuevo en el Sistema. Y para poder sacar el máximo rédito económico, además de controlar la conflictividad que pudiera generar su situación, en los últimos años se han ido estableciendo cambios legislativos, como la Ley de Protección del Menor o la Ley de Enjuiciamiento Penal de Menores, que fortalecen la alianza entre la Administración pública y las empresas privadas, para la explotación de estos recursos. En relación a este marco legislativo se ha ido construyendo un “ejército humanitario” formado por multitud de profesionales, donde se entrelaza la ayuda y el control, y en el que las buenas intenciones se pervierten al quedar al servicio de otros intereses. De esta forma, las capacidades de acción social de quienes decidieron formarse como pedagogos, psicólogos, sociólogos, trabajadores sociales, educadores sociales, educadores de calle y tiempo libre… se manipulan para cumplir con finalidades contrarias a su vocación, forzados a ser aliados en la práctica de administrativos y gestores, también guardas jurados, policías, jueces,  funcionarios de prisiones y otros centros de reclusión… Entre todos acaban suplantando al tejido social como fuente de ayuda y solidaridad, profesionalizando la acción social, institucionalizando la solidaridad, haciéndola depender de intereses económicos y con claras finalidades de control.

En este “ejército” quisieron encuadrar al autor, y él nos cuenta su experiencia de resistencia. Palabras con las que muchos se podrán identificar y encontrar fuerzas para la difícil tarea de generar alternativas. Además de denunciar con claridad como la intervención de este “ejercito” se legitima y respalda con un discurso “pedagógico”. Bajo este discurso toda actuación del Estado, y de las empresas privadas del sector, queda amparado en la más absoluta impunidad. Y en la práctica, el discurso “pedagógico-preventivo”, se convierte en una red de control social, que extorsiona, chantajea, vigila y encarcela a los/as chavales/as, y criminaliza, culpabiliza y responsabiliza a las familias de una situación de desigualdad social, de la que son sus principales víctimas.

Todo esto queda reflejado en las experiencias que se nos muestran en el texto, y pueden ser  vividas de igual manera por todos/as aquellos/as que, no quedándose impasibles ante las injusticias, decidan tener un papel activo en el cambio de este mundo. El tomar conciencia de ello, y actuar en consecuencia, depende de ustedes.

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