Angry Workers of the World: organización en los centros de trabajo

El pasado 20 de noviembre acudí a una charla que se organizaba en la céntrica librería Traficantes de Sueños bajo el nombre de “Condiciones de la clase obrera en el Reino Unido” y cuyos ponentes eran dos miembros del colectivo londinense Angry Workers of the World (AWW a partir de ahora). Para quien no los conozca, son un pequeño grupo de trabajadores que desde hace unos tres años militan en un suburbio del oeste de Londres, Greenford, donde trabajan en varias de los numerosos almacenes de logística, procesamiento de alimentos o manufactura en general que crecieron al calor de la ampliación paulatina en estos últimos años del aeropuerto internacional de Heathrow.

En un primer momento, la idea de este artículo era hacer un pequeño resumen de lo comentado en la charla, complementándolo con varios extractos de diferentes textos escritos por los compañeros/as de AWW. Sin embargo, una vez puestos manos a la obra, vi que se me iba de las manos. Demasiados temas tratados, demasiadas cosas interesantes que comentar. Estas dudas coincidieron con la lectura de la traducción de una entrevista que la web inglesa Libcom les realizó durante este pasado verano, donde ante todo hablaban sobre su trabajo de organización concreta en los tajos. Así que pasé al plan B, centrarme en un par de las cuestiones tratadas en la charla a través de sus respuestas a la entrevista. Y este es el resultado, empezando por el análisis que ellos mismos hacen sobre su trabajo como colectivo:

Pensamos que este encasillamiento en los centros de trabajo refleja un problema más general en la izquierda radical en Reino Unido: a saber, la separación entre las “actividades organizativas” y el “debate o la estrategia revolucionaria”. Como pequeño colectivo, tratamos de reunir estos dos elementos esenciales de la organización de la clase obrera:

  1. Recogiendo experiencias y fortaleciendo la auto-organización de los trabajadores en los centros de trabajo y en esta zona.

  2. Reflexionando acerca de estas experiencias dentro de un contexto más amplio –de relaciones de clase, políticas estatales, cambios tecnológicos, crisis–, como parte de la investigación y el debate sobre los cambios en la composición de clase y los puntos de ruptura revolucionarios.

  3. Tratando de animar tanto la reflexión acerca de las experiencias de la clase obrera como el debate, dentro de la izquierda no estatista, a un nivel internacional, en nuestro caso mediante discusiones acerca de la “huelga social” con Plan C o con la IWW sobre la organización en Amazon.

  4. Aceptando una “responsabilidad a nivel local” en la difusión de las posturas internacionalistas (por ejemplo, acerca de la guerra y la inmigración) y de las experiencias prácticas obreras de otras zonas además de donde nosotros vivimos y trabajamos. Esto lo llevamos a cabo sobre todo a través de nuestro periódico político, WorkersWildWest.

Nos inspiramos en grupos como Big Flame o Solidarity, en la década de los 70 en el Reino Unido, Potere Operario en Italia, o la Sojourner Truth Organisation y la League of Revolutionary Black Workers, en la misma época en Estados Unidos, quienes mientras “se manchaban las manos” trabajando junto a los obreros, empleaban estas experiencias como base a partir de la cual debatir y discutir acerca de política y estrategia. Estas discusiones se basaban en necesidades reales de organización y en experiencias de lucha de clases, más que en una aburrida pontificación. Al mismo tiempo que tratamos de animar acciones directas en los centros de trabajo, no ocultamos nuestra perspectiva revolucionaria, sino que intentamos ligarla estrechamente con nuestras experiencias en el trabajo.

