El cambio que todo lo cambia

Veranos más largos, lluvias menos frecuentes o peor calidad del aire son algunas de las consecuencias más palpables del cambio climático. Mientras hay quienes aun tratan de negar la existencia de este cambio, o de negar la implicación del ser humano en este, las consecuencias son cada vez más visibles y, sobre todo, cada vez más complicadas de revertir.

El cambio climático es uno más de los límites biofísicos de nuestro planeta. Sí, vivimos en un planeta de recursos finitos, y sí, estamos acabando con ellos. Esta noción tan simple y sencilla tiene unas consecuencias, a todos los niveles, trascendentales. Desde el comienzo de la revolución industrial, el uso masivo de combustibles fósiles y con ello el aumento a niveles jamás vistos en la historia de la humanidad de expulsión de gases de efecto invernadero, nuestro planeta y nuestras formas de vida han sufrido unos cambios sin precedentes en un tiempo extremadamente corto en comparación con la presencia del ser humano en la tierra. En los últimos 150 años hemos producido mayores daños a nuestro planeta que en el resto de historia de la humanidad.

Estos cambios no han sido producidos de forma “natural”, el ser humano no estaba “predestinado” a realizar todos estos cambios y a vivir de la forma en la que vivimos. Es una cuestión política e ideológica. Son las fuerzas dominantes de la sociedad quienes llevan a la humanidad hacia un abismo. El paradigma de la modernidad capitalista, el progreso y crecimiento económico continuo, el observar la naturaleza solo como un lugar de donde sacar recursos y la explotación continua de estos para la obtención de beneficios económicos en el corto plazo nos ha conducido a la situación actual de incertidumbre respecto del futuro que nos espera. Pero como suele suceder, quienes tienen mayor responsabilidad en este cambio climático no serán quienes sufran sus mayores consecuencias. A escala planetaria los niveles de consumo de recursos (energía, alimentación, agua…) son mucho mayores en los países desarrollados, y en una escala social son las clases dominantes y adineradas quienes, a través de su forma de vida, generan mayores daños. Por ello no es posible una lectura efectiva del cambio climático sin atender a cuestiones de clase o coloniales, y por tanto podemos ver consecuencias del cambio climático en diversos conflictos sin aparente conexión: migraciones, guerras, subida de los precios de alimentos, enfermedades…

El cambio climático no es un hecho que afecte únicamente a la temperatura del planeta, es una de las facetas más visibles de la crisis ecológica que sufrimos y con ella la crisis de civilización que experimentamos, ya que estos hechos son debidos a un modelo de vida y desarrollo fundamentado en los combustibles fósiles baratos que han permitido la globalización del mercado y que no va a poder continuar a este ritmo. Es por ello que no es posible hacer frente a estos cambios y crisis sin transformar radicalmente nuestras formas de pensar, vivir, consumir y producir. Y además es una cuestión de urgencia y a escala planetaria. Ante este problema suelen plantearse dos grandes marcos de futuro, o sociedades mucho más autoritarias, con una división de clases mucho mayor y con unos recursos limitados bajo un control férreo de las autoridades y un reparto desigual, o sociedades más libres y democráticas, con una forma de vida sencilla respetuosa con los ritmos de la naturaleza, una sociedad con sus dificultades, pero sin grandes diferencias sociales, fundamentada en la cooperación y la colectivización.

Es decir, el cambio climático y la crisis ecológica van a suponer unos cambios radicales e inevitables. Que estos cambios tomen una dirección emancipadora u opresora dependerá de la capacidad de organización y fuerza de las clases populares y la resistencia en los países periféricos. Lo que es imprescindible es que los movimientos y organizaciones que apuestan por una transformación social integren la cuestión ecológica como una parte central de su acción política y esto debe darse a todas las escalas posibles, desde nuestras vidas cotidianas hasta los parlamentos.


 

Manifestación #EnPiePorElClima

El 8 de septiembre hay planeadas miles de acciones en ciudades y pueblos de todo el mundo para exigir que las autoridades locales se comprometan a construir un mundo libre de combustibles fósiles. Un mundo que anteponga la gente y la justicia a los beneficios de unos pocos. Es hora de una transición ecológica rápida y justa a un escenario 100% renovable para todas, sin más bloqueos ni más retrasos.

8 septiembre, 19:00, Plaza Museo Reina Sofia

http://www.enpieporelclima.es/


 

Informe: Caminar sobre los límites del abismo

Los cambios por emprender son de tal envergadura que requieren de un enfoque sistémico, en el que lo económico, lo político y lo cultural se articulen en una nueva configuración social que trascienda ciertos mitos e instituciones que arrastra la Modernidad. El camino no será fácil de encontrar ni de recorrer, pero no afrontar los desafíos puede facilitar el ascenso de nuevos autoritarismos o fascismos basados en el acaparamiento de unos recursos que serán cada vez más escasos, y que de hecho ya están creciendo a ambos lados del Atlántico.

 

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