De créditos, salarios y Occupy Wall Street: ¿contra qué sistema luchamos?

Extraído de un artículo publicado en el blog Recomposión: notas para un nuevo obrerismo. (www.recompositionblog.wordpress.com/)

Los que hacen la revolución a medio camino sólo cavan sus propias tumbas. — El líder jacobino de la Revolución Francesa, condenado a muerte por Robespierre.

Después de la oscuridad política de los años de Bush y las promesas incumplidas de la primera administración de Obama, Occupy Wall Street y sus derivados locales fueron percibidos como un soplo de aire fresco. Marchas alrededor de los distritos de negocios de las principales ciudades de Estados Unidos, las luchas por el acceso a los espacios públicos, un intenso debate sobre qué es la democracia, la práctica, la política y la visión táctica… Se trató, en definitiva, de un momento hermoso y poderoso.

¿Qué viene después?

Dado que el Estado encontró maneras útiles para vacunarse contra la táctica específica de ocupar un parque público o una plaza central, dos líneas principales surgieron sobre la forma de avanzar dentro del movimiento. Ninguna línea representa una ideología en sí, constituyéndose ambas como un amplio cruce entre anarquistas o socialistas de diferentes formaciones organizativas.
La primera línea se unió alrededor de la idea de tomar la táctica de «Ocuparlo todo» y acapara el ímpetu de los jóvenes que se autodenominan radicales, pero es improbable que se convierta en una fuerza importante. Quienes toman una táctica y la convierten en un objetivo, se separan de la flexibilidad y entran en un mundo donde cada problema sólo puede ser resuelto con una misma herramienta.
La segunda línea tiene consecuencias de mayor alcance para la izquierda y debe ser bien entendida. La rabia populista que alimentó Occupy fue a menudo criticada por falta de un foco. ¿Quién y qué dentro de la metáfora del 1% iba a ser el objetivo de nuestra oposición? Una amplia gama de factores ayudó a determinar la respuesta de Occupy a esta pregunta. Entre los temas más populares que estructuraron el inicio de la explosión de Occupy se incluía la ira contra entidades financieras como la Reserva Federal o los bancos.
Después de varios meses de lucha, esta segunda línea encuentra objetivo: la deuda y las instituciones que hacen que recaiga sobre los trabajadores. El paso a la lucha contra las ejecuciones hipotecarias en forma de diversos grupos de Occupy Homes, los movimientos que se comprometen con deudas personales a través de su compra colectiva y el perdón, etc. son los ejemplos más claros de esta decisión. El objetivo son las instituciones bancarias, y el movimiento social demanda una mayor regulación de la banca posicionándose en contra de los rescates que han sido dispuestos para que alcancen a los trabajadores. Esta posición señala a los bancos como responsables de la crisis de 2008 y demanda que paguen su parte por los daños causados a la economía y, específicamente, a los trabajadores afectados. Podríamos llamar a la perspectiva de esta segunda línea emergente la estrategia anti-deuda.
Hay un poder real en las demandas y la organización que ha surgido desde esta línea de intervención. Los propietarios de viviendas que se encontraban en el proceso de desalojo consiguen renegociar sus hipotecas gracias a la fuerza colectiva. Los jóvenes pueden imaginar un mundo en el que la educación universitaria no se traduzca en una vida dedicada a pagarla a pesar de una economía sin trabajo.
Sin embargo, este ambiente post-Occupy, vibrante de energía y acción, se ha visto ligado a una visión de la economía que se basa en un malentendido fundamental a cerca de qué es la lucha por
una alteración del sistema, y de dónde viene. Para ver con más claridad el por qué de esto, tenemos que hacer una breve pausa y considerar cómo hemos llegado al momento presente. Tenemos que tratar de entender cómo funciona el sistema con el fin de comprender cuál debe ser el objetivo principal de nuestra lucha. Por ello, vamos a examinar las formas de lucha que los trabajadores han utilizado históricamente para alcanzar una vida mejor, con el fin de arrojar luz sobre las posibilidades de nuestro movimiento.

