Hong Kong: Anarquistas en la resistencia contra la “Ley de Extradición”

Ya son más de dos meses de protestas casi continuadas en Hong Kong. De la resistencia frente a la “Ley de Extradición” a las peticiones de dimisión de la jefa del ejecutivo hongkonés Carrie Lam, todo salpicado de manifestaciones masivas, ocupaciones de edificios gubernamentales e importantes choques con las fuerzas policiales. Con la intención de acercarnos a este conflicto, reproducimos a continuación una entrevista realizada por el portal CrimethInc (y traducida al castellano por tarcoteca) a un colectivo anarquista local. La entrevista tiene ya unas semanas, pero su análisis general de los acontecimientos la hacen de imprescindible lectura.

Desde 1997, cuando dejó de ser la última posesión colonial importante de Gran Bretaña, Hong Kong ha sido parte de la República Popular China, mientras mantiene un sistema político y legal distinto. En febrero de 2019, se presentó un impopular proyecto de ley que permitiría extraditar a fugitivos de Hong Kong a países con los que el gobierno regional no tiene acuerdos de extradición, incluida, China continental. El 9 de junio, más de un millón de personas tomaron las calles en protesta; el 12 de junio, los manifestantes se enfrentaron con la policía; el 16 de junio, dos millones de personas participaron en una de las marchas más grandes en la historia de la ciudad [de 7’3 millones de habitantes]. La siguiente entrevista, con un colectivo anarquista de Hong Kong, explora el contexto de esta oleada de disturbios. Nuestros corresponsales dibujan más de una década de experiencias en los movimientos sociales anteriores en un esfuerzo por entender las motivaciones que impulsan a los participantes y cómo se desarrollan las nuevas formas de organización y subjetivación que definen esta nueva secuencia de lucha.

En Estados Unidos, las luchas populares más recientes han convergido en torno a la resistencia a Donald Trump y la extrema derecha. En Francia, el movimiento Gilets Jaunes atrajo a anarquistas, izquierdistas y nacionalistas de extrema derecha a las calles contra el gobierno centrista de Macron; y a una lucha entre ellos mismos. En Hong Kong, vemos un movimiento social que se opone a un estado gobernado por la izquierda autoritaria. ¿A qué desafíos se enfrentan los opositores al capitalismo y al estado en este contexto? ¿Cómo podemos superar a los nacionalistas, neoliberales y pacifistas que buscan controlar y explotar nuestros movimientos?

A medida que China extiende su alcance, compitiendo con Estados Unidos y la Unión Europea por la hegemonía global, es importante experimentar con modelos de resistencia contra el modelo político que representa, mientras se cuida de evitar que los neoliberales y reaccionarios capitalicen la oposición popular para la izquierda autoritaria. Los anarquistas en Hong Kong están en una posición única para hablar sobre esto.

«La izquierda» es institucionalista e inefectiva en Hong Kong. En general, los «expertos» liberales y los «ciudadanos» de derecha tienen un dominio absoluto de la narrativa cada vez que estallan las protestas, especialmente cuando China está involucrada.

En la lucha contra el proyecto de «Ley de Extradición», ¿la escalada de tácticas ha dificultado a estas facciones el representar o gestionar «el movimiento»? ¿La revuelta ha excedido o socavado su capacidad para dar forma al discurso? ¿Los eventos del mes pasado anunciaron desarrollos similares en el futuro, o éste ha sido un tema ya común en el descontento popular en Hong Kong?

Creemos que es importante que todos comprendan que, hasta ahora, lo que ha sucedido no puede entenderse correctamente como «un movimiento». Está demasiado inmaduro para ello. Lo que quiero decir es que, a diferencia del llamado «Movimiento de los Paraguas«, que escapó al control de sus arquitectos fundadores, los intelectuales que llamaron a «Ocupar el Centro con Amor y Paz» hace un año, al que se adhirieron una mayoría con principios pacifista y cívicos que lo delinearon, en este no hay una guía narrativa real que unifique los eventos ocurridos hasta ahora, no hay un credo fundacional que autorice o santifique ciertas formas de acción mientras proscribe otras para crear una espectacular portada que se puede fotografiar y retransmitir a pantallas de todo el mundo.

La respuesta corta a su pregunta, entonces, es … sí, hasta ahora, nadie está autorizado a hablar en nombre del movimiento. Todos luchan por llegar a un acuerdo con una forma naciente de subjetividad que se está configurando ante nosotros, ahora que las figuras formales de las tendencias a las que se refieren han sido aplastadas y en gran parte marginadas. Eso incluye a la fracción «académica» de los estudiantes, hasta ahora conocidas como «Demosisto«, y los «nativistas» de extrema derecha, ambos descalificados de participar en el consejo legislativo después de ser votados.