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Nuestros pequeños pasos diarios en este suburbio industrial se enmarcan en una discusión más amplia sobre los cambios en la producción y la distribución, y en el resurgimiento de los grandes centros de trabajo, como los centros de distribución de Amazon, Walmart, etc. Para nosotros este debate no era sectorial, es decir, que no se basaba solamente en el sector de la logística, sino que se refería a la naturaleza cambiante de la clase obrera y del trabajo en general. Nos dimos cuenta de que los límites entre la producción y la distribución se estaban difuminando: por ejemplo, muchos almacenes también procesan los bienes que ponen en circulación. Compañías como DHL están directamente involucradas en las plantas de fabricación de coches. Los trabajadores no pueden desarrollar su orgullo profesional basándose en sus habilidades individuales, sino que dependen de experiencias sociales más amplias: cómo manejar los ordenadores, aparatos electrónicos, cómo cooperar y comunicarse con trabajadores inmigrantes que han pasado por todo tipo de experiencias. Así pues esperamos que las luchas en este sector puedan llegar a desarrollar cierto poder no sólo por el tamaño de los centros de trabajo y su estratégica localización, sino porque también pueden generalizarse y afectar a otros trabajadores. No luchamos como un grupo profesional específico, todos tenemos que hacer frente al salario mínimo y los contratos de cero-horas, todos tenemos la propaganda anti-inmigración presente. Pensamos que la principal tarea de los revolucionarios es pensar en cómo las luchas en los centros de explotación (grandes centros de trabajo, las zonas desarrolladas) pueden vincularse con otras áreas más atomizadas de existencia de la clase obrera (esfera doméstica, áreas devastadas por la crisis, desempleo) y fortalecerse mutuamente.

La explosiva contradicción revolucionaria del capitalismo es el hecho de que el aumento de la productividad social viene acompañada de un empobrecimiento masivo, pero estas experiencias de alta productividad y empobrecimiento no se distribuyen equitativamente en la clase obrera global. ¿Dónde y cómo puede evolucionar un movimiento clasista para poner en contacto los dos polos de la contradicción y hacer que todo estalle? Para esto necesitamos discusiones estratégicas y revisar los viejos conceptos, como el de composición de clase o la teoría del “desarrollo desigual”. También necesitamos debatir acerca de la “transición revolucionaria”. En otras palabras, en una situación revolucionaria, cómo puede la clase obrera:

  1. Redistribuir los recursos existentes para nivelar las desigualdades regionales y

  2. Socavar cuanto antes la división del trabajo entre obreros manuales e intelectuales, productivos y domésticos, rurales y urbanos, jóvenes y ancianos.

Este no es un ejercicio mental, se requerirán millones de toneladas de acero y habrá que derruir y levantar millones de muros, ¡un enorme esfuerzo logístico! Quien piense que para ello no se necesita que los trabajadores de los invernaderos, hospitales, fábricas, centros de cuidados, transporte, energía, comunicaciones y escuadrones de demolición desempeñen un papel específico o científico, o bien es un capullo idiota de clase media o un estalinista que piensa que el Estado-partido resolverá todo esto, o ambas cosas a la vez.

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Algunos dirán que esto es prever o especular demasiado, ¿por qué hablar de situaciones revolucionarias si cuando miramos alrededor vemos que la propia actividad de la clase obrera refluye? Pero sin este pensamiento estratégico el comunismo es una quimera, algo que damos por imposible. Discutir estas ideas en el contexto de nuestros esfuerzos organizativos en los centros de trabajo nos obliga a tener una perspectiva más amplia y global, más allá de los acuerdos salariales, acerca de cómo los diferentes grupos de trabajadores, del Reino Unido y de todas partes, pueden relacionarse entre sí. Para facilitar esto, nuestro papel como revolucionarios requiere que nos orientemos en una dirección y que tengamos una visión que vaya más allá de la “movilización para la siguiente manifestación”.

Los acontecimientos políticos o la amplia crisis social repercuten en los centros de trabajo, y viceversa. Por lo tanto no es descabellado discutir estos temas ligándolos a las cuestiones “sobre el trabajo”, en lugar de considerarlas como un terreno “político” separado, distinto del “económico”, de las llamadas cuestiones de “cuchillo y tenedor” para los obreros.”

