Carpetazo judicial a la Operación Piñata

Una vez más, todo quedó en nada. Casi cuatro años después de que se iniciara una la investigación y tres desde la detención de quince personas en el marco de la Operación Piñata (marzo de 2015)1, la Audiencia Nacional ha archivado la causa por falta de indicios de criminalidad.

De esta manera, la Operación Piñata se une a la Operación Pandora2 y a Pandora II3 como las virulentas causas penales contra el denominado “terrorismo anarquista” que han terminado por sobreseerse. Han transcurrido cuatro años desde que el por entonces director de la Policía Nacional, Ignacio Cosidó, anunciara que “el terrorismo anarquista se ha implantado en España”, sin que tal afirmación haya encontrado finalmente acogida en los tribunales.

Cuatro años de investigación para no encontrar nada

Después de realizarse 33 detenciones en total4, con entradas y registros en locales y domicilios particulares en Palencia, Granada, Madrid y Barcelona, tras más de cuatro años de instrucción, en la que se han analizado cientos de documentos y miles de horas de intervenciones teléfonicas, y algunas personas hayan sufrido meses de cárcel y dispersión por distintos centros penitenciarios del Estado español, finalmente la propia fiscalía de la Audiencia Nacional considera que no existen elementos suficientes para poder llevar a juicio a ninguna de las encausadas.

La ideología como culpabilidad

Cinco personas detenidas en la Operación Piñata pasaron mes y medio en prisión a pesar de que en la causa en ningún momento se les vinculó con acto violento alguno, más allá de una explosión en el interior de la Basílica del Pilar. Sin embargo, la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, en sentencia ratificada posteriormente por el Supremo, concluyó que dicha acción había sido llevada a cabo por dos individuos de nacionalidad chilena que habrían actuado de manera individual, sin coordinación alguna con las detenidas de las operaciones Pandora, Pandora II o Piñata.

Es decir, a estas 33 personas se les había detenido por la comisión de un delito de pertenencia a una supuesta organización terrorista que no habría cometido ningún tipo de atentado, sino que se habían limitado a distribuir propaganda anarquista y a publicar textos o editar libros como el ensayo titulado Contra la Democracia5.

Los autos de sobreseimiento de ambas Operaciones Pandora criticaron en su día que se detuvieran a las anarquistas sin “indicios racionales de la comisión de una acción delictiva”, ni la “comisión de acciones terroristas de ningún tipo, no constando esos supuestos ataques indiscriminados ni se ha producido una situación de grave alteración”.

Evidentemente, hablar de terrorismo sin violencia es una reducción al absurdo del concepto, que lo vacía de contenido y evidencia los derroteros que está siguiendo el Estado en esta materia: el terrorismo es cada vez menos violento y más ideológico. Esto explica la próxima entrada en prisión del rapero Valtonyc por enaltecimiento (2 años), injurias a la Corona (1 año) y amenazas (6 meses), la actual condena del tuitero Alfredo Remírez por enaltecemiento en redes sociales, o la prisión preventiva de los Titiriteros6 por una inocua obra de teatro. Ninguno ha cometido un solo acto de violencia, pero todos han pisado la prisión por expresar unas ideas.

Sin embargo, no es fácil hablar en público de la existencia de presas políticas en el Estado español. El artista Santiago Sierra incluyó en la Feria ARCO, a finales de febrero, una obra titulada ‘Presos Políticos en la España contemporánea’. En ella se incluían imágenes de alguna de las represaliadas por estas operaciones, así como otras anarquistas (como Noelia Cotelo, Nahuel, Nuria Pórtulas…), activistas (Alfon, Bódalo…) e independentistas (Junqueras, Otegi, Carlos Calvo…). Dicha obra fue censurada a petición de los responsables de IFEMA justo antes de su inauguración. No sabemos a qué genio se le ocurrió que el veto era la mejor forma de impedir que se hablara de la existencia de presos políticos, pero logró justamente lo contrario. Efecto Streisand, se llama.

Más allá de la prisión: la desmovilización

Además del paso por prisión de cinco personas, la Operación Piñata tuvo otras consecuencias negativas, como la publicación de nombres y apellidos de las encausadas en prensa, la demonización de todo un movimiento y el cierre de locales y proyectos que mucha gente sacaba adelante con ilusión.

Parece cada vez más evidente que el objetivo de estas recurrentes razzias contra el movimiento anarquista responde más a un intento constante de desestructuración y hostigamiento que a una verdadera lucha contra actos delictivos. El proceso judicial es una vez más la condena. Con independencia de que se consiga, o no, llevar a juicio a las activistas, lo que sí se consigue siempre es desmantelar centros sociales, generar inquietud y desconfianza entre ellas.

Lecciones aprendidas

Las Operaciones Piñata, Pandora y Pandora II han servido para sacar adelante interesantes análisis sobre la realidad judicial7 y guías antirrepresivas con consejos sobre qué hacer si te ves atrapada en una operación policial8. Porque lo que evidenciaron estas causas es que le puede pasar a cualquiera. Aprendizajes útiles que no deben caer en el olvido cuando se produzcan futuros golpes represivos.

Por último, queremos recordar a las represaliadas en el marco de la Operación ICE, dirigida contra un supuesto grupo terrorista denominado Straight Edge Madrid. Su causa sigue abierta a pesar de las nulas pruebas existentes, por lo que la espada de Damocles todavía pende sobre sus cabezas. Les mandamos nuestra solidaridad y deseamos que su calvario termine pronto.

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4Esto es dejando de lado otra operación, denominada ICE, llevada a cabo contra el movimiento anarco-vegano Straight edge, que por sus características y distinto hilo conductor hemos de situarla fuera del marco las operaciones aquí comentadas.

7Como los que hacen las compañeras de la campaña Colze a Colze: https://www.todoporhacer.org/colze-a-colze/

8Como el manual Cabo de Guía: https://www.todoporhacer.org/cabo-de-guia/

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