A lo largo de esta entrevista, trataremos de describir nuestras propias intuiciones acerca de cómo se ve esta forma embrionaria de subjetividad y las condiciones a partir de las cuales se origina. Pero estos son sólo tentativas. Lo que sea que suceda, podremos decir que nace en un campo en el cual los protagonistas visibles y reconocibles de secuencias anteriores, incluidos los partidos políticos, los cuerpos estudiantiles, los grupos de derecha y los populistas, han sido derrotados o desacreditados. Es un campo sembrado de sombras, atormentado por sombras, ecos y murmullos. A partir de ahora, el centro del escenario permanece vacío.

Esto significa que los modos de comprensión «predeterminados» más frecuentes son invocados para llenar los vacíos. A menudo, parece que estamos preparados para una desafortunada repetición de la secuencia que se desarrolló con el Movimiento de los Paraguas:

– Espantoso despliegue de fuerza policial

– La indignación pública se manifiesta en grandes marchas y ocupaciones posteriores, organizadas y entendidas como demostraciones de virtudes cívicas santificadas.

– Estas ocupaciones se osifican en campamentos tensos, puritanos y paranoicos, obsesionados con el comportamiento político para mantenerlas acorde con el guion prescrito.

– El movimiento colapsa, lo que lleva a cinco años de desencanto entre los jóvenes que carecen del entendimiento necesario para comprender que su fracaso en alcanzar el sufragio universal es algo menos que una abyecta derrota.

Por supuesto, esta es solo una breve descripción del Movimiento de los Paraguas de hace cinco años, e incluso entonces hubo una cantidad considerable de «excesos»: novedosas y emancipatorias prácticas y encuentros que la narrativa oficial no pudo explicar. Estas experiencias deben recobrarse y recuperarse, aunque este no es el momento ni el lugar para ello. Lo que ahora enfrentamos es otro ejercicio de mistificación, en el que los protocolos que entran en funcionamiento cada vez que el tejido social entra en una crisis pueden cerrar las posibilidades que se están abriendo. Sin embargo, sería prematuro sugerir que está por suceder.

En nuestras breves y, a menudo, extremadamente desagradables publicaciones de las redes sociales occidentales de extrema izquierda, hemos notado que, con demasiada frecuencia, la inteligencia cae víctima de nuestra inclinación a dominar esta o aquella lucha. Gran parte de lo que pasa por «comentarios» tiende a caer hacia uno de los dos polos: aclamación apasionada del poder de la inteligencia proletaria o denuncia cínica de su recuperación populista. Ninguno de nosotros puede soportar el suspense de tener que suspender nuestro juicio sobre algo fuera de nuestro conocimiento, y nos apresuramos queriendo encontrar a alguien que pueda formalizar esta masa de información difícil de manejar en una rúbrica que podamos comprender y digerir, para poder expresar nuestro apoyo o aprehensión.

No tenemos respuestas reales para nadie que quiera saber si debería preocuparse más por lo que está pasando en Hong Kong en lugar de, por ejemplo, Francia, Argelia o Sudán. Pero podemos apelar a quienes estén interesados ​​en comprender lo que está sucediendo y tomarse el tiempo para desarrollar una comprensión sobre esta ciudad. 

Aunque no compartimos por completo su política y tenemos algunas dudas con los hechos presentados en ella, respaldamos cualquier cobertura de los eventos en Hong Kong que los medios Ultra, Nao y Chuang han ofrecido a lo largo de los años al mundo de habla inglesa. La pieza de Ultra sobre el Movimiento de los Paraguas [«Black versus Yellow«, Autónomos vs Cívicos] es probablemente la que mejor cuenta los actuales eventos en desarrollo.

Si entendemos que «la izquierda» es un sujeto político que sitúa las cuestiones de la lucha de clases y el trabajo en el centro de su política, no es del todo cierto que exista tal cosa en Hong Kong. Por supuesto, amigos nuestros tienen excelentes blogs, hay pequeños grupillos y cosas por el estilo. Ciertamente, todos hablan de la brecha de riqueza, la pobreza rampante, la clase capitalista, el hecho de que todos somos “打工仔” (trabajadores, gente trabajadora) que luchan por sobrevivir. Pero, como en casi cualquier otro lugar, la principal forma de subjetividad e identificación a la que todos se suscriben es a la idea de ciudadanía en una comunidad nacional [Hong Kong]. De ello se deduce que esta imaginada pertenencia está basada en la negación, la exclusión y la demarcación del continente. Solo puedes imaginar la tortura de ver las tediosas camisetas de «¡Yo Soy Hongkonés, no chino!» en el metro, u oir la expresión «¡Vamos Hongkoneses!» anuncio cantado ad Nauseam todas las tardes durante las últimas marchas.

