El conflicto educativo continúa, y sin solución a la vista

Una vez más volvemos con la cantinela de la educación. A riesgo de parecer excesivamente pesados/as, las cosas son como son, o al menos nosotros/as las vemos de esta forma, y es este un tema que nos preocupa en sobremanera. Será que hemos pasado muchos años dentro de la rueda del sistema educativo formal (y o seguimos metidos en ella o hace ciertamente poco que la dejamos de lado) o será que entendemos la educación como principio básico de transformación de una sociedad. Sea como sea, aquí estamos de nuevo a vueltas con este tema. En este caso, nuestras reflexiones partirán de la reciente huelga universitaria del pasado 14 de marzo. Esta nueva protesta fue lanzada en nuestra Comunidad por Tomalafacultad, y en ella participaron diversas asambleas de facultades o campus, colectivos universitarios y sindicatos de la enseñanza. El día transcurrió con paros educativos importantes, cortes de tráfico, piquetes informativos, una manifestación unitaria por el centro de Madrid… No es nuestra intención hacer una valoración pormenorizada del día de huelga en sí, puesto esto debe ser obra de quienes en ella participaron más activamente, ni realizar una crónica minuto a minuto de lo que aconteció; sólo trataremos de dar nuestra punto de vista acerca de las posibilidades de lucha que se abren (o ya se han abierto) en este ámbito y sobre cuestiones que quedan algo sepultadas por la vorágine de acción-reacción en que se está inserto en estos momentos.

Para empezar, queremos poner de relieve las razones que se han esgrimido para esta nueva movilización, a saber: recortes, subidas de tasas, degradación de las condiciones laborales de los/as profesionales de la educación y los nuevos cambios en materia legislativa (ya sea en forma de la nueva ley de educación obligatoria LOMCE o de la recientemente hecha pública “propuesta para la Reforma Universitaria” lanzada por una comisión de expertos/as al servicio del Ministerio de Educación).  A fin de cuentas, todos cambios que se están implementando en la educación formal son un apéndice más de la situación general de reformas que se están gestando en todos los rincones de nuestras vidas. La guía común que marca el camino es muy similar a la que motiva cambios en la gestión sanitaria, en los transportes públicos o en la legislación laboral: con la excusa de la situación económica y ante la nula capacidad de reacción de la clase trabajadora, se le dan los últimos hachazos al Estado de Bienestar y se adecua nuestra vida a las nuevas condiciones que impone el capitalismo. En este sentido, y centrándonos en materia universitaria, se entienden los pasos dados en pos de la competencia entre Universidades, asentando aún más conceptos como la rentabilidad económica de los títulos, la empleabilidad de los/as universitarios/as o la necesidad de acumular patrocinadores empresariales de las Universidades. Igualmente encaja la liberalización de la actividad docente e investigadora aumentando las posibilidades de contratación de personal no funcionario, lo que viene a ser personal con unas condiciones laborales más precarias; o las subidas de tasas y la degradación en materia de conocimientos y competencias que suponen los nuevos grados en comparación con las antiguas licenciaturas, de modo que se haga frente a un mercado laboral que ya no requiere tantos/as profesionales cualificados/as (o al menos, no tan cualificados/as). Y que no decir del afianzamiento de la presencia empresarial directa en la Universidad, tanto en materia de gobierno, otorgándoles mayor peso en los Consejos de Gobierno y dejando casi sin funciones a esos cotos privados para catedráticos/as que son los Claustros Universitarios, y dotándoles de una casi total capacidad de hacer y deshacer a su antojo en materia de currículos; como en materia de financiación, al pasar a tener la última palabra en muchas investigaciones y titulaciones. Todo esto son algunas de las propuestas del grupillo de expertos/as del Ministerio, pero en nada distan del camino ya marcado por la Estrategia 2015 o por el llamado Plan Bolonia.

Por otro lado, si nos centramos en la educación obligatoria, nos encontramos más de los mismo de la mano de la nueva LOMCE: más competitividad en forma de constantes exámenes y pruebas de nivel, menor peso de los Consejos Escolares en la toma de decisiones en pro de una centralización mayor de la educación, diferenciación más temprana del alumnado entre futuros/as universitarios/as y el resto, y así un largo etcétera. Con todo, como ya se ha dicho, se pretenden implementar una serie de cambios necesarios para que el sistema avance en la actual coyuntura. Hasta aquí todas estamos de acuerdo.