Crédito y salarios

La clase obrera se encuentra en un estado fijo de lucha contra la clase capitalista. En el nivel más básico, nosotros producimos todo y ellos se llevan el producto de nuestro trabajo, ya que poseen los medios de producción en/con los que se hizo el trabajo. A continuación, se nos devuelve una parte de los productos que hemos creado en forma de salarios, y el resto es para la clase capitalista, la plusvalía. Venden los productos por un valor más elevado que el invertido en comprar materiales y en nuestra fuerza de trabajo, obteniendo un beneficio, que se reinvierte en más producción. Esta es la forma más básica del capitalismo y refleja las líneas maestras de la economía de mercado.
Con la reconstrucción después de la Segunda Guerra Mundial, un nuevo ingrediente se introduciría a amplia escala y cambiaría los fundamentos de la relación entre la clase trabajadora y el empleo, especialmente entre la parte de la clase obrera que goza de mayor privilegio social. El desarrollo de nuevas y poderosas tecnologías que ahorran mano de obra, el desarrollo del estado de bienestar, el florecimiento de nuevos mercados respaldados por un poderoso ejército imperial, y muchos otros factores permitieron por primera vez en la historia de EE.UU. el florecimiento de un crédito de fácil obtención.
Mediante el uso de crédito, se había abierto a una amplia gama de oportunidades para una vida mejor más allá de la lucha contra el jefe, y las desavenencias a cerca de qué parte del trabajo de uno debe ser devuelto en forma de salario. Para la clase obrera de los países desarrollados, poseer cosas como casas y automóviles, o pagar por la educación, llegó a ser más que factible durante la segunda mitad del siglo XX. En comparación con más horas de trabajo o la lucha por mejoras salariales, la obtención de crédito y con el tiempo su reembolso, fue una mejor opción para muchos trabajadores. La capacidad de ciertos sectores de la clase obrera para entrar en una relación con la clase capitalista más allá de la relación tradicional de lucha por el salario, produce un poderoso incentivo para participar en nuevas formas de confrontación, aunque también reforzó las divisiones tradicionales en el seno de la clase obrera; el acceso al crédito fue y es dividido de forma desigual a lo largo de la clase.
En cualquier caso, el acceso al crédito no terminó con la lucha por los salarios, aunque abrió una alternativa atractiva a la misma, dividiéndose la atención de la clase obrera en ambas esferas. Los liderazgos conservadores dentro del movimiento obrero y el derecho laboral encontraron formas cada vez más coactivas para reprimir las acciones de los trabajadores, y los sindicatos quedaron relegados a una actividad ineficaz. Los sindicatos habían representado la principal forma cuantificable para observar el éxito de la clase obrera en la lucha por el salario. La densidad sindical se derrumbó en el transcurso del siglo pasado en los EE.UU., pasando de un 35% a mediados de la década de 1950 a menos del 12% en 2011. A medida que el instrumento colectivo para negociar sobre los salarios disminuyó, no debe sorprender que nuestros salarios en su conjunto no aumentaran. De hecho, contando con el ajuste por inflación y otros factores, los salarios reales en los EE.UU. han disminuido desde 1974.
Sin embargo, la socialización del crédito sólo funcionó durante un período de tiempo. El sueño americano comenzó a resquebrajarse desde los cimientos. Mientras que los economistas pueden debatir acerca de qué causó exactamente la crisis de 2008, lo que está claro es que marcó el comienzo del fin de la financiación como vía de escape de la lucha de clases. La crisis hipotecaria
golpeó con fuerza, especialmente en las comunidades más oprimidas y marginadas económicamente dentro de la clase obrera. Desalojos y propiedades vacías son una constante, como lo es la falta de vivienda que sigue destruyendo familias. Los trabajadores que han invertido fuertemente en el mercado de valores comienzan a entender que su dinero se jugó sin ninguna preocupación por su bienestar. Hoy estamos empezando a ver el inicio de la crisis de deuda estudiantil que probablemente ahogará a una generación de estudiantes en décadas de reembolso de los préstamos. Lo que comenzó entendiéndose como el cumplimiento del sueño americano se ha convertido en una trampa. Cómo podemos escapar sigue siendo una cuestión abierta.

Contra el Sistema

Nos encontramos en una coyuntura de reajuste de la economía. Como las posibilidades para los trabajadores de escapar de las garras de la explotación y la pobreza se minimizan conforme aumentan las complicaciones progresivas que surgen del sistema financiero, tenemos que encontrar una manera de impulsar la lucha. Los revolucionarios saben que el teatro en política de la clase dominante es a la vez una distracción y un espejo torcido en el que los problemas reales de la clase trabajadora jamás quedan reflejados, por lo que deben buscar alternativas reales al orden burgués a través de la autoorganización y la comunidad.
Aquí tenemos que volver a la discusión planteada anteriormente acerca de las direcciones a seguir para las nuevas intervenciones que han surgido en torno al movimiento Occupy, pues la necesidad de proporcionar coherencia política y estratégica al escenario post-occupy ha sido una meta importante para quienes en su día ocupamos los centros financieros a lo largo y ancho del país. Nos estamos preparando para la próxima ola de lucha, y estamos tratando de aportar organización política a ese aumento de la esperanza.
Cuando las hipotecas son renegociadas ahorran sufrimiento, eso es real. Pero la renegociación de hipotecas también representa una lucha para mantener a la clase obrera invirtiendo en el sistema capitalista. Hemos creado toda la riqueza que la clase dominante utiliza para configurar los bancos que nos prestan dinero. Luchando para seguir participando en el sistema financiero, no estamos luchando contra nuestra explotación, sino que pedimos prestado los productos de la explotación a nuestros explotadores. Buscamos prolongar la capacidad de la clase obrera para jugar a la pelota en una economía de fantasía, en lugar de dedicarnos a la confrontación en la economía real(1), por la que nuestros abuelos lucharon en las calles de Toledo, San Francisco y Minneapolis.
Nadie plantea que los resultados de la crisis financiera se perciben con mayor dureza desde los sectores más marginales de la clase obrera (sectores que tuvieron mayores dificultades para acceder a los créditos basura) y todo el mundo cree que tenemos que hacer algo para luchar por lo que hemos ganado a través del sistema financiero. No hay necesidad de abandonar la lucha para tejer redes de solidaridad con las partes del proletariado más afectadas por el colapso financiero sólo porque no deseemos salvar esa parte de la economía, pero a medida que trabajamos en contra de la deuda, es necesario poner los puntos sobre las íes: no estamos en contra de los bancos, estamos en contra del sistema capitalista. Ganar la batalla de las ideas es una parte importante del movimiento revolucionario, y cuando nos involucramos en el trabajo defensivo para proteger lo que tenemos, debemos aprovechar también para argumentar a favor de un análisis claro y convincente.