Debería interesar a los lectores extranjeros saber que la palabra “izquierda” en Hong Kong tiene dos connotaciones. Obviamente, para la generación de nuestros padres y sus padres antes que ellos, «izquierda» significa comunista. Es por eso que «izquierda» puede referirse a un hombre de negocios que sea miembro del Partido, o un político pro-establishment que sea notoriamente pro-Chino. Para las personas más jóvenes, la palabra «izquierda» es un estigma (a menudo conjugado con «plástico», una palabra en cantonés que suena como «imbécil») asociada a una generación anterior de activistas que participaron en un periodo previo de lucha social, incluyendo luchas para evitar la demolición del muelle de Ferrys de Queen’s en Central, contra la construcción del Ferrocarril de alta velocidad que atraviesa el noreste de Hong Kong hacia China y contra la destrucción de vastas extensiones de tierras de cultivo en los territorios del noreste, todo lo cual terminó en desmoralizadoras derrotas. Estos movimientos a menudo fueron liderados por portavoces-marionetas, artistas o representantes de ONGs que forjaron alianzas tácticas con progresistas en tal pan-democrático movimiento. La derrota de estos movimientos, atribuida a sus reticencias a las prácticas de acción directa y sus peticiones de paciencia y negociación con la autoridad, ahora se atribuye a esa generación de activistas. Toda la rabia y la frustración de los jóvenes que llegaron a la mayoría de edad en ese período, prestando atención a la dirección de estas figuras que les ordenaron dispersarse cuando presenciaban otra derrota, otra exhibición de pasividad orquestada, ha dado un giro progresivo hacia la derecha. Incluso los cuerpos de estudiantes de secundaria y universitarios que tradicionalmente han sido de centro izquierda y progresistas se han vuelto explícitamente nacionalistas.

Un principio crucial de esta generación, que surge de una serie de desilusiones y fracasos, es el foco en la acción directa y el consiguiente rechazo a las «discusiones en petit commite», «el consenso», y similares. Este tema apareció por primera vez en el Movimiento de los Paraguas, principalmente en el campamento de Mong Kok, donde las posibilidades eran más ricas, pero donde, por desgracia, la derecha también era capaz de establecer un punto de apoyo más firme. 

La desconfianza en la generación anterior sigue prevaleciendo. Por ejemplo, en la tarde del 12 de junio, en medio de luchas callejeras entre la policía y los manifestantes, varios miembros de un veterano partido socialdemócrata se encargaron de transmitir información a través de un micrófono a los que estaban en el frente diciéndoles dónde retirarse si necesitaban escapar, qué agujeros en los frentes debían ser recompuestos e información similar. Debido a esta desconfianza en los partidos, los políticos, los activistas profesionales y sus agendas, muchos ignoraron estas instrucciones y en su lugar confiaron en la información de boca en boca o en la información que circula en los grupos de mensajería online [1].

No es exagerado decir que el mito fundador de esta ciudad es que los refugiados y disidentes huyeron de la persecución comunista para construir un oasis de riqueza y libertad, una fortaleza de libertades civiles salvaguardada por el imperio de la ley. En vista de eso, a nivel mundano, se podría decir que muchos en Hong Kong ya se consideran a sí mismos rebeldes, en la forma en que viven y disfrutan de las libertades, y que consideran como identidad, por muy vacía y tenue que sea, una propiedad que debe ser defendida a toda costa. No debería ser necesario decir mucho aquí sobre el hecho de que gran parte de la “riqueza” ecológica real que constituye esta ciudad, sus barrios más interesantes (y, a menudo, los más pobres), una gran cantidad de clubes informales, estudios y viviendas situadas en edificios industriales, han sido saqueadas por los promotores estatales y privados, y destruidas pieza por pieza las tierras de cultivo en los territorios del noreste, las aldeas históricas amuralladas y los distritos rurales; ante la indiferencia rotunda de estos indignados ciudadanos.

En cualquier caso, si los liberales son capaces de desplegar su lenguaje de Guerra Fría sobre la necesidad de defender las libertades civiles y los derechos humanos ante la marea roja que nos invade, y los llamamientos populistas de la derecha llaman a defender la integridad de nuestra identidad ganan terreno, es por estas razones históricas profundamente arraigadas y bastante banales. 

Considerando el momento de esta lucha, cómo explotó cuando las imágenes de la policía que maltrataban y arrestaban a jóvenes estudiantes se volvieron virales, vemos la perfecta repetición del preludio al movimiento de los paraguas. Esto ocurrió una semana después de la vigilia anual que conmemora a los muertos en la Masacre de Tiananmen del 4 de junio de 1989, una fecha recordada en Hong Kong como el día en que los tanques fueron llamados a aplastar a los estudiantes que se reunían pacíficamente en reivindicación de libertades civiles. Es imposible exagerar la profundidad de esta herida, este trauma, en la formación de la psique popular; esto llegó a los hogares cuando miles de madres se reunían en público, en un reflejo casi perfecto de las madres de Tiananmen, para quejarse públicamente por el futuro de sus hijos desaparecidos, hecho ahora eclipsado por la sombra del monolito comunista. Sorprende a la mente pensar que la policía, no una vez, sino dos veces, violó el mayor de todos los tabúes: abrir fuego contra los jóvenes.

A la luz de esto, sería naive sugerir que haya ocurrido algo significativo hasta el momento como para sugerir qué hacer para escapar del «estrangulamiento» de los que tu describes como «eruditos» liberales y a los «ciudadanos» de derechas que se mantienen aquí en la narrativa. Ambas facciones son simplemente síntomas de una condición subyacente, aspectos de una ideología que deben ser atacados y desarmados en la práctica. 

