Teatro

‘La Mujer Sola’ y ‘La Esclusa”

Este mes os traemos una recomendación algo distinta a nuestros habituales libros y películas: teatro. La actriz Ana Plaza interpreta dos monólogos desgarradores con la mujer como protagonista, que os recomendamos encarecidamente. Para ello, hemos aprovechado fragmentos de una entrevista realizada recientemente a Ana en el programa de radio El Lado de Afuera, que destacan algunos de los aspectos más interesantes de ambas obras.

Durante los meses de octubre y noviembre tendréis ocasión de ver estas representaciones en distintos puntos de la península. Podéis consultar las fechas y lugares en www.anaplazaactriz.es

La mujer sola – de Darío Fo y Franca Rame

Una mujer repleta de electrodomésticos y ruido pero vacía de libertad, habla con su vecina desde la ventana. La mujer sola trata de una mujer marginada, utilizada y reprimida por su esposo y otros miembros de la familia. A consecuencia de ello se acostumbra a la soledad acompañándose únicamente por la radio, el tocadiscos y la televisión.

María es una mujer que debido a una situación de violencia que está viviendo, vive encerrada. Para disfrazar esa soledad, necesita estar rodeada todo el tiempo de mucho ruido: músicas, alarmas, aparatos funcionando, la radio a tope, para evitar pensar y que le haga más daño todavía esa soledad.

Este hogar, que es como una jaula de oro con todas las comodidades tecnológicas que se suponía que iban a liberar a las mujeres de la tiranía de las labores domésticas (y que luego no fue así), me recuerda mucho a La mística de la feminidad, de Betty Friedan, que habla de las mujeres americanas amas de casa de los años 50 y 60 y de sus problemas de infelicidad, de suicidio y de alcoholismo porque sus aspiraciones no se veían realizadas porque solo podían ser amas de casa, madres, esposas perfectas de punta en blanco. Este mito del hogar perfecto y de la esposa ideal “parece” que ya no está tan vigente. Si Franca Rame y Darío Fo escribieran la obra en 2017, ¿Cómo crees que sería esa mujer sola?

Pues tengo mis dudas… Cuando realizo este trabajo por ciudades, pudiera ser que los autores hubieran escrito este texto con otro lenguaje, o esta mujer tendría otra edad… Pero con este trabajo también voy a muchas poblaciones muy pequeñas, y cuando termino, muchas de ellas vienen a decirme lo reflejadas que se ven en este monólogo, a día de hoy. Entonces pienso que para nada está pasado. Las mujeres seguimos llevando un peso mayor en las tareas domésticas, por no decir en los cuidados, etc.

En las mujeres tiene mucho peso el prejuicio y el estigma de la mujer que se queda sola, “para vestir santos”, pero en este caso se trata de una soledad entendida como aislamiento, porque ella está recluida en su casa sin contacto con el exterior.

Por supuesto, de hecho ella en cuanto ve a la vecina por la ventana en seguida se ilusiona y trata de establecer conversación. De hecho es la propia vecina la que empieza a romper ese aislamiento y le empieza a plantear cosas (“¿y cómo no denuncia? ¿y cómo no sale? ¿y cómo no grita?”)

Pone de manifiesto la dificultad que se tiene para denunciar o reconocer el maltrato. Hay una parte más flagrante del maltrato que se reconoce más fácil, pero hay otras que no tanto. Entonces a lo largo de la obra se van poniendon de manifiesto muchas de estas actitudes: desde el machismo más flagrante, de la pura violencia física, hasta los acosos, los micromachismos…

¿Cómo afronta María esta situación?

Con mucho miedo. Lo que pasa es que ante la vecina, ella se quiere envalentonar y se guarda mucho de su miedo, trata de defender que su casa está divina, que su marido se lo compra todo… Pero luego también tiene sus momentos de dolor y de confesión descarnada.

Una de las escenas más duras es cuando ella describe las relaciones sexuales con su marido, casi como un ejercicio militar (“Deeescansen!”) ¿Cómo te sientes tú al representarla?