Ante este análisis de la situación actual, cabe preguntarse cómo afrontar en la práctica todas estas cuestiones, cómo ir avanzando en la organización dentro de los curros. Lo primero que le suele venir a la cabeza a la gente cuando se trata lucha laboral son los sindicatos, sin lugar a dudas, y en este sentido nos parecen muy interesantes (sobre todo por estar basadas en la experiencia práctica) los planteamientos entorno a éstos (ya fueran grandes centrales sindicales como pequeños sindicatos de base) que los ponentes dieron:

No nos negamos a trabajar con los sindicatos. Antes de trabajar en el oeste de Londres algunos de nosotros se unieron al GMB y luego a Unite, esperando encontrar asambleas locales donde conocer a trabajadores de varios sectores. Pero en los últimos 2 años no hemos visto este tipo de espacios sociales dentro de las estructuras sindicales. El nuestro no es un rechazo ideológico al trabajo desde dentro de las estructuras sindicales; pero según nuestra experiencia, sólo han tratado de conservar su posición, así como las divisiones entre fijos y temporales. Cuando los sindicatos han mostrado interés por nuestra actividad auto-organizativa con los eventuales, ha sido sobre todo para captar afiliados, lo cual no ayuda a reducir nuestra desconfianza.

Los sindicatos presentes en los almacenes y fábricas de por aquí no han sido capaces de construir verdadero poder obrero para evitar la reducción de los salarios, no digamos ya para aumentarlos y mejorar las condiciones. Han logrado, no obstante, cierta “estabilidad” en el sentido de que mantienen su status quo… Por nuestra experiencia: sus representantes no nos acompañaron a las reuniones disciplinarias; los temporales, incluso cuando articulan sus propias reivindicaciones, son ignorados por los sindicalistas; recogen las cuotas sindicales de los obreros que cobran el salario mínimo para seguir disfrutando del privilegio de cobrar 9 libras más.

Si creyéramos que merece la pena promover la afiliación entre nuestros compañeros, lo habríamos hecho. Pero pagar la cuota sindical cuando cobras el salario mínimo y ellos no se dedican a tratar de mejorar las condiciones o el salario, ni a defendernos realmente, no tiene ningún sentido y sería tirar el dinero. Por lo que hemos visto, los sindicatos presentes en los almacenes y fábricas se llevan bastante bien con los jefes. Así que a menos de que se dirijan a los trabajadores activamente con un plan de acción, no tiene mucho sentido tratar de emplear los sindicatos como principal vehículo organizativo.

La idea de “afiliarse a un sindicato” concebida como una estrategia general acerca de lo que los obreros pueden hacer en el trabajo no nos gusta mucho. Antes tendría que haber un grupo sustancial de trabajadores con voluntad y capacidad para analizar cómo trabajan los sindicatos, lo que dice la legislación laboral, cómo funciona la jerarquía interna del sindicato, etc. Tendrían que comprender el aparato sindical y las obligaciones legales del mismo modo en que tienen que comprender el aparato del capital y sus puntos débiles. Unicamente partiendo de esta discusión colectiva los trabajadores podrían “hacer uso de la estructura sindical” para sus propios fines, pero probablemente, cuando los trabajadores llegan a este nivel de colectividad y análisis, también se las pueden arreglar sin el apoyo (¡ni la intromisión!) del sindicato.

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Tampoco estamos en contra de las syndicalist unions [sindicatos de base]. Uno de nosotros se ha unido recientemente a la IWW. Estamos abiertos a la posibilidad de que el hecho de ser miembros nos permita contar con cierto apoyo en algunos casos. Pero ya veremos. El principal problema a la hora de levantar cualquier organización obrera permanente han sido los cambios en la propia producción. La pregunta es: ¿qué tipo de organización puede hacer frente a esto? Los sindicatos del TUC hoy en día no parecen ser capaces. Así es que nuestro recelo se debe a razones prácticas, más que meramente “ideológicas”. La dificultad de construir una organización obrera estable estriba en:

  1. Cierta fracción de los trabajadores cambia mucho de trabajo.

  2. Cuando se trata de trabajadores fijos antiguos, el sindicato no promueve acciones militantes dirigidas por obreros, ni se interesa en defender el salario y las condiciones de los temporales.

  3. Muchos trabajadores, particularmente los de Europa del Este, detestan su vida en Londres y tan solo quieren ganar lo suficiente como para volver a casa ya para siempre. Mientras esta ilusión siga, y las condiciones de trabajo en sus países de origen sean una mierda, estarán poco inclinados a “luchar allí donde están”.

  4. Existe una desilusión general hacia los sindicatos, mientras al mismo tiempo siguen siendo vistos como única vía de expresión del poder obrero.

