Los cosacos

Autor: Lev Tolstói. Ediciones Atlanta. 266 páginas. 1863.

Esta novela, escrita y ambientada en pleno siglo XIX, se inserta en el contexto de las campañas militares que durante este periodo histórico tuvieron lugar en el Cáucaso y en la que se vieron implicados el imperio ruso y los/as habitantes de esta zona geográfica, en este caso chechenos/as. En ella, el joven protagonista, el rico y aristócrata moscovita Olenin, ante una vida que no le llena y ensoñaciones varias sobre tierras lejanas, decide ingresar en el ejército ruso y partir hacia las campañas que se venían realizando en el Cáucaso, instalándose la narración en una aldea cosaca (Novomlinsk) en la que confluirán la vida de este joven cadete en el seno de su regimiento con la cotidianeidad de este pueblo combativo, el cosaco, una confluencia no exenta de roces (y algo más) entre estos dos supuestos aliados.

En el transcurso de la narración, la naturaleza toma el papel principal, las montañas del Cáucaso, el rio Terek, la estepa, los huertos cosacos, los bosques y su fauna… sobre ellos giran gran parte de los acontecimientos y del devenir de la mentalidad de Olenin. Destacan las descripciones que nos hablan de la inmensidad y fortaleza de esta naturaleza, que a su vez es identificada con los cosacos y las cosacas, con su forma de vida, sus costumbres y sus relaciones sociales, que a pesar de sus defectos se ponen en contraposición con las miserias de la vida “civilizada” en el imperio ruso, reflejadas a través del mundo cínico y artificial que representan los círculos de la nobleza moscovita. Todo ello es entrelazado con las historias personales tanto de Olenin como de algunos/as de los/as habitantes de la aldea, los jóvenes Marianna y Lukashka o el viejo cosaco Yeroshka.

El protagonista, Olenin, y su historia tienen enormes paralelismos con la juventud del autor de esta novela, Lev Tolstói: un aristócrata enrolado en el ejército del zar en las sucesivas campañas que se vivieron en el Cáucaso y Crimea, un joven que nunca volverá a encajar del todo entre los de su clase social. Estos paralelismos son característicos de gran parte de las obras de juventud de este autor, que más adelante destacaría como uno de los grandes de la literatura.

Menos conocidas son las contribuciones y prácticas de lucha que Tolstoi llevó en pro de la clase social desposeída rusa, y ante todo, su gran aporte en el ámbito de la pedagogía libre y antiautoritaria. En este sentido, es de destacar su concepción de la educación, muy influenciada por Rousseau, de marcado carácter no directivo, poniendo como pilar básico de la misma la libertad de los/as educandos/as y tomando el/la educador/a el rol de acompañante, tratando de evitar todo condicionamiento dogmático y siendo únicamente un apoyo en el natural desarrollo del aprendizaje. Todo ello afloró en la experiencia de Yasnaia Poliana, pueblo natal de Tolstoi, en forma de una escuela gratuita, popular y no coercitiva para los/as campesinos/as de la zona, así como en la multitud de cuentos cortos que desarrolló con objetivo de servir de material de aprendizaje para los/as niños/as.

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