Berlín: rabia contra los desalojos; rabia contra el modelo de ciudad neoliberal

El 2 de febrero se cumplió lo anunciado: el edificio en la Liebigstraße 14, en el barrio berlinés de Friedrichshain, fue desalojado por un contingente de 2500 policías, llegados/as de toda Alemania.  Okupado en 1990, cuando la caída del muro y la existencia de miles de viviendas desocupadas en la parte oriental de la ciudad contribuyeron a una verdadera oleada de okupaciones (se produjeron más de 200 en unos pocos meses), la “L-14” representaba en la actualidad no solo un recuerdo de tiempos mejores para el movimiento okupa de Berlín, sino también un símbolo de los procesos de reestructuración de barrios “de moda” como Prenzlauer Berg, Kreuzberg o Friedrichshain.

El proceso conocido como gentrificación (aburguesamiento/ennoblecimiento), a través del cual determinados barrios de alquileres relativamente moderados, identificados por las clases más afluentes (y por los/as planificadores/as urbanos/as) como zonas interesantes para vivir y/o invertir, se convierten progresivamente en zonas mucho más caras (“revalorizadas”), produciéndose un desplazamiento de la población original que ya no puede seguir el ritmo de las subidas de los alquileres, ha transformado en las últimas dos décadas la composición social de numerosos barrios de Berlín: “no queremos vecinos/as nuevos/as” era, en este sentido, una de las pancartas más coherentes que se podía ver en las calles del barrio el día del desalojo.

Este contexto explica la enorme resistencia con la que se encontró la policía en el desalojo de la L-14, no solo en el interior del edificio (los/as policías tardaron 5 horas en llegar – a través de un edificio inundado, plagado de trampillas eléctricas – a la habitación en la cual se encerrado los /as  9 habitantes, que se defendieron con sprays de defensa y extintores), sino también en la calle:  desde la mañana se congregó un millar de simpatizantes de los/as okupas para dificultar el trabajo de la policía, y por la noche se produjo una manifestación salvaje con unos/as 3000 participantes.  El día se saldó con 62 policías heridos/as y 82 detenciones.  El objetivo autoproclamado de los/as okupas de causar un millón de euros en daños en caso de desalojo fue alcanzado esa misma noche, a través de decenas y decenas de acciones directas en todo el territorio de la ciudad.

La L-14 no era un proyecto libre de críticas incluso desde el propio movimiento okupa – de hecho el edificio estaba semi-legalizado desde 1992 – pero la amenaza de futuros desalojos de proyectos más asentados dentro del movimiento autónomo como la Köpi en Berlín o la Rote Flora en Hamburgo produjeron una amplia expresión solidaridad: el desalojo de la L-14 visto y entendido como lo que es: un ataque contra todo proyecto anticomercial y anticapitalista en los centros de las ciudades neoliberales, hechas por y para el comercio y el turismo.

Contra este ataque era necesario responder de manera masiva y radical, para expresar con claridad que ni saldrá gratis arrebatar lo conseguido en luchas anteriores, ni será tarea fácil expulsar a proyectos indeseados fuera de los centros de la ciudad.

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