Tal vez deberíamos abordar lo que está sucediendo ahora mismo como una especie de psicoanálisis público, con la psicopatología de nuestra ciudad expuesta a la vista, y contemplar las acciones en las que participamos colectivamente como una oportunidad de trabajar juntos en traumas, manías y complejos obsesivos. Si bien es indudable que el impulso y la moral de esta lucha se sostienen en todo el espectro social mediante la invocación constante al «pueblo de Hong Kong», a quien se incita a proteger su hogar a toda costa, y mientas esta preocupación unánime cubre muchos problemas [2], aceptamos la agitación y la calamidad de nuestro tiempo, la necesidad de intervenir en circunstancias que no son nunca de nuestra elección. Sin embargo, pueden aparecer cosas sombrías, esta lucha ofrece una oportunidad de nuevos encuentros, para la elaboración de nuevas gramáticas.

¿Qué ha sucedido con el discurso cívico en el interludio entre el movimiento de los paraguas y el de ahora? ¿Se contrajo, expandió, decayó, transformó?

Esa es una pregunta interesante para hacer. Quizás lo más importante que podemos informar sobre la secuencia actual es que, sorprendentemente, cuando una pequeña fracción de manifestantes intentó acceder al Consejo Legislativo el 9 de junio después de una marcha de un día, no fue criticada universalmente como acto de locura, o peor, el trabajo de China o la policía como provocadores. Tenga en cuenta que entre el 9 y 12 de junio, en los dos intentos de ingresar al edificio del consejo legislativo hasta ahora, la asamblea legislativa no estaba en sesión; la gente estaba efectivamente tratando de entrar en un edificio vacío.

Ahora, por mucho que tengamos nuestras reservas sobre la eficacia de hacer tal o cual acción [3], esto es extraordinario, considerando el hecho de que el último intento de hacerlo, que ocurrió en una protesta contra el desarrollo en los territorios del noreste poco antes del movimiento de los paraguas, tuvo lugar mientras las deliberaciones estaban en trámite y fueron ampliamente condenadas o ignoradas. [4] Algunos podrían sugerir que el legado del movimiento de los Girasoles en Taiwan sigue siendo una gran inspiración para muchos aquí; otros podrían decir que la amenaza inminente de la anexión china está impulsando al público a respaldar las medidas desesperadas que de otra manera castigarían.

En la tarde del 12 de junio, cuando decenas de miles de personas se vieron repentinamente asaltadas por los antidisturbios, luchando por escapar de las balas de goma y gas lacrimógeno, nadie condenó a los escuadrones de enmascarados del frente que luchaban contra las líneas de avance de la policía y apagaban los botes de gas lacrimógeno cuando aterrizaron. Siempre ha existido un abismo, aparentemente insuperable, entre los manifestantes «pacíficos» (de forma peyorativa llamados los «imbéciles racionales no-violentos pacifistas» por la mayoría de nosotros en el otro lado) y los manifestantes «belicosos» que creen en la acción directa. Cada lado tiende a ver al otro con desprecio.

El foro online LIHGK ha funcionado como eje central para la organización de los jóvenes, intercambio de comentarios políticos y para que muevan información relacionada con esta lucha. Por primera vez, una gran cantidad de hilos de este sitio se dedican a cerrar esta brecha o, al menos, a cultivar el respeto hacia aquellos que no hacen nada más que presentarse en las marchas todos los domingos; aunque solo sea porque las marchas mueven a millones de participantes, toman partido y son bastante importantes, por muy aburridas que sean en realidad. 

La última vez que las marchas estuvieron cerca de alcanzar esta magnitud, un Director Ejecutivo [título del alcalde de Hong Kong] tuvo que renunciar y la enmienda a una ley relativa a la libertad de expresión se trasladó a un segundo plano. Todo tipo de grupos tratan de inventarse una manera de contribuir a la lucha, la más notable de las cuales es la congregación de cristianos que se han reunido frente a las líneas policiales ante el consejo legislativo cantando el mismo himno sin descanso durante una semana y media. Ese himno se ha convertido en un estribillo que probablemente resonará a través de luchas en el futuro, para bien o para mal.

¿Existen aperturas o líneas de fuga en este movimiento que pudieran permitir intervenciones que socaven el poder de la policía, de la ley, de la mercancía, sin producir un sujeto militante que pueda identificarse y eliminarse?

Es difícil responder a esta pregunta. A pesar del hecho de que los proletarios componen la gran mayoría de las personas que libran esta lucha, los proletarios cuyas vidas les son robadas por empleos sin alma, que se ven obligados a gastar cada vez más parte de sus salarios al pago de rentas que continúan disparándose debido a los amplios proyectos de gentrificación emprendidos por funcionarios del estado y promotores privados que a menudo son lo mismo, debemos recordar que muchos consideran que el «capitalismo de libre mercado» es un rasgo definitorio de la identidad cultural de Hong Kong, que lo distingue del «capitalismo rojo manipulado por el partido comunista». Lo que actualmente existe en Hong Kong, para algunas personas, está lejos de ser ideal; cuando se dice «los ricos», se evocan imágenes de los monopolios de los magnates, cárteles y funcionarios comunistas que han formado un pacto oscuro con el Partido para alimentarse de la sangre de los pobres.

