Cuando los políticos mecen la cuna

200 páginas. Enrique Martínez Reguera. Ediciones del Quilombo.

La gente suele pensar que si la indigencia y la marginación nunca se acaban de resolver es por la naturaleza y dificultad del propio asunto. Nada más lejos de la realidad. El mundo de los marginados, sobre todo tratándose de niños y adolescentes, no es algo residual; es un mundo intenso, pletórico de vida, de posibilidades, de penalidades ciertamente, pero también de inimaginables alegrías. Si está lleno de conflictos sin resolver es porque se halla a merced de múltiples intereses y también del desprecio, ignorancia o miedo, de quienes no nos consideramos marginados. Por eso lo que menos necesitan los niños y adolescentes que crecen al margen, es del ingenuo voluntarismo de los bien intencionados, o de la pedantería de títulos académicos, en asuntos en los que la mejor academia lo ignora casi todo. Los únicos especialistas en marginación son los propios marginados. Y ellos no precisan de tutela ni beneficencia, ni de cultivados técnicos u obstinados pedagogos. Respiran de lo que respiramos todos: del respeto que se les tenga, de la justicia que se les otorgue, de algún espacio en el que habitar y algunas posibilidades en las que sentirse útiles.

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