TV-terapia

Un día más, en una casa normal, raro es que en algún rato muerto no encendamos la televisión o la radio, aunque sea, como dicen las abuelas, porque hace compañía. No vamos a entrar a valorar lo triste que resulta que entendamos como sinónimos la televisión y el entretenimiento, y que asociemos la compañía a un aparato eléctrico antes que a charlar con los/as vecinos/as, pasear o estar con la familia. Nos quedamos simplemente en que ver la televisión forma parte de la realidad de la mayoría de las familias.

En la tele encontramos infinidad de canales desde la llegada de la TDT, además de aquellos/as “afortunados/as” que cuentan con canales de pago. No tenemos ningún reparo en decir que la mayoría de los programas son una mierda. Espacios llenos de chicos/as guapos/as presumiendo de aquello que jamás tendremos, pero que nos hacen creer que podemos conseguir: casas de lujo, viajes increíbles… O, peor todavía, programas donde vemos lo que otras personas hacen las 24 horas del día ya sea en una casa, en una isla o en el fondo del mar. ¿Qué hace exitosos estos programas? Ojalá cada una de las personas que los disfruta se hiciera esta pregunta y no respondiera con un simple “es que entretiene”. Ojala fueran sinceros/as consigo mismos/as y reconocieran las bajas pasiones que mueven a alguien a disfrutar viendo sufrir a otros/as por alimentarse, viendo ligar y consumar bajo un burruño de mantas, o disfrutar de una vida en Gandía sin dar palo al agua.

Al final, nadie entra a analizar estas cuestiones, lo más fácil es subirse al carro de verlo “porque está de moda” y de producirlo porque, claramente, vende. A fin de cuentas eso es lo que busca cualquier cadena, ganar dinero. Como en tantas cosas lo que hay detrás son intereses económicos. Los periódicos, las cadenas de televisión y los diales de radio suelen pertenecer a grandes grupos empresariales que sólo buscan beneficios. El Grupo Prisa (con El País, Cadena SER, Canal +…), el Grupo Vocento (ABC, Telecinco…) o Unidad Editorial S.A. (con El Mundo, Marca, Expansión…) son todos ellos grandes emporios mediáticos que acumulan cadenas televisivas, radios o editoriales (tanto aquí como en Latinoamérica), todos en constante pelea por alcanzar mayores cotas de consumidores/as, lo que a su vez se reflejará en posibilidades de negocio con los distintos anunciantes (verdadero filón y subsistencia económica para los medios de comunicación).

Una forma de ejemplificar esta realidad es fijándonos en la fusión entre La Sexta y Antena 3. La primera tenía prohibido mostrar imágenes de la segunda (así como de Telecinco) desde que el programa “Se lo que hicisteis…” cosechara un gran éxito señalando humorísticamente lo penoso de la programación de estas (y otras) cadenas (tertulianos/as patéticos, noticias dudosamente contrastadas, etc.). Ahora en cambio, podemos ver en “El Intermedio” al Gran Wyomig comentando en su despedida la programación de Antena 3, como si no hubieran existido nunca, a pesar de que aún perduran, grandes diferencias entre las líneas políticas que definen cada cadena.

Y es que esta lucha por la cota de mercado llega a todos los ámbitos. Las pretendidas posiciones políticas de los medios de comunicación, y que desde hace tanto tiempo nos vienen marcando el apoyo tácito de tal periódico o emisora televisiva a tal partido político, no son siempre tan indisolubles. Esto es, ante todo, palpable en la televisión, donde en estos últimos meses hemos podido asistir a como, ante los cambios en los informativos de la televisión pública, otros noticiarios han dado un viraje hacia a la izquierda, buscando captar a los/as televidentes descontentos/as. No nos referimos a Telemadrid, la cual, tras tantos años bajo el gobierno popular, representa la máxima expresión de la manipulación, sino a Televisión Española.