Sin embargo, desde nuestro punto de vista, supone un grave error detenernos aquí. Como se comentó muy acertadamente durante unas recientes jornadas de aprendizaje (www.localanarquistamagdalena.org/aprendizaje), con la educación, una sociedad o una comunidad, trata de transmitir una serie de valores y conocimientos tendentes a la reproducción de la misma. Partiendo de esta base, la educación en nuestros tiempos no es  más que eso, y por tanto responde a la necesidad de la sociedad capitalista de reproducirse, de mantenerse viva, y como tal, tratará de inculcar los conocimientos y saberes necesarios para mantener su sociedad del consumo globalizada (poniendo el énfasis sobre los estudios técnicos y científicos), y transmitirá los valores que sostienen nuestro día a día, a saber, la competitividad o el individualismo. Tirando de este hilo, así es y así ha sido desde mucho antes del Plan Bolonia o de la LOU, así fue también durante los años de bonanza y con el tan añorado por muchos/as Estado de Bienestar. Los actuales cambios no son más que los que acompañan al resto de cambios en la sociedad, y aunque ahora nos vienen con el regustillo autoritario y religioso inherente al PP, no hay que olvidar que vienen de tiempo atrás.

Si bien es cierto que la educación (y por ende el concepto de escolarización obligatoria) también partía de una concepción emancipadora del hombre (y de la mujer, aunque de ésta algo más tarde), y que en gran medida ha logrado superar males endémicos de la sociedad como el analfabetismo, nosotros/as entendemos que esta característica casi siempre fue una secundaria, casi siempre fue a rebufo de la necesidad adoctrinadora del poder.

Lógicamente, nuestra intención con este argumento no es concluir en el determinismo del actual status quo, las cosas pueden cambiar, pero también es necesario saber dónde estamos. Por nuestra parte nos negamos a que, ante el ataque sin cuartel que se está haciendo a nuestras condiciones de vida, acabemos alabando la explotación o la precariedad de hace cinco años porque fueran menores (o más llevables) que las actuales. Del mismo modo, en nuestra participación en contra de la privatización y la elitización de la educación pública, no vamos a caer en la defensa acrítica de la misma, no, porque hemos sufrido en nuestras carnes la presión agobiante de los exámenes, los días monótonos en los que te aburrías hasta decir basta, la nula capacidad que hemos tenido para decidir qué estudiar o cómo hacerlo hasta bien entrados en años… Entendemos que las cosas van a peor, pero creemos que en la lucha contra lo que viene es imprescindible tratar de modificar lo hay.

Es por ello, que siempre hemos tratado de abrir debate a la hora de afrontar cualquier lucha en el ámbito educativo sobre cómo organizarnos, dejando de lado la normalidad del verticalismo, pero también sobre qué queremos que sea la educación, qué tipo de valores y conocimientos se transmiten, qué planteamientos pedagógicos tratamos de proyectar… Y así continuaremos.

Yendo más allá, estando en muchas de las manifestaciones del sector en las que se leen pancartas con el lema de “Educación pública, gratuita y de calidad” nos vienen a la mente las palabras de los compañeros de En la fila de Atrás, los que en su boletín número siete nos dan que pensar sobre estas tres reivindicaciones que muchas veces se asumen por inercia. En gran medida es una cuestión de conceptos, de aclarar a qué nos referimos con nuestras palabras, pero la asunción de estos conceptos muchas veces nos lleva a asumir unos caminos u otros en los conflictos. Cuando hablamos de educación pública, ¿a qué nos referimos? Si entendemos por público aquello que es de todos/as, aquello que es común, para nosotros/as la educación estatal dista mucha de ser de todos/as, en tanto que no todos los que de ella participamos tenemos la capacidad de decidir sobre ella, sobre qué estudiar, cómo hacerlo, cómo gestionar los centros o la diversidad de ritmos de aprendizaje, más bien, casi ninguno/a la tenemos; por lo que podríamos entender como “mucho más pública una escuela privada, creada por una cooperativa de trabajadoras y trabajadores de la enseñanza, con un proyecto educativo que abogue por la educación como herramienta de cambio social; que la inmensa mayoría de las denominadas “escuelas públicas””. Por otro lado, nos negamos a aceptar el concepto de gratuidad de la educación estatal, esa educación no sale gratis, ya que se paga a través de nuestras contribuciones a la seguridad social, y si nos negamos a aceptar esta gratuidad es para evitar el consiguiente chantaje al que nos abocan los/as políticos/as de turno cuando nos dicen que “hay que hacer un esfuerzo y que no sufragamos el 100% de nuestras matrículas, y por ello hay que subir las tasas”. Ya por último, en cuanto a la calidad, asumimos como los compañeros de En la Fila de Atrás que este es un concepto harto subjetivo, es decir, desde la CEOE siempre se entenderán los actuales cambios como tendentes a la calidad, pues supondrán un beneficio desde su perspectiva de clase. Esto son sólo algunas de las muchas cosas que nos vienen a la cabeza al hilo del panorama que nos encontramos, son reflexiones que creemos importantes realizar, pues si no se toman en cuenta ciertos aspectos, para nosotros/as poco se podrá avanzar en la lucha educativa.