Entonces, al igual que las personas claman por un gobierno y unas instituciones a las que podamos llamar adecuadamente «nuestras», sí, incluida la policía, desean un capitalismo que finalmente podamos llamar «nuestro», un capitalismo libre de corrupción, engaño político y similares. Es fácil reírse de esto, pero como cualquier comunidad reunida alrededor de un mito fundador de pioneros que huyen de la persecución y construyen una tierra de libertad y mucho de sacrificio y trabajo duro … es fácil entender por qué esta fijación ejerce un control tan poderoso sobre la imaginación.

Esta es una ciudad que defiende ferozmente la iniciativa del empresario, de la empresa privada, y entiende cada trapicheo como una forma de ganarse la vida, una táctica en la lucha por sobrevivir. Este sentido sombrío de la vida como supervivencia es omnipresente en nuestro discurso; cuando hablamos de «trabajar», usamos el término «搵食», que literalmente significa «buscar la próxima comida». Eso explica por qué los manifestantes tradicionalmente han sido muy cuidadosos al evitar oponerse a las masas trabajadoras mediante acciones como el bloqueo de las carreteras que utilizan los autobuses que transportan a los trabajadores de regreso a casa.

Si bien entendemos que gran parte de nuestras vidas están ocupadas y consumidas por el trabajo, nadie se atreve a proponer el rechazo al trabajo, a oponerse a la indignidad de ser tratados como productores-consumidores bajo el dominio del producto. Los policías son increpados por ser los «perros guardianes» de un malvado imperio totalitario, en lugar de ser lo que realmente son: los soldados de infantería del régimen de propiedad.

Lo que es novedoso de la situación actual es que muchas personas ahora aceptan que los actos de solidaridad con la lucha, por muy pequeños que sean [5], puede llevar a un arresto, y están dispuestos a atravesar esta línea cambiante entre la legalidad y la ilegalidad. No es exagerado decir que estamos presenciando la aparición de una generación que está preparada para el encarcelamiento, algo que anteriormente estaba restringido a los «activistas profesionales» de la vanguardia de los movimientos sociales. Al mismo tiempo, no existe una discusión sobre qué es la fuerza de la ley, cómo funciona o la legitimidad de la policía y las prisiones como instituciones. La gente simplemente siente que necesita emplear medidas que transgreden la ley para preservar la santidad de la ley, que ha sido violada y deshonrada por los cowboys de la corrupción comunista.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que esta es la primera vez que se presentan propuestas de huelgas en diversos sectores y huelgas generales con respecto a un tema que, en la superficie, no tiene relación con el trabajo.

¿Cómo se reproducen en el contexto de Hong Kong barricadas y ocupaciones como las de hace unos días?

Las barricadas son ahora habituales. Cuando la gente se reúne en masa y tienen la intención de ocupar un determinado territorio para establecer un frente, las barricadas se construyen de manera rápida y efectiva. Ahora hay una sensación creciente de que las ocupaciones se están volviendo rutinarias e inútiles, físicamente exigentes y, en última instancia, ineficientes. Lo que es interesante en esta lucha es que las personas realmente pasan mucho tiempo pensando en lo que “funciona”, lo que requiere el menor esfuerzo y logra el máximo efecto en paralizar partes de la ciudad o interrumpir la circulación, en lugar de lo que es más moralmente atractivo para un «público» imaginario que observe todo desde la seguridad de la sala de estar; o incluso, a la inversa, lo que «siente» como más militante.

Ha habido muchas propuestas populares para acciones cotidianas «no-cooperativas», como atascar todo un metro mediante la coordinación de grupos de amigos «empaquetando» vagones con personas y equipaje dentro durante toda una tarde, o cancelando cuentas bancarias y retirando ahorros de cuentas con el fin de crear inflación. Algunos han difundido sugerencias sobre cómo esquivar el pago de impuestos para el resto de la vida. Esto puede parecer poco, pero lo interesante es la implacable circulación de propuestas de todo tipo, de personas con diferentes tipos de experiencia, y sobre cómo las personas pueden actuar por iniciativa propia donde viven o trabajan y en su vida cotidiana, en lugar de imaginar «la lucha» como algo que se libra exclusivamente en las calles por enmascarados y capaces jóvenes.

Ante cualquier críticismo que alguien pudiera tener sobre lo que ha sucedido hasta ahora, este formidable ejercicio de inteligencia colectiva es realmente impresionante: se puede proponer una acción en un grupo de mensajería o en un hilo de mensajes anónimo, algunas personas se organizan para realizarla, y se ejecuta sin ningún problema o fanfarria. Los formularios circulan y se multiplican a medida que los diferentes grupos los prueban y los modifican.

En Occidente, los leninistas y los maoístas han estado pregonando sobre «Agentes de la CIA » o «Revolución de color promovidas por Occidente». ¿Han invocado las fuerzas hegemónicas de Hong Kong el tema del «agitador externo» a nivel argumental?