Es de las escenas más impactantes de la obra. Yo la siento como una puñalada. La forma de representarla es efectivamente muy contundente, muy militar…

Y es muy curiosa la reacción del público. Ahí sale mucho oscurantismo, mucho tabú, mucho prejuicio… Porque siempre, vayas a donde vayas, hay personas que hasta se parten de la risa, mientras que otras se quedan sobrecogidas. Pero la gente que se lo toma a cachondeo, no sabes muy bien cómo entenderlo… Porque es cierto que la obra tiene un tono tragicómico, pero desde luego no en esta escena, que es sencillamente una violación.

A mí esta escena me parece el ejemplo claro de la subordinación y el sometimiento de este hombre hacia su mujer y también de la normalidad en muchas parejas de las relaciones sexuales no consentidas, que al final parece que dentro del mito de la esposa ideal implica también que tiene que estar disponible y dispuesta a acostarse con él cuando él quiera y cómo él quiera, olvidando su placer completamente.

Claro. A mí en esta representación de esta escena me pongo en situación de tener relaciones que no te apetecen para nada y que quieres que acaben cuanto antes y ya, y por eso me viene el imaginario de marcialidad de “venga, tiquitiquitiquiti y ya, descansen”.

¿Qué te ha aportado esta obra en lo personal, el meterte en la piel de este personaje?

Lo primero, el gran privilegio de viajar mucho con este trabajo, por suerte para mí pero por la desgracia de que este monólogo siga vigente. Gracias a eso puedo hablar con muchísimas mujeres de toda edad y de todo tipo, y me expresan muchos sentimientos, desde las que dicen que esto ya no pasa a las que se quedan a esperarte y te dicen lo reflejadas que se sienten. Alguna vez me ha pasado que hay personas que se ven muy removidas y abandonan la sala, mujeres y hombres también.

La obra es una oportunidad para romper esa barrera, porque es un tema del que no se habla. Probablemente en nuestra ciudad haya mujeres viviendo esta situación pero eso se queda de puertas para adentro. Y tú llegas allí y se lo pones delante, por lo que es más probable que se sinceren contigo y te cuenten cosas que su entorno desconozca.

Sí, en ese sentido es muy potente, porque hay tanto en ese texto en lo que te puedes ver reflejada… Es difícil no verse reflejada en algún momento de la obra con algo que nos haya ocurrido (situaciones laborales, de pareja, de familia, etc.), no es solo en mujeres de una determinada edad o condición. A mí misma me hace recordar situaciones de acoso que he vivido.

La esclusa – De Michel Azama

Dieciséis años presa, mañana sale en libertad condicional. La última y larga noche de una mujer transitando entre el miedo y la esperanza es el escenario de La esclusa.

Una puerta a la calle, un salto al vacío, un baile complicadísimo. Pero no será ella quien no cruce, no salte y no baile. Es la hora de bailar.

¿Qué puntos de unión se pueden trazar entre la protagonista de La mujer sola y la de La esclusa?

El primer punto de unión es la violencia en la que viven. La mujer sola, como ya hemos comentado, en el seno familiar, en las cuatro paredes de su salón, y en el caso de La esclusa, además de esa violencia que, con ligeras diferencias, parte también de una violencia en su entrono familiar, se le suma la violencia que supone el encierro, la falta de libertad, y más aún, siendo mujer.

Yo recuerdo un sentimiento muy angustioso cuando vi esta representación, a pesar de que por contexto me queda más lejos que La mujer sola. No sé si tú cuando la representas también te sientes así.

Ahora ya que llevamos muchísimas funciones ya vas saliendo del personaje y te recompones un poco, pero el primer año de estar representándola, necesitaba todo un ejercicio después de la función para poder salir indemne, no salir violentada, porque es un viaje a un lugar muy desconocido… Como experiencia vital a mí me queda lejana, entonces a base de mucho leer, de mucho verme con mujeres que estaban presas, he ido construyendo… Hemos tratado de que el dolor tenga varios respiraderos, muchos canales de amistad, de amor, que hacen respirar al personaje, al público y también a mí misma.

