La mercantilización de la noche en la ciudad de Madrid: las paradojas del barrio de La Latina

Muchas cosas han desaparecido en la ciudad, pero en algunos sitios esa desaparición ha sido planificada. Madrid y su centro urbano son un buen ejemplo de ello. Concretamente, la mercantilización de la noche ha ido cambiado radicalmente la fisionomía de barrios como Huertas, Malasaña, Chueca o La Latina. La marca de Madrid como lugar de `cañeo y tapeo´ ha puesto a funcionar la `máquina del entretenimiento´ en su centro urbano, con alianzas no siempre limpias entre empresarios privados de la noche y administraciones públicas. La noche canalla ha sido una de sus primeras víctimas; también el `botellón´, como práctica no docilizada de consumo y ocio nocturno, cuya criminalización a partir de la Ley de 2002 supuso no poder tomar ni una lata de cerveza en la calle si no es en una terraza. Desde los años 80´, la tendencia del urbanismo neoliberal español en relación a la noche y lo marginal ha sido, o bien prohibir -expulsando literalmente los cuerpos indeseables para la promoción de una imagen civilizada- o asimilar a través de su mercantilización -incorporando todo rasgo de marginalidad o popularidad al mainstream, obviando su trazabilidad histórica-. Pero siempre sobreviven periferias en los centros; incluso a veces, la periferia pone en pugna la centralidad, aun de manera compleja y paradójica.

La Latina, conocido como el `barrio castizo por excelencia´ y promocionado como tal en la página del Ayuntamiento de Madrid, es un buen lugar desde el que trazar las múltiples paradojas que subyacen a estas dos tendencias y a la ciudad neoliberal. Lugar de paso desde hace siglos, las tabernas y pensiones proliferaban por todas sus calles. Zona de noche de la bohemia madrileña en los 70´y 80´. Hoy, buena parte de los negocios locales del barrio han visto la oportunidad de sobrevivir o hacer negocio a través de unirse a la gran ola del ocio y la gastronomía de todo el centro urbano de Madrid, de forma que La Latina se ha convertido en “el mejor lugar para tomar tapas, cañas y copas” según TripAdvisor. Y he aquí una primera paradoja. El Mercado de la Cebada, tras un largo periodo de abandono y desinversión pública y con más de la mitad de sus puestos vacíos, se llena de eventos como el `Music & Dealers´ o fiestas promocionadas por J&B y Ballantines. Hordas de gente llenan el Mercado los fines de semana en busca de la caña y la ración -servida, incluso, por los propios comerciantes del mercado-; mientras, entre semana, el espacio vacío clama con lo que un día fue. Sus vecinos, especialmente los más mayores o aquéllos que llevan más tiempo viviendo en el barrio, se lamentan. Ruidos, falta de limpieza y `comportamientos incívicos´. He aquí la segunda paradoja. La noche “low cost” se abre paso especialmente en las Cavas, alta y baja, conocidas por sus restaurantes `de toda la vida´, `castizos´ y `de postín´. La crisis económica de 2008 atrajo la llegada de numerosos locales de copeteo y gastronomía barata, adaptada a las necesidades de las clases medias devaluadas por la crisis que quieren consumir también la noche. Despedidas de soltera y soltero los fines de semana, visitantes que acuden a la zona `a fogonear´ cual Magaluf madrileño. Paradójicamente, la noche low cost de esta zona nacida a raíz de la crisis combina esta paradoja de ser central y periférica al mismo tiempo: visitantes venidos del extrarradio, populares u obreros, acuden a consumir una noche profundamente mercantilizada de manera desinhibida y salvaje, en una recuperación del espacio por parte de estas clases frente al `postín´; el tipo de estigma que se les asigna es parecido al de los chavs que van a fogonear a destinos de playa españoles: en prensa y por el malestar vecinal organizado son tildados de animales, salvajes e incivilizados.

Ya sólo unos pocos vecinos avergonzados cuentan las historias menos `vendibles´ de La Latina, como las resistencias antifascistas en plena Guerra Civil, los complots contra el franquismo en los años 60´ y 70´ o su fama como lugar de prostitución de señoras mayores de 60 años hasta los 90´, como el Mesón del Lobo Feroz. Poca gente recuerda ya las revueltas populares que tuvieron lugar en el Mercado de la Cebada en el s. XIX, o cómo se expulsó a las comerciantes informales con su remodelación en 1959. Poca gente conoce que en la calle Sierpe una carbonería abre todos los días a las 5 de la mañana para transportar carbón de La Cañada a algunas casas y muchos restaurantes de todo Madrid. El trazo de su trabajo, fordista, nocturno e invisibilizado, no forma parte del relato del `Latineo´ del s. XXI. A través del documental que rodamos, Próxima Estación: La Latina, intentamos abordar algunas de estas paradojas y recuperar la memoria del barrio marginal que aún vive en los rincones de La Latina, escondida detrás de la grisácea `civilidad´ que criminaliza la noche y de las modernas luces de neón que la mercantilizan.

Bego Aramayona

El documental `Próxima Estación: La Latina´ es un corto documental que explora los procesos de turistificación a través de la vida nocturna en el barrio de La Latina, en el distrito centro de Madrid. A través de las miradas de diversos habitantes del lugar (vecinas, vecinos y ex-vecinas; trabajadores de una carbonería y de un Mercado de Abastos en decadencia; visitantes nocturnos ocasionales o asiduos) así como voces respetadas en el ámbito de los estudios urbanos, como Michael Janoshka (Contested Cities) y Jorge Sequera (Oficina de Urbanismo Social) exploramos los distintos vértices alrededor de los cambios que están ocurriendo en el barrio. El documental fue rodado durante más de 2 años (2014-2016) y forma parte de un proceso de exploración etnográfica, que prefiere ofrecer más preguntas que respuestas: ¿Qué está ocurriendo en el centro de Madrid? ¿Quién es turista y quién habitante? ¿Hay portadores legítimos de la identidad de un barrio? ¿Qué es el desplazamiento y cómo se puede visualizar?

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