De hecho, esa es la línea oficial del Director Ejecutivo, quien ha dicho repetidamente que considera los eventos de la semana pasada como un comportamiento desenfrenado incitado por intereses extranjeros interesados ​​en llevar a cabo una «revolución de color» en la ciudad. No estoy seguro de si repetiría esa frase ahora que se ha disculpado públicamente por «crear contradicciones» y discordar con sus decisiones, pero de todos modos, es muy gracioso que los tankies [comunistas acérrimos partidarios de sacar los tanques] compartan exactamente la misma opinión que nuestro Jefe de Estado.

Es un secreto a voces que varias ONG, partidos y grupos de expertos pro-democracia reciben fondos estadounidenses. No es algún tipo de teoría de la conspiración oculta que solo los tankies conozcan. Pero estos tankies están sugiriendo que la plataforma que coordina las marchas, una amplia alianza de partidos políticos, ONGs y similares, también es la punta de lanza ideológica y el arquitecto del «movimiento», que es simplemente un malentendido colosal. Esa plataforma ha sido ampliamente denunciada, desacreditada y ridiculizada por las tendencias partidarias de la «acción directa» que se están formando a nuestro alrededor, y es solo recientemente, como dijimos anteriormente, que hay retorcidos hilos en Internet que los elogian indirectamente por ser capaces de coordinar las marchas que realmente logran algo. Ojalá los tankies dejaran de tratar a todo el mundo como dementes ovejas neocoloniales actuando a las crípticas instancias de la inteligencia imperialista occidental.

Dicho esto, sería deshonesto si no mencionáramos que, junto con los hilos de mensajes que analizan las sutilezas de las tácticas de la acción directa en el extranjero, también hay hilos que alertan a todos sobre el hecho de que las voces de la Casa Blanca han expresado su desaprobación por la ley [de extradición].

Además, hay una petición realmente extravagante que circula en Facebook para que las personas hagan un llamado a la Casa Blanca para una intervención extranjera. Estoy seguro de que una vería este tipo de cosas en cualquier lucha de esta escala en cualquier ciudad no occidental. No son ‘pistoleros’ que confirmen la teoría de la manipulación imperialista; son fenómenos marginales que no son la fuerza impulsora detrás de los eventos.

¿Ha surgido algún eslogan, neologismo, nueva jerga, temas de conversación populares o frases divertidas que sean exclusivas de la situación?

Sí, muchos, aunque no estamos seguros de cómo traducirlos. Pero la fuerza que generan estos memes, que inspiran a todas estas pegatinas y frases de Whatsapp y Telegram, es en realidad la fuerza policial.

Entre dispararles a la gente a los ojos con balas de goma, soltar las porras y disparar indiscriminadamente botes de gas lacrimógeno a la cabeza y la ingle de la gente, también encontraron el momento de lanzar algunas perlas verdaderamente clásicas que se abrieron camino hacia las camisetas. 

Uno de estos motivos es el desafortunado y políticamente incorrecto «coño liberal». En medio de una escaramuza entre la policía y los manifestantes, un policía llamó a alguien en la línea del frente por ese epíteto. Desafortunadamente, todos nuestros tacos en cantonés giran en torno a los genitales masculinos y femeninos; tenemos unas cuantas palabras para las partes privadas. En cantonés, esta formulación no suena tan fuerte como en inglés. Dichas juntas en cantonés, «liberal» y «coño» suenan positivamente divertidas.

¿Esta agitación tiene algo que ver con los disturbios de Fishball o por la autonomía de Hong Kong de hace unos años?

Los «disturbios de fishball» fueron una lección en muchos sentidos, especialmente para personas como nosotros, que se encontraban a cierta distancia de las personas involucradas. Fue una explosión de furia paroxística contra la policía, una réplica completamente inesperada del colapso del movimiento de los paraguas. Todo un partido, los anteriormente queridos de las juventudes de derechas, los «Hong Kong Indigenous«, deben toda su carrera a este motín. Se aseguraron de que todos supieran que iban a asistir, se presentaron uniformados y agitaron sus banderas azules en el escenario. Fueron llevados a comisaría, descalificados y encarcelados: uno de los miembros más importante está ahora buscando asilo en Alemania. Sus puntos de vista sobre la independencia de Hong Kong aparentemente se han suavizado considerablemente en el curso de la relación con los verdes alemanes. Eso está aún fresco en la memoria de la gente que saben que la invisibilidad es ahora de la mayor importancia.

¿Qué efecto ha tenido la liberación de Joshua Wong?

No estamos seguros de cuán sorprendidos estarán los lectores extranjeros al descubrir, después de ver ese horrible documental sobre Joshua Wong en Netflix, que su liberación no ha inspirado mucha alegría. Demosisto es ahora efectivamente la «izquierda de pega» entre un nuevo grupo de estudiantes de secundaria.

¿Las facciones populistas están funcionando como una verdadera fuerza de restauración?