¿Cómo ha sido el proceso de documentación?

Fue poco a poco, primero empecé leyendo, luego entré en contacto con algún grupo de mujeres que ya estaban fuera, con asociaciones que dan apoyo a las personas presas, y con mucho trabajo de documentación, hablando con trabajadoras sociales de la cárcel, etc., fui tratando de conformar este personaje. Así pude hacer la adaptación de este texto teatral que es muy completo. La adaptación tuvo más que ver con el lenguaje (es un texto francés), porque por desgracia en cuanto al contexto ha habido poco que adaptar porque ha cambiado poco, aunque es un texto de los 90.

¿Qué destacarías del personaje?

El miedo que tiene. El debate entre las ganas de salir y el miedo profundo a lo que puede pasar ahí fuera, a quién le espera y quién no, a quién querrá ser su amiga, a su cuerpo, a su sexualidad, a las relaciones sentimentales, a cómo volver a ponerse en marcha con todo. Destaco ese miedo profundo, ese sentimiento encontrado.

Estas prisiones, tanto el hogar de María en La mujer sola como la prisión real de La esclusa, ¿son también prisiones simbólicas? ¿Representan las cárceles que la sociedad nos destina a las mujeres?

Sí, totalmente, está en el contexto real de la cárcel y ahí se plasma una visión crítica, pero también está la metáfora de nuestros propios encierros y nuestros miedos, las trabas, las esclusas que hay que abrir en la vida. Va más allá de la cárcel (que también, por supuesto), hay muchos temas en los que verse identificada más allá del encierro físico.

Por ejemplo en el tema del cuerpo, del físico, porque en la obra se incide mucho en este tema, que es una gran preocupación del personaje: el paso del tiempo. Con este personaje he visto mucho el paso de mi tiempo, de la edad en la que me encuentro ahora. Y luego los temores en cuanto al futuro, la inestabilidad, en lo laboral, lo personal, lo frágil de algunas relaciones… Me ha hecho reflexionar mucho sobre eso, para mí es revulsivo.

En otro monólogo tuyo más reciente, La incorruptible, representas a una política que quiere ser corrupta y no lo consigue.

Es una sátira que muestra la dificultad añadida, doble y triple, por la que pasamos las mujeres para que se nos tenga en cuenta en lo laboral o en determinados foros (en este caso la política) y todo lo que tiene que hacer para que se la equipare a sus colegas hombres.

¿Y tú, como mujer actriz, qué te has encontrado en tu trayectoria?

Muchos comentarios paternalistas como: “pero… ¿¿tú sola?? ¿lo haces sola? ¿y escribes sola?…” Mucha extrañeza… Es algo que no me esperaba al principio y que lo he ido escuchando bastante. No me refiero tanto al salir al escenario sola sino al proyecto, el escribir, adaptar, preparar, etc. (aunque no estoy sola, por supuesto, en el teatro siempre hay un equipo detrás).

El cuerpo es fundamental a la hora de actuar, de interpretar a un personaje. Como mujer, ¿ha cambiado el teatro tu relación con tu cuerpo?

Sí lo ha hecho y además yo lo recomiendo a cualquiera para reconciliarse con su cuerpo. Tu cuerpo es tu herramienta de expresión, entonces supone tener el cuerpo espabilado, lo que no quiere decir más o menos kilos ni cánones de belleza (lo cual está muy presente en el mundo de la interpretación a la hora de encontrar trabajo, hay un canon y si te alejas de él es difícil, pero para interpretar personajes se necesitan personas de todo tipo de formas). Necesitas tener el cuerpo espabilado y en reacción, mediante técnicas y herramientas diversas, y de esa forma te reconcilias muchísimo con tu cuerpo, porque ves que te responde, que está vivo. Y eso a mí me ha ayudado muchísimo.

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