La reforma del Reglamento Penitenciario legaliza el Régimen FIES

«Enterrados vivos en tumbas de cemento. Daban ganas entonces de romperlo todo y gritar. Gritar para que todo el mundo supiera que, a pesar de todo, seguíamos vivos y con el ánimo intacto para seguir luchando» – Xosé Tarrío, fallecido el 2 de enero de 2005 tras 16 años en prisión, 10 de ellos en FIES.

El 15 de abril entró en vigor el Real Decreto que reforma el Reglamento Penitenciario para dar cobertura legal a los Ficheros de Internos de Especial Seguimiento (FIES). El Régimen FIES se empezó a aplicar a finales de los años ´80 a presos/as condenados/as por delitos de terrorismo y pocos años después, en un periodo de gran agitación en las cárceles en el que las fugas, los motines, las huelgas de hambre y las reivindicaciones exigiendo el fin del aislamiento y de los malos tratos eran muy frecuentes, el FIES se extendió a los/as denominados/as por Instituciones Penitenciarias internos muy conflictivos y/o inadaptados.

Aunque la normativa reguladora del FIES afirmaba que este régimen era una simple base de datos y que no afectaba a los derechos y deberes de los/as presos/as, en la realidad, la calificación como “preso/a FIES” suponía un régimen de vida mucho más restrictivo que el de los/as demás presos/as. Entre estas restricciones destacaban los continuos cacheos y registros de las celdas, la limitación e intervención de las comunicaciones con el exterior, traslados y cambios de celdas, limitación de objetos que se podían tener en la celda… y, generalmente, todo ello unido a una  vida en aislamiento y con dos horas al día de patio en solitario.

Después de muchos años de luchas en prisión, de huelgas de hambre, motines, plantes, presos/as fallecidos/as y compañeros/as encarcelados/as por luchar contra un régimen de vida en prisión basado en el aislamiento, los malos tratos y el lento asesinato de los/as presos/as rebeldes, el Tribunal Supremo declaró el Régimen FIES ilegal el 17 de marzo de 2009, aunque el Gobierno ha seguido aplicándolo en todo momento.

La ilegalización del FIES se basó en una cuestión de forma (estaba regulado por normas de carácter infra legal que no podían afectar a los derechos de los/as presos/as), por lo que la reforma del Reglamento Penitenciario pretende paliar este defecto y continuar con la aplicación de un régimen considerado por aquellos/as que han tenido la desgracia de sufrirlo como “la cárcel dentro de la cárcel” o “la muerte en vida”.

La reforma del Reglamento Penitenciario establece la facultad de la Administración Penitenciaria de crear ficheros de internos para garantizar la seguridad del centro y, pese a afirmar que la inclusión en estos ficheros no determinará un régimen de vida diferenciado, la nueva redacción del art. 65 del Reglamento deja la puerta abierta a la continuidad del maltrato sistemático que permitía la regulación anterior anulada por el Tribunal Supremo.

Protesta contra el FIES y el aislamiento

El día de su aprobación, unas cincuenta personas convocadas por la Coordinadora Estatal en Solidaridad con las Personas Presas se concentraron en Madrid ante la sede de Instituciones Penitenciarias con el lema “Contra la reforma del Reglamento Penitenciario y la consolidación del aislamiento”. Durante más de una hora se gritó exigiendo el fin del régimen FIES y del aislamiento, pidiendo la libertad de los/as presos/as/ enfermos/as y tras un par de canciones contra las cárceles entonadas por Madres contra la Droga se leyó un comunicado en el que se afirmaba que “Esta reforma es un simple blanqueamiento de las verdaderas intenciones de la actual política penitenciaria: encierro y seguridad. Creemos que no es de recibo contentarnos con exhibir el artículo 25 de la constitución española en la entrada de las cárceles españolas, y sin embargo, seguir haciendo reformas que no facilitan que las personas presas tengan derecho a la reeducación y reinserción social.

Este régimen de vida, lógicamente, acaba destrozando lo que nuestra constitución española indica sobre las penas privativas de libertad: están orientadas a la reinserción social. Dicho régimen acaba generando serios problemas de salud mental así como dificultades agudas para poder volver a vivir en libertad.

Estamos hablando de personas presas que viven en una cárcel dentro de la cárcel. La vida de estas personas es que pueden estar más de 20 horas diarias solos en la celda, no pueden salir juntos al patio, teniendo que realizar los paseos en solitario, se realizan controles nocturnos hasta de tres veces una noche, también se les somete a cacheos continuos en la celda, así como a traslados arbitrarios de centros penitenciarios o de celdas.

Desde hace muchos años comprobamos cómo la vida de las personas presas que reivindicaban y luchaban se veía muy aislada, dentro de la cárcel, debido a un régimen que se inventó el entonces director general de prisiones llamado FIES (Fichero de Internos de Especial Seguimiento). Este régimen restringe los derechos fundamentales de las personas presas.

Más información en el nº 10 de la revista Punto de Fuga, que puedes descargar aquí

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