Todo lo que hemos descrito anteriormente ilustra que, mientras que la lucha está actualmente fuera del alcance de cada grupo, partido u organización establecida, su contenido es populista por defecto. La lucha ha alcanzado una escala creciente y ha atraído a una amplia gama de actores; en este momento, se expande por minutos. Pero se piensa poco en el hecho de que muchos de los que están más obviamente e inmediatamente afectados por la ley serán personas cuyo trabajo se lleva a cabo en la frontera; trabajando y brindando ayuda a los trabajadores de Shenzhen, por ejemplo.

Nadie está completamente seguro de cuáles son las implicaciones reales de la ley. Incluso las perspectivas descritas por abogados profesionales varían mucho, y esto les permite a las corporaciones mediáticas otorgarse permiso para autocalificarse como la «voz de la gente» [6], un amplio espacio para enmarcar todo el asunto como simplemente una cuestión de peligro para la Autonomía Constitucional de Hong Kong, con una ciudad entera en revuelta contra la imposición de un estado de vigilancia que lo abarca todo.

Al leer los mensajes y hablar con la gente del entorno del complejo gubernamental, se podría pensar que la introducción de esta ley significa que las expresiones de disidencia online o mensajes inconvenientes a amigos en el continente podrían llevar a la extradición. Esto está lejos de ser el caso, en lo que se refiere a la ley misma. Pero los eventos de los últimos años, durante los cuales librerías de Hong Kong han desaparecido por vender publicaciones prohibidas en la China continental, y en que activistas han sido detenidos en Hong Kong y privados de toda comunicación al cruzar la frontera, ofrecen pocas razones para confiar en un partido [ver Carrie Lam]que ya es notorio por imputar cargos inventados y contravenir las leyes cuando le es conveniente. Quién sabe lo que harán una vez se haya concedido la autorización oficial.

La paranoia se establece invariablemente cada vez que surge el problema de China. En la tarde del 12 de junio, cuando las nubes de gas lacrimógeno comenzaron a aclararse, el fundador de un grupo de Telegram con más de 10.000 miembros activos fue arrestado por la policía, que le ordenó desbloquear su teléfono. Su testimonio reveló que le dijeron que incluso si se negaba, de todos modos hackearían su teléfono. Más tarde, los noticiarios informaron que estaba usando un teléfono Xiaomi en ese momento. Esta noticia se volvió viral, y muchos comentaron que su elección de teléfono fue audaz e idiota, ya que la leyenda urbana dice que los teléfonos Xiaomi no solo tienen una «puerta trasera» que le permite a Xiaomi acceder a la información de cada uno de ellos, sino que Xiaomi, en virtud de tener sus servidores en China, descarga toda la información almacenada en su nube a la base de datos de los Amos del Partido. Es inútil tratar de sugerir que los usuarios que se sienten ansiosos por tales cosas pueden tomar medidas para bloquear las puertas traseras, o que la eliminación de la información de fondo se puede detectar simplemente verificando el uso de los datos en su teléfono. Xiaomi se considera efectivamente un dispositivo de rastreo comunista diseñado por expertos, y los argumentos ya no son técnicos, sino ideológicos hasta el punto de la superstición.

Esta dimensión «post-verdad» de esta lucha, combinada con todos los factores psicopatológicos que enumeramos anteriormente, hacen que todo lo que está sucediendo sea mucho más desconcertante, mucho más abrumador. Durante mucho tiempo, la fantasía fue el ímpetu para la lucha social en esta ciudad: la fantasía de una comunidad nacional, urbana, de pensamiento libre, civilizada y compartiendo cada una de las libertades negativas que proporciona la ley, la fantasía de la democracia electoral … Donde quiera que las fantasías afirmativas se ponen en riesgo, se defienden y se proclaman en público, en masa, y en las ventas de «Soy Honkonés» [sic] se ensalzan hasta la exageración.

Esto es lo que da a los procesos un sabor distintivamente conservador y reaccionario, a pesar de lo radicales y descentralizadas que son las nuevas formas de acción. Todo lo que podemos hacer como colectivo es buscar formas de subvertir esta fantasía, exponer y demostrar su vacuidad de forma y contenido.

En este momento, parece irreal que todos los que nos rodean estén tan seguros, tengan las cosas tan claras acerca de lo que deben hacer (oponerse a esta ley con todos los medios que tienen a su disposición), mientras que las razones para hacerlo permanecen irremediablemente en la oscuridad. Bien podría ser el caso de que esta sofocante opacidad sea nuestra suerte por el momento, en esta fase basada en más acción, menos charla, más en la implacable necesidad de estar al tanto y actuar sobre el flujo de información que se está acelerando constantemente a nuestro alrededor.

De muchas formas, lo que vemos que sucede a nuestro alrededor es el cumplimiento de lo que hemos soñado durante años. Muchos lamentan la «falta de liderazgo político», que ven como un hábito nocivo desarrollado a lo largo de años de movimientos sociales fallidos, pero la verdad es que aquellos que están acostumbrados a ser protagonistas de luchas, incluyéndonos a nosotros mismos como un colectivo, hemos sido superados por los eventos. Ya no se trata de una pequeña escena de activistas que inventan un conjunto de tácticas y programas e intentan vendérselos al público. «El público» está tomando la acción a nuestro alrededor, intercambiando técnicas en los foros, ideando formas de sortear la vigilancia, para evitar ser arrestados. Ahora es posible aprender más sobre la lucha contra la policía en una tarde que antes en años.