Dicha cadena mostró, con la llegada del gobierno de Zapatero, un nuevo formato de noticias e información, que generalmente abarcaba algunos temas que no tenían cabida en los demás diales, así como se concedía poco espacio para necedades y morbosidades. Sin toros ni misas. Las políticas variarían menos, pero las formas con el nuevo PSOE eran lo primordial. Ahora, todo hay que decirlo, da vergüenza sentarse a medio día a ver las noticias de TVE, y es Telecinco (la conocida cadena de Berlusconi), por ejemplo, quien ha cogido el testigo con programas de debate sobre la actualidad en los que participan diversos/as tertulianos/as de izquierdas, que recogen las temáticas que están sacando a la gente a la calle (sin renunciar a la tele basura, ni al morbo, por supuesto). Hecha la transición en TVE, los demás debían mover fichas para cubrir el espacio que había quedado libre. Y ahora, a seguir jugando cada uno/a en su nueva posición.

El ejemplo de Televisión Española

Con todo, no creemos que esté de más que nos detengamos por unos instantes a analizar el camino que está marcando durante estos últimos tiempos TVE. Como era de esperar, desde la llegada al poder del PP se ha venido produciendo un cambio en la línea editorial de este canal televisivo. No somos tan ilusos/as como para echarnos las manos a la cabeza con este viraje, pues es un caramelo demasiado goloso para que el gobierno de turno lo deje de lado. De esta forma, y en un corto espacio de tiempo, hemos asistido a un baile en cuanto a caras visibles, programación, temas de interés… Adiós a la izquierda moderada y su “cara amable”. Y quienes han ganado protagonismo con todo esto no han sido otros que la curia patria.

Los ejemplos de este nuevo viaje religioso de la “televisión pública” son innumerables, cualquiera que acompañe una cena o una comida con un informativo de TVE lo habrá comprobado. Día sí y día también se nos muestran reportajes sobre la romería de turno, se nos relatará la vida y encuentros de dos papas en Roma o nos asustaremos con las imágenes de cualquier procesión (y sí, el miedo es el sentimiento que mejor describe nuestro ánimo cuando ves a una atropellada masa lanzándose al paso de una representación de la Virgen del –pongan aquí el nombre que quieran- para tocar sus ropajes, al mismo tiempo que van pasándose por los aires a niños/as llorando para que lleguen hasta la imagen, niños/as que nunca sabremos cómo vuelven a encontrar a sus padres en semejante locura colectiva). Pero yendo más allá de estas efusivas muestras de fervor religioso a las que se le dedican bastantes más minutos que a protestas laborales o sociales, tampoco nos olvidamos de otros reportajes más pretenciosos, como es la importante publicidad que se ha otorgado a la nueva campaña de diversas organizaciones antiabortista en la que instan al ministro de justicia a ser más contundente en su futura reforma legislativa sobre el tema.

Aunque parezca sorprendente, todos estos ejemplos no son más que referentes a los últimos dos meses, a lo sumo. Pero dentro de toda esta parafernalia de Vírgenes y Papas, nos gustaría reseñar dos reportajes en concreto, aquellos que más nos han llamado la atención (o dicho de otra forma, aquellos que de más mala hostia nos ponen). Por un lado, el pasado martes 14 de mayo, en los informativos del medio día, durante casi un minuto y medio nos sorprendimos con la publicidad de un cursillo dado por una serie de pedagogos/as sobre “cómo visten nuestros jóvenes” y cómo deberíamos hacer para convencerles de que cambien esas pintas que llevan por unas más recataditas. Al final, a pesar de hablar en todo momento sobre los jóvenes en general, gran parte de las intervenciones de profesionales y madres acaba derivando en escotes, minifaldas o camisetas con los hombros descubiertos, afirmando que, aunque nuestras niñas a veces no se dan cuenta, acaban “provocando” (y eso se evita, claramente, vistiendo a la mujer recatadamente y no enseñando valores que hagan comprender que la mujer es algo más que un objeto decorativo con tetas).