Formas de lucha sobre la práctica cotidiana

Como todo en esta vida, no podemos ni queremos quedarnos en la mera teoría, en plantear lo que nos gusta y lo que no y esperar a que las cosas cambien por inspiración divina. Si pretendemos darle la vuelta a esta situación, habrá que poner sobre la mesa prácticas diarias que traten de hacer real nuestra forma distinta de entender el aprendizaje y la lucha. No sólo como ejemplo, sino como evaluación constante de nuestra teoría, de lo que funciona y lo que no, pues será a través la experiencia que podremos ir perfilando y creciendo como colectivo. En este sentido, nos gustaría resaltar el trabajo que se está realizando en la Universidad Autónoma de Madrid desde el proyecto Kairós. Ya hace un par de meses que se ocupó la antigua y abandonada librería del campus con la idea de crear un espacio que diera cabida y aunara las luchas en contra de las actuales reformas y recortes en materia educativa con una crítica a la educación dentro de este sistema. Pero una crítica que no se queda en las palabras, sino que trata de avanzar en proponer otras formas de aprender y de relacionarnos. En nuestra opinión, de esta forma se consigue visibilizar el conflicto más allá de los días de espectáculo que muchas veces son las huelgas universitarias, permitiendo canalizar la mala hostia que todas/os vamos acumulando en nuestro día a día y las ganas de trabajar y experimentar con nuevas formas de entender la adquisición y puesta en práctica de conocimientos. Por otro lado, se rompe también con la normalidad burocrática de la Universidad, con el mar de solicitudes y vicerrectores/as que todo lo empantanan, pasando a ser nosotros/as mismos/as quienes damos vida a los espacios de aprendizaje, según nuestras necesidades educativas, con todos los errores que tengan que llegar, pero que al menos son nuestros y los podremos cambiar.

Ahondando en todo lo dicho hasta ahora, creemos que es imprescindible continuar generando proyectos de aprendizaje autónomo, en los que seamos nosotros/as mismos/as quienes decidimos qué queremos aprender y cómo queremos hacerlo. Proyectos de todo tipo, en los que no nos cerremos a ningún ámbito o etapa educativa. Teniendo en cuenta la actual coyuntura, entendemos imprescindible ir cubriendo los huecos que van dejando las instituciones educativas tradicionales, planteando nuestra propia forma de hacer las cosas. Sin embargo, y con los pies en la tierra, no creemos que estas iniciativas deban excluir nuestra participación en los conflictos de la educación estatal, pues las cosas son como son, y por ella pasamos casi todos/as a lo largo de nuestras vidas y, además, no podemos negar los límites, tanto formativos como cuantitativos, de nuestros proyectos propios de aprendizaje. Al final ambas luchas deben complementarse para seguir creciendo.

Con este texto no pretendemos sentar cátedra sobre un tema tan amplio (y complicado de abordar) como la educación, ni marcar el “único camino posible de la revolución”, sólo pretendemos aportar una serie de dudas, preguntas aún no resueltas y experiencias, de cara a seguir avanzando, a continuar autoevaluando nuestra lucha en este ámbito y nuestros posibles próximos pasos. Esperemos haberlo conseguido, y sea como sea, ya volveremos sobre este tema más pronto que tarde.

Para terminar os dejamos un par de enlaces a proyectos que hemos mencionado a lo largo de estas líneas: www.kairosuam.wordpress.com y www.enlafiladeatras.wordpress.com

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2 comentarios en «El conflicto educativo continúa, y sin solución a la vista»

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