  5. La gente tiene pocos espacios donde verse y discutir, y esta carencia de espacios sociales los mantiene bastante aislados los unos de otros.

Si los sindicatos fueran capaces de afrontar estas cuestiones, la capacidad que ofrece su infraestructura sería beneficiosa. Pero también cuestionamos esa idea de que una gran estructura y unos amplios recursos son algo necesario para hacer cualquier cosa, al menos cuando estamos en las fases iniciales de la lucha de clases. Hasta ahora, esta idea ha sido más un obstáculo que un catalizador para la auto-organización.”

Una vez llegados a este punto, es importante plantear el problema de la organización en positivo. Durante la hora y media de charla, ambos compañeros de los AWW se refirieron en repetidas ocasiones a la idea de las redes de solidaridad a nivel territorial como complementos perfectos a la organización concreta en los centro de trabajo, ante la necesidad de generar apoyos más allá del curro para entablar según qué conflictos:

En ello estamos. Hemos hecho alrededor de una docena de amistades en varios lugares, con las que nos llevamos bien política y personalmente, procedentes de todas partes del mundo. Saben que sacamos el periódico y que pretendemos construir redes de solidaridad más sólidas. A veces cenamos juntos, comentamos varias cosas, a veces vienen a las proyecciones u otras reuniones. En cierto modo nos cuidamos mutuamente. A un nivel básico nos gustaría poder pasar juntos más tiempo, todos, no en pequeños grupos. Eso podría impulsar la dinámica y la gente diría: hey, parece que somos un grupo de gente bastante grande con experiencia en la zona, esto podría ir para delante. Así que sí, también está el moderno problema urbano de encontrar tiempo para reunirse todos y esas cosas. Ese es un paso básico para nosotros, consolidar esas amistades y pensar juntos cómo podemos ayudarnos y potenciarnos unos a otros. Esto nos daría más capacidad para hacer todo el resto de cosas, como:

  • Construir pequeños grupos en los centros de trabajo que puedan discutir su situación y proponer actividades al resto de la fuerza de trabajo en su debido momento. Sólo estuvimos cerca de lograr esto en el almacén de Sainsbury.

  • Coordinar los grupos en los centros de trabajo en algún tipo de foro o asamblea, con propósitos tanto prácticos (acciones de solidaridad, por ejemplo), como políticos y educativos (como lo que hacemos con nuestras proyecciones, por ejemplo). Esta reunión podría formalizarse, darse un nombre y una presencia visual. Esta “red de solidaridad” sería capaz de apoyar a otros en sus campañas locales (para defender un centro de ocio, hacer una sentada en la empresa de trabajo temporal), y de distribuir panfletos y periódicos a las puertas de los centros de trabajo de unos y otros.

  • Construir un grupo de trabajadores con más afinidad política y que quieran emplear el periódico como medio de organizar su debate y difundir sus ideas. A largo plazo trataríamos de asumir cierta “responsabilidad local” de cara a una coordinación internacional: informar y reflexionar acerca de lo que pasa aquí y defender aquí, en el plano local, unas posiciones debatidas internacionalmente.

Como podéis ver, no se trata de pensamientos muy originales. Los clubs obreros de la Primera Internacional probablemente ya trabajaban sobre estas líneas, y muchos de los IWW o anarcosindicalistas de aquí intentan hacer lo mismo, o algo parecido. El problema es que ahora la gente se enfrasca en sus asuntos concretos y rechaza compartir y debatir su experiencia con otros, también fuera de su organización, o se centran en algún tipo de red o discusión sin gran conexión con la clase, por ejemplo todo el asunto de la “huelga transnacional”. Nuestros modestos esfuerzos consisten pues en compartir sistemáticamente nuestra experiencia y situarla en un contexto más amplio, invitando a la colaboración.”

Para ampliar esta información os recomiendo encarecidamente leer la entrevista completa que les hizo Libcom (y que podéis encontrar en la web Elsalariado con el título “Desde Greenford con amor”). También podéis leer el artículo escrito por AWW “¿Greenford?¡¿Pero dónde carajo está eso?!” que publicamos hace tiempo sobre la situación concreta en los centros de trabajo del barrio.

Os dejamos con la charla de AWW en el local de Traficantes de Sueños, de noviembre de 2016

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