En medio de esta aceleración extenuante, ¿es posible introducir otro ritmo, en el que podamos involucrarnos en una contemplación colectiva de lo que nos hemos convertido, y en lo que nos estamos convirtiendo a medida que nos precipitamos en el tumulto?

Como siempre, aquí estamos, luchando junto a nuestros vecinos, buscando ardientemente a nuestros amigos.

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[1] Después de discutir el borrador preliminar de este artículo, uno de nosotros formuló reservas sobre esta declaración, afirmando que no era una representación totalmente precisa de los eventos. Mientras que unas cuantas personas ignoraron las instrucciones de quienes tenían los micrófonos, otros se mostraron receptivos a ellos, tomándolos en cuenta al mismo tiempo que recibían informaciones de varias apps de mensajería.

Debemos recordar que una proporción significativa de personas que han salido a las calles están ahí afuera por primera vez, y muy a menudo pueden sentirse abrumadas por el pánico. Hubo escenas, por ejemplo, de jóvenes que sufrieron ataques de ansiedad frente a las líneas policiales, y otros tuvieron que ser sacados de la línea de fuego. También vale la pena describir nuestras propias experiencias el 21 de junio, cuando los manifestantes organizaron varios bloqueos a edificios gubernamentales después de que el Jefe Ejecutivo no respondiera a un ultimátum popular. Esa tarde involucró a cientos de manifestantes que se apresuraron a proponer, discutir, evaluar y tomar decisiones de manera espontánea, y mintieron sobre las sugerencias de que esta nueva generación simplemente rechaza la discusión por temor a la cooptación.

Por supuesto, hay fenómenos dudosos en este esfuerzo de crear formas de toma de decisiones en una lucha popular: la ocupación de la entrada de la sede de la policía de Hong Kong, que se extendió hasta la noche, se convirtió en una debacle cuando el debate sobre si la ocupación debía continuar se sometió a una votación impugnada.

Además, cabe preguntarse si la naturaleza acéfala y amorfa del movimiento, compuesta por novatos que están inventando las cosas a medida que avanzan, lo hace vulnerable a la captura: en la tarde del 21, fue Joshua Wong quien reunió a dispersas unidades de manifestantes para reunirse frente a la jefatura de policía. Sospechamos que esto tuvo más que ver con el hecho de que todos se habían presentado al área sin tener una idea clara de lo que podían hacer, en lugar de la persona de Joshua Wong, pero no está claro.

[2] Al reflexionar sobre los problemas ocultos por la aparente unanimidad de la «gente de Hong Kong», podríamos comenzar preguntándonos para quién sugiere ese marco que es esta ciudad, quien compone este sujeto imaginario. Hemos visto a hermanos y hermanas nepalíes y pakistaníes en las calles, pero dudan en hacer su presencia conocida por temor a ser acusados ​​de ser matones empleados por la policía.

[3] “Los lugares de poder institucional ejercen una atracción magnética sobre los revolucionarios. Pero cuando los insurgentes logran penetrar en los parlamentos, los palacios presidenciales y otras sedes de instituciones, como en Ucrania, en Libia o en Wisconsin, es solo para descubrir lugares vacíos, es decir, sin poder, y amueblados sin ningún gusto. No se trata de evitar que las «personas» «tomen el poder» porque se les impide tan ferozmente invadir esos lugares, sino de evitar que se den cuenta de que el poder ya no reside en las instituciones. Allí solo hay templos desiertos, fortalezas fuera de servicio, nada más que escenografías, verdaderas trampas para los revolucionarios. «–El Comité invisible, «Para nuestros amigos«

[4] Accidentalmente, ese intento fue mucho más espontáneo y exitoso. La policía no había supuesto que multitudes de personas que se habían sentado pacíficamente con sus cabezas entre las manos sintiéndose impotentes mientras se autorizaban los desarrollos, repentinamente intentarían correr hacia las puertas del consejo por la fuerza, rompiendo algunas de las ventanas.

[5] En la noche del 11 de junio, todos los clientes jóvenes de un McDonald’s de ‘Admiralty’ fueron retenidos y se registraron sus identidades. El 12 de junio, un vídeo que se volvió viral mostró a un joven que transportaba una caja de agua embotellada a los manifestantes siendo atacado por un escuadrón de policías con porras.

[6] Para dar dos ejemplos bastante diferentes, esto incluye al populista Apple Daily, xenófobo y vehementemente anticomunista, y al «Hong Kong Free Press», un medio independiente online en inglés de la banda de «indignados liberales» dirigido por expatriados que tiene una afinidad por jóvenes líderes localistas/nativistas.

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Un comentario en “Hong Kong: Anarquistas en la resistencia contra la “Ley de Extradición”

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