El otro caso que queríamos recoger en estas líneas, es otro mini reportaje aparecido en el informativo de la noche del miércoles 8 de mayo. En esta ocasión, tratando de adoptar una supuesta mirada científica, se nos viene a decir que si estas parado/a, lo mejor es rezar para calmar tus angustias. Para el/la que le pille así de sopetón, puede resultar hasta gracioso, por lo menos hasta que ves el video del telediario y te das cuenta de que van en serio. Porque sí, los/as presentadores/as del informativo comienzan por introducirnos el tema a través del supuesto crecimiento en la venta de velas y cirios para poner a los santos, lo que ha ayudado a las cererías a capear la crisis (bendito libre mercado, que bien funciona); pero rápidamente viran hacia la afirmación de que “según los psicólogos, acercarse a un altar puede servir para calmar la ansiedad por la falta de trabajo o por el temor a perderlo”. Y así, durante un par de minutos se intercalan ofrendas físicas o virtuales e imprecaciones a los/as santos/as, con afirmaciones “científicas” del efecto balsámico de poner una vela o de hincar la rodilla ante los problemas de la vida. Indescriptible…

Hace mucho tiempo que perdimos la poca ingenuidad ante los medios de comunicación que pudiéramos haber tenido, y así, sólo nos provocan risa las tan manidas “objetividad” o “interés público” que rodean a estas empresas de la información. Tenemos claro que el dinero está por encima de todo, y el dinero lo genera el sistema y su perpetuación. Pero hay momentos, como este, en que toda esta manipulación es tan evidente que apesta. Suponemos que también tendrá que ver con el hecho de que en estos ejemplos no nos tratan de vender la moto sobre la economía, la intervención militar en vaya-usted-a-saber qué lugar del mundo o la necesidad de votar x o y en las próximas elecciones, sino que tratan de interferir en nuestros juicios de valor. Todo esto es algo, valga el matiz, que por estos lares siempre ha venido aparejado a la Iglesia Católica. La idea está clara, que asumamos una moral y unas prácticas asquerosamente pasivas: si tenemos problemas con el trabajo, rezamos; si nos echan de nuestra casa, le ponemos una velita a San Expedito, que él nos dará cobijo; si los babosos nos abordan demasiado por la calle, deberemos cambiar nuestra vestimenta; y así suma y sigue. Al final, la conclusión está clara, esta vida es para sufrir, que el cielo ya nos llegará algún día (eso sí, lejano), mientras tanto a joderse y a rezar, que la angustia se pasa hablando con Dios.

Y frente a quien reza y no desespera, este mismo canal de televisión (al igual que el resto en gran medida) nos hablará del/la trabajador/a que “toma como rehenes” a los/as usuarios/as de determinado servicio al ir a la huelga, del/la “violento/a” que se acerca a casa del/la político/a de turno a recordarle que los/as culpables de nuestra miseria tienen nombre y apellidos, del/la estudiante “vago y que no tiene en cuanta a sus compañeros de aula” que realiza un piquete a la entrada de su facultad o del/la señor/a mayor “desequilibrado/a” que ante el mamoneo de su banco baja a la sucursal de su calle y tras desalojarla, la prende fuego. Podemos poner más ejemplos de noticias cercanas, pero creemos que está claro lo que nos quieren decir con su uso de las palabras, ¿no es así?

En estos dos enlaces del periódico El País pueden verse ambos videos de las noticias de TVE a las que hacemos referencia. Te recomendamos verlos, pues entendemos que cuesta creerlo: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/05/08/actualidad/1368017751_391810.html, http://cultura.elpais.com/cultura/2013/05/14/television/1368547125_322626.html

Estas palabras ya aparecieron hace tiempo en esta misma publicación, pero vemos importante recordarlas: La objetividad con mayúsculas no existe, mucho menos la verdad absoluta. Todos/as, al contar cualquier hecho, le imprimimos a unos acontecimientos determinados nuestra forma de verlos, de entenderlos, nuestra propia experiencia. Nosotros/as no tratamos de engañar a nadie, cuando contamos una noticia nos posicionamos, buscando diferentes puntos de vista ante los hechos en cuestión, hablando, preguntando o buscando información de primera mano (citando estas fuentes, dejando constancia de espacios donde informarse más sobre el tema), pero sin tratar de ser asépticos/as informadores/as. Quien se autoproclame como tal no es más que un/a mentiroso/a. Es más, todos/as estamos condicionados/as, por las relaciones de clase, por nuestro bagaje cultural, por nuestro posicionamiento político, por nuestra ética…, es lo que hay. Ni mentimos, ni inventamos, pero que nadie espere impersonalidad en nuestros escritos.

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