TTIP, el sueño húmedo del neoliberalismo

Oficialmente desde julio de 2013 se vienen celebrando una serie de reuniones entre la Unión Europea y los Estados Unidos con el fin de poner en marcha el llamado Acuerdo de Libre Comercio e Inversiones (TTIP en inglés). Solo el nombre del acuerdo ya nos hace intuir cuál será su contenido y los intereses que lleva consigo. Haciendo un ejercicio de memoria podemos recordar anteriores acuerdos de Libre Comercio y cuáles fueron sus consecuencias y podríamos poner la mirada en los países de América Latina y ver cómo dichos acuerdos no eran más que una colonización de nuevo tipo sobre los países del sur, acuerdos entre las élites y para las élites. Pero más interesante aún es ver la respuesta popular que tuvieron dichos acuerdos, desde el derrocamiento de gobiernos a levantamientos insurreccionales que a día de hoy permanecen activos como las Bases de apoyo zapatistas y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Si al otro lado del charco un acuerdo de estas características tuvo respuestas de tal altura ¿Cuál es la razón por la cual en Europa parezca ni existir el TTIP?

Quizás una de las razones sea el absoluto desconocimiento del tratado, su contenido y sus consecuencias. El TTIP no aparece en los telediarios ni en los periódicos, por no aparecer no ha aparecido siquiera en la campaña electoral de las recientes elecciones europeas. Este silencio es parte de la estrategia política de quienes gestionan este tipo de acuerdos, con el tiempo los gobiernos y las grandes corporaciones han aprendido que cuanto menos cuenten mejor para sus intereses, ya que en todos los tratados que tengan un trasfondo negativo para el conjunto de la población se incluyen estrategias comunicativas e importantes sumas de dinero para llevar a cabo dichas campañas propagandísticas con las que tratar de manejar la opinión pública a su favor, ejemplos recientes de este tipo podrían ser la fallida Constitución Europea o el famoso Plan Bolonia.

Las reuniones que están llevando adelante el tratado son además a puerta cerrada, llevadas a cabo por la Comisión Europea, el órgano ejecutivo de la Unión, cuyos miembros, como no podía ser de otra manera, no son siquiera representantes electos, si no que son puestos a dedo por el Consejo Europeo formado por los/as veintiocho Jefes/as de Gobierno de cada país miembro. A todo esto hay que sumarle los innumerables lobbys y grupos de presión que los rodean. Los contenidos de las reuniones son desconocidos y los grandes grupos parlamentarios del parlamento europeo hacen de muro de contención para no hacer que el proceso de negociaciones sea conocido y discutido

Como siempre más de los mismo, lo que es sorprendente es que ya ni tratan de hacer una votación democrática ficticia en el Parlamento Europeo. La Unión Europea se muestra así como lo que es, la unión de los intereses económicos de la oligarquía internacional

TTIP

Un acuerdo de las élites para las élites

Como el propio nombre indica, el objetivo global de este tratado es la creación de un área de libre comercio entre la UE y EEUU, esto significa bajada de aranceles nacionales y desregularización del mercado, a grandes rasgos. Esta es una de las claves y uno de los ataques tan reales como ideológicos que nos atraviesan en el día a día de la política de alto standing que luego repercute en nuestra cotidianidad, la famosa desregularización. El dejar cada vez más el espacio de poder político al poder económico, el cada vez menor control sobre los flujos de capital y las cada vez más leves legislaciones sobre materia laboral o medioambiental. Y no es que confiemos en la capacidad del Estado de regular al Capital, ya que éstos son dos caras de la misma moneda que se sustentan, pero el significado real de las desregularizaciones es el que es: deslocalización de empresas, precarización del empleo y/o destrucción ambiental

A pesar de la opacidad del proceso, siempre existen leves filtraciones. Una de las que más llaman la atención y que muestra a la perfección el interés real de estos acuerdos es lo que se ha llamado Mecanismo ISDS (Mecanismo de Solución de Diferencias entre Inversor y Estado), que permitirá a los/as inversores/as (eufemismo de mercados, empresarios/as, juntas de accionistas) llevar a las autoridades de un Estado ante un “tribunal internacional de arbitraje” si considera que una nueva ley perjudica sus intereses económicos. Además, estos tribunales suelen estar conformados casualmente por abogados/as y personas cercanas a los intereses del inversor/a. Ejemplos de estos “tribunales” relativos a otros tratados de libre comercio alrededor del mundo, serían el de la aseguradora sanitaria holandesa Achmea, que ganó 22 millones de euros contra Eslovaquia por supuesto “lucro cesante” cuando este país paralizó el proceso de privatización de la sanidad. Australia y Uruguay tuvieron que indemnizar a Philip Morris cuando estos países aprobaron legislaciones antitabaco más restrictivas. La petrolera estadounidense Occidental recibió 1.770 millones de dólares cuando Ecuador puso fin a un contrato por incumplimiento y Canadá tuvo que pagar por una moratoria al fracking

La economía como epicentro de la política

El beneficio es lo que cuenta. Lo que es bueno para la economía es bueno para el desarrollo de la sociedad. Estos dos conceptos son sobre los que pivotan cada uno de los proyectos políticos que generan este tipo de legislaciones. La economía sobre el medio ambiente, la economía sobre las condiciones laborales o la economía sobre la soberanía nacional. Otros ejemplos de consecuencias que se vislumbran de este tratado es la entrada en el mercado europeo de productos que anteriormente podrían estar prohibidos o pendientes de ser certificados como aptos para el consumo. Como el caso de las carnes hormonadas fabricadas en EEUU, hasta ahora prohibidas en la UE, la ausencia de etiquetaje específico para productos de origen transgénico y la introducción de soja transgénica en el mercado alimenticio

De esta manera parece que en el tratado se vislumbra una hegemonía por parte del lado Americano sobre el Europeo, puesto que mientras que en los EEUU domina la libre comercialización hasta que el producto se demuestre nocivo, en la UE suele predominar el principio de precaución. Las desregularizaciones impuestas por el bien de la economía continúan con el mercado laboral, igualando las normativas de ambas regiones a la baja, y conociendo el accionar de EEUU en materia laboral ya podemos estar atentos. Un país que no ha ratificado los acuerdos internacionales en materia laboral relativos a la libertad sindical, entre otros. En definitiva, con este tratado se busca la eliminación y armonización a la baja de normas sociales, laborales y ambientales. Se merma la capacidad de acción de los gobiernos de los respectivos países que estarán al servicio y bajo el control de las transnacionales y se tenderá a la financiarización de la economía, eliminando restricciones en materia de transacciones económicasITfWUdzhmnKwMXEsjCG2Q3CEq4E_adwmP-KardBI96w,yBeMvT_zbsBG-GeyP7DIfYFiS3pvaOmtTFGPPF5R-Tg

Definitivamente este tipo de tratados nos preocupan, pero no nos sorprende su existencia, todo lo que se desprende de él es completamente lógico dentro de la lógica del Capital. La oligarquía internacional tiene su proyecto político y económico, y lo ponen en marcha y lo defienden con todas sus fuerzas. La guerra de clases existe, pero pareciera que sólo una de las clases participa de manera activa y nos va ganando por goleada. Existe la necesidad imperiosa de oponerse a estas políticas, y esta oposición pasa por la construcción de un discurso y una práctica, en definitiva, de un proyecto político y social que sea capaz de plantar cara y subvertir la correlación de fuerzas actual en la guerra de clases

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