El barrio del Raval contra Blackstone

El barrio del Raval en Barcelona es otro más de esos ejemplos de barrios de grandes ciudades que son abandonados por las instituciones, donde a su alrededor aumenta la presión urbanística, inmobiliaria y turística. Un barrio como tantos donde la degradación abre las puertas al tráfico de drogas o la prostitución. Herramientas que forman parte de un proceso de gentrificación cuyo objetivo reside en expulsar del barrio a aquellas personas que no dan el perfil de una ciudad cosmopolita, moderna y abierta a la inversión como Barcelona. A este proceso acuden como ratas los Fondos de Inversión, compañías donde otras compañías invierten para sacar réditos económicos a medio o largo plazo. Generalmente compran lo que un inversor no querría, en lugares que no desean en el presente pero que tienen una proyección a futuro. Es decir, es una práctica especulativa de toda la vida, solo que a una escala ya global. Un bloque de edificios en un barrio popular para ellos solo es un activo más en sus balances económicos. La propiedad, de nuevo, sobre la vida.

Estás dinámicas se traducen en lo cotidiano en subidas de los precios de los alquileres, que provocan incapacidad de pagar lo que lleva a familias, migrantes o jóvenes a verse en la necesidad de okupar. Si hace unos años la lucha en vivienda estaba centrada en las hipotecas, las cláusulas abusivas y los bancos, hoy se ha desplazado hacía los alquileres y los fondos de inversión. La incapacidad de la PAH en Barcelona de adecuarse a esta situación y de arraigarse en los barrios ha motivado el surgimiento de un (viejo)nuevo modo de organización: el sindicalismo de barrio. Entidades organizadas por barrios que atienden a las necesidades directas de las vecinas que los habitan y que a la par funcionan como un dique de contención frente a los procesos urbanísticos que convierten a los barrios en zonas de paseo turístico.

En el Raval tenemos al Sindicat Habitatge Raval (SHR), en Poble Sec al Sindicat de Barri o en Sants al Grup de Habitatge. Una constelación de grupos trabajando en los barrios que forman una nueva tendencia en los movimientos sociales de Barcelona, tratando de dotar de una mayor proyección estratégica a los conflictos cotidianos, generando a partir de ellos un entramado comunitario de resistencia, lucha y convivencia.

Hospital 99

El ejemplo más reciente de todo esto lo tenemos en la lucha contra el desalojo del edificio de la calle Hospital 99. Un antiguo hotel ilegal comprado por Banco Popular en 2012 y vendido a Blackstone, el mayor fondo de inversión inmobiliaria del mundo y el mayor casero de España con más de 20000 viviendas. Ya desde antes de la venta a Blackstone el edificio ha estado okupado por familias y jóvenes que intentaron, sin éxito, regularizar su situación buscando que el Ayuntamiento comprara el edificio y obtener así unos alquileres sociales. En febrero de 2019 hubo el primer intento de desahucio parado con éxito gracias a la ayuda del SHR. Otro de los hitos durante este tiempo de okupación fue la expulsión de un narcopiso del edificio por parte de las vecinas, piso que posteriormente fue okupado por el SHR para evitar un mal uso. Con el SHR ya vinculado al edificio comienza el que podría haber sido el proceso de desalojo definitivo. Un desalojo completo del edificio con 15 días de fecha abierta en pleno julio. Con esta situación el SHR se prepara para la defensa del bloque.

Defensa férrea, estrategia multiforme

Con la cuenta atrás para el desalojo comienzan los preparativos: la elaboración de un plan para impedir la expulsión de las familias del barrio. Este plan mostrará la esencia de lo que es el sindicalismo y lo que es una lucha de barrio. La defensa se construirá sobre varios ejes: cultural, comunicativo, negociador y defensa física. 4 ejes sobre un principio, la vivienda para quien la habita, el uso sobre la propiedad. Con una estrategia flexible, diversa y colectiva que será la auténtica fuerza revulsiva de esta lucha.

Para los 15 días de resistencia se preparó un festival con decenas de conciertos en la calle Hospital, artistas de renombre como Bad Gyal o Hardgz mostraron su apoyo desde la distancia o periodistas culturales se hacían eco de lo que sucedía, proyectando la lucha a nuevos públicos, traspasando las fronteras del barrio y del activismo. El SHR echa el resto por la defensa del espacio con presencia en los medios de comunicación de Cataluña, forzando al Ayuntamiento a ejercer de mediador con Blackstone y moviendo a los grupos parlamentarios del Parlament de Cataluña a posicionarse por una solución para las familias. Primera victoria para el SHR: nadie pone en duda la legitimidad de esas familias para okupar el edificio, las familias deben quedarse y Blackstone debe negociar. Sindicatos de Inquilinos de otras ciudades se solidarizan con la causa: Londres, Berlín, Portugal, Amsterdam… Si Blackstone es una entidad transnacional, ¿Por qué no la lucha de un barrio? Entre medias de toda esta campaña también se aprovecha para realizar un escrache a Eduard Mendiluce, directivo de Blackstone en España.

Todo ello hace que Blackstone mueva ficha. Primer intento, vender el edificio al Ayuntamiento, el cual no ve posible su compra. Tras ello la negociación definitiva, alquileres sociales para las 7 familias vulnerables que se encontraban en el edificio, pagando un 30% de sus ingresos, con alquileres base de 700€. Es decir, familias que podrán estar pagando alrededor de 250€ por su vivienda y el precio base por debajo del de mercado. Y no solo eso, las viviendas y el edificio serán completamente rehabilitados por Blackstone.

Força Sindicat!

Esta lucha supone una victoria que sienta un precedente. Un Sindicato de Barrio ha conseguido doblegar a un gigante financiero, alquileres sociales para las familias, rehabilitación del edificio y precios por debajo de mercado. Una lucha fundamentada en una mirada colectiva de la realidad, buscando cuales eran las formas concretas más efectivas para encontrar una solución al conflicto. Así, el Sindicato de Barrio se muestra como una herramienta autónoma con capacidad de negociar de tu a tu con empresas e instituciones a las que impone unas demandas. Un nuevo ejercicio de desobediencia colectiva que no necesita dejarse arrastrar por la dinámica institucional para transformar la realidad.


Todas las imágenes son obra de Sira Esclasans i Cardona

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