Ecofascismo. Lecciones sobre la experiencia alemana

Autoras: Janet Biehl y Peter Staudenmaier. Virus Editorial. Barcelona, 2019. 205 páginas

Cuando cayó en mis manos el texto editado por Virus “ECOFASCISMO”, pensé “es una enfermedad que no nos morderá a nosotrxs”.

Para muchas puede resultar una sorpresa saber que la historia de las políticas ecologistas no ha sido siempre inherentemente progresista. Su papel en el seno de las ideologías de corte fascista, es una incómoda verdad para la izquierda y el ecologismo político.

El miedo al cambio climático, la inmigración y la superpoblación están impulsando una nueva sacudida de violencia racista en la actualidad.

Janet Biehl y Peter Staudenmaier, militantes de la ecología social y el movimiento verde, advierten en su libro de esta conexión, analizando las ideas ecologistas reaccionarias en la ideología nacional socialista alemana de la primera mitad del siglo XX, o incluso antes, en las teorías sobre limpieza étnica del movimiento “volk” alemán de la República Weimar y la era Guillermina.

Para ellos el objetivo es extraer lecciones esenciales para los movimientos ecológicos.

Nosotras mismas podríamos sentir que este análisis es ajeno a nuestro campo de acción, donde estas ideas no han tenido tan amplio calado, no obstante, podemos reconocer el eslogan “no somos de derechas ni de izquierdas, vamos hacia delante” -introducido por el derechista autoritario Herbert Gruhl- porque es sostenido hoy día por determinados posicionamientos ecologistas de nuestro tiempo. Esta declaración, además de caracterizar la ingenuidad histórica del partido de Los Verdes en su origen, sustituye un análisis político socio-ecológico con consecuencias catastróficas.

No son tampoco ejemplos lejanos, el etnocentrismo, la expansión imperialista y la anexión de territorios durante el nazismo en línea con las actuales políticas colonialistas.

Lo cierto es que la lucha por la Tierra no ha sido uno de los puntos clave en la agenda de mis colectivos políticos y tampoco en la de mi entorno… el ecologismo ha llegado tarde y tímidamente al antagonismo madrileño… (a pesar de los esfuerzos de algunos grupos por subrayar los conflictos en los que han participado compañerxs de todo el mundo, y de la península en los últimos 20 años). Quizá por eso, esta amenaza, al interno de su Historia, no me ha resultado patente hasta ahora. Muchas de las personas con las que he conversado sobre el libro han recibido esta información con sorpresa.

Lo cierto es que, pese a que el impulso verde aún es joven dentro de los anarquismos y antiautoritarismos en mi ciudad, en la militancia menos formal y más reivindicativa, podemos observar cierta ingenuidad política presente también en ese discurso ambientalista del tercer Reich. El antiindustrialismo, el antiurbanismo, el romanticismo rural, la “vuelta a la tierra” promotores entonces y ahora de una dieta y agricultura estrictamente biodinámicas y una combinación explosiva de misticismo naturalista, ecología pseudocientífica, antihumanismo e irracionalismo. Estos valores se unieron, en la propaganda nazionalsocialista alemana, a la mitología de la salvación racial.

Es desalentador leer acerca de las conexiones oscurantistas entre determinadas referencias que nos son familiares y la maquinaria Nazi: las escuelas Waldorf, la agricultura biodinámica, la línea de comida Demeter, la línea cosmética Weleda, son solo algunos ejemplos. Muchas personas se han visto inocentemente atraídas —hasta hoy—, al igual que por la antroposofía, una teoría evolutiva esotérica, basada en la teoría de la superioridad racial, como en el caso de lxs muchxs compañerxs afines, seguidorxs de la editorial Rudolf Steiner, en Madrid.

Lejos de ser un residuo histórico, la irrupción política del ecofascismo es un riesgo evidente.

No han sido pocas las críticas al texto pese a los esfuerzos de lxs autores por documentarse y a lo meticuloso de su investigación. Pienso que los movimientos sociales de izquierda son a menudo, al menos hoy, poco amigos de la autocrítica. Ciegos a la necesidad de revisión de conceptos y prácticas instaladas, no admiten el cuestionamiento. El maniqueísmo gana y los intentos de analizar un problema en el seno de un proyecto de lucha son boicoteados por una resistencia feroz dispuesta a asimilar a cualquier voz crítica con el enemigo.

En el presente, el ecologismo comienza a ganar fuerzas en el activismo madrileño, no solo desde posiciones más institucionalistas sino también desde colectivos radicales, anticapitalistas y grupos de barrio. Ninguna de estas iniciativas debería dejar de lado la Historia pasada y presente de los movimientos verdes, porque sólo tomando una posición política contra cualquier manifestación del fascismo, puede evitarse que ideas de corte racista se instauren. Que invadan las escuelas, los medios de comunicación y, en general, el imaginario de quienes empiezan a plantearse la resistencia ambiental como un filón de lucha urgente al que dedicar esfuerzos.

No podemos mirar para otro lado cuando se señala una verdad que supone repetir u obviar relaciones injustas de poder entre culturas y latitudes. Esto incumbe a los movimientos de liberación animal y de la tierra, el veganismo, la agricultura consciente, los grupos de consumo, las iniciativas de okupación rural, los grupos ecofeministas y las luchas anticapitalistas en defensa de la Tierra, y todo el espectro social que se moviliza por construir un modus vivendi más justo.

En palabras de lxs autores de Ecofascismo, anarquistas militantes del movimiento verde, tenemos la responsabilidad histórica de analizar las raíces de los actuales sesgos supremacistas de determinadas tendencias ecologistas con la esperanza de que contribuyan a reforzar un modelo de política ecológica crítica y de confrontación.

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