Clase Contra Clase

A la luz de la transformación del movimiento obrero en los Estados Unidos, debido a su corporativismo, el movimiento obrero se ha convertido, básicamente, en la mano derecha de la producción, lo que garantiza que la militancia de los trabajadores se ahogue allí donde surge. Sin duda, un enfoque radical a la cuestión de los salarios tiene que ir más allá del rancio entrismo(2), un método que se ha producido poco o nada en el siglo pasado. Occupy posiblemente ha cambiado lo que significó la lucha en el plano político, ¿por qué no tomar la misma innovación táctica como referente en el ámbito laboral? El movimiento obrero necesita desesperadamente la clase de energía que Occupy ha creado, no simplemente activistas canalizados por la burocracia sindical como quien alquila a una multitud, sino como trabajadores, con conciencia de clase y en contra de los explotadores y sus simpatizantes. Esa innovación podría poner de relieve el papel central que desempeña el salario dentro de la lucha entre las clases.

Los revolucionarios tienen que tener claro que la posibilidad de un cambio real surge de la lucha por el salario y no contra la deuca, pues por su naturaleza, esta lucha no puede producir la ruptura: la abolición del sistema capitalista de producción y distribución y su sustitución por un sistema basado en las necesidades humanas. Aunque las campañas contra la deuda radicalizan y politizan a los trabajadores, no son campañas contra el capitalismo, porque el capitalismo, a pesar de su uso del crédito, no es un sistema fundamentalmente basado en el crédito, sino un sistema basado en la explotación de una vasta clase obrera con el fin de maximizar beneficios para la clase propietaria.
El sistema de crédito y el sistema de salarios se han usado para marginar a las partes de la clase trabajadora a través de la discriminación y la opresión. Los beneficios reales a corto plazo vendrán de atacar a los generadores de esa discriminación. Pero allí donde las luchas contra la deuda pueden desafiar los patrones de préstamos injustos, no pueden atacar al sistema capitalista que nos obliga a pedir prestado lo que no podemos comprar con nuestro salario. La lucha salarial, ya sea en contra de la discriminación en el lugar de trabajo o de mejoras generales, ataca directamente al régimen capitalista de producción, que se beneficia de nuestro trabajo. El reformismo y la reacción son siempre posibles, no importa en qué tipo de lucha nos involucremos, pero las condiciones que generan ambas pueden ser reemplazadas si existe en nosotros la capacidad para cortar el vínculo que se encuentra en el corazón de toda la economía; el sistema de salarios. Sin una clase obrera unida, sin dar prioridad a las luchas de los trabajadores marginados, no podremos dar la vuelta a las relaciones sociales.
Más allá de simplemente comprometerse a la tarea absurda de tratar de salvar una parte del capitalismo de sí mismo, si nos comprometemos a señalar al sistema financiero como nuestro principal oponente, nos alejamos de la misión histórica de la clase obrera: la abolición del sistema salarial en sí. Esta es la lucha por la explotación en la que se encuentran los ingredientes para acabar con el sistema capitalista y el comienzo de una nueva época para el mundo y sus habitantes. Las posibilidades de ruptura se establecen únicamente en la lucha por el salario y sus humillaciones en el mundo del trabajo, ya que es a través de nuestro trabajo y del robo de nuestro salario, como el sistema capitalista se encuentra en condiciones de reproducirse a sí mismo.
Los revolucionarios deben asumir el grito de lucha de clases, si realmente creemos que podemos ganar y abolir el sistema salarial una vez por todas. Aunque, sin duda, la lucha contra la deuda es un camino más seductor que el trabajo lento que supone organizarnos con nuestros compañeros de trabajo, tenemos que tener la intención de iniciar un trabajo político que tiene el potencial de cambiar radicalmente el sistema capitalista mismo.

1 La economía financiera es aquella economía basada en el sistema financiero, en los papeles comerciales, en bonos y acciones, inversiones, etc. Es especulativa, todo se sustenta sobre valores subjetivos. Fácilmente se evapora, sube o baja como por arte de magia. Un rumor basta para que el desastre se haga presente sin previo aviso.
La economía real es la economía clásica, son las industrias, las fábricas, el comercio, la agricultura, la explotación de materias primas…

2 Por entrismo se conoce una táctica política que consiste en que sus miembros se afilien (entren) en los grandes partidos y sindicatos de masas de sus respectivos países, con el objetivo principal de transformar estas organizaciones reformistas en revolucionarias.

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