El gobierno del recambio

El mes de junio aparece con un nuevo presidente del gobierno del Reino de España. El gobierno de Rajoy ha caído tras una moción de censura liderada por el PSOE y encabezada por Pedro Sánchez, ahora presidente. La moción de censura se produce tras dos hechos fundamentales, por un lado, la aprobación de los presupuestos generales del Estado, dónde y cómo se debe gastar el dinero público, y por otro la sentencia judicial de la conocida “trama Gürtel” en la cual se comprueba la financiación ilegal del PP durante años y se pone al PP como una organización diseñada para el robo sistemático y el chanchulleo constante con las élites económicas del país.

Este cambio de gobierno se ha recibido, de una forma generalizada, como un soplo de aire fresco. El gobierno del PP era insostenible desde un punto de vista mínimamente ético y la sentencia de la Gürtel ha sido el golpe definitivo. Mientras que desde el parlamento se aprobaban distintas leyes, el gobierno del PP no las ponía en marcha. El conflicto entre el Estado y el movimiento independentista en Cataluña tomó un carácter internacional y la entrada en la cárcel de altos cargos electos catalanes no ha hecho más que debilitar la imagen pública del antiguo gobierno. Por otro lado, el nuevo ciclo de movilizaciones lideradas por el feminismo supone una apuesta que un gobierno del PP no puede abarcar. Toda esta suma de hechos han provocado la inviabilidad de un gobierno del PP. Eso sí, el legado de las políticas económicas del PP está garantizado, por un lado, por los presupuestos generales del Estado y por otro porque no hay mejor partido que el PSOE para impulsar medidas de corte neoliberal con un rostro amable, una gran sonrisa y promesas vacías que tienen la capacidad de desactivar luchas sociales si juegan bien sus cartas.

Recambio estético

Este gobierno va a ser un gobierno de transición hacia unas nuevas elecciones y en este tiempo su mayor baza va a ser la realización de políticas de carácter simbólico para que parezca que algo cambia sin que cambie mucho. Un gobierno que va a tratar de contentar a muchos sectores de cara a ganar las próximas elecciones. Ministerios encabezados por perfiles expertos, técnicos, europeístas e incluso algo de derechas para contentar a electorado y partidos a su derecha y también esa mayoría de mujeres al frente de ministerios como un claro guiño a esta ola cultural impulsada por el feminismo desde la calle. Junto a ello pequeñas modificaciones en asuntos como la Reforma Laboral o la Ley de Seguridad Ciudadana (conocida como las leyes mordaza) que, si bien dicen que no van a derogar por completo por falta de mayoría parlamentaria, sí dicen de hacer modificaciones, veremos. Junto con el guiño a las mujeres tenemos el Ministerio de Transición Ecológica, un apartado fundamental pero que difícilmente saldrá de la mera cuestión simbólica si no lleva a cabo medidas realmente de choque que se enfrente contra el dogma del crecimiento económico perpetuo o una economía basada en la deslocalización de la producción y los tratados de libre comercio.

En los primeros días de gobierno hemos podido ver un ejemplo evidente de lo que es este gobierno. El barco Aquarius con cientos de migrantes a la deriva en el Mediterráneo por la negativa de Italia a recibirlos en sus puertos, finalmente atracó en el puerto de Valencia a iniciativa del gobierno. Esta medida no debería ser sorprendente, sino habitual y obligatoria para garantizar los derechos humanos de las personas que huyen de una infinidad de conflictos, pero el hecho de tener una serie de gobiernos a nivel europeo de corte xenófobo, hace que un gesto como este se convierta en un gran escaparate político y mediático. Pero como todo gesto mediático cuando vamos a la realidad material nos encontramos con muros. A todas las personas a bordo del Aquarius se les ha dado atención médica y un permiso de estancia especial de un mes, tras ello serán devueltos a sus países o internados en un CIE. Nada de cambiar la ley de extranjería, nada de apoyar soluciones de paz en zonas de conflicto, nada de parar inversiones de capital español en el extranjero que destrozan los medios de subsistencia de tantas comunidades. Un reflejo de lo que nos espera de este gobierno de los gestos, que tenemos que tener muy en cuenta para no ser engañados.

Tiempos de oportunidades

Un gobierno débil, que quiere contentar a muchos sectores para ganar votos y que, además, no va a durar mucho es siempre una buena oportunidad para hacer del gesto simbólico una contradicción y una lucha, es una ocasión para presionar y llevar a cabo cambios de calado. Si con el PP había un bloqueo que derivó en una constante frustración para las luchas sociales y los movimientos populares, al gobierno del PSOE se le puede presionar y atacar precisamente donde creen que más cómodos pueden estar, en su supuesta nueva imagen pública representada por Pedro Sánchez. Aquí también se abren peligros de cooptación y de integración en dinámicas parlamentarias que conviene evitar. La fuerza del movimiento feminista no cabe en el parlamento, y estos momentos suponen una gran oportunidad para que el movimiento convierta su fuerza en hechos. El sindicalismo combativo vuelve a tener otra oportunidad, ya que los dos grandes sindicatos, CCOO-UGT, irán de la mano del PSOE una vez más y la oposición a la reforma laboral puede ser encabezada por el sindicalismo alternativo junto con los nuevos movimientos sociales entorno al mundo del trabajo. Este nuevo escenario debe servir para que las luchas abiertas en el último periodo se consoliden, se hablen entre sí y sean capaces de consolidar una oposición en la calle que construya formas de lucha y resistencia que vayan más allá del teatro parlamentario de los partidos políticos.

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