¿Quieren acabar con todo? No, ¡nosotras/os queremos acabar con todo! Balance y reflexiones sobre las movilizaciones del mes de julio

El anuncio el pasado miércoles 11 de julio de las nuevas medidas que hemos tratado de desentrañar en las páginas anteriores, ha desencadenado toda una serie de protestas, encabezadas principalmente por las/os trabajadoras/es del sector público. Durante algo más de una semana (hasta el cierre de edición de este número), han tenido lugar en Madrid concentraciones que han cortado el tráfico en importantes calles y autopistas, o en la red de Cercanías (aunque éstas se han producido en menor número), protestas frente al Congreso y frente a las sedes de los dos principales partidos, PP y PSOE, manifestaciones espontáneas por el centro de la ciudad, la multitudinaria convocatoria del 19J, etc.

Dentro de estas movilizaciones, nos gustaría destacar los múltiples ejemplos de trabajadoras/es de un mismo centro que en horario laboral han realizado acciones de protesta, como las/os trabajadoras/es del Hospital Ramón y Cajal que cortaron la M-607, o los/as trabajadores/as de los diferentes edificios de la Administración pública situados en el centro de la ciudad que han paralizado el Paseo de la Castellana prácticamente todos los días, aunque de una forma más simbólica.

Sin embargo, a día de hoy han sido los dos grandes sindicatos, CCOO y UGT, y el principal sindicato del funcionariado (y uno de los máximos exponentes del sindicalismo amarillo corporativista), el CSIF, quienes han capitalizado y encabezado las protestas. Pero a pesar de esto, no han faltado las manifestaciones convocadas al margen de las estructuras verticales de las centrales sindicales, que difundidas a través del boca a boca y de las redes sociales, han llenado las calles del centro de personas cabreadas, como la que tuvo lugar el viernes 13, que finalizó con nueve detenidos/as y varios/as heridos/as por las cargas policiales.

Una vez más, la policía, a pesar de ser uno de los sectores más afectados por estas medidas, actúo como sólo ellos/as saben hacer. Su obediencia y su sed enfermiza de violencia le sirvieron al Poder para reprimir una concurrida protesta que no sólo señaló al Gobierno del Partido Popular, sino también al principal partido de la oposición, al Partido Socialista, porque, por mucho que les pese y traten de sacar cierto rédito político de la actual situación, tenemos memoria.

De esta lucha contra las nuevas políticas de ajuste y recortes, valoramos positivamente la fuerza y determinación con la que ha comenzado, y los intentos de paralizar la ciudad, bloqueando las calles, y en consecuencia, saboteando, por un instante, su economía. Pero también debemos ser críticos/as, porque si los sindicatos continúan encabezando la protesta, acabaremos como tantas otras veces, plegados/as a sus decisiones e intereses. Animamos a todos/as los/as trabajadores/as, y en especial, a los/as trabajadores/as del área pública, a crear estructuras organizativas propias para pelear, estructuras horizontales donde primen nuestros intereses y no los de las cúpulas sindicales, donde el camino de lucha que hay que recorrer sea trazado por los/as propios/as afectados/as y no por aquellos/as que viven de “representarnos”.

Aunque esto nos suene abstracto, este año hemos vivido o conocido múltiples experiencias en esta línea. Hemos visto al profesorado junto a las familias organizándose en asambleas contra los recortes en educación, o a vecinos/as creando barrio a partir de las asambleas del 15M. Tan sólo estamos pidiendo que recuperemos las herramientas que la clase trabajadora ha utilizado siempre, hasta que fueron sepultadas por este sindicalismo adicto a los pactos y a las subvenciones, la asamblea y la acción directa.

Otro punto caliente que no podemos olvidar mencionar, aunque sea de pasada, y que nos gustaría que formara parte de los debates que se generan en los diferentes espacios políticos, es la participación en las movilizaciones de la policía.

Crear un frente común con aquellos/as que durante los últimos meses (y años) nos han detenido, aporreado, humillado, torturado, encarcelado o asesinado, sería cometer un gran error. Si ahora el amo le recorta la ración a sus perros/as, que se jodan, así de sencillo. Tan sólo en estos últimos meses hemos visto como asesinaban a un joven en Bilbao de un pelotazo, como disparaban en el barrio de Lavapiés, como detenían a tantas/os compañeras/os en manifestaciones o en sus casas, como nos golpeaban para expulsar a familias de sus viviendas, como nos identificaban, cacheaban y humillaban, no sólo por estar en alguna concentración, sino por estar en la calle sin más, disfrutando de una noche de verano con los nuestros. Hemos visto el miedo en las caras de nuestras/os hermanas/os inmigrantes. Nos hemos tenido que rascar el bolsillo para pagar sus multas. Hemos sufrido su arrogancia y chulería. Y ahora, ¿pretenden que peleemos codo con codo? No sólo tenemos memoria, como decíamos antes, sino que somos plenamente conscientes del rol que cumplen dentro del actual orden social. Sin ellos/as, la clase política y empresarial tendría motivos para echarte a temblar. Por ello, por nuestra parte, no dejaremos de gritar lo que se ha escuchado en estas movilizaciones: “los policías no son obreros”.

Para finalizar, tan sólo queremos enviar un mensaje de apoyo a las decenas de personas detenidas y golpeadas en las últimas protestas contra los recortes y en las convocatorias de apoyo a los/as mineros/as en lucha. Y en especial, a la mujer que ha sufrido una lesión de gravedad por el impacto de una bola de goma la mañana del 11 de julio (más información en la red).

Contra los recortes, contra la represión. Solidaridad y lucha.

